El sábado, aproximadamente a las 10:00 a.m., dos enormes aviones militares de carga Boeing MV-22B Osprey sobrevolaron de forma provocativa y a baja altura la capital venezolana antes de aterrizar en la Embajada de Estados Unidos. Los aviones transportaron a un numeroso grupo de tropas y al General Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), que supervisa las operaciones del Pentágono en Centroamérica y Sudamérica.
Si bien oficialmente la visita tenía como propósito reuniones con los líderes del régimen títere estadounidense y realizar un simulacro de respuesta ante emergencias en el recinto de la Embajada, la demostración de fuerza tuvo como objetivo real la intimidación y dejar en claro quién tiene el control. Los generales de mayor rango y las aeronaves de guerra pueden aterrizar y despegar del país como si fuera cualquier otra base militar en suelo estadounidense.
Los Osprey despegaron del USS Iwo Jima, un buque que participó junto con su Grupo de Preparación Anfibia y la 22ª Fuerza Expedicionaria de Infantería de la Marina en el Caribe en las Operaciones Resolución Absoluta y Lanza del Sur.
El sobrevuelo del sábado revivió directamente el trauma que sufrió Caracas durante la Operación Resolución Absoluta el 3 de enero, un brutal asalto militar antes del amanecer abiertamente dirigido a apoderarse del petróleo venezolano. Esa mañana, los edificios altos y el centro de la ciudad temblaron mientras los helicópteros descargaban tropas estadounidenses que aniquilaron la Guardia Presidencial y capturaron al presidente Nicolás Maduro junto con su esposa Cilia Flores en su residencia, sacándolo del país en avión. Al menos siete explosiones sacudieron el norte de Venezuela, con ataques a infraestructura militar, incluyendo la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, el Fuerte Tiuna, el Aeropuerto de Higuerote y el puerto de La Guaira, mientras un apagón en el sur de Caracas acompañó la operación.
El sábado, los helicópteros resonaron nuevamente sobre la capital, volando a baja altura cerca de zonas residenciales y escuelas. El gobierno interino de Delcy Rodríguez, exvicepresidenta de Maduro, anunció que había aprobado el ejercicio, una concesión demasiado humillante incluso para un sector del chavista Partido Socialista Unido de Venezuela en el poder.
Grupos de manifestantes vinculados al chavismo y a la pseudoizquierda protestaron en varios sectores de Caracas contra el ejercicio militar estadounidense. Un profesor universitario entre ellos declaró: 'Estamos bajo una condición de guerra desde el momento en que nos bombardearon'. Otro manifestante advirtió: 'Ya somos prácticamente un país tutelado, quizás mañana seamos una colonia'.
En realidad, la administración Trump ya ejerce un control político, económico, judicial y militar completo sobre Venezuela. El Pentágono utiliza actualmente a Venezuela como base de avanzada para supervisar el Caribe, mientras la administración Trump intensifica los preparativos para un asalto militar contra Cuba y continúa la Operación Lanza del Sur — el bombardeo de 59 barcos pesqueros, con un saldo de casi 200 muertos en aguas latinoamericanas, bajo acusaciones infundadas de narcotráfico.
Las ganancias del petróleo venezolano fluyen directamente a las cuentas del Tesoro de Estados Unidos para ser administradas por Washington. El control militar sobre el territorio venezolano se demuestra abiertamente. La austeridad social es impuesta por firmas de Wall Street.
En el plano judicial, Caracas entregó la semana pasada al exministro de Industrias venezolano Alex Saab a las autoridades estadounidenses por cargos de lavado de dinero — una rendición que el gobierno de Rodríguez denominó eufemísticamente una 'deportación', alegando que al ser ciudadano nacido en Colombia, su traslado no violaba ninguna norma venezolana. El cinismo es notable: Saab había sido arrestado en 2020 durante una escala en Cabo Verde mientras viajaba a Irán para negociar importaciones de combustible y alimentos por la grave escasez en Venezuela. Maduro había lanzado una campaña de solidaridad internacional en su defensa y, tras la liberación de Saab, lo nombró ministro de Industrias en octubre de 2024.
Cuando el secretario de Estado Marco Rubio se reunió con periodistas el 21 de mayo, anunció que la presidenta interina Rodríguez viajaba a Nueva Delhi para discutir las ventas de petróleo venezolano a India — y que él mismo supervisaría personalmente la negociación.
El anuncio de Rubio sobre su viaje, hecho antes de que ella misma lo hubiera anunciado, ilustró a la perfección la nueva relación de Washington con Caracas.
Pero el arquitecto de esta sumisión no opera desde Washington sino desde Miami. Según fuentes con estrechos contactos en ambos gobiernos, la influencia de Rubio sobre Rodríguez se canaliza a través del exenviado de Trump para América Latina, Mauricio Claver-Carone. 'Mauricio está eligiendo quién puede operar y Delcy está recibiendo instrucciones', declaró un informante a The Grayzone.
Horas después del secuestro de Maduro, Rubio llamó a Rodríguez. En la línea, estaban su hermano Jorge, jefe del Parlamento venezolano, y Claver-Carone. Desde entonces, Claver-Carone se ha convertido, en palabras del Washington Post, en el 'virrey extraoficial de EE.UU. en Venezuela', operando principalmente por teléfono desde su casa en el sur de Florida sin ningún cargo gubernamental oficial. Un ex alto funcionario estadounidense lo describió sin rodeos: 'Mauricio está tomando las decisiones sobre las posiciones económicas del sector privado, y quien quiera participar tiene que acudir a él'.
Claver-Carone es ahora el centro de la última operación de saqueo de los recursos venezolanos: la reestructuración de aproximadamente 170.000 millones de dólares en deuda soberana en default. En mayo, el Tesoro de EE.UU. autorizó que Caracas contratara asesoramiento financiero para esta tarea. El gobierno venezolano seleccionó a Centerview Partners, una destacada firma neoyorquina de asesoría en inversiones. Según el ex alto funcionario estadounidense, la pareja romántica y socia comercial de Claver-Carone, Jessica Bedoya —fundadora de la firma de inversiones Lara Fund con sede en Miami, donde Claver-Carone se desempeña como socio gerente, y una antigua operativa de la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional— voló posteriormente en jet privado a Caracas con un asesor senior de Centerview.
La corrupción es flagrante: Un empresario no elegido está moldeando la arquitectura económica de una nación soberana en beneficio de sus acreedores.
Todo el proyecto depende de mantener a los trabajadores venezolanos en la pobreza y la desesperación. La presidenta interina Rodríguez incumplió su promesa de aumentar el salario mínimo de Venezuela y en su lugar solo elevó el bono gubernamental a un equivalente de entre 150 y 200 dólares mensuales junto con un bono alimentario de 40 dólares. El salario mínimo mensual real permanece congelado en 130 bolívares — aproximadamente 0,27 dólares al tipo de cambio actual. Los maestros ganan 2 dólares al mes además del bono, que no se abona a pensiones ni beneficios.
La lógica es explícita: las ganancias del petróleo deben mantenerse alejadas de los salarios y los programas sociales para pagar a los acreedores de Wall Street y ofrecer costos ultrarreducidos a los inversionistas.
Una importante administradora de bonos, Tina Vandersteel de la firma bostoniana Grantham Mayo Van Otterloo, apostó desde hace tiempo por los bonos venezolanos y hoy posee una parte importante de ellos. Resumió la indiferencia absoluta de la aristocracia financiera hacia los venezolanos: 'Cuanto más bajo sea el precio, más compraré. […] Solo había que esperar. Algún día sacarán petróleo del suelo y pagarán a los tenedores de bonos'.
Mientras tanto, los venezolanos no están regresando a casa. El gobierno se ha jactado de 28.000 retornos de migrantes a través de programas como la 'Gran Misión Vuelta a la Patria', una cifra insignificante frente a un éxodo de más de 8 millones en la última década. Las últimas encuestas muestran que un tercio de los venezolanos sigue considerando emigrar.
El análisis de León Trotsky sobre el mundo semicolonial de la década de 1930 contiene una grave advertencia para los trabajadores cuando la administración Trump avanza en la recolonización de la región.
En 1938, Trotsky explicó que el fascismo en América Latina no es la expresión de un imperialismo nacional agresivo, como en Alemania o Italia, sino más bien 'la expresión de la más servil dependencia en el imperialismo extranjero.' La camarilla gobernante es el instrumento para aplastar cualquier independencia de la clase obrera que pudiera obstaculizar la extracción de ganancias por parte de Wall Street. Esta es la lógica que sigue el régimen de Rodríguez.
'La burguesía nacional ascendente no puede lanzar una lucha seria contra la dominación imperialista por temor a desencadenar un movimiento de masas que a su vez amenazaría su propia existencia social', escribió Trotsky. En cambio, la burguesía, que es estructuralmente incapaz de independencia, debe reprimir al proletariado para garantizar la 'estabilidad' exigida por sus amos imperialistas.
Los chavistas y sus aliados nacionalistas burgueses Lula da Silva en Brasil, Sheinbaum en México y Petro en Colombia han completado ahora ese arco al acomodarse a Trump. Tras haber pasado dos décadas camuflando la gestión de un petro-Estado capitalista con el lenguaje del 'antiimperialismo' y el 'socialismo', los chavistas han entregado el país a Wall Street, mientras ya despliegan su policía antidisturbios contra los trabajadores que protestan por salarios más altos en Caracas.
Los trabajadores de Venezuela y de toda América Latina no enfrentan una serie de crisis locales, sino una ofensiva única, coordinada internacionalmente, del imperialismo dirigida desde Washington y ejecutada por sus fuerzas regionales para imponer grilletes neocoloniales y miseria social. Ningún liderazgo nacionalista burgués ni ninguna burocracia sindical defenderá a los trabajadores contra esta ofensiva — esas fuerzas son las correas de transmisión de la dominación imperialista—.
La respuesta a las fantasías de Trump de una 'Gran Norteamérica' y de hegemonía hemisférica es la unidad revolucionaria de los trabajadores de toda América, incluidos los de los propios Estados Unidos, luchando para poner fin a la explotación capitalista y establecer los Estados Unidos Socialistas de las Américas.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de mayo de 2026)
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