Al ser preguntado el jueves por la noche sobre el brote de hantavirus que ha causado la muerte de tres personas, ha enfermado al menos a otras ocho y ha dispersado a decenas de viajeros potencialmente expuestos por más de una docena de países, el presidente de EE. UU., Donald Trump, dijo a los periodistas: «Esperamos que esté, en gran medida, bajo control. Fue el barco, y creo que mañana daremos un informe completo al respecto. Tenemos a mucha gente, hay mucha gente excelente que lo está estudiando, y todo debería salir bien, esperamos». Al ser presionado sobre si los estadounidenses deberían preocuparse por una mayor propagación: «Espero que no. Quiero decir, espero que no. Haremos todo lo que podamos».
El «informe completo» prometido por Trump no se había materializado hasta el viernes por la noche. Lo que sí se había materializado era un flashback a principios de 2020 tan agudo que ni siquiera la prensa burguesa pudo evitar el paralelismo.
En las primeras semanas de lo que se convertiría en la pandemia de COVID-19, Trump le dijo al público que el coronavirus estaba «muy bajo control», que el número de casos en EE. UU. pronto estaría «cerca de cero» y que el virus «desaparecería» por sí solo. Más de 1,5 millones de estadounidenses han perdido la vida a causa de la COVID-19. A nivel mundial, han fallecido más de 30 millones de personas, más de 400 millones padecen COVID prolongado, y el virus sigue circulando y evolucionando hacia nuevas variantes. El mismo presidente, rodeado de funcionarios de salud pública aún más peligrosos, vuelve a decirle al público que «tenga esperanza».
En las últimas 24 horas, el brote de hantavirus ha seguido extendiéndose más allá del crucero MV Hondius. Las autoridades sanitarias españolas anunciaron el viernes que una mujer de 32 años en Alicante había sido hospitalizada con síntomas respiratorios leves después de sentarse dos filas detrás de la esposa del caso índice en el vuelo de KLM del 25 de abril de Johannesburgo a Ámsterdam. La mujer holandesa fue retirada de ese vuelo cuando su estado se deterioró y falleció al día siguiente. El secretario de Estado de Sanidad de España, Javier Padilla, dijo a los periodistas que las autoridades estaban «confiadas» en que la paciente de Alicante daría negativo, al igual que una azafata de KLM del mismo vuelo cuyo caso la OMS confirmó el viernes como negativo.
Más significativo desde el punto de vista epidemiológico es el nuevo caso sospechoso anunciado el viernes por la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido en Tristán da Cunha, la remota isla del Atlántico Sur donde el Hondius hizo escala del 13 al 15 de abril. Se describe al paciente como un «isleño», no como un pasajero del Hondius ni un miembro de la tripulación. De confirmarse, esta sería la primera sospecha de infección secundaria entre una población que no estaba a bordo del barco.
Testimonios de testigos presenciales revelan que los oficiales del barco permitieron a los pasajeros y a la tripulación mezclarse libremente con los isleños a pesar de la muerte del caso índice dos días antes. El capitán dijo a los pasajeros la mañana después de la muerte que el barco era «seguro». Ruhi Cenet, un vloguero de viajes turco a bordo, dijo a la AFP: «Ojalá no hubiéramos desembarcado allí después de la primera víctima, porque junto a nosotros había un centenar de pasajeros más, y ellos estaban interactuando con los isleños».
Se espera que el Hondius llegue al puerto de Granadilla, en Tenerife, en la madrugada del domingo 10 de mayo, donde fondeará en alta mar y trasladará a los pasajeros en pequeñas embarcaciones a una zona acordonada del aeropuerto. Se está enviando un equipo de los CDC para recibir a los 17 estadounidenses a bordo, quienes serán trasladados en un avión chárter equipado con una unidad de biocontención y puestos en cuarentena en la Unidad Nacional de Cuarentena de Nebraska. Seis estados de EE. UU. están monitoreando a los pasajeros que desembarcaron anteriormente; ninguno ha reportado síntomas aún, aunque el período de incubación del hantavirus es de hasta ocho semanas.
La respuesta operativa está a cargo del personal de carrera de los CDC, de hospitales españoles, holandeses y alemanes, y de funcionarios técnicos de la OMS. Por encima de ellos, los líderes políticos de Estados Unidos guardan silencio o, peor aún, no hacen nada. El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., un charlatán antivacunas de larga data, no se ha pronunciado sobre el brote. El director interino de los CDC, Jay Bhattacharya, coautor de la Declaración de Great Barrington que proporcionó la base ideológica para la política pandémica bipartidista de «dejar que se desate», no ha dado ninguna conferencia de prensa. El aparato de salud pública que alguna vez proporcionó al menos un mínimo de resistencia contra las panaceas de Trump ha sido deliberadamente demolido.
En un comentario proporcionado al World Socialist Web Site, el Dr. Peter Daszak, investigador de enfermedades zoonóticas que ha sido él mismo blanco de una caza de brujas política fascist izante, que culminó con la destrucción de EcoHealth Alliance, situó la respuesta de Trump dentro del ataque más amplio a la capacidad de respuesta ante brotes.
Si bien el riesgo de una mayor propagación del hantavirus es limitado en comparación con enfermedades más transmisibles, dijo Daszak, «La salud pública no se trata solo de prevenir y controlar la propagación de una enfermedad; el miedo a un brote también es un problema, y eso lo vemos en todo el mundo, desde los estibadores en España hasta las agencias de salud pública en EE. UU., donde los viajeros ya han regresado a casa. Mientras tanto, aquí en EE. UU., la administración Trump ha desmantelado sistemáticamente nuestra capacidad para hacer frente a los brotes. Han colocado a negacionistas de las vacunas y a personas que se oponen directamente a las medidas de contención de brotes, como Bhattacharya y Kennedy, en puestos clave de poder; han despedido a miles de empleados de los NIH y los CDC; han suspendido la financiación federal, como las subvenciones del NIAID (Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas) y los CREID (Centros de Investigación en Enfermedades Infecciosas Emergentes); e incluso han llegado a arrestar a científicos que lucharon contra la última pandemia».
Los trabajadores portuarios a los que se refería Daszak son los de Santa Cruz de Tenerife, quienes el viernes se manifestaron en protesta contra la decisión del Gobierno español —tomada a pesar de las objeciones del presidente regional de Canarias— de permitir que el barco desembarcara a sus pasajeros en su puerto. En sus pancartas se leía: «Trabajadores del puerto de Tenerife —TPT— Respeto a Tenerife —no somos de segunda clase». Un trabajador portuario declaró a Reuters: «El problema no es trabajar en el puerto en sí, el problema es que ellos tengan contacto con la gente que vive aquí en la isla».
La referencia de Daszak a las subvenciones canceladas del CREID no es abstracta. Scientific American informó el viernes que el CREID —establecido en 2020 para estudiar los patógenos que saltan de los animales a los humanos— fue cerrado por los NIH el 5 de junio de 2025. Uno de los 10 centros había estado llevando a cabo un proyecto piloto que estudiaba específicamente cómo la cepa Andes del hantavirus —la cepa ahora confirmada en el brote de Hondius— pasa de los roedores a los humanos. Once meses después, los pacientes posiblemente infectados con la misma cepa están siendo evacuados por vía aérea a una unidad de biocontención en Omaha.
El argumento científico general de Daszak pone al descubierto la falsedad de las garantías ofrecidas por los funcionarios estadounidenses y la OMS. Las enfermedades zoonóticas emergentes como el COVID-19, el hantavirus y la viruela del simio, afirmó, «están aumentando de manera exponencial. Están apareciendo con mayor frecuencia, se propagan más rápidamente, enferman a las personas con mayor rapidez y, al hacerlo, hunden nuestras economías. La respuesta de la derecha de negarlo, esconder la cabeza en la arena y, lo que es peor, demoler nuestras defensas contra ellas, es una estupidez y conducirá a la enfermedad y la muerte».
En un comentario aparte, el científico Philipp Markolin, quien apareció en el documental Blame y es autor de un libro sobre los orígenes de la COVID-19, dijo al WSWS que el brote de Hondius «es un claro recordatorio de las crecientes fracturas y debilidades en nuestra preparación para una pandemia». Las autoridades de salud pública, dijo, se enfrentan a «un patógeno zoonótico emergente cuya naturaleza y dinámica de transmisión, en el mejor de los casos, no se comprenden del todo», en un entorno «donde los datos científicos, la autoridad para tomar decisiones y la confianza institucional son muy limitados».
Markolin pasó luego a abordar la dimensión pública. «Ahora nos encontramos en un entorno público e informativo propicio para extraer de las experiencias de la COVID-19 analogías rápidas y erróneas, que se topan con una maquinaria bien engrasada y dispuesta de estafadores de la medicina alternativa, influencers y 'emprendedores de crisis' listos para sacar provecho de la situación de incertidumbre» vendiendo «de todo, desde suplementos hasta ivermectina». El público en general, señaló, «se ve abandonado a su suerte». El brote, concluyó, es «una prueba de fuego sencilla y un avance limitado de nuestra próxima respuesta a una crisis pandémica» en la que «desafortunadamente no hay mucho de qué sentirse seguro».
Puede que el brote del MV Hondius aún se contenga, pero la catástrofe institucional y científica que lo rodea no lo estará. La respuesta inicial de la administración Trump y de las autoridades internacionales al brote de hantavirus deja claro que cuando llegue el próximo patógeno con una transmisibilidad similar o mayor a la del COVID —y la ciencia es unánime en que así será— no se hará nada para prevenir su transmisión ni las muertes evitables de decenas de millones de personas más.
El World Socialist Web Site insta a los trabajadores, científicos, expertos en salud pública y a todos aquellos alarmados por el brote de hantavirus y la guerra más amplia contra la ciencia a que se pongan en contacto con nosotros rellenando el formulario a continuación, para compartir sus experiencias y opiniones sobre esta crisis cada vez más profunda.
(Artículo publicado originalmente en inglés 9 de mayo 2026)
