Jorge Sola, secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) de Argentina, participó la semana pasada en la cumbre de la Cámara de Comercio Americana (AmCham) en Buenos Aires, un encuentro de multinacionales estadounidenses que operan en Argentina. El evento congregó a ejecutivos de empresas, representantes de la Embajada de Estados Unidos, el presidente fascistoide Javier Milei, junto con miembros de su gabinete, gobernadores y otras figuras políticas.
Desde esta plataforma del capital financiero imperialista, Sola articuló un programa que deja al descubierto el papel de la burocracia sindical peronista como instrumento para subordinar a la clase trabajadora a la destrucción de los niveles de vida y los derechos laborales, así como al giro hacia el fascismo bajo el mandato de Milei.
En su intervención en un panel, Sola declaró:
Quienes representamos a los trabajadores, representamos intereses de la fuerza del trabajo pero creemos en una asociación estratégica entre la inversión productiva, esa fuerza productiva del capitalismo y la relación laboral de los trabajadores… Los conflictos hay que transitarlos en una mesa de diálogo importante, donde esté presente también el Estado, un Estado inteligente y eficaz, no un Estado que esté al servicio del capital nada más y subordinándolo legalmente.
En una entrevista concedida al medio de derecha Infobae en AmCham, Sola reiteró esta perspectiva con mayor claridad: “Esa asociación estratégica entre el que invierte productivamente y el que genera la fuerza de trabajo tiene que existir en Argentina, ha existido siempre en Argentina y va mucho más allá de las afinidades ideológicas del Gobierno de turno”.
Estas declaraciones se produjeron entre críticas amistosas a la 'Ley de Modernización Laboral' de Milei, aprobada con la complicidad de la CGT, que bloqueó cualquier resistencia real a cambio de descartar cláusulas que afectaban las cuotas automáticas y otros ingresos de la burocracia.
La ley impone jornadas laborales más largas, de hasta 12 horas sin pago de horas extras, recorta las indemnizaciones por despido, debilita la negociación colectiva, reduce las incapacidades y las vacaciones, y criminaliza de facto las huelgas en sectores estratégicos, revirtiendo las protecciones de la Ley de Contrato Laboral de 1974 a condiciones del siglo XIX. Ni siquiera la dictadura militar respaldada por Estados Unidos, que gobernó entre 1976 y 1983, se atrevió a tanto.
Esta legislación draconiana se centra en facilitar despidos masivos incluso después de que la 'terapia de choque' de Milei ya haya eliminado 300.000 puestos de trabajo formales, incluidos 61.000 en el sector público.
En este contexto, Sola calificó la nueva ley como una “oportunidad perdida”, explicando que su burocracia debería ser integrada plenamente en la formulación de políticas para impulsar un “proyecto de inversión productiva”. Estas no son palabras vacías, sino una propuesta consciente para una alianza corporativista entre el aparato sindical, el gobierno fascistoide de Milei y la patronal, en un contexto de ataque sin precedentes contra la clase trabajadora.
El corporativismo y el papel histórico de la CGT
Si bien la CGT se fundó en la década de 1930 como un conglomerado de sindicatos anarquistas, estalinistas y socialistas, su transformación en un apéndice del Estado capitalista se consumó con el ascenso de Juan Domingo Perón, quien llegó al poder en 1943 como parte de una junta militar. Durante el auge económico de la posguerra, el peronismo buscó reconciliar los intereses de los capitalistas industriales con los de la clase trabajadora a través de mediación estatal.
La CGT formó el Partido Laborista que inicialmente aseguró la elección de Perón en 1946, adoptando un modelo directamente inspirado en la integración de los sindicatos en el Estado fascista de Benito Mussolini, que Perón había estudiado durante su tiempo como agregado militar en Italia. Este sistema —el corporativismo— subordina las organizaciones obreras al Estado, sofocando la lucha de clases en nombre de la unidad nacional y el desarrollo económico.
Hoy, la CGT ofrece sus servicios a Milei, proponiendo una alianza similar entre el Estado, la burocracia sindical y las empresas. Esta política, arraigada en la ideología fascista, se impulsa en un contexto en el que Milei lleva a cabo una reestructuración del capitalismo argentino basada en la devastación de los derechos y las condiciones laborales de los trabajadores.
En la AmCham, el propio Milei respondió con nerviosismo a datos que mostraban la mayor inflación en 12 meses —exacerbada por las repercusiones mundiales de las políticas asociadas con su aliado Donald Trump— afirmando absurdamente: “Esto no es inflación; es que pegó un salto el nivel de precios”.
Mientras tanto, su exministra y actual senadora, Patricia Bullrich, dejó clara la agenda antiobrera del gobierno al referirse a una cláusula de la legislación laboral que prioriza los sindicatos por empresa sobre los convenios colectivos sectoriales: “La modernización laboral está en manos de las empresas. Hagan sindicatos por empresa, anímense. Anímense a contratar trabajadores que tienen un 70 por ciento de descuento”.
La CGT está respondiendo a estas prácticas antisindicales proponiendo una 'alianza estratégica' para impulsar una agenda que, por lo demás, es rabiosamente antiobrera.
El imperialismo estadounidense y la promoción del corporativismo
El impulso para dicha alianza no es un fenómeno meramente interno. El imperialismo estadounidense ha fomentado activamente la colaboración entre la CGT y Milei. El Departamento de Trabajo de la administración Biden celebró múltiples reuniones con líderes de la CGT y funcionarios de Milei, instando a la cooperación y describiendo al aparato sindical peronista como un “modelo”.
Bajo la presidencia de Trump, estas relaciones se han estrechado aún más, con funcionarios de la CGT participando directamente en consejos dirigidos por la administración de Milei y en eventos corporativos como AmCham.
Esta política sigue un patrón histórico de larga data. El Instituto Americano para el Desarrollo del Trabajo Libre (AIFLD, por sus siglas en inglés), fundado en 1961 por la AFL-CIO en colaboración con la CIA, desempeñó un papel fundamental en la transformación de los sindicatos latinoamericanos en instrumentos de la política imperialista. Capacitó a dirigentes sindicales para purgar a la izquierda, ayudó a preparar golpes de Estado contra gobiernos nacionalistas de izquierda mediante sabotaje y cierres patronales, e integró organizaciones sindicales al interior de las dictaduras respaldadas por Estados Unidos en Brasil, Chile, Argentina y otros países de la región.
El historial fascistoide de la CGT
La trayectoria actual de la CGT tiene sus raíces en su larga historia como agente de la burguesía. Tras el derrocamiento de Perón en 1955, la federación siguió dominada por el ala derecha del peronismo. Cuando Perón regresó del exilio el 20 de junio de 1973, hombres armados vinculados a la CGT participaron en la masacre de Ezeiza, abriendo fuego contra jóvenes y trabajadores peronistas de izquierda.
Esta masacre, que dejó al menos 13 muertos, marcó la consolidación del ala fascista del peronismo y allanó el camino para la formación de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), un escuadrón de la muerte responsable de más de 1.500 asesinatos entre 1973 y 1976. Organizada por José López Rega y apoyada por sectores de la burocracia de la CGT, la Triple A tenía como objetivo a izquierdistas, intelectuales y trabajadores militantes.
Al reprimir las luchas revolucionarias a lo largo de finales de los años 60 y los años 70, la CGT desempeñó un papel decisivo al allanar el camino para el golpe militar respaldado por Estados Unidos en marzo de 1976 y la dictadura subsiguiente.
Hoy, la CGT sigue apoyando a las facciones peronistas cuyos representantes en el Congreso y los gobiernos provinciales han facilitado las medidas de austeridad de Milei. Asimismo, ha buscado estrechar lazos con la Iglesia Católica, una de las instituciones más reaccionarias de Argentina, proponiendo una “nueva etapa” en las relaciones con su jerarquía.
La pseudoizquierda y el FreSU refuerzan la CGT
Otro componente crucial para el sostenimiento de la burocracia sindical es el papel de las organizaciones pseudoizquierdistas dentro y alrededor del llamado Frente de Izquierda y Trabajadores-Unidad (FIT-U). A pesar de escribir sobre la cumbre de AmCham, medios como La Izquierda Diario y las facciones vinculadas al Partido Obrero omitieron mencionar la participación de la CGT.
Uno de sus aliados más destacados, Daniel Yofra, líder del sindicato de aceiteros, ha estado promoviendo el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), que los agrupa con el sindicato metalúrgico (UOM) y de trabajadores estatales (ATE). Si bien FreSU aboga por una huelga general indefinida contra las políticas de Milei, mantiene su enfoque en presionar a la CGT y continuar las negociaciones con el gobierno.
En entrevistas radiofónicas, Yofra defendió la participación de la CGT en AmCham, afirmando: “Mira, yo creo que es correcto que el sindicalismo defienda a los trabajadores en todos los sectores donde uno lo inviten… i la CGT cumple el rol que les corresponde y que es por algo que están ahí, no veo un problema de que vayan a esos lugares”.
Al mismo tiempo, reconoció haber cenado con líderes de la industria y haber participado en el 'Consejo de Mayo' para asesorar a Milei, lo que dio como resultado la contrarreforma laboral que ahora se está imponiendo.
“Nosotros no somos una oposición a la CGT”, añadió Yofra, “somos una alternativa” para los trabajadores desilusionados con sus dirigentes, es decir, una alternativa que, en última instancia, canaliza la oposición de nuevo bajo el control de las mismas estructuras burocráticas.
“No pensamos ni romper con la CGT ni cambiar el Gobierno; queremos vivir mejor”, dijo.
Demostrando que sus críticas a la CGT y al gobierno solo buscan bloquear la lucha de clases, Yofra advirtió de un posible 'estallido social', y dijo: 'Y eso es lo que tenemos que tratar de evitar'.
De manera similar, el FIT-U, que incluye el Partido Obrero, se centra en presionar a la CGT y a la CTA en lugar de movilizar a los trabajadores de forma independiente.
La lucha de FATE y la profundización de la crisis
La bancarrota de esta perspectiva se evidencia en la lucha en la fábrica de neumáticos FATE, donde 920 trabajadores fueron despedidos. Los trabajadores organizados en el sindicato SUTNA, liderado por el Partido Obrero, han ocupado la fábrica y protagonizado varias protestas, mientras dependen cada vez más de fondos de solidaridad para sobrevivir.
Los despidos forman parte de un colapso más amplio, con el cierre de más de 20.000 centros de trabajo en toda Argentina.
A pesar de las acciones combativas, la estrategia de la dirigencia sindical sigue centrada en apelar a la CGT y al gobierno provincial de Buenos Aires, controlado por el peronismo. En una manifestación en la Plaza de Mayo, el líder del Partido Obrero, Gabriel Solano, declaró: “Necesitamos que esta lucha triunfe para frenarles la mano a todos los ajustadores. Por eso le reclamamos a la CGT y a las CTA un paro nacional ahora, por Fate y por todas las luchas en curso”.
Esta orientación sirve para subordinar la creciente ira de los trabajadores al mismo aparato que colabora con Milei.
El camino a seguir
Milei, lejos de su pretensión populista de derecha de oponerse a la 'casta política', está construyendo un régimen corporativista en el que todas las instituciones —Estado, sindicatos y corporaciones— están integradas para garantizar la transferencia ascendente de riqueza a la oligarquía financiera.
Cuenta con el apoyo de prácticamente todos los sectores de la burguesía y está alineando la política militar y exterior de Argentina con la de Washington, al tiempo que promueve posiciones ideológicas de extrema derecha.
En este marco, las distintas facciones de la burocracia sindical realizan una división del trabajo: la CGT colabora abiertamente, mientras que la CTA, el FreSU y las corrientes pseudoizquierdistas adoptan una postura más 'combativa' para canalizar la oposición de vuelta hacia la CGT.
Los sucesos en AmCham y las declaraciones de Sola confirman que el aparato sindical no es un instrumento que sirvef para defender a la clase trabajadora, sino un instrumento de sus enemigos de clase.
Como advirtió León Trotsky en 1938, en períodos de aguda lucha de clases, los líderes sindicales buscan 'mantener su control sobre el movimiento de masas para neutralizarlo', integrándose a menudo directamente en el Estado burgués.
Este proceso se ha intensificado con la globalización, y los sindicatos funcionan cada vez más como socios de la patronal.
Las condiciones objetivas que enfrentan actualmente los trabajadores —la integración internacional de la producción y la movilidad global del capital— exigen una nueva estrategia. La defensa del empleo, los salarios y los derechos democráticos plantea de inmediato la cuestión del poder obrero y no puede confiarse a organizaciones vinculadas al Estado y al imperialismo.
En su Historia de la Revolución r usa, León Trotsky documenta el rápido aumento de los cierres patronales y de fábricas coordinados en los meses previos a la insurrección de octubre: cientos de fábricas cerraron en meses sucesivos, dejando a decenas de miles de personas sin trabajo e impulsando la radicalización de los trabajadores y los comités de fábrica. Los bolcheviques vincularon los comités de fábrica con la toma de poder de sóviets, promoviendo un programa que abordaba el control social de la industria y el derrocamiento político del Estado capitalista como el inicio de la revolución socialista mundial.
Lo que se requiere hoy no es diferente: la creación de comités de base independientes, que unan a los trabajadores de todos los sectores y fronteras nacionales, y que rompan decisivamente con la burocracia sindical y sus apéndices pseudoizquierdistas. Estas organizaciones deben formar parte de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base, que lucha por coordinar las luchas a nivel mundial.
Al mismo tiempo, la lucha política contra el capitalismo y el fascismo requiere la construcción de una dirección revolucionaria en Argentina, en el marco del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.
Solo mediante una ruptura de este tipo y el desarrollo de un movimiento socialista internacional, la clase trabajadora podrá proteger los puestos de trabajo, contrarrestar la tendencia hacia el corporativismo, la dictadura y la guerra, y reorganizar la sociedad sobre la base de las necesidades humanas en lugar del lucro.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 20 de abril de 2026)
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