La muerte de tres soldados reservistas del Ejército estadounidense en Jordania el domingo está siendo utilizada por la élite política y los medios de comunicación estadounidenses para iniciar una campaña de escalada militar contra Irán.
El Gobierno de Biden alegó que los ataques fueron llevados a cabo por Kataeb Hezbolá, una milicia que Estados Unidos dice que está patrocinado por Irán. Irán ha negado cualquier vínculo con los ataques.
Hay más de 45.000 soldados estadounidenses desplegados en Oriente Próximo, en conexión con décadas de guerras estadounidenses en toda la región que han matado colectivamente a más de un millón de personas. El ataque contra estas tropas estadounidenses desplegadas al otro extremo del mundo se está utilizando para justificar una escalada militar planificada desde hace tiempo.
Al atribuir el ataque a un “grupo de militantes radicales respaldados por Irán”, el presidente estadounidense Joe Biden declaró: “Haremos que todos los responsables rindan cuentas en el momento y la forma que elijamos”.
En los últimos dos meses, el imperialismo estadounidense ha provocado una guerra regional en Oriente Próximo, emprendiendo múltiples ataques ya en Irak, Siria y Yemen. Ahora, el ejército estadounidense amenaza con atacar directamente a Irán, lo que sumiría a toda la región en un baño de sangre.
El Gobierno de Biden está jugando con fuego, creando las condiciones para una catástrofe.
Ha proporcionado sistemáticamente dinero, apoyo logístico y una cubierta política al genocidio de Israel en Gaza, sabiendo perfectamente que esto provocaría represalias contra las fuerzas estadounidenses desplegadas en toda la región, cuyas muertes se utilizarían como pretexto para una importante escalada militar.
En respuesta a todas las críticas por sus acciones provocadoras, la Administración de Biden ha respondido declarando que no tiene ninguna intención de librar una guerra contra los países a los que está cercando militarmente.
Cuando se le preguntó varias veces en la rueda de prensa del lunes si el Gobierno de EE.UU. está “considerando activamente posibles ataques dentro de Irán”, el portavoz de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, respondió repetidamente: “No estamos buscando una guerra con Irán”.
Cabe notar que, el 12 de enero, Kirby utilizó exactamente el mismo lenguaje con respecto a Yemen, declarando: “No estamos interesados en una guerra con Yemen.” Sin embargo, desde entonces, Estados Unidos ha llevado a cabo docenas de ataques con misiles dentro de Yemen en las últimas tres semanas, en más de media docena de días distintos.
Parece que la señal más fiable para predecir cuál será el próximo país que el ejército estadounidense bombardeará ilegalmente es aquel contra el que el Gobierno de Estados Unidos dice que no quiere una guerra.
La versión más ridícula de este argumento se produjo en una rueda de prensa de la Casa Blanca el 16 de enero. Un periodista señaló que funcionarios de EE.UU. han declarado numerosas veces que “no pretendemos ampliar este conflicto”, y preguntó: ¿Cómo cuadra eso con los ataques estadounidenses a Yemen que acababan de llevarse a cabo?
A esto, Kirby dio la siguiente respuesta:
Es una ecuación muy simple: al eliminar la capacidad militar de los hutíes, estamos dificultando que lleven a cabo estos ataques... Así pues, el mero hecho de llevar a cabo estos bombardeos que eliminan su capacidad --en algunos casos antes de que pudieran utilizarla-- es, por definición, disminuir las tensiones.
En este lenguaje orwelliano, cualquier ataque estadounidense contra las fuerzas militares de cualquier país es un acto de “distensión”. Y ningún acto rebaría las tensiones tanto como un intento del ejército de Estados Unidos de destruir la capacidad militar de China y Rusia atacando todas sus bases con armas nucleares.
Esta absurda gimnasia verbal es un intento de la Casa Blanca de ocultar sus planes de una escalada de largo alcance a la población estadounidense, que se opone abrumadoramente a una gran intervención militar de Estados Unidos en Oriente Próximo.
Ante la pregunta martes de por qué la Casa Blanca no ha informado al pueblo estadounidense sobre sus planes de guerra ni ha pedido el consentimiento del Congreso, Kirby se irritó ante la sugerencia, declarando: “El comandante en jefe no está mirando las encuestas ni considerando el calendario electoral”.
Estados Unidos aprovechó el ataque de Hamás a Israel del 7 de octubre para enviar inmediatamente tropas, buques de guerra y aviones a Oriente Próximo. La publicación de noticias de la Marina estadounidense la denominó “la mayor concentración de buques estadounidenses en la región en décadas”. Esta masiva acumulación de fuerzas militares tenía precisamente el objetivo de llevar a cabo ataques cada vez mayores en toda la región en miras de reorganizar todo Oriente Próximo bajo el dominio de Estados Unidos.
Menos de 10 días después del ataque del 7 de octubre, el World Socialist Web Site advirtió:
“El envío de una armada de más de una docena de buques de guerra a Oriente Próximo no es simplemente para amenazar a Hamás, que no tiene ninguna armada. Estados Unidos se está preparando para un conflicto mucho más amplio en Oriente Próximo, incluyendo una guerra con Irán”. Desde entonces, Estados Unidos ha bombardeado Irak, Siria y Yemen.
Estados Unidos ve el conflicto en Oriente Próximo como un componente crítico de su lucha existencial contra Rusia y China. De manera significativa, Estados Unidos, en palabras de un reciente artículo de Foreign Affairs, “ha tomado nota de la relación cada vez más estrecha de China con los Estados de Oriente Próximo”, en particular los esfuerzos de Beijing para mediar en un acercamiento entre Irán y Arabia Saudita.
El martes, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en una reunión con el secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, borró cualquier línea divisoria entre la guerra de la OTAN contra Rusia y el conflicto de Estados Unidos con Irán y China, declarando: “Una victoria rusa envalentonaría a Irán, Corea del Norte y China. Eso es importante para la seguridad de Europa. Y es relevante para la seguridad de Estados Unidos”.
La guerra mundial que han provocado el imperialismo estadounidense y sus aliados de Londres, Berlín y París forma parte de una contrarrevolución mundial en la que las potencias imperialistas tratan de restablecer el control directo sobre sus antiguas colonias.
Al mismo tiempo, el imperialismo estadounidense, acosado por enormes contradicciones sociales internas, intenta canalizar estas tensiones internas hacia un enemigo exterior. Estas guerras también crean el marco para continuos ataques a los derechos democráticos y un esfuerzo por deslegitimar la oposición política interna.
La intensificación de los preparativos estadounidenses para una posible guerra con Irán se produce tras el fallo emitido la semana pasada por la Corte Internacional de Justicia pidiendo a Israel que deje de matar civiles en Gaza y de restringir el suministro de alimentos y ayuda humanitaria. En respuesta al fallo, Israel no ha hecho más que aumentar sus bombardeos contra civiles en Gaza, mientras que Estados Unidos y otras potencias imperialistas han suspendido la financiación del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA, por sus siglas en inglés), amenazando con provocar una hambruna aún mayor en Gaza.
Cualquier creencia de que las Naciones Unidas o las demás instituciones encargadas de velar por el “derecho internacional” son capaces de frenar la barbarie imperialista ha quedado refutada por estos acontecimientos. Frenar el brote de la barbarie imperialista exige la movilización de la clase trabajadora, uniendo la lucha contra ella con la lucha contra la desigualdad, la pobreza, el desempleo y el sistema capitalista.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 29 de enero de 2024)
