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Perspectiva

Guerra en el exterior y despidos masivos en EE.UU.: la clase trabajadora debe detener el ataque a Irán

El World Socialist Web Site estará celebrando un webinario global de emergencia este domingo 8 de marzo a las 3:00 p.m. (horario del Este de Estados Unidos), “¡Detengan la guerra contra Irán!”. Urgimos a todos nuestros lectores a registrarse.

Trabajadora escanea los artículos que llegan al centro de distribución OXR1 de Amazon en Oxnard, California [AP Photo/Damian Dovarganes]

Mientras la guerra criminal contra Irán se desata en Oriente Próximo, la clase dirigente estadounidense libra una guerra paralela en su propio país. La economía estadounidense perdió 92.000 empleos en febrero, según informó el jueves la Oficina de Estadísticas Laborales, mientras que la tasa de desempleo se sitúa en el 4,4 por ciento.

La cifra revirtió drásticamente las expectativas de crecimiento del empleo y marcó la tercera contracción en cinco meses. Desde abril de 2025, la economía estadounidense ha perdido empleos en términos netos, mientras que los despidos anunciados por las grandes corporaciones se han disparado a niveles nunca vistos fuera de una recesión.

Los empleadores estadounidenses anunciaron más de 1,2 millones de recortes de empleos en 2025, según cifras mensuales compiladas por Challenger, Gray & Christmas, el total más alto fuera de una recesión formal o el comienzo de la pandemia desde que comenzaron a rastrear los despidos en 1989. Los anuncios de contratación se desplomaron un 55 por ciento el mes pasado y han caído a su nivel más bajo desde 2010.

La escala de despidos es enorme. Oracle planea recortar hasta 30.000 empleados, Amazon ha eliminado 30.000 puestos de trabajo corporativos desde octubre y UPS está llevando a cabo decenas de miles de despidos tras eliminar 48.000 puestos el año pasado. Block, la empresa matriz de Square, despidió a casi la mitad de su plantilla en un solo día.

Solo el año pasado, la administración Trump expulsó a 317.000 trabajadores federales, y los programas sociales de los que dependen decenas de millones de personas, incluidos Medicaid, Medicare y la asistencia alimentaria, están siendo destruidos.

Y esto es solo el comienzo, ya que la inteligencia artificial (IA) se está utilizando para destruir grandes sectores de la fuerza laboral. El director de IA de Microsoft predijo que “la mayoría, si no todas, las tareas profesionales” se automatizarán en 18 meses. Los planes internos de Amazon prevén automatizar el 75 por ciento de las operaciones de su almacén, eliminando la necesidad de 600.000 puestos de trabajo en los próximos años.

Los recursos extraídos a la clase trabajadora se utilizan con dos fines: el enriquecimiento de la oligarquía, cuya riqueza se ha disparado a niveles históricos, y la financiación de la guerra imperialista. Estados Unidos ya ha gastado aproximadamente 3.700 millones de dólares en los primeros días de su campaña de bombardeos contra Irán, mientras que la administración Trump propone un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares. Esto representaría un aumento del 50 por ciento sobre lo que ya es el mayor presupuesto militar de la historia.

Al mismo tiempo, el cierre del estrecho de Ormuz ha disparado los precios del petróleo un 35 por ciento en una semana, lo que ha repercutido en las cadenas de suministro globales y ha despertado el temor de una nueva crisis de estanflación. Son los trabajadores quienes tendrán que asumir las consecuencias de esta subida de precios.

La crisis es global. Tan solo en Alemania, más de 250.000 empleos en el sector manufacturero han desaparecido desde 2019 debido a que el alza vertiginosa de los precios de la energía, impulsada por la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, devasta la industria europea. Los mismos gobiernos que respaldan esa guerra indirecta ahora están enviando aviones y buques de guerra a Oriente Próximo para apoyar el ataque estadounidense contra Irán.

La oposición a la guerra ha surgido de inmediato. Las encuestas y las manifestaciones muestran una profunda hostilidad entre los trabajadores y los jóvenes hacia otra catástrofe imperialista, incluso entre muchos que anteriormente apoyaron a Trump.

Esta oposición generalizada no encuentra expresión en el establishment político. En el Congreso, ambos partidos apoyan los objetivos básicos de la guerra y la expansión masiva del gasto militar necesaria para librarla. En los medios corporativos, el debate se limita a cuestiones de estrategia y eficacia, no a la legitimidad de la guerra en sí.

A medida que se acelera la masacre laboral, el aparato sindical no hace absolutamente nada para organizar la resistencia. Los sindicatos que representan a los trabajadores federales y estatales, los Teamsters, la UAW y el resto de la burocracia laboral no han movido un dedo para movilizar a sus miembros contra los despidos, los cierres y la destrucción de empleos por la automatización. En respuesta a la primera ola de luchas de este año —incluidas las huelgas de enfermeros en Nueva York y la costa oeste—, el aparato sindical ha trabajado sistemáticamente para aislar a los trabajadores e impedir que se desarrolle una lucha más amplia.

Este mismo aparato no ha hecho ningún llamamiento a la oposición a la guerra. No ha habido una sola declaración de la confederación sindical AFL-CIO, el sindicato automotor UAW ni de ninguna federación sindical importante que se oponga al ataque contra Irán. Su silencio refleja la función social de la burocracia sindical: reprimir la lucha de clases y hacer valer las exigencias de las corporaciones y el Estado capitalista.

Apenas unas semanas antes de que comenzaran los bombardeos, el sindicato United Steelworkers logró aprobar un contrato de concesiones que cubría a decenas de miles de trabajadores de refinerías, garantizando una producción energética ininterrumpida y el flujo continuo de ganancias a medida que la guerra se intensificaba.

La Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB) promueve la creación de comités de base en todos los sectores de la clase trabajadora, independientemente del aparato sindical, para organizar una ofensiva coordinada contra la masacre laboral. Esta lucha es inseparable de la lucha contra la guerra imperialista.

La clase trabajadora es la fuerza social decisiva que puede detener la guerra. Las catastróficas consecuencias económicas de la guerra, así como su conexión con la dictadura que se está desarrollando en Estados Unidos, demostrarán a millones de trabajadores la necesidad de forzar el fin de la guerra, el desmantelamiento de la maquinaria bélica estadounidense y la caída de la administración Trump. Esto debe encontrar una expresión organizada y políticamente consciente en un movimiento obrero de masas.

La clase obrera debe oponerse a la guerra con los métodos de la lucha de clases. Los paros coordinados en los puertos, la logística naviera, las refinerías, las redes ferroviarias y las cadenas de suministro militar perturbarían directamente las operaciones que sustentan la guerra. Las recientes protestas de los estibadores del Mediterráneo, que se niegan a manipular carga militar, demuestran el potencial de tales acciones para obstaculizar la maquinaria bélica.

Los enormes recursos que ahora se canalizan hacia el militarismo deben redirigirse para satisfacer las necesidades sociales urgentes. El presupuesto militar propuesto, de más de un billón de dólares, debe eliminarse y los fondos deben utilizarse para crear empleos y financiar la vivienda, la educación y la salud. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y otras agencias involucradas en la represión interna deben ser desmanteladas.

La lógica de un movimiento de este tipo apunta a una huelga general que arrastraría tras sí a los jóvenes y a sectores progresistas de la clase media.

Tal movimiento no puede llevarse a cabo a través del aparato sindical existente. La AIO-CB fomenta y apoya la creación de comités de base en centros de trabajo, escuelas y barrios, controlados democráticamente por los propios trabajadores. Estas organizaciones deben arrebatarle la iniciativa a una burocracia sindical que durante décadas ha apoyado al imperialismo estadounidense.

Ante todo, la lucha contra la guerra debe librarse a nivel internacional. Los trabajadores de Estados Unidos tienen mucho más en común con los trabajadores de Irán y de todo Oriente Próximo que con los multimillonarios y políticos que se lucran con la guerra.

La creciente oposición a la guerra debe transformarse en un movimiento político consciente de la clase obrera contra el sistema capitalista que genera guerra, austeridad y dictadura. Movilizando su inmenso poder social, la clase obrera puede detener la guerra y allanar el camino a una reorganización socialista de la sociedad basada en las necesidades humanas, no en el lucro privado.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 6 de marzo de 2026)

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