El viernes marcó el quinto día de una huelga indefinida de 31.000 trabajadores sanitarios de Kaiser Permanente en California y Hawái. La huelga forma parte de un auge más amplio de luchas sociales, que incluye protestas a nivel nacional el viernes y el sábado contra la violencia del ICE en Minneapolis, así como una huelga de tres semanas de 15.000 enfermeras en la ciudad de Nueva York.
Los trabajadores sanitarios se ven empujados a una confrontación directa no solo con gigantes corporativos de la sanidad como Kaiser Permanente, sino con todo el marco político y económico que subordina la vida humana al beneficio, la represión y la violencia estatal.
El mes que viene, miles de técnicos de farmacia, científicos de laboratorio clínico y técnicos de laboratorio médico (CLS/MLT) de todo el sur de California tienen previsto ir a la huelga. Los técnicos de farmacia llevan sin contrato desde el 1 de noviembre de 2025, mientras que los contratos de los CLS/MLT expiran el 1 de febrero de 2026, lo que afecta a los trabajadores de los condados de Los Ángeles, Orange, San Diego, Riverside, San Bernardino, Ventura, Kern e Imperial.
Bajo la intensa presión de las bases, varios sindicatos locales de UFCW del sur de California (UFCW 770, UFCW 324 y UFCW 135) se vieron obligados a emitir un aviso unificado de huelga de 10 días por prácticas laborales injustas (ULP) a Kaiser, que comenzará el 9 de febrero a las 7:00 a. m. en toda la región. Los trabajadores exigen aumentos salariales generales, pagos retroactivos, igualdad salarial, especialmente para los trabajadores con salarios bajos del condado de Kern, dotación de personal segura, fechas de vencimiento de los contratos alineadas, un programa de reparto de beneficios mejorado, ninguna concesión y la participación de los cuidadores en la atención al paciente.
Los trabajadores del sindicato local 324 de la UFCW votaron por abrumadora mayoría a favor de la huelga en octubre. A pesar de ello, no se convocó la huelga y los trabajadores han seguido trabajando sin contrato desde el 1 de noviembre.
En Kaiser, el sindicato UNAC/UCHP acusó a la dirección de «escalada antisindical» en un comunicado emitido el jueves, por contratar a miles de trabajadores temporales y presentar demandas para poner fin a la negociación nacional y dar prioridad a los beneficios sobre la atención al paciente.
A pesar de ello, el sindicato no ha convocado una acción más amplia, incluso cuando se están dando las condiciones para un poderoso movimiento nacional en defensa de la salud pública.
El 21 de enero, Kaiser presentó una demanda federal en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Central de California contra la Alianza de Sindicatos de la Salud, con el fin de debilitar o desmantelar el marco de negociación nacional establecido en virtud del Acuerdo de Colaboración Laboral-Gerencial (LMP) de 1997.
La maniobra legal equivale a dar órdenes a la burocracia sindical para que ponga fin a la huelga o se arriesgue a perder decenas de millones de dólares en financiación corporativa. El LMP es un órgano corporativista creado con el objetivo explícito de impedir las huelgas. Su acuerdo fundacional insta a la dirección de Kaiser y a los sindicatos a «unirse en torno a nuestros objetivos comunes y trabajar juntos para prestar de la forma más eficaz posible una asistencia sanitaria de alta calidad y prevalecer en nuestro nuevo entorno altamente competitivo».
Pero la defensa de la asistencia sanitaria requiere un movimiento de la clase trabajadora contra la oligarquía y la desigualdad, no una «colaboración». Ese movimiento debe construirse mediante la acción independiente desde abajo de las propias enfermeras, imponiendo el control democrático sobre la lucha y estableciendo contacto con los trabajadores sanitarios y otros trabajadores de todo el país para preparar una huelga general.
Esto significa formar redes de comités de base, transformar la creciente resistencia de la clase trabajadora en un movimiento consciente capaz de desafiar el poder corporativo y defender los derechos democráticos y sociales.
Aunque en los últimos años se han producido una serie de huelgas importantes en Kaiser, todas ellas han sido interrumpidas prematuramente por el aparato sindical antes de que se satisfacieran las demandas de los trabajadores, en particular las relacionadas con la seguridad en la dotación de personal.
El World Socialist Web Site habló con trabajadores de Kaiser en el área de Los Ángeles.
Linda, una enfermera, describió la falta crónica de personal. «Tenemos pacientes muy graves, pero no contamos con los recursos suficientes, ni con suficientes enfermeras para poder atenderlos de forma segura», explicó. «Puede ser muy abrumador y perjudicial para los pacientes». Recordando su época en telemetría, dijo que la ratio de personal era «cuatro pacientes por cada enfermera. Es decir, realmente mala. No tenemos auxiliares de enfermería. No tenemos enfermeras vocacionales tituladas que ayuden a las demás enfermeras tituladas».
Cuando se le preguntó por el asesinato de Alex Pretti, se emocionó visiblemente. «Es horrible. No sé ni por dónde empezar. Era uno de los nuestros», dijo. «Y estaba haciendo lo que creo que haría cualquier enfermera: plantar cara a lo que está mal». Hizo hincapié en el compromiso ético de las enfermeras: «Cuando hacemos el juramento de enfermería, no miramos la raza de las personas ni quiénes son, cómo se identifican, solo las vemos como personas en su totalidad y defendemos lo que es correcto».
Dirigiéndose a las enfermeras en huelga en Nueva York, Linda declaró: «¡Estamos con ustedes, nuestros hermanos y hermanas! Esperamos un contrato justo para todos nosotros y que enfermeras como Alex Pretti nunca sean olvidadas».
Jane, una enfermera con 10 años de experiencia, se hizo eco de estos sentimientos. «Es muy lamentable que él tuviera que morir y que otras personas, personas inocentes, tengan que morir solo por defender a otros seres humanos», dijo. «Todos deberíamos vernos como seres humanos y no como un estatus legal».

Al enterarse de que, según se informa, Alex Pretti y Renee Good habían sido incluidos en una base de datos federal, Jane respondió con alarma. «Eso es muy malo, porque ahora las personas que se rebelan están siendo perseguidas solo por defender a otras personas que no tienen voz», dijo. «Tenemos libertad de expresión y no deberíamos ser perseguidos por alzar la voz o intentar defender a nuestros hermanos y hermanas».
Describió el abrumador costo de la vida en Los Ángeles y el impacto que esto tiene en la atención al paciente. «Desde la COVID, hemos estado trabajando con poco personal, incluso en el ámbito ambulatorio: una enfermera hace el trabajo de tres personas», explicó. Sin personal adicional, los proveedores están sobrecargados y los pacientes se enfrentan a esperas de meses. «No es justo para los pacientes. No es justo para nosotros. Se ha llegado a un punto en el que ahora es un problema de seguridad».
Jane expresó su indignación por el hecho de que, según se informa, Kaiser haya invertido en CoreCivic, una empresa privada de prisiones y centros de detención del ICE. «Separar a las familias no es bueno para el bienestar de nadie», afirmó. «En lugar de invertir en este tipo de lugares, deberían invertir en mejorar las condiciones del personal hospitalario para que podamos evitar situaciones de riesgo de muerte o peligro para los pacientes».
Cuando se le preguntó si apoyaba una huelga general contra la administración Trump, Jane respondió enfáticamente: «Sí, por supuesto, por supuesto, por supuesto».
Susan, enfermera de Kaiser desde hace más de 25 años, describió cómo se veía obligada a desempeñar múltiples funciones simultáneamente. «Cuando llego, soy la técnica, soy la secretaria, soy la informática, soy la responsable de la planta», dijo. «Al final de un turno de 12 horas, estás cansada, agotada y no puedes dar más».
Explicó que no puede permitirse vivir cerca de su lugar de trabajo. «Conduzco una hora y media para venir a trabajar a Kaiser West L.A.», dijo. A pesar de tener un maestría, debe tener dos trabajos, como enfermera titulada y enfermera practicante. «Nuestros salarios y nuestro trabajo no son suficientes para pagar un apartamento de una habitación que cuesta más de 2500 dólares», dijo. «Kaiser dice que nos pagan los salarios más altos. Pero no es así».
Sobre el asesinato de Pretti, Susan fue inequívoca. «No tenía por qué morir. No tenía que morir», dijo. «Intentaba defender a alguien, y eso es lo que hacemos. Somos enfermeras. Siempre estamos trabajando, tanto si estamos en el trabajo como si estamos en la calle».
Susan expresó su firme apoyo a una acción colectiva más amplia. «Creo que una huelga general sería una forma estupenda de hacer oír nuestra voz», afirmó. Sobre la formación de comités de base para unir a los trabajadores a nivel nacional, añadió: «Sería una idea estupenda. Me gustaría participar».
(Artículo publicado originalmente en inglés el 31 de enero de 2025)
