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El balance del castrismo mientras Trump prepara la guerra contra Cuba

Parte 2

La 'prueba de fuego' de Joseph Hansen, los pablistas y la traición a la revolución permanente

El destino del castrismo dentro de Cuba no puede separarse del papel catastrófico que ha desempeñado a nivel internacional. En el centro de su promoción en todo el hemisferio y la falsificación de su carácter de clase estuvo el pablismo, una tendencia revisionista que emergió desde el interior de la Cuarta Internacional en oposición a la defensa del trotskismo ortodoxo por parte del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI).

Un protagonista clave de esta campaña fue Joseph Hansen, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) de Estados Unidos. En el momento de la Revolución Cubana de 1959, el SWP era una sección dirigente del CICI. Inicialmente adoptó una postura crítica hacia Castro. Sin embargo, en un proceso inseparable de las presiones de clase sobre el SWP a lo largo de finales de los años 50 y principios de los 60, generadas por el prolongado boom de posguerra, la hegemonía de la burocracia sindical y la influencia de la intelligentsia radical de clase media estadounidense, la dirección del SWP capituló ante el castrismo y el pablismo.

Joseph Hansen

En los meses inmediatamente posteriores al derrocamiento de Batista el 1.º de enero de 1959, el periódico Militant, publicado por el SWP, había definido a Castro como un nacionalista burgués, mientras que su secretario nacional, Farrell Dobbs, insistía en 'la vía históricamente necesaria hacia el pleno poder obrero, hacia la plena afirmación del poder de la clase obrera'.

Esa valoración, por más acertada que fuera, estaba en creciente tensión con la profundización de la orientación del SWP hacia los sectores radicales de clase media y su entusiasmo acrítico ante los acontecimientos en Cuba.

Este momento fue aprovechado por Joseph Hansen, un dirigente del SWP quien, como el CICI estableció más tarde en su investigación sobre 'La seguridad y la Cuarta Internacional', había actuado como agente de la GPU en el período previo al asesinato de León Trotsky en 1940 y posteriormente se convirtió en informante y 'activo' del FBI.

En diciembre de 1960, Hansen produjo sus 'Tesis sobre la Revolución cubana', proclamando que Castro había establecido un Estado obrero en Cuba y equiparando la nacionalización de la propiedad con la existencia de un Estado obrero. El 14 de enero de 1961, presentó un informe formal al Comité Político del SWP en apoyo de estas tesis. El informe, y la discusión que generó en los órganos dirigentes del partido, expuso la profundidad a la que había caído el nivel teórico del SWP.

Como documenta David North en La herencia que defendemos, el encuadre inicial de la cuestión por parte de Hansen fue en sí mismo revelador: insistió en la urgencia de tomar posición sobre el carácter de clase de Cuba no desde el punto de vista de desarrollar una perspectiva revolucionaria global para la clase obrera, sino como respuesta a la presión de la opinión intelectual de clase media. Preguntó al Comité Político si el SWP estaba de acuerdo o en desacuerdo con las declaraciones sobre Cuba de Jean-Paul Sartre, C. Wright Mills, y Huberman y Sweezy, describiéndolos como personas 'grandes e importantes'.

El argumento 'teórico' real de Hansen descansaba en lo que el CICI caracterizó correctamente como empirismo descarado. Declaró:

Nuestras caracterizaciones simplemente reflejan los hechos. El hecho de que los capitalistas hayan sido expropiados en Cuba. El hecho de que allí se haya iniciado una economía planificada. El hecho de que existe allí un tipo cualitativamente diferente de Estado. No importa cómo se llamen estas cosas, son los hechos con los que todos tienen que comenzar.

Como establece North, estos 'hechos' carecían por completo de análisis crítico. Decir que los capitalistas habían sido expropiados no decía nada sobre la naturaleza de clase de esas expropiaciones. La referencia a una 'economía planificada' fue abstraída por completo de la ausencia de una industrialización sistemática y la continuada dominación de una economía de monocultivo basada en la caña de azúcar —condiciones bajo las cuales la planificación científica era imposible, como la historia demostró posteriormente. Y la afirmación de que Cuba poseía 'un tipo cualitativamente diferente de Estado' planteaba la pregunta: diferente de qué. Hansen no se molestó en decirlo.

La imagen visual de guerrilleros armados, como observó North, probablemente destelló en la mente de los miembros del Comité Político del SWP mientras escuchaban. Pero los guerrilleros armados y las milicias populares no determinan por sí mismos la naturaleza de clase del poder estatal. Lo que hizo 'cualitativamente diferente' al Estado surgido de la revolución bolchevique no fueron las milicias armadas —fue la forma soviética a través de la cual el proletariado ejercía su dictadura.

'El borrador de la Resolución' del SWP de 1961 puso la conclusión revisionista en su forma más nítida: un 'liderazgo pequeñoburgués, comenzando con un programa democrático-burgués, siguió la lógica dialéctica de la revolución en lugar de la lógica formal de su propio programa, y terminó estableciendo el primer Estado obrero en el hemisferio occidental y proclamándolo ejemplo para toda América Latina'.

Las implicaciones políticas de esta afirmación eran asombrosas. La sección británica del CICI, la Liga Laborista Socialista (SLL, por sus siglas en inglés), encabezó el ataque contra esta revisión masiva del marxismo, comenzando con su carta de enero de 1961 a la dirección del SWP.

Si los Estados obreros podían establecerse mediante las acciones de líderes guerrilleros pequeñoburgueses —basados principalmente en el campesinado, sin conexiones organizativas o políticas significativas con la clase obrera, y en condiciones en las que no existían órganos identificables de dominio de clase proletario—, entonces toda la concepción marxista del camino histórico al socialismo quedaba obsoleta. La relevancia de los escritos de Lenin sobre la Comuna, el análisis de Trotsky del poder soviético como la forma a través de la cual el proletariado ejerce su dictadura, y generaciones de lucha por construir partidos revolucionarios enraizados en la clase obrera —todo esto estaba siendo arrojado por la borda en nombre de adaptarse a cualquier movimiento nacionalista o guerrillero que llevara a cabo expropiaciones en un momento dado.

En 'El trotskismo traicionado', emitido en julio de 1962, la SLL declaró:

El régimen de Castro no creó un tipo cualitativamente nuevo y diferente de Estado respecto del régimen de Batista. Las nacionalizaciones llevadas a cabo por Castro no alteran en nada el carácter capitalista del Estado.

Y concluyó:

Cuba constituye, de hecho, una confirmación negativa de la revolución permanente. Cuando la clase obrera es incapaz de conducir a las masas campesinas y destruir el poder del Estado capitalista, la burguesía interviene y resuelve los problemas de la 'revolución democrática' a su manera y a su satisfacción.

La desmoralización que subyacía a la capitulación del SWP quedó al descubierto en la discusión del Comité Político que siguió al informe de Hansen de enero de 1961. Morris Stein, quien había desempeñado un papel destacado en la lucha contra Pablo una década antes y había denunciado la idea de que la crisis de la dirección proletaria podía resolverse mediante el crecimiento de los 'factores objetivos', ahora abandonó todos los principios que alguna vez había defendido. Le dijo al comité:

Pasamos la mejor parte de nuestras vidas polemizando contra gente que hablaba como revolucionarios y actuaba como reformistas. Hemos dedicado nuestra vida a eso. Creo que deberíamos acoger un cambio.

Como observa North, ese fue el canto del cisne político de Stein —una expresión del agotamiento de una generación que había renunciado a la clase obrera estadounidense y no veía ninguna perspectiva revolucionaria para el SWP. La adulación del castrismo fue la expresión política de ese abandono.

Fue en este contexto —con las posiciones del SWP consolidadas, su dirección desmoralizada y su orientación fijada hacia la opinión radical de clase media— que Hansen lanzó su documento de noviembre de 1962 'Cuba: La prueba de fuego'. Su importancia no residía principalmente en lo que añadía teóricamente, sino en el arma política que ponía en manos de quienes buscaban destruir la resistencia del CICI a la reunificación con los pablistas. El documento fue una provocación calculada y una calumnia, diseñada para chantajear al movimiento trotskista para que se subordinara a las fuerzas nacionalistas pequeñoburguesas.

Hansen encuadró toda la situación en términos que cerraban el paso a toda discusión política de principios. Declaró que tales 'factores objetivos' como la revolución colonial y el proceso de desestalinización estaban 'teniendo un efecto en el movimiento radical aproximadamente comparable al de la Revolución Rusa cuarenta años antes', atravesando todas las formaciones, 'sacudiéndolas y reagrupándolas, dividiéndolas hacia la derecha y hacia la izquierda'.

Desde esta perspectiva objetivista e impresionista, la defensa del CICI del programa trotskista no se presentaba como una defensa de principios del marxismo y la herencia de la Revolución de Octubre, sino como un obstáculo a eliminar. La resistencia de la SLL a la reunificación con los pablistas era pintada como 'sectarismo ultraizquierdista', su insistencia en la primacía de la dirección de la clase obrera como una negativa dogmática a reconocer 'hechos palpables', y su oposición a adaptarse a Castro como un intento ilusorio de 'librarse de toda responsabilidad ulterior colocando la etiqueta de 'traición' a todo lo que hacen estos líderes'.

La alternativa de Hansen, presentada como marxismo práctico y atención a la realidad, equivalía a la liquidación del partido revolucionario por completo. Escribió:

Al sumarse a la acción de la revolución, buscan ayudar a construir un partido socialista revolucionario en el propio proceso de la revolución, en lugar de argumentar con la revolución que habría sido mejor retrasar las cosas hasta que primero se hubiera construido el partido.

Esta formulación —que reproduce casi palabra por palabra los argumentos que Pablo había utilizado para justificar la capitulación ante el estalinismo— significaba en la práctica que el partido no necesitaba ser construido antes de una revolución, sino sólo durante ella, y únicamente adaptándose a cualquier fuerza no marxista que la encabezara. La conclusión lógica, como reconoció la SLL, era el abandono de la lucha por construir partidos trotskistas en cualquier lugar, incluyendo, sobre todo, en Estados Unidos.

La calumnia de Hansen contra la SLL tildándola de sectarios ultraizquierdistas, reforzada con la mentira de que la SLL se negaba a defender la Revolución Cubana, se convirtió en el fundamento político de cada maniobra posterior de reagrupamiento pablista. Inoculó a la amplia izquierda pequeñoburguesa contra cualquier compromiso con las posiciones de principios del CICI, enmarcando la insistencia del trotskismo en el papel revolucionario independiente de la clase obrera como una irrelevancia sectaria frente a las poderosas fuerzas de la revolución colonial.

Cliff Slaughter

Por eso la respuesta de Cliff Slaughter —en Oportunismo y empirismo, de marzo de 1963, cuya importancia David North comparó con En defensa del marxismo de Trotsky, escrito contra Max Shachtman y la oposición pequeñoburguesa en el SWP en 1939-40— no fue meramente una réplica a Hansen, sino una defensa fundamental del método marxista mismo contra la disolución empirista que Hansen promovía como filosofía:

Es una visión falsa y no marxista de 'los hechos' la que conduce a estas ideas revisionistas. Lo que dicen nuestros 'objetivistas', con su mensaje 'la historia está de nuestro lado', es esto: miren las grandes luchas que tienen lugar, súmenlas sin analizarlas, básenlas en sus impresiones sobre su significado, y sumen todo esto —y tendrán 'los hechos'... Un análisis verdaderamente objetivo parte de las relaciones económicas entre clases a escala mundial y dentro de las naciones. Procede mediante un análisis de las relaciones entre las necesidades de estas clases y su conciencia y organización. Sobre esta base funda su programa para la clase obrera a nivel internacional y en cada sector nacional.

Para 1962, Hansen había convertido a Cuba en lo que llamó la 'prueba de fuego' de la Cuarta Internacional: quienes no celebraban a Castro como un marxista revolucionario eran, según su versión, sectarios ultraizquierdistas desconectados de la realidad. La cuestión cubana se convirtió así en la palanca política para la reunificación del SWP con el Secretariado Internacional pablista en el congreso de renegados que estableció el Secretariado Unificado en 1963. Esa fusión no fue un acuerdo político de principios. Fue una alianza internacional de la pequeña burguesía, organizada para derrocar el programa de la Cuarta Internacional y asignarle al trotskismo el papel servil de ayudar a 'fortalecer y enriquecer la corriente internacional del castrismo', en palabras de la resolución oficial de reunificación.

Esta reorientación le permitió a Hansen arrastrar a la juventud, la prensa y el aparato interno del SWP hacia la promoción acrítica del castrismo y reorientar toda la práctica del partido hacia el Comité de Solidaridad con Cuba (Fair Play for Cuba Committee), infiltrado por agencias estatales.

La destrucción liquidacionista de cuadros del SWP tuvo consecuencias inmediatas y catastróficas en América Latina. Después de que el gobierno castrista respondiera confiscando la imprenta de los trotskistas cubanos, destruyendo los tipos de una edición cubana de la Revolución permanente de Trotsky, y encarcelando a sus miembros dirigentes, el SWP exigió que los trotskistas en Cuba se subordinaran completamente al régimen castrista.

El SWP extendió esta orientación criminal por todo el hemisferio, declarando que 'los trotskistas de toda América Latina deben intentar reunir a todas las fuerzas, independientemente de sus orígenes específicos, dispuestas a tomar la experiencia cubana como punto de partida para las luchas revolucionarias en sus propios países'.

La trayectoria del revisionista argentino Nahuel Moreno ilustra con precisión las consecuencias. Siguiendo la reunificación de Hansen con el Secretariado pablista, Moreno utilizó la Revolución cubana para romper con el CICI e integrar su movimiento en el pantano del radicalismo pequeñoburgués. Se fusionó con el guevarista Mario Roberto Santucho para establecer el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) en Argentina en 1965. Cuando el Partido Comunista cubano lanzó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) en agosto de 1967, Moreno propuso que la 'tarea militante número uno' de su partido era construir guerrillas como parte de un 'aparato técnico rígidamente disciplinado bajo la OLAS'.

En Chile, la orientación liquidacionista de Moreno condujo a la disolución del Partido Obrero Revolucionario (POR) en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) —un amalgama de tendencias de clase media—, dejando a la clase obrera chilena sin una dirección marxista en la situación revolucionaria crítica de principios de los años 70.

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