La quiebra de la compañía de transporte Yellow y la eliminación de 30.000 empleos representan un gran asalto a la clase trabajadora. Es el despido más grande de este año y el despido masivo industrial más grande desde 2009, cuando General Motors despidió a 47.000 empleados.
La quiebra de Yellow ofrece lecciones significativas para la clase trabajadora. Una empresa con casi 100 años de historia que ha desempeñado un papel importante en la infraestructura de transporte del país está siendo canibalizada por Wall Street, que ganará dinero tanto con su destrucción como con la pérdida de decenas de miles de empleos. Esto fue posible gracias a la supresión de la oposición de la clase trabajadora realizada por la burocracia de los Teamsters.
La liquidación de Yellow será una bonanza financiera para Wall Street. Yellow tiene más de $2 mil millones en activos que pueden ser vendidos para satisfacer sus pagos de deuda. El principal inversionista, Apollo Global Management, está en una posición privilegiada para tomar el control a través de un plan de deudor en posesión (DIP, por sus siglas en inglés) pues esto lo pondrá en el primer lugar para ser pagado.
Sin embargo, otros inversionistas están buscando ese primer lugar. El fondo de inversión MFN, con sede en Boston, compró el 40% de las acciones de Yellow antes de que quebrara para compensar cualquier pérdida en caso de que Yellow se llegara a recuperar del colapso, reduciendo el valor de sus inversiones en el competidor de Yellow, XPO.
La liquidación de Yellow parece ser casi un hecho, y los titulares de acciones comunes serán los últimos en recibir pagos de la venta de activos. Para contrarrestar posibles pérdidas debido a ésto, se reporta que MFN está armando una oferta para asumir la posición de Apollo en un programa DIP con términos 'mucho más favorables', según el abogado de Yellow, Pat Nash.
Independientemente del resultado, 30.000 empleados han tenido que pagar el precio de la mala administración de Yellow y de mantener los márgenes de ganancia de algunas de las firmas más grandes de Wall Street.
La quiebra de Yellow es una advertencia para los trabajadores de todas partes. El colapso de Yellow es consistente con la política de Wall Street y la administración Biden de hacer que los trabajadores paguen por las ganancias corporativas y suprimir el crecimiento salarial.
Durante el último año, la Reserva Federal ha aumentado las tasas de interés con el objetivo explícito de mantener bajos los salarios al provocar un aumento en el desempleo. El gobierno federal, que es uno de los principales acreedores de Yellow desde que la rescató con $700 millones en 2020, ha gastado billones para salvar a los bancos, corporaciones y las principales firmas de inversión, pero no ha movido un dedo para evitar la destrucción de 30.000 empleos.
No solo existe la posibilidad de ganar $2 mil millones con la desaparición de Yellow, sino que la repentina avalancha de 30.000 personas buscando trabajo actuará como una presión para reducir los salarios de toda la industria.
Detrás de la deuda de Yellow
La deuda de $1.6 mil millones de Yellow lleva acumulándose casi 20 años. A principios de la primera década del 2000, Yellow compró a sus rivales Roadway y USF, asumiendo miles de millones de dólares en deudas con el fin de expandir su participación en el mercado. Pero el colapso financiero del 2008 desencadenó una caída del mercado de carga. Esto ocasionó que Yellow comenzara a quedarse rápidamente sin dinero, perdiendo cientos de millones de dólares al año.
Durante los siguientes diez años, Yellow continuó asumiendo deudas y, ayudada por la burocracia de Teamsters, se aseguró de imponer masivas concesiones obtenidas de los trabajadores para poder pagar sus facturas.
En 2009, Yellow se vio obligada a declararse en quiebra. Para continuar operando, acordó con sus inversionistas un intercambio de deuda por acciones por un valor de $470 millones. Los intercambios de deuda por acciones son un acuerdo donde los acreedores cambian la deuda de la empresa por acciones de la misma. De este modo, Yellow emitió una gran cantidad de acciones que anularon las participaciones de los accionistas existentes, incluyendo los empleados accionistas, y dio a los acreedores el control del 94 por ciento de las acciones comunes de Yellow.
Esto se convirtió en una forma de vida para los directivos de Yellow. En 2011 se intercambiaron otros $400 millones por acciones, y en 2014 otros $300 millones, todo como parte de la reestructuración de una deuda de $1.1 mil millones. Aún afectada por la deuda, Yellow obtuvo un préstamo de $500 millones de Apollo en 2019, quién a su vez utilizó sus conexiones con la administración de Trump para asegurar un préstamo de $700 millones de la Tesorería de los Estados Unidos.
A pesar de todos los préstamos e intercambios de deuda por acciones, Yellow continuó altamente endeudada. Para 2023, los inversionistas, ya impacientes con Yellow, insistieron en que la empresa acelerara la reestructuración “One Yellow”, la cual elimina instalaciones y obliga a los conductores a trabajar en los muelles, antes de que pudieran prestarle más dinero a la compañía.
Incapaz de extraer suficiente valor de los trabajadores con la suficiente rapidez, Yellow se quedó rápidamente sin dinero antes de poder asegurar financiamiento adicional.
La burocracia de los Teamsters sacrifica los salarios y los empleos de sus miembros
A lo largo de este proceso, la burocracia de los Teamsters desempeñó un papel crucial en traicionar a los trabajadores ante Wall Street y aislar la lucha de los trabajadores de Yellow.
Antes de la reestructuración del 2009, los Teamsters accedieron a un recorte salarial del 15 por ciento y una suspensión de 18 meses en las contribuciones a pensiones para que la compañía pudiera ahorrar $350 millones al año. A cambio, se le otorgó a los trabajadores de Yellow acciones de la compañía, pero cuando Yellow realizó sus intercambios de deuda por acciones, las acciones de los trabajadores se diluyeron perdiendo casi todo su valor.
En 2010, se repitió esta estafa. El sindicato extendió los recortes salariales hasta el 2015, y más tarde nuevamente hasta el 2019. También permitió que Yellow redujera las contribuciones de pensión al fondo de pensiones “Central States Pension Fund”, administrado por los Teamsters, a una cuarta parte de lo pagado en 2009. En otras partes del país, las pensiones tradicionales fueron eliminadas por completo y reemplazadas por planes 401(k). A cambio, los Teamsters recibieron un segundo asiento en la mesa directiva y una participación del 25 por ciento en la compañía.
En 2011, la dilución causada por otra ronda de intercambios de deuda por acciones prácticamente eliminó la participación de los trabajadores en la compañía. De acuerdo a este intercambio, los accionistas comunes se redujeron a tan solo el 2.5 por ciento de la compañía. La revista especializada DC Velocity informó en aquel entonces que el mismo sindicato de los Teamsters estaba alentando a la compañía a realizar más intercambios de deuda por acciones para reducir su deuda total, a pesar de que esto resultaría en la aniquilación de la valoración de las acciones de los trabajadores y del sindicato.
El contrato de Yellow de 2019 incluyó un aumento del 18 por ciento durante cinco años y un aumento a la contribución de las prestaciones de salud. Pero a cambio, Yellow mantuvo sus contribuciones a las pensiones en la cuarta parte de las contribuciones de 2009 y añadió flexibilidad a las clasificaciones laborales y las normas de trabajo para los trabajadores de medio tiempo. Esto fue un preludio a la profunda reestructuración que se pretendía realizar más tarde bajo “One Yellow”. En general, los salarios y prestaciones permanecieron considerablemente más bajos de lo que eran una década antes, y los escasos aumentos salariales fueron más que compensados por la inflación récord.
En 2023, Yellow intentó renegociar el contrato para permitir que la compañía obligara a los conductores a trabajar tanto en la carretera como en los muelles siempre que se necesitara. Esta propuesta disgustó a los trabajadores, pues le otorgaba a Yellow la capacidad de hacer que los conductores trabajaran dos empleos siempre que así lo deseara. Las negociaciones del contrato se adelantaron un año para conseguir esto, pero acabaron estancándose. Los Teamsters no se opusieron a los cambios en sí mismos, únicamente insistiendo que estos se hicieran con la participación de la burocracia.
Los Teamsters no hicieron nada para detener los despidos en Yellow. Cuando Yellow anunció que estaba clausurando operaciones, el presidente general de los Teamsters Sean O’Brien tuvo poco que decir excepto que era 'desafortunado pero no sorprendente'. Peor aún, cancelaron una huelga en el último minuto en julio después de que Yellow no cumplió con sus obligaciones pensionales. Después de cancelar la huelga, el sindicato afirmó que habían llegado a un acuerdo para darle a la compañía más tiempo para pagar las pensiones de los trabajadores. En cambio, la compañía previsiblemente utilizó el tiempo que la burocracia le compró para declararse en bancarrota.
Los Teamsters sacrificaron deliberadamente 22.000 empleos sindicales en Yellow pues una lucha allí habría alentado a 340.000 trabajadores en UPS, cuyo contrato expiraba la siguiente semana. En un intento por adelantarse a la ira de la base, O’Brien, un burócrata de carrera presentado falsamente como un 'reformador' militante por grupos pseudo izquierdistas como Teamsters por un Sindicato Democrático (TDU, por sus siglas en inglés), amenazó durante meses con hacerle la huelga a UPS el 1º de agosto de no haber un acuerdo para entonces. Esto fue subsecuentemente expuesto como una farsa cuando los Teamsters, solo unos días después de cancelar la huelga en Yellow, anunciaron un acuerdo con UPS que no cumplía con ninguna de las demandas de los trabajadores.
Los Teamsters también aislaron a los trabajadores de Yellow de los conductores de carga de la compañía rival ABF, donde impusieron un contrato en junio. Aunque el sindicato afirmó que el contrato fue aprobado 'abrumadoramente', hubo oposición sustancial de los trabajadores en muchas áreas del país, lo que plantea preguntas sobre la transparencia de la votación.
El camino a seguir para los trabajadores
Los trabajadores de todo el mundo deben extraer lecciones del colapso de Yellow. Los aproximadamente $5 mil millones en concesiones a lo largo de múltiples contratos, que el sindicato y los directivos afirmaron eran necesarios para 'salvar' los empleos, no sirvieron de nada.
En los últimos meses antes de la quiebra, O’Brien y la nueva administración de los Teamsters intentaron adoptar una postura militante al negarse a negociar más recortes con la compañía. En realidad, simplemente permitieron que la empresa se declarara en bancarrota. Presentaron a los trabajadores con un falso dilema: o acatar las demandas inaceptables de la compañía por más concesiones, o perder el trabajo por completo. O’Brien incluso sugirió abiertamente que la mejor opción era que los miembros se pusieran a buscar trabajo en otro lado.
Esta fue la culminación, no una reversión, de las décadas de concesiones que los Teamsters impusieron a los trabajadores de Yellow. Al validar los recortes masivos de empleos, la burocracia continuó su papel como la fuerza policial laboral del corporativo estadounidense, que utiliza el desempleo como un arma en contra de la creciente militancia de la clase trabajadora.
Una lucha real es imposible mientras ésta permanezca en manos de la burocracia sindical. No importa que los actuales altos funcionarios se autodenominen 'reformistas', ellos son hostiles a los trabajadores y están íntimamente unidos con la dirección. Los trabajadores deben romper el control que la burocracia sindical corrupta tiene sobre la clase trabajadora mediante la creación de comités de base.
Dichas estructuras alternativas, controladas democráticamente por los mismos trabajadores, podrán emprender la lucha para transferir el poder de la burocracia a los trabajadores. Los trabajadores de UPS, de la industria automotriz, de los ferrocarriles y de otras industrias críticas ya están organizando comités de base en sus propios lugares de trabajo. Ellos deben asumir la lucha de los 30.000 trabajadores de Yellow y exigir que sean compensados íntegramente.
El “dilema” que los Teamsters presentaron a los trabajadores de Yellow es completamente falso pues no cuestiona el “derecho” de Yellow y sus acreedores a obtener ganancias. En realidad, la crisis en Yellow muestra la necesidad de que los trabajadores se organicen bajo una nueva estrategia que luche en contra de la subordinación de todas las decisiones sociales a la búsqueda de ganancia monetaria de una pequeña élite. En pocas palabras, los trabajadores de Yellow no están luchando simplemente contra los directivos incompetentes o criminales de una sola empresa, sino contra todo el sistema capitalista.
Mientras los activos de Yellow permanezcan bajo el control de Wall Street, el único resultado posible será que la élite utilice la crisis para empeorar las condiciones laborales, ya sea a través de concesiones o mediante despidos masivos. Esto debe ser respondido por los trabajadores con una lucha por la expropiación pública de los bancos y las grandes corporaciones, para que sus activos puedan ser utilizados para satisfacer las necesidades humanas.
(Publicado originalmente en inglés el 11 de agosto de 2023)
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