La respuesta del Gobierno francés a las amenazas de Trump de aniquilar la civilización iraní es una mezcla infame de cinismo y cobardía. Aunque ha intentado distanciarse de las declaraciones indudablemente genocidas de Trump, se ha convertido en cómplice de crímenes contra la humanidad.
El presidente Emmanuel Macron no se molestó en hacer comentarios después de que Trump prometiera destruir los puentes y la infraestructura eléctrica de Irán, amenazando: «Esta noche morirá toda una civilización, que nunca volverá a resurgir». Macron dejó que fuera el ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Noël Barrot, quien emitiera un comunicado. En el canal de televisión France2, Barrot restó importancia a las amenazas de Trump, calificándolas de «excesivas» y declarando: «Todo lo que es excesivo carece de importancia».
Barrot eludió por completo el carácter políticamente criminal y genocida de la política estadounidense. Naturalmente, afirmó que «Francia se opone firmemente a los ataques contra la infraestructura civil», mientras ignoraba los ataques franceses contra civiles, como el bombardeo del 3 de enero de 2021 contra una boda en Bounti durante la guerra en Mali. Pero cuando se le preguntó sin rodeos si las acciones de EE. UU. son crímenes de guerra, Barrot se negó a responder, afirmando: «Primero debemos analizar sus ataques y sus consecuencias para poder decirlo».
Esta es una evasiva repugnante y cobarde. El líder del gobierno estadounidense está amenazando con destruir una civilización mediante la aniquilación de su infraestructura eléctrica y de transporte. No hay debate legítimo sobre el carácter de tal política. Es inequívocamente una declaración de intención genocida, ya que las fuerzas estadounidenses bombardean deliberadamente infraestructura civil en lo que, como incluso las Naciones Unidas han admitido, es un crimen de guerra.
La respuesta de Barrot ejemplifica la bancarrota de la respuesta de la burguesía francesa a la guerra de Trump contra Irán. Las relaciones entre las clases dominantes de EE. UU. y Europa se están desintegrando, particularmente después de que Trump amenazara con invadir el territorio danés de Groenlandia a principios de este año. Sin embargo, a pesar de admitir que Trump lanzó la guerra al margen del derecho internacional, el gobierno francés no ha tomado ninguna medida significativa para detenerla.
Se ha negado a denunciar a Trump como un criminal, y su guerra como una de agresión y exterminio. Se ha mantenido en la alianza de la OTAN y sigue permitiendo que los aviones de suministro estadounidenses que transportan material a Oriente Medio utilicen su base aérea en Istres. A pesar de su negativa a permitir que los aviones de combate estadounidenses despeguen de las bases aéreas francesas para bombardear Irán, París sigue siendo así cómplice de los crímenes de guerra de EE. UU. contra la población de Oriente Medio.
Además, Macron no ha explicado públicamente el desastroso impacto que tendrá en la economía francesa y mundial el corte de las exportaciones de petróleo y gas del Golfo Pérsico debido a la guerra de Trump. A pesar de que los precios de la gasolina se disparan a más de 2 euros por litro en toda Francia, no hay un debate concreto sobre lo que significa para los trabajadores el colapso del suministro de energía y fertilizantes. Los funcionarios guardan silencio sobre el empobrecimiento de la clase trabajadora debido al aumento de los precios mundiales de los combustibles y los alimentos, que se prevé que se intensifique, así como sobre la amenaza, especialmente en los países más vulnerables, de una hambruna que se cobraría millones de vidas.
En cambio, una frivolidad criminal respecto a las implicaciones de las amenazas de Trump contra Irán impregna a toda la clase dominante francesa. La semana pasada, cuando Trump amenazó con bombardear a Irán «hasta devolverlo a la Edad de Piedra», Le Figaro lo descartó como un «no-suceso» y se quejó de que Trump «no tenía una estrategia clara para poner fin al conflicto».
Las masas de iraníes que se reúnen esta noche alrededor de las centrales eléctricas, las plantas de tratamiento de agua y otras infraestructuras civiles están poniendo al descubierto los intentos de restar importancia a las amenazas de Trump como si fueran insignificantes. La estrategia de Trump es el exterminio, y las afirmaciones de que no tiene estrategia son mentiras. La historia no juzgará más favorablemente a quienes difunden esta mentira que a los colaboracionistas nazis franceses de la Segunda Guerra Mundial quienes, mientras el Ejército Rojo derrotaba a las fuerzas de Hitler, se quejaban a puerta cerrada de que la Alemania nazi no tenía una estrategia para hacer frente a la Unión Soviética.
La guerra contra Irán también está poniendo al descubierto el carácter reaccionario de los llamamientos de la burguesía europea al rearme para llevar a cabo una política exterior independiente de Washington. Esta política, financiada con cientos de miles de millones de euros procedentes de recortes sociales dirigidos contra los trabajadores de toda Europa, no tiene como objetivo prevenir o detener los crímenes de guerra de EE. UU. Más bien, está preparando a las potencias imperialistas europeas para llevar a cabo sus propias guerras de saqueo en toda Eurasia y el mundo.
Esto quedó patente este fin de semana, durante el viaje de Macron a Japón y Corea del Sur. Se reunió con la primera ministra de extrema derecha de Japón, Sanae Takaichi, quien ha aplaudido la guerra genocida de ocupación de Japón en China durante la Segunda Guerra Mundial como una «guerra por la seguridad». En privado, Takaichi y Macron sin duda discutieron su enfado con Trump en medio del inminente colapso de sus economías debido a la guerra contra Irán.
En público, Macron destacó el papel de Francia en las operaciones de la OTAN, al tiempo que afirmaba ofrecer una política de «Tercera Vía» independiente de Washington y Pekín. Refiriéndose al despliegue de su portaaviones Charles de Gaulle en el Mediterráneo Oriental, desde donde observa la invasión israelí del Líbano, Macron dijo: «Nuestro objetivo no es ser vasallos de potencias hegemónicas. No deseamos depender de China ni estar expuestos a la imprevisibilidad de EE. UU. … La previsibilidad tiene sus virtudes, como hemos demostrado en los últimos años y, me atrevo a decir, en las últimas semanas: estamos donde saben que estaremos».
En realidad, la guerra con Irán pone de manifiesto la imposibilidad de confiar en potencias imperialistas de segundo orden, como Francia, para frenar la caída del capitalismo hacia una nueva guerra mundial y un genocidio. Dado que la guerra provocará penurias extremas y una ira social explosiva entre los trabajadores de todo el mundo, se están dando las condiciones para un movimiento internacional y unido de la clase trabajadora contra la guerra, el genocidio y la oligarquía capitalista fascista que los está desatando sobre la humanidad.
Sin embargo, un movimiento así solo puede avanzar movilizando a la clase trabajadora independientemente de las burocracias sindicales nacionales y sus aliados políticos, como el partido Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon.
En su última entrada de blog, «La calma antes de la tormenta», Mélenchon admitió que «la ira popular se puede sentir hoy incluso en los pasillos del poder», pero, no obstante, aconsejó: «Disfrutemos de este período de calma que se nos ha concedido. Pronto, la onda expansiva de la guerra de agresión israelí y estadounidense contra Irán se extenderá con más fuerza que nunca por todos los rincones del mundo». Propuso trabajar con la burocracia sindical de la Confederación General del Trabajo (CGT) para organizar protestas nacionales que exijan a Macron que adopte topes de precios para los productos básicos:
Evitar los aumentos de precios es [nuestra] prioridad y la de [la secretaria general de la CGT] Sophie Binet, quien afortunadamente viene a ayudarnos con la CGT. En muchos países europeos, los gobiernos están proponiendo o adoptando topes de precios para diversos productos. Pero no en Francia. Macron sigue siendo el presidente de los ricos, quienes se enriquecerán con los dividendos que repartirá [la petrolera francesa] Total.
Si bien los topes de precios son sin duda necesarios y legítimos, los trabajadores deben rechazar esos argumentos complacientes que ignoran la necesidad de movilizar directamente a la clase trabajadora contra la guerra, y que atan a los trabajadores de Francia a la burocracia de la CGT —partidaria del llamado de Macron a militarizar Francia y preparar su industria para una «guerra de alta intensidad».
Mientras las bombas caen sobre Irán, el genocidio continúa en Gaza y Trump amenaza con borrar una civilización y saquear su petróleo, no es momento de «disfrutar de un período de calma». La clase trabajadora no puede esperar. Es hora de movilizar urgentemente a los trabajadores en Francia y en toda Europa contra la guerra, para defender a Irán contra la guerra imperialista y el genocidio, y para luchar junto a sus hermanos y hermanas de clase en Estados Unidos, donde existe una oposición explosiva a Trump.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 de abril de 2026)
