Estados Unidos está al borde de una catástrofe moral y política. Esta es la conclusión ineludible que se desprende de la rueda de prensa de Donald Trump del lunes.
El lenguaje de la rueda de prensa habla por sí solo. Trump declaró, en medio de una serie de declaraciones homicidas, que el ejército estadounidense destruiría Irán como país si sus líderes no se rendían de inmediato a las exigencias de Estados Unidos. “Todo el país puede ser aniquilado en una noche”, gritó, “y esa noche podría ser mañana mismo”.
Ante una audiencia televisiva mundial, Trump continuó la diatriba que ya había iniciado con obscenidades en las redes sociales el domingo por la mañana. “Tenemos un plan gracias al poderío de nuestras fuerzas armadas”, dijo, “en el que todos los puentes de Irán quedarán destruidos para la medianoche de mañana, todas las centrales eléctricas de Irán quedarán fuera de servicio, ardiendo, explotando y para no volver a utilizarse jamás. Es decir, una demolición total para la medianoche. Ocurrirá en un lapso de cuatro horas, si así lo deseamos”.
Continuó: “Les llevará cien años reconstruir. Si nos fuéramos hoy, les llevaría veinte años reconstruir su país, y jamás volvería a ser como antes”.
Cada palabra que pronuncia Trump implica al gobierno de Estados Unidos en un crimen de proporciones hitlerianas. Dice abiertamente lo que los líderes nazis discutían a puerta cerrada. Eso refleja la decadencia y degradación del capitalismo mundial en el siglo XXI.
La rueda de prensa comenzó con casi una hora de celebración ininterrumpida de la destreza militar estadounidense y del supuesto 'liderazgo valiente y determinación inquebrantable del presidente Donald J. Trump', como declaró el secretario de Guerra, Pete Hegseth, en la untuosa adulación que se ha vuelto obligatoria para los miembros del gabinete estadounidense.
Trump respondió a las preguntas, aunque antes amenazó con encarcelar al periodista que informó que solo se había recuperado a uno de los dos tripulantes del avión de combate F-15 derribado por Irán. Según Trump, este informe se basaba en una filtración del Pentágono y se había iniciado una investigación para identificar al responsable. “Iremos al medio de comunicación que lo publicó y le diremos: ‘Seguridad nacional, entréguenlo o irán a la cárcel’”.
Hubo más amenazas y denuncias contra los medios de comunicación, a pesar de que la rueda de prensa estaba repleta de podcasteres de derecha y otros aduladores, que agradecieron efusivamente a Trump antes de formular sus 'preguntas'.
Trump declaró que estaba reviviendo el principio —que se remonta a la barbarie— de que “al vencedor le corresponden las riquezas”. Tras haber derrotado militarmente a Irán, afirmó, Estados Unidos debería cobrar peajes al paso de los petroleros por el estrecho de Ormuz. Si por él fuera, dijo, Estados Unidos se apoderaría de los recursos petroleros de Irán.
Al preguntársele qué debía hacer Irán para cumplir con el plazo del martes a las 8:00 p. m., Trump respondió: “Tenemos que llegar a un acuerdo que sea aceptable para mí. Y parte de ese acuerdo será que queremos libre circulación de petróleo y de todo lo demás”.
Otro periodista preguntó: “Usted dijo ‘Gloria a Dios’ en este conflicto. ¿Cree que Dios apoya las acciones de Estados Unidos?”. Trump respondió: “Porque Dios es bueno y quiere que el pueblo esté bien”.
Un tinte de fundamentalismo cristiano fascista impregnó las declaraciones de Hegseth y otros. En sus propias declaraciones a la rueda de prensa, Hegseth presentó el rescate del segundo aviador del F-15 como una parábola cristiana:
Derribado un viernes: Viernes Santo. Escondido en una cueva, en una grieta, todo el sábado. Y rescatado el domingo. Volando fuera de Irán al amanecer del Domingo de Pascua, un piloto renacido. Todos en casa y a salvo, una nación regocijándose. Dios es bueno.
El jefe del Pentágono prosiguió declarando: “Siguiendo las instrucciones del presidente, hoy se registrará el mayor volumen de ataques desde el primer día de la operación. Mañana, incluso más que hoy. Entonces Irán tendrá que elegir. Elijan sabiamente. Porque este presidente no se anda con rodeos. Pueden preguntarle a Soleimani, a Maduro, pueden preguntarle a Jameneí”, refiriéndose a los líderes asesinados o secuestrados por orden de Trump.
Ante un puñado de preguntas incisivas, Trump estalló de ira. '¿Cuál es su respuesta a las críticas?', le preguntaron. 'No me importan las críticas', respondió. '¿Le preocupa que su amenaza de bombardear centrales eléctricas y puentes constituya crímenes de guerra?'. Trump contestó: 'No, en absoluto'.
Trump encabeza un régimen que opera al margen de toda restricción legal: el mundo criminal en el poder. La lógica de la escalada es inexorable: intensificación de los bombardeos, invasión de Irán con tropas terrestres, ocupación o destrucción de las principales ciudades y, ante el creciente número de bajas estadounidenses, el recurso a las armas nucleares, el “infierno” con el que Trump amenaza constantemente al pueblo iraní.
En un crimen de proporciones monumentales no solo están implicados Trump y su administración, sino toda la clase dirigente y su sistema político. Trump puede declarar públicamente su intención de destruir la infraestructura social de un país de 93 millones de habitantes, haciéndolo retroceder a la Edad de Piedra, y no encuentra una oposición seria, ni de las otras grandes potencias del planeta ni dentro de la propia clase dirigente de Estados Unidos.
El sistema político estadounidense, controlado por las grandes corporaciones, es incapaz de frenar esta política de agresión y muerte masiva. El Partido Demócrata, tras permanecer en gran medida en silencio durante el primer mes de la guerra, ahora declara que Trump es un demente que comete crímenes de guerra. El líder demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, lo calificó de “repugnante y desquiciado”, mientras que el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, lo llamó “un demente desquiciado”, añadiendo: “Está amenazando con posibles crímenes de guerra y alejando a los aliados”.
Pero ningún demócrata ha propuesto ninguna medida para detener esta guerra criminal. Tratan las leves mayorías republicanas en la Cámara de Representantes y el Senado como si fueran inexpugnables. Pero, si las circunstancias fueran al revés, una minoría republicana fácilmente bloquearía las acciones de un presidente demócrata. En cambio, el senador Bernie Sanders suplica impotente: “El Congreso tiene que actuar YA. ¡Acaben con esta guerra!”.
Ni un solo demócrata ha sugerido que Trump y sus cómplices en crímenes de guerra deban rendir cuentas ante ningún tribunal internacional.
En el otoño, un grupo de senadores y representantes demócratas emitió un vídeo dirigido al personal militar estadounidense, recordándoles su responsabilidad de no obedecer órdenes ilegales. Pero ahora que llueven órdenes ilegales desde la Casa Blanca y el Pentágono, guardan silencio. No han advertido a la cúpula militar que una futura administración demócrata procesará a los responsables de crímenes de guerra, porque dicha administración estaría inmersa en sus propios planes imperialistas, para los cuales requerirá la plena participación de las fuerzas armadas.
Si Trump cumple sus amenazas, hoy —7 de abril de 2026— pasará a la historia como un día infame. Será recordado como uno de los mayores crímenes de la era moderna. Sea cual sea el próximo giro de la guerra, se ha cruzado una línea roja. Esta guerra ha destruido, para siempre, la pretensión de que Estados Unidos es una democracia. Califica al gobierno de Trump como un régimen fuera de la ley. Condena a la oligarquía como una clase dominante que ha sobrevivido a toda justificación histórica. En resumen, debe dar paso a un período de revolución social.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 de abril de 2026)
