En una votación bipartidista abrumadora, el Senado de EE.UU. aprobó el viernes una legislación para endurecer las sanciones contra Rusia, facultar al presidente Trump para imponer aranceles del 100 por ciento a los países que compren petróleo, gas u otras exportaciones rusas, y prorrogar las sanciones contra Irán, incluso mientras las fuerzas militares estadounidenses seguían bombardeando y bloqueando a ese país.
La votación de 86 a 11 mostró que amplias mayorías de ambos partidos capitalistas respaldaron la legislación. Los republicanos votaron 49 a 1, con tres miembros ausentes, mientras que los demócratas respaldaron el proyecto por 37 a 10. El único opositor republicano fue Rand Paul, el fascista que apenas el día anterior había impulsado una resolución del comité del Senado que declaraba al doctor Anthony Fauci en desacato al Congreso y lo remitía al Departamento de Justicia para su procesamiento penal.
Los 10 demócratas que votaron en contra, incluido el independiente nominal Bernie Sanders, conforman el ala “izquierda” del bloque. Ninguno de ellos se opuso a las sanciones. Su objeción era a la disposición arancelaria, con el argumento de que proporcionaría una autorización congresional por la puerta trasera para aranceles que la Corte Suprema ha declarado inconstitucionales, una queja de procedimiento sobre la separación de poderes, no una oposición política a la guerra contra Rusia.
La suerte que corrió su enmienda expone el fraude. Fue rechazada por 32 a 64, con 16 demócratas —incluidos el jefe adjunto de la minoría, Richard Durbin, y Jeanne Shaheen, la demócrata de mayor antigüedad en el Comité de Relaciones Exteriores— sumándose a 48 republicanos para hundirla. Treinta demócratas votaron a favor de la enmienda. Solo 10 votaron en contra del proyecto de ley. Veinte de ellos registraron una protesta sin dientes y luego votaron a favor de la guerra.
La legislación fue redactada por el fallecido senador Lindsey Graham, el republicano halcón de guerra que murió repentinamente el mes pasado, poco después de regresar de una visita a Ucrania, y por el demócrata Richard Blumenthal, de Connecticut. “Hoy, el presidente Zelenski observa desde Ucrania, y Putin observa desde Moscú”, declaró Blumenthal durante el debate sobre el proyecto. “Hoy le decimos al pueblo de Ucrania: no están solos. Y hoy le decimos a Vladímir Putin: no conquistará Ucrania”.
El propósito de la guerra de EE.UU.-OTAN en Ucrania, a la cual las sanciones son un complemento, no es defender a Ucrania de la conquista rusa. Es preparar la conquista y el desmembramiento de la propia Rusia por parte de las potencias imperialistas, un objetivo que se ha perseguido sin tregua desde la desintegración de la Unión Soviética en 1991.
El proyecto de ley también prorroga las sanciones económicas contra Irán por otros cinco años, una disposición añadida para ganarse el respaldo de la Casa Blanca. Trump había bloqueado el proyecto durante más de un año, mientras sostenía conversaciones con Putin dirigidas a un acuerdo que garantizara al imperialismo estadounidense, y no a sus rivales europeos, la primera opción sobre los vastos recursos naturales tanto de Rusia como de Ucrania. Trump respalda ahora el proyecto, y llama a la Cámara de Representantes, bajo control republicano, a aprobar la legislación tan pronto regrese de su receso de agosto.
La votación en el Senado llega después de que el presidente ucraniano, Zelenski, visitara Washington para asistir al funeral del senador Graham, junto con el primer ministro criminal de guerra de Israel, Benjamín Netanyahu. En el transcurso de esa visita, Zelenski tuvo un encuentro notablemente cordial con Trump en la Casa Blanca, y luego una reunión con casi todo el Senado, en la cual suplicó por más ayuda militar para Ucrania y más sanciones contra Rusia.
Las sanciones contra Rusia son significativas tanto como señal política de apoyo estadounidense a Ucrania como por su impacto en la economía rusa. El líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, demócrata por Nueva York, dijo que el proyecto enviaría “un mensaje inequívoco a Moscú de que Estados Unidos respaldará a Ucrania hasta el final”.
Blumenthal, principal patrocinador demócrata, se dirigió directamente a Putin, diciendo: “Su economía, ya tambaleante, va a ser estrangulada, incluso diezmada, al cortar el flujo de ingresos provenientes del petróleo y el gas rusos”. Pero agregó, refiriéndose a la posición cada vez más desesperada del régimen de Zelenski en Kiev: “El tiempo no está de nuestro lado”.
La medida del Senado llegó apenas dos días después de un devastador ataque con misiles rusos contra Kiev, tras el cual Zelenski dijo que el ejército ucraniano no había podido derribar ni un solo misil porque se había quedado sin interceptores, en su mayoría fabricados en EE.UU. y suministrados a través de las potencias europeas de la OTAN.
Las propias reservas del ejército estadounidense de armas antimisiles y antidrones se han visto severamente agotadas por la guerra contra Irán, ya en su sexto mes, y funcionarios del Pentágono advierten que llevará años reconstruir los suministros necesarios para guerras con potencias militares mayores, como Rusia y China.
El senador Chris Coons, demócrata por Delaware, le declaró a The Hill la semana pasada: “Zelenski ha sido claro con nosotros; se están quedando sin interceptores de manera constante”. Agregó: “Lo que realmente importa no es este proyecto de ley; es qué hace Donald Trump con él. ¿Se pondrá finalmente el presidente Trump del lado del país que está alineado con nuestros valores, nuestros intereses y nuestras prioridades, frente al país que no lo está? Podemos aprobar un proyecto de ley como una señal importante de que el Congreso quiere que asuma un papel más activo, pero es él quien tiene que decidir hacerlo. Eso es lo que importa”.
El conflicto principal entre los demócratas del Congreso y la Casa Blanca de Trump no gira en torno a sus ataques contra los derechos democráticos, sus preparativos para la dictadura o su asalto contra lo que queda de los programas sociales. Gira en torno a Ucrania. En esa cuestión, su exigencia es que libre la guerra de manera más agresiva.
El conflicto sobre la ampliación del poder de Trump para imponer aranceles fue otra muestra de esta prioridad. El proyecto le otorgaría a Trump la facultad de dirigir aranceles de represalia contra los cinco mayores compradores de petróleo y gas rusos. China ocupa el primer lugar, seguida por India. Trump tendría la facultad de eximir de estos aranceles alegando motivos no especificados de “seguridad nacional”. El Congreso está aprobando así una nueva arma económica contra China y otros blancos de la Casa Blanca, en respuesta al fallo de la Corte Suprema que sostuvo que Trump necesitaba la sanción del Congreso para sus aranceles.
El proyecto también autoriza sanciones, y por implicación, acción militar estadounidense, contra la llamada flota fantasma, buques cisterna fletados en secreto por Rusia para entregar petróleo y gas a sus clientes. Esto bien podría desembocar en enfrentamientos armados entre las fuerzas militares de EE.UU. y Rusia.
Como señaló el WSWS, el funeral de Lindsey Graham se convirtió en una movilización bipartidista a favor de la guerra, con los elogios demócratas al más feroz partidario de las guerras en Afganistán, Irak, Libia, Ucrania e Irán, demostrando que, en la cuestión central de la agresión imperialista —sobre todo la guerra en Ucrania—, los dos partidos están unidos.
Ahora, la aprobación del proyecto de ley que él redactó, y que llevará su nombre, se ha convertido en la ocasión para que el Partido Demócrata muestre su apoyo inquebrantable al aparato militar y de inteligencia y a sus operaciones en el exterior en nombre del imperialismo estadounidense.
Esta acción demuestra que la lucha contra la guerra imperialista, ya sea contra Rusia en Ucrania o contra Irán, requiere una ruptura política de la clase obrera con el Partido Demócrata, y la construcción de un movimiento antibélico basado en un programa socialista e internacionalista.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 07/08/2026).
