Publicamos aquí el informe presentado por Evan Blake ante el Noveno Congreso del Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.). El Congreso se celebró del 2 al 7 de agosto de 2026. Este informe introdujo la quinta resolución, “La IA y la lucha por el socialismo”, que fue adoptada por unanimidad.
El informe de apertura del camarada North a este Congreso evaluó los primeros seis años de la década de la revolución socialista. Entre las tendencias fundamentales que analizó se encuentra la contradicción explosiva entre el desarrollo tecnológico y el sistema de lucro basado en la propiedad privada. Esa contradicción encuentra su expresión más aguda en la IA, el tema de la Resolución 5. Nunca antes nuestro movimiento había dedicado una resolución completa de un congreso a una sola tecnología. Lo ha hecho porque, como afirma la resolución, en ninguna otra tecnología están tan concentradas las contradicciones del sistema capitalista, y porque la lucha en torno a la IA ya se ha convertido en un campo de batalla central de la política mundial y la lucha de clases.
Este informe desarrolla el análisis que sustenta la resolución: el carácter social de esta tecnología, la revolución científica de la que surgió, los usos que le da el capitalismo, la importancia de Socialism AI para la educación de la clase obrera, la manía especulativa y la crisis del sistema de lucro, las falsas soluciones planteadas por la pseudoizquierda y la posición que debe adoptar el partido.
Un instrumento de explotación, vigilancia y guerra
Como afirma la resolución: “Bajo el capitalismo, la IA está siendo introducida no para aliviar la carga del trabajo sino para reducirlo como un costo: la realización, para las corporaciones, de un sueño largamente acariciado de reducir drásticamente la fuerza laboral.”
La escala ya es enorme. Solo en los primeros cinco meses de 2026 se anunciaron casi 400.000 recortes de empleos, siendo la IA la principal razón. Los estudios proyectan el desplazamiento de cientos de millones de trabajadores en todo el mundo para 2030.
Para repasar apenas algunos de los anuncios de las propias corporaciones, Amazon eliminó 30.000 puestos corporativos entre octubre de 2025 y enero de este año, aproximadamente el 9 por ciento de su fuerza laboral corporativa, mientras UPS ha eliminado 48.000 empleos mediante la automatización de sus centros de distribución. Microsoft recortó unos 15.000 puestos durante 2025, muchos de ellos de ingenieros de software, tras haber anunciado que la IA estaba escribiendo hasta el 30 por ciento de su código; Salesforce redujo su personal de soporte de 9.000 a 5.000, y su director ejecutivo explicó que con agentes de IA necesitaba “menos personal”. El mismo proceso está en marcha en todos los continentes y todavía se encuentra en sus primeras etapas.
Lo que distingue a esta ola de automatización de todas sus predecesoras es el carácter del trabajo desplazado. Por primera vez, la automatización está golpeando directamente al trabajo intelectual y profesional —programación, trabajo administrativo, traducción, diseño, análisis financiero—, capas mejor remuneradas de la clase obrera cuyos empleos durante mucho tiempo se consideraron seguros. Durante tres cuartos de siglo, la promesa de un empleo profesional seguro mediante la educación fue un mecanismo central de estabilidad capitalista en Estados Unidos. Ese mecanismo está siendo ahora desmantelado. Un orden social que proletariza a su juventud educada y luego le niega un futuro está fabricando a sus propios sepultureros, completando un proceso que el Manifiesto Comunista anticipó, en el cual el capital convierte “al médico, al abogado, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia” en sus trabajadores asalariados.
En el mismo período, los oligarcas tecnológicos se han enriquecido como nunca antes, personificado en el fascista Elon Musk convirtiéndose en el primer billonario (un millón de millones) del mundo. En el proceso, la fachada liberal que alguna vez vistió Silicon Valley ha sido descartada. Musk financia movimientos fascistas en todo el mundo y realiza abiertamente el saludo nazi, Google abandonó silenciosamente su lema “no seas malvado”, y los ideólogos de la “Ilustración Oscura” cultivados por los oligarcas proponen de manera bastante explícita que la república estadounidense sea reemplazada por una monarquía corporativa bajo un director ejecutivo.
En este contexto, la IA ha sido convertida en un instrumento de represión masiva. Las plataformas recopilan los datos de miles de millones de personas y los ponen voluntariamente a disposición del Estado y de los empleadores, mientras las redes sociales son rastreadas para identificar a estudiantes y trabajadores con el fin de deportarlos por sus expresiones políticas, sobre todo por su oposición al genocidio de Gaza. El ICE de Trump fusiona bases de datos gubernamentales, registros comerciales comprados a corredores de datos, reconocimiento facial y seguimiento de matrículas y ubicaciones en un único aparato de coerción, construido para él por Palantir. Lo que se está ensamblando, pieza por pieza, es la infraestructura tecnológica de un Estado policial, cuyo objetivo hoy es el inmigrante y mañana la clase obrera en su conjunto.
Por encima de todo, la IA se ha vuelto central para el nuevo reparto imperialista del mundo. La tarea de decidir quién debe morir está siendo transferida a programas informáticos que generan listas de objetivos a velocidad de máquina. En el ataque estadounidense-israelí contra Irán, el Maven Smart System de Palantir —que incorpora el modelo Claude desarrollado por Anthropic— produjo unos 1.000 objetivos de bombardeo durante las primeras 24 horas de la guerra, orquestando el asesinato de miles de civiles, incluidos niños. Los mismos sistemas administran el genocidio en Gaza, funcionando sobre la infraestructura de nube Project Nimbus que Google y Amazon construyeron para el Estado israelí.
La clase dominante no oculta hacia dónde se dirige esto. En julio de 2025, la Casa Blanca publicó su estrategia oficial, “Winning the Race: America’s AI Action Plan” (“Ganar la carrera: Plan de Acción de Estados Unidos sobre IA”), cuya primera línea declara sin rodeos la posición del imperialismo estadounidense: “Estados Unidos está en una carrera para alcanzar el dominio global en inteligencia artificial (IA)”. El plan suspende la revisión ambiental para acelerar la construcción de centros de datos y organiza los controles de exportación destinados a estrangular el desarrollo chino, al tiempo que garantiza que los laboratorios estadounidenses de vanguardia se encuentren entre los principales contratistas del Pentágono.
Como insiste la resolución: “Ninguno de estos usos reaccionarios surge de la tecnología misma, sino de las relaciones sociales dentro de las cuales se desarrolla: la propiedad privada, el sistema de lucro y la división del mundo en Estados nacionales rivales.”
La posición marxista sobre la tecnología
En respuesta a estos usos reaccionarios de la IA, la hostilidad hacia la tecnología está muy extendida y va en aumento: entre los trabajadores que ven cómo destruye sus medios de vida, los artistas cuyo trabajo es saqueado sin remuneración, los jóvenes que se enfrentan a un mercado laboral vaciado y muchos que están justificadamente preocupados por su impacto ambiental y su utilización para librar guerras imperialistas. El movimiento socialista no es en absoluto indiferente a estas preocupaciones, y la indignación es comprensible. El sentimiento anti-IA tampoco es meramente espontáneo, sino que está siendo cultivado por todas las tendencias de la pseudoizquierda, por sectores de la extrema derecha y por amplias capas del establishment político, todos los cuales tienen interés en dirigir esa indignación contra la tecnología en lugar de contra la clase que la posee. Más adelante en este informe examinaremos con mayor detalle la respuesta de la pseudoizquierda.
La conclusión de que la tecnología misma es el enemigo constituye un profundo error político: una forma moderna de ludismo, denominado así por los trabajadores textiles ingleses que destruyeron las nuevas máquinas a comienzos del siglo XIX. Los luditas no eran tontos; eran trabajadores calificados que defendían sus medios de vida con los únicos medios disponibles para una clase que todavía no había desarrollado una conciencia de su posición histórica. Revivir su punto de vista dos siglos después, tras toda la experiencia del movimiento socialista internacional, no constituye la inexperiencia de una clase joven, sino una retirada consciente de todo lo que esa experiencia ha establecido.
El resultado práctico de un rechazo categórico de la IA no es desarmar a las corporaciones y al Estado, que la utilizarán de todos modos, sino desarmar únicamente a la clase obrera. El ludismo borra la distinción sobre la que descansa toda la actitud marxista hacia la tecnología: aquella entre una máquina y el orden social en el que funciona. La resolución fundamenta esa distinción en un pasaje del ensayo de Trotsky de 1927, Cultura y socialismo:
La tecnología es una conquista básica de la humanidad; aunque hasta ahora haya servido efectivamente como instrumento de explotación, es al mismo tiempo el requisito básico para la liberación de los explotados. La máquina estrangula al esclavo asalariado. Pero el esclavo asalariado solo puede ser liberado mediante la máquina.
Trotsky abordaba uno de los problemas centrales de la joven república soviética: cómo un Estado obrero atrasado y sitiado debía elevar el nivel cultural de las masas. Su respuesta estaba ligada a la lucha contra los teóricos de la “cultura proletaria”, quienes sostenían que la clase obrera debía desechar la técnica y la cultura de la vieja sociedad por estar contaminadas de clase. Trotsky demolió esta posición, argumentando que el proletariado tenía que dominar toda la herencia de la sociedad que había derrocado. Extrajo la conclusión con una franqueza que, a través de un siglo, habla directamente a la cuestión que tenemos ante nosotros:
No tenemos que destruir la tecnología. El proletariado toma posesión de las fábricas equipadas por la burguesía, y lo hace en la forma en que las encontró el derrocamiento revolucionario… Después de todo, la revolución se llevó a cabo precisamente para apoderarse de esta “herencia”.
Lo que Trotsky comprendió respecto de la maquinaria de su propia época es válido para cada conquista de la naturaleza realizada por la humanidad. La química que aprendió a fijar el nitrógeno del aire alimenta a casi la mitad de la humanidad, y llenó los proyectiles de dos guerras mundiales; la física que liberó la energía del núcleo incineró dos ciudades antes de iluminar una sola. La ciencia no decide entre la abundancia y la aniquilación. El orden social decide, y hasta que la clase obrera tome el poder, cada una de esas conquistas será utilizada primero para el lucro y la guerra. La IA es la expresión más aguda de esta contradicción que el mundo haya visto hasta ahora, porque no opera sobre la materia sino sobre el conocimiento mismo, sobre todo el pensamiento y la cultura acumulados de nuestra especie.
Desarrollando este enfoque marxista hacia la tecnología, la resolución afirma que la clase obrera “debe apoderarse de las tecnologías de IA, así como debe apoderarse de las fábricas, las minas, los centros de datos y los bancos, y arrebatárselos a la clase que los ha monopolizado”.
La revolución científica y el intelecto general
Toda transformación revolucionaria de la sociedad ha sido preparada por una revolución en el pensamiento. Pero la revolución en el pensamiento nunca es la causa última; ella misma es producto de cambios en los fundamentos materiales de la sociedad. La revolución científica del siglo XVII surgió del crecimiento del comercio, la navegación, la minería y la manufactura, que plantearon problemas complejos que debían resolverse. En la obra de Kepler, Galileo, Harvey y Descartes, y sobre todo en los Principia de Newton de 1687, se quebró la autoridad de las Escrituras y del dogma escolástico sobre la comprensión de la naturaleza.
La Ilustración del siglo XVIII llevó el mismo método a la sociedad misma: Voltaire, Rousseau, Diderot, d’Alembert, Holbach y otros sometieron la propiedad, la ley, la Iglesia y la monarquía al examen racional, mientras Lavoisier colocó la química sobre una base cuantitativa. Engels describió a estos hombres en Del socialismo utópico al socialismo científico:
Los grandes hombres que en Francia prepararon las mentes para la revolución que se aproximaba eran ellos mismos revolucionarios extremos. No reconocían autoridad externa alguna, fuera de la clase que fuera. La religión, las ciencias naturales, la sociedad, las instituciones políticas: todo era sometido a la crítica más despiadada; todo debía justificar su existencia ante el tribunal de la razón o renunciar a existir.
Engels no trató este trastorno intelectual como un movimiento de ideas que se generaba a sí mismo. Lo explicó materialistamente, estableciendo en la misma obra el punto de vista desde el cual debe comprenderse todo desarrollo de este tipo:
Desde este punto de vista, las causas últimas de todos los cambios sociales y revoluciones políticas no deben buscarse en las cabezas de los hombres, ni en una mejor comprensión por parte de los hombres de la verdad y la justicia eternas, sino en los cambios en los modos de producción y de intercambio. Deben buscarse, no en la filosofía, sino en la economía de cada época particular.
Los propios filósofos eran producto de una burguesía ascendente y del crecimiento de las fuerzas productivas bajo el orden feudal; su razón era la razón de una clase cuyo modo de producción había sobrepasado las formas políticas del absolutismo. La revolución intelectual fue el medio indispensable a través del cual esa clase adquirió conciencia de su tarea histórica. La Encyclopédie de Diderot reunió el saber de la época y lo puso en manos de esa clase, y las revoluciones democrático-burguesas en Estados Unidos y Francia, cuyas ondas de choque atravesaron Europa y el mundo atlántico, desde Haití hasta Sudamérica, siguieron en el curso de una generación.
La moderna revolución científica y tecnológica de los siglos XX y XXI desempeña hoy un papel análogo, en un nivel incomparablemente superior. Ha reunido en el más alto grado las premisas materiales de una sociedad socialista mundial y ha producido un instrumento capaz de poner la experiencia teórica e histórica acumulada de la clase obrera ante los miles de millones de trabajadores que componen el proletariado mundial, simultáneamente y en todos los idiomas.
Consideremos lo que se ha logrado en el transcurso de una sola vida humana. La estructura del ADN fue establecida por Watson, Crick y Franklin en 1953 y el código genético fue descifrado para 1966; el genoma humano fue secuenciado en 2003, y para 2012 la técnica CRISPR había dado a la humanidad el poder de editarlo a voluntad. En el mismo período, el fondo cósmico de microondas, detectado por Penzias y Wilson en 1965, estableció que el universo mismo tiene una historia, y en 2015 se midieron directamente las ondas gravitacionales que Einstein había predicho un siglo antes.
Por debajo de todo ello transcurría la revolución de la computación y las comunicaciones —el transistor en 1947, el circuito integrado en 1958, el microprocesador en 1971, la World Wide Web en 1991— hasta que, en el transcurso de una sola generación, más de la mitad de la humanidad quedó unida mediante comunicaciones instantáneas y la clase obrera de todos los continentes quedó vinculada en cadenas integradas de producción.
El término “inteligencia artificial” fue acuñado en el taller de Dartmouth de 1956, pero el enfoque de las redes neuronales que finalmente tuvo éxito —desarrollado por Hinton, LeCun y Bengio contra la corriente dominante de su campo— fue despreciado y privado de recursos durante décadas, y solo quedó reivindicado cuando los océanos de datos de Internet y el crecimiento de la potencia informática hicieron posibles los avances del aprendizaje profundo de 2012.
Todo este desarrollo pertenece a la época histórica del imperialismo. Casi todo ha tenido lugar desde la fundación de la Cuarta Internacional en 1938, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, cuyo documento fundacional caracterizó el período como la agonía mortal del capitalismo. A lo largo de esta época, la ciencia se ha fusionado con el militarismo. El Proyecto Manhattan, que movilizó a los mejores físicos de la época durante la guerra misma, produjo no solo las bombas lanzadas sobre dos ciudades japonesas que carecían de importancia militar, sino también el instrumento con el que el imperialismo estadounidense pretendía asegurar su hegemonía de posguerra. Del mismo impulso surgieron los programas de misiles de los que nació la carrera espacial, y la red de comunicaciones del Pentágono que posteriormente se convirtió en Internet. Se pusieron enormes recursos a disposición de la investigación, y el precio fue la subordinación de la ciencia a los objetivos bélicos del Estado. La presión distorsionadora de la época imperialista sobre la ciencia no es cosa del pasado; es el medio en el que se está desarrollando la IA.
También debe señalarse el otro polo de esa época. La Revolución de Octubre elevó, en el transcurso de una generación, a un país atrasado y en gran medida analfabeto a las primeras filas de la ciencia mundial. Esto se logró a pesar de la burocracia estalinista, que aniquiló físicamente a una generación de los mejores cuadros científicos y culturales durante el Gran Terror e impuso a la biología el fraude del lysenkoísmo, llevando a Nikolái Vavílov y a muchos otros a morir en prisión. Aun así, los científicos soviéticos lanzaron el primer satélite y al primer hombre al espacio, Kolmogórov colocó la teoría de la probabilidad sobre fundamentos rigurosos y, en el Instituto de Cibernética de Kiev, Ivakhnenko y Lapa publicaron en 1965 los primeros algoritmos funcionales de aprendizaje para redes profundas multicapa, anticipándose por décadas a los métodos de aprendizaje profundo que hoy dominan los sistemas modernos de IA. Estos fueron logros de la propiedad nacionalizada y la planificación económica, por grotescamente distorsionadas que estuvieran por la burocracia, e indican lo que la clase obrera puede lograr.
En el campo de la medicina y la salud pública, el siglo XX presenció el desarrollo de los antibióticos, las vacunas modernas y las campañas internacionales coordinadas que erradicaron la viruela y llevaron la polio al umbral de la extinción, y elevaron la esperanza de vida en todo el mundo. La secuenciación del genoma abrió el camino al tratamiento de las enfermedades a nivel molecular, y hoy, a pocas semanas de la aparición de un nuevo patógeno, puede leerse su estructura y diseñarse una vacuna contra él.
Esa capacidad quedó demostrada durante la pandemia de COVID-19, cuando, por primera vez en la historia de cualquier pandemia, la humanidad poseía los medios científicos para eliminar el virus, como se demostró en China, Nueva Zelanda y otros países. Pero la gran mayoría de los gobiernos capitalistas se negaron a utilizar estas medidas, rechazaron la eliminación y dejaron que la enfermedad se propagara sin control entre la población, porque el flujo de plusvalía no podía ser interrumpido. Más de 30 millones de personas han muerto ya a causa del COVID y cientos de millones más han quedado debilitadas por el COVID prolongado. La posterior adopción oficial de la reacción anticientífica —opositores a las vacunas elevados a la dirección de la salud pública, las instituciones de control de enfermedades desmanteladas— representa el repudio generalizado de la herencia científica del siglo XX.
Las ciencias de la Tierra establecen el mismo punto con igual fuerza en el caso del cambio climático. La medición continua del dióxido de carbono atmosférico comenzó en 1958, y la humanidad ha observado cómo su concentración aumenta, año tras año, durante 68 años. Carl Sagan explicó el efecto invernadero ante el Senado de Estados Unidos en diciembre de 1985; el testimonio de James Hansen siguió en 1988, el año en que se fundó el IPCC. Las causas del calentamiento global se conocen desde hace toda la vida de la mayoría de los camaradas presentes en este Congreso, y cada una de ellas podría eliminarse con la tecnología existente. Lo que ha faltado no es conocimiento, sino un orden social capaz de actuar sobre él.
De esto se desprenden dos conclusiones. La primera es el ritmo: todo el edificio de la ciencia moderna, desde la estructura de la materia hasta el código de la vida, ha sido erigido en el transcurso de una sola vida humana. La segunda es su carácter social. Los nombres todavía están asociados a estos descubrimientos, pero cada vez de manera más tenue. El genoma humano fue secuenciado por cientos de laboratorios en cuatro continentes, y la detección de las ondas gravitacionales fue anunciada bajo las firmas de más de mil científicos. La ciencia dejó de ser obra de individuos aislados y se convirtió en una vasta empresa colectiva —organizada, industrializada e internacional— y, en ese proceso, se convirtió en lo que Marx había previsto un siglo antes: una fuerza directa de producción, el intelecto general de la humanidad materializado en el trabajo social.
La resolución sitúa a la IA como la culminación de todo este desarrollo histórico. Es el punto en el que el conocimiento acumulado de la especie se materializa en una máquina, un proceso social que Marx identificó en las primeras etapas de la industrialización en los Grundrisse:
El desarrollo del capital fijo indica hasta qué grado el conocimiento social general se ha convertido en una fuerza directa de producción y, por tanto, hasta qué grado las condiciones del proceso de la vida social misma han quedado bajo el control del intelecto general y han sido transformadas de acuerdo con él.
En tiempos de Marx, esta tendencia podía vislumbrarse en la incorporación de la ciencia a la maquinaria. En los nuestros, se ha consumado. Estos sistemas son entrenados sobre el pensamiento registrado de la humanidad —su literatura, su ciencia, el trabajo de cada investigador y de cada trabajador anónimo que escribió un manual o respondió una pregunta en línea—. El capitalismo comenzó con el cercamiento de las tierras comunales; se aproxima a su fin con el cercamiento de los bienes intelectuales comunes de toda la especie.
Socialism AI y el desarrollo de la conciencia socialista
El enfoque del partido hacia esta tecnología ha puesto énfasis en una aclaración terminológica, y no se trata de una disputa sobre palabras. Marx estableció, en su análisis del fetichismo de la mercancía, que bajo el capitalismo los productos del trabajo humano se enfrentan a sus productores como poderes independientes, y que la relación social entre los productores se les presenta como una relación entre cosas. El término “inteligencia artificial” es una forma moderna de este fetichismo. La palabra “artificial” separa esta inteligencia del trabajo humano que la produjo y niega su autoría, presentando la herencia intelectual colectiva de la especie, apropiada y puesta en movimiento por un puñado de corporaciones, como una mente que ha surgido por sí sola y que ahora se sitúa por encima de la sociedad. En un ensayo publicado el 7 de diciembre de 2025, días antes del lanzamiento de Socialism AI, el camarada North escribió:
En realidad, lo que se denomina “IA” se entiende mejor como inteligencia aumentada: una extensión y amplificación del trabajo intelectual humano. Sus fundamentos se encuentran en siglos de práctica y conocimiento humanos acumulados. … Los algoritmos no inventan significado; aprenden de vastos corpus generados por seres humanos. … Sus fallos revelan los límites del entrenamiento humano, no la existencia de alguna mente ajena. La inteligencia no es artificial; la automatización sí lo es.
Cinco días después, el CICI lanzó Socialism AI, concebida, construida y mantenida por nuestros cuadros. Al hacerlo, pusimos la herencia del marxismo —las obras de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Luxemburg y Plejánov, y los archivos de casi tres décadas del World Socialist Web Site— a disposición de los trabajadores y jóvenes que entran en lucha en todas partes, simultáneamente, en cualquier idioma y a cualquier hora.
Por primera vez, una organización revolucionaria puso en manos de la clase obrera un sistema capaz de responder preguntas serias de teoría, historia y organización desde un punto de vista marxista, con citas de las fuentes. La declaración publicada con motivo del lanzamiento explicó:
La importancia decisiva de Socialism AI reside en su capacidad para cerrar la brecha entre el movimiento objetivo de la clase obrera y el nivel subjetivo de conciencia socialista. El marxismo siempre ha insistido en que las luchas espontáneas de los trabajadores, por poderosas que sean, no producen por sí mismas una perspectiva revolucionaria coherente. La conciencia debe desarrollarse; la experiencia histórica debe ser asimilada; debe alcanzarse una comprensión teórica. Los desarrollos tecnológicos de la época actual permiten ahora la rápida transmisión de ideas a escala mundial, posibilitando que la clase obrera desarrolle su comprensión política a un ritmo acorde con la crisis objetiva.
Este es el problema estratégico central de la época. La crisis objetiva del capitalismo está madurando a una velocidad vertiginosa, mientras que la conciencia de la clase obrera ha retrocedido debido a un siglo de traiciones estalinistas y socialdemócratas. Toda la historia de la Cuarta Internacional es la lucha por resolver la crisis de dirección revolucionaria, y el Comité Internacional ha comprendido que la misma revolución tecnológica que el capitalismo vuelve contra la clase obrera proporciona un arma sin precedentes en esa lucha.
Socialism AI es un arma de dirección revolucionaria, no un sustituto de ella. Ninguna tecnología construye un partido ni hace una revolución por sí sola, sino únicamente mediante la actividad consciente de revolucionarios vivos organizados en el CICI y sus secciones. Pero las armas que utiliza un movimiento revolucionario determinan lo que puede lograr. La Encyclopédie de Diderot puso el saber de una época a disposición de una clase ascendente; la Iskra de Lenin forjó un partido a partir de círculos dispersos a través de un imperio; el World Socialist Web Site, lanzado en 1998 en una respuesta clarividente al surgimiento de Internet, hizo que el análisis de la Cuarta Internacional estuviera disponible diariamente en todos los continentes. Socialism AI se inscribe en esa tradición, y en los meses transcurridos desde su lanzamiento ha sido utilizada por miles de trabajadores y jóvenes en más de 100 países.
Socialism AI es un poderoso multiplicador de fuerzas para toda la labor educativa del partido mientras luchamos por construirlo en la clase obrera. Es el instrumento revolucionario mediante el cual trabajadores y jóvenes pueden encontrar respuestas a todas las preguntas políticas que tengan, a través de una interacción inmediata. Un trabajador que todavía no haya leído a Marx puede comenzar por sus propias experiencias —las traiciones en su propia fábrica, la guerra que libra su gobierno, las condiciones sociales que enfrenta— y ser conducido desde esa pregunta hacia todo el cuerpo del análisis marxista. Los millones que están siendo atraídos hacia la política socialista por la profundización de la guerra y la crisis social deben conocer Socialism AI, que responde a sus necesidades objetivas de educación y formación políticas.
En consecuencia, la resolución compromete al partido a dar a conocer Socialism AI tan ampliamente como sea posible y a incorporarla a la actividad política cotidiana de los trabajadores y jóvenes, y esto debe traducirse en prácticas concretas. Los camaradas deben demostrar Socialism AI directamente —en las mesas de campaña, en las reuniones del partido y de los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (JEIIS), en las discusiones en los lugares de trabajo— en lugar de limitarse a describirla, pues la experiencia decisiva es la de un trabajador formulando su propia pregunta y leyendo la respuesta. En los comités de base debe convertirse en una herramienta de trabajo, utilizada para investigar las finanzas y las operaciones globales de un empleador y para redactar y perfeccionar declaraciones.
Los camaradas también deben incorporarla a su propia escritura e investigación, lo que significa no pedirle que escriba en nuestro lugar, sino utilizarla a lo largo de borradores sucesivos para recopilar y verificar material, perfeccionar un esquema y poner a prueba una formulación, ejerciendo el camarada el juicio político en cada paso. Debe utilizarse conjuntamente con otras herramientas de IA, que se desarrollan rápidamente y pueden suplir cualquier carencia, mientras trabajamos para mejorar y ampliar continuamente las capacidades de Socialism AI.
La discusión en este Congreso sobre Mehring Books y la importancia de leer la literatura de nuestro movimiento fue crucial, y quiero instar a los camaradas a utilizar sistemáticamente Socialism AI como asistente de lectura, planteándole cualquier pregunta que surja durante el estudio de los textos fundamentales de nuestro movimiento. Estamos desarrollando herramientas para integrar directamente la Biblioteca Marxista del World Socialist Web Site con Socialism AI, permitiendo a los camaradas y a todos los usuarios resaltar y marcar pasajes y formular preguntas sobre ellos mientras leen, algo que esperamos completar en los próximos meses.
Cada sección y cada miembro debe asumir la lucha por promover Socialism AI tan ampliamente como sea posible, y en las próximas semanas desarrollaremos una campaña centrada en esto, cuyo objetivo será ganar miles de nuevos usuarios durante los próximos meses. Esto requerirá la participación activa de cada miembro, incluida la promoción a través de las redes sociales, un trabajo sistemático de contactos y más. La nueva versión lanzada con motivo del Primero de Mayo produjo un importante aumento en su utilización y en la creación de cuentas, y quienes llegaron permanecieron y formularon nuevas preguntas.
La integración de Socialism AI en la página principal del World Socialist Web Site y en cada artículo, realizada la semana pasada, conecta el sistema con la totalidad de nuestro material publicado y demuestra su valor a cada lector. Esto pronto se extenderá a todos los sitios en los distintos idiomas, y trabajaremos para desarrollar nuevas integraciones de Socialism AI con el WSWS en los próximos meses. Masas de trabajadores y jóvenes se llaman hoy socialistas. Se sentirán atraídos por una aplicación revolucionaria de esta tecnología, y cada camarada tiene la responsabilidad de llevársela.
La burbuja de la IA y la tasa decreciente de ganancia
En la parte final de este informe, pasaremos del propio uso de la IA por parte del partido a la importancia más amplia de la tecnología misma bajo el capitalismo y su uso potencial en una sociedad socialista. La burbuja de la IA es una manía especulativa sin precedentes en la historia del capitalismo. Como señala la resolución, un pequeño grupo de corporaciones interconectadas se ha vinculado en una red de “acuerdos circulares” que inflan la apariencia de demanda: Nvidia invierte en OpenAI, que gasta la inversión en chips de Nvidia, mientras Oracle registra cientos de miles de millones en contratos de servicios en la nube para atender a un cliente sin perspectivas inmediatas de obtener ganancias. Tales compromisos se acercan ahora a $1 billón.
Nada ilustra más claramente el carácter de esta manía que la salida a bolsa de SpaceX el 12 de junio, la mayor oferta pública de acciones de la historia, que recaudó unos $75.000 millones, valoró a la compañía en casi $1,8 billones y convirtió a Musk en el primer billionaire del mundo en una sola tarde. Un elemento central del prospecto fue la propuesta, tras la absorción de xAI, de lanzar una constelación de un millón de satélites que funcionaran como centros de datos en órbita. Incluso si algo semejante puede construirse es motivo de controversia entre los ingenieros y los propios competidores de Musk, uno de los cuales calificó la idea de ridícula. Para la oligarquía financiera, esto apenas importa. En condiciones en las que la expansión de la infraestructura terrestre está chocando con los límites de la tierra, el agua y la energía eléctrica, un proyecto de suficiente grandiosidad, promovido por una figura de suficiente notoriedad, vale cientos de miles de millones de dólares, funcione alguna vez o no.
Según los cálculos del economista Jason Furman, la inversión en equipos y programas informáticos para el procesamiento de información fue responsable del 92 por ciento del crecimiento económico de Estados Unidos durante la primera mitad de 2025, lo que significa que, fuera de la burbuja de la IA, la economía estadounidense está esencialmente estancada. La fragilidad de esta estructura ya ha quedado demostrada. En enero de 2025, el lanzamiento por parte del laboratorio chino DeepSeek de un modelo entrenado a una fracción del costo estadounidense anunciado borró casi $600.000 millones del valor de mercado de Nvidia en una sola sesión.
Los laboratorios chinos han continuado lanzando modelos capaces, muchos de ellos de pesos abiertos y mucho más baratos que sus rivales estadounidenses, una cuestión no de avance tecnológico sino de propiedad y acceso, que pone al descubierto como ilusorio cualquier monopolio estadounidense permanente sobre esta tecnología. Al igual que con la manía ferroviaria del siglo XIX y la burbuja de las puntocom, una auténtica revolución de las fuerzas productivas se ha convertido en la ocasión para un frenesí especulativo que inevitablemente debe colapsar.
La importancia más profunda del frenesí se encuentra en otra parte, lo que la resolución resume así: “Esta montaña de especulación descansa sobre la promesa de que la IA restaurará la rentabilidad de una economía estancada. Hará lo contrario”. Basándose en el análisis crítico realizado por el camarada North en sus conferencias en Berlín y Londres el otoño pasado, la resolución afirma:
El valor, como demostró Marx, es creado por el trabajo humano vivo, y la ganancia se deriva de la plusvalía extraída del trabajador por encima del salario pagado por su fuerza de trabajo. A medida que se desarrolla el capitalismo, la masa de capital constante —maquinaria, instalaciones y materias primas, y ahora la vasta infraestructura de chips y centros de datos— crece en relación con el capital variable desembolsado en salarios, y la tasa de ganancia tiende a caer. Al desplazar a gran escala el trabajo vivo, la única fuente de plusvalía, la IA acelera este descenso. Lejos de rescatar al sistema de lucro, lleva a un nuevo extremo su ley fundamental de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
¿Por qué, desafiando esta lógica, continúa inflándose la burbuja? En parte debido a la ideología que ahora domina Silicon Valley: un aceleracionismo endurecido hasta convertirse en una fe cuasirreligiosa, cuyo artículo central es la llegada inminente de la “inteligencia artificial general” (AGI), una capacidad de las máquinas que superaría a los seres humanos en todos los ámbitos y que supuestamente inaugurará una era de “abundancia”. Se construyan o no finalmente sistemas de tal generalidad, la afirmación de que su abundancia llegaría a todos pone la realidad patas arriba. Es esencialmente la vieja economía del “goteo” recalentada: la promesa, repetida por todos los apologistas de la acumulación capitalista desde la década de 1980, de que la riqueza acumulada en la cúspide de algún modo llegará a quienes con su trabajo la produjeron. Pero bajo las relaciones de propiedad existentes, cada aumento de la productividad es apropiado por los propietarios, y la abundancia prometida se materializa como una riqueza asombrosa en un polo y una pobreza creciente en el otro. La burbuja de la IA no hace más que acelerar estas leyes del desarrollo capitalista identificadas por Marx hace más de 150 años.
La economía de la IA y cualesquiera beneficios que produzca serán capturados por el 10 por ciento más rico, la clase dominante propiamente dicha y las capas acomodadas de la clase media alta, profundamente hostiles a la clase obrera, que viven, en el sentido más literal, dentro de la burbuja. Sus salarios, carteras de acciones, cuentas de jubilación y valores inmobiliarios están apostados a la misma estructura especulativa, razón por la cual experimentan el auge como una prosperidad general y no pueden concebir su colapso.
Al mismo tiempo, el desarrollo de la IA ha confirmado, más crudamente que cualquier desarrollo anterior, una verdad establecida desde hace mucho tiempo por el movimiento socialista: quienes poseen las corporaciones tecnológicas y se apropian de las ganancias no contribuyen en nada a la creación del valor del que se apropian. La resolución afirma:
El auge de la IA pone al descubierto el carácter parasitario y superfluo de la clase capitalista. Los propietarios no contribuyen en nada a la producción. Estos sistemas son concebidos, construidos, entrenados y mantenidos por trabajadores: los ingenieros e investigadores de Silicon Valley y sus equivalentes en todo el mundo; los trabajadores de datos mal remunerados que etiquetan sus resultados en Kenia, Filipinas, India y Venezuela; los mineros de cobalto, litio y tierras raras en el Congo y otros países oprimidos. … La sociedad no necesita a los oligarcas: su dominio sobre la vida económica se ha vuelto incompatible con el progreso social y la supervivencia de la civilización.
Del carácter superfluo de los propietarios, la resolución extrae la conclusión decisiva:
La lucha en torno a la IA plantea directamente la cuestión de quién debe controlar las fuerzas productivas y demuele el argumento más antiguo contra el socialismo: que una economía moderna es demasiado compleja para ser planificada conscientemente, que sin el mercado y la mano orientadora de propietarios y administradores la producción colapsaría en el caos. Esto siempre fue una mentira interesada; con la IA y las comunicaciones modernas se ha convertido en un absurdo. Los trabajadores organizados en comités de base pueden ahora obtener en cuestión de instantes la respuesta a cualquier pregunta sobre su industria, sus cadenas de suministro y la economía mundial, y coordinarse instantáneamente con sus hermanos y hermanas de clase a través de todas las fronteras. Las premisas materiales para la planificación socialista de la economía mundial están plenamente disponibles.
La inteligencia aumentada al servicio de la humanidad
El potencial liberador de la inteligencia aumentada ya es visible, de forma distorsionada, dentro de los confines del sistema de lucro. Bajo la dirección de científicos, la IA ha predicho la estructura de casi todas las proteínas conocidas —un problema de décadas de antigüedad en la biología, reconocido con el Premio Nobel de Química de 2024— y, bajo la dirección de matemáticos, ha realizado contribuciones a problemas abiertos de las matemáticas puras. Estas no son hazañas de una mente autónoma de una máquina, sino de seres humanos que utilizan una nueva y poderosa herramienta, e indican lo que podría lograrse una vez liberada del afán de lucro.
La objeción ambiental a la IA debe ser respondida concretamente. La preocupación es legítima en cuanto la construcción de centros de datos bajo el capitalismo consume electricidad y agua a una escala colosal, elevando las facturas de la población, reactivando plantas de carbón y contribuyendo a distintas formas de contaminación. Pero el despilfarro es una característica del sistema de lucro, no de la tecnología. Media docena de corporaciones compiten entre sí para construir modelos duplicados y centros de datos duplicados, cada una entrenando su propio sistema sobre prácticamente el mismo corpus de conocimiento humano.
Bajo un plan centralizado y racional, esa duplicación simplemente desaparecería y, con ella, una enorme proporción de la energía que ahora se consume. Además, la misma tecnología bajo propiedad social se convertiría en el instrumento más poderoso concebido hasta ahora para resolver la crisis climática que actualmente se la obliga a profundizar. Hoy los centros de datos se ubican de acuerdo con la disponibilidad de exenciones fiscales, terrenos baratos y energía desregulada, y a menudo son abastecidos por plantas de carbón reactivadas o nuevas centrales de gas. La energía solar, la eólica y el almacenamiento mediante baterías, desplegados de acuerdo con un plan racional, podrían alimentar una red de centros de datos con emisiones netas cero y comenzar a reconstruir la infraestructura mundial sobre una base libre de carbono. El capitalismo no ha hecho esto y nunca lo hará, porque subordina cada una de estas decisiones al lucro privado.
Bajo una economía mundial democráticamente planificada, la humanidad podría abordar el mayor problema de planificación al que jamás nos hemos enfrentado: la transición hacia una economía libre de carbono. La reconstrucción coordinada, en el transcurso de una generación, de los sistemas energéticos, de transporte, industriales y agrícolas del mundo plantea precisamente los tipos de problemas altamente complejos en los que sobresalen los sistemas de IA: equilibrar redes eléctricas continentales basadas en energía solar y eólica variables, diseñar mejores baterías, modelar plasmas de fusión, detectar desde la órbita las fugas de metano y la deforestación que actualmente no son monitoreadas, y mucho más.
La propia cuestión energética se plantearía sobre una base completamente diferente. La fisión ya genera enormes cantidades de electricidad libre de carbono, aunque bajo la propiedad privada se ha desarrollado de manera errática y ha cargado con la indiferencia del afán de lucro hacia la seguridad y los residuos. La fusión —la reacción que alimenta al Sol— promete una energía genuinamente limpia y prácticamente ilimitada, obtenida de combustible presente en el agua de mar, sin residuos radiactivos de larga duración ni posibilidad alguna de una reacción fuera de control; ya no es ciencia ficción, sino un problema de ingeniería en el que actualmente se están logrando avances reales. En una economía mundial racionalmente planificada, estas fuerzas, junto con la energía solar, eólica y el almacenamiento, podrían poner fin a la escasez energética como límite al desarrollo humano. Una vez más, el obstáculo no es ni el conocimiento ni la técnica, sino el orden social.
Contra las falsas soluciones de la pseudoizquierda
Todo depende, por lo tanto, del programa político con el que la clase obrera entre en esta lucha, y es aquí donde la pseudoizquierda desempeña el papel que le ha sido asignado. A medida que los despidos masivos vuelven a la opinión pública contra los monopolios tecnológicos, la clase dominante necesita mecanismos para contener la indignación. Los Socialistas Democráticos de América (DSA) y su órgano oficioso, Jacobin, se han apresurado a proporcionárselos, convirtiendo la IA en una preocupación central durante el último año y promoviendo la posición neoludita.
Esto comenzó con los llamados a imponer moratorias a la construcción de centros de datos, a los que Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez dieron forma legislativa en marzo mediante la Ley de Moratoria de Centros de Datos de IA. Jacobin celebró esto en un artículo titulado “Detengan la expansión de la IA, comiencen la lucha”, describiendo con aprobación su coalición “no partidista” de propietarios suburbanos y “agricultores conservadores” y declarando que “la izquierda debería estar uniformemente de su lado”. Lo que se propone es una alianza con propietarios y la derecha política contra la construcción de centros de datos, dejando la propiedad de la tecnología en manos de la clase dominante y sin hacer nada para detener su utilización por el Pentágono o por el ICE. Los DSA presentan la campaña como un éxito, informando que casi la mitad de los centros de datos planificados para este año han sido retrasados o cancelados.
Las tendencias pablistas han ido aún más lejos. En mayo de este año, International Viewpoint, órgano del Secretariado Unificado pablista, publicó “Tesis para una crítica ecosocialista de la inteligencia artificial”, de Daniel Tanuro, que declara que la respuesta a la IA es “el decrecimiento ecosocialista de la producción material mundial” y que la perspectiva de una abundancia planificada pertenece a la “magia” y no a la razón. El problema ya no son las relaciones capitalistas que aprisionan las fuerzas productivas, sino las propias fuerzas productivas. En un mundo en el que miles de millones carecen de vivienda, atención médica y electricidad adecuadas, el “decrecimiento” es un programa de escasez y racionamiento impuesto a la clase obrera.
El debate dio un giro en junio, cuando Sanders propuso una legislación para establecer un “fondo soberano de riqueza de IA”, mediante el cual el gobierno federal adquiriría una participación accionaria del 50 por ciento en las mayores corporaciones de IA y supuestamente pagaría un dividendo a la población. Fue presentado como un golpe contra los multimillonarios, pero converge por completo con la política de Trump, quien ya ha tomado medidas para establecer un fondo soberano de riqueza estadounidense. También coincide con los deseos de los propios ejecutivos de la IA, sobre todo Sam Altman, quienes han ofrecido al gobierno una participación en sus empresas con miras a un rescate cuando inevitablemente estalle la burbuja de la IA.
La propuesta de Sanders desató un debate público en las páginas de Jacobin, que publicó al menos ocho artículos sobre este tema y sobre la IA en términos más generales en el transcurso de dos semanas. Surgieron tres posiciones distintas.
La primera abrazó plenamente la posición nacionalista y procapitalista de Sanders. Dustin Guastella, funcionario del Local 623 de los Teamsters, abrió la serie el 9 de julio con “El argumento a favor de nacionalizar la inteligencia artificial”, basando su planteamiento en el hecho de que estos sistemas fueron entrenados con el trabajo colectivo de la humanidad. Escribió: “tenemos un argumento claramente patriótico” para nacionalizar las empresas de IA, porque la propiedad pública de la IA “es de nuestro interés nacional”. El trabajo colectivo de los trabajadores del mundo se convierte así en una reivindicación en nombre del Estado nacional estadounidense, en la misma carrera que está llevando a Washington hacia la guerra con China.
La segunda posición respondió que la propiedad no equivale al control. Michael A. McCarthy, en “No se limiten a nacionalizar la IA. Democratícenla”, argumentó el 16 de julio que una industria de IA propiedad del Estado permanecería en manos del mismo Estado que lleva a cabo las deportaciones y las guerras, y propuso en cambio que las decisiones sobre la IA fueran entregadas a una asamblea popular elegida “mediante selección aleatoria (o sorteo)”. La clase obrera no aparece en este esquema en absoluto como una fuerza social, sino únicamente como un conjunto de individuos del cual pueden extraerse nombres, mientras que los fundamentos de la propiedad capitalista quedan completamente intactos.
La tercera posición, presentándose como la más radical, rechazó la nacionalización “desde la izquierda”. Los académicos Hagen Blix e Ingeborg Glimmer escribieron en “El argumento socialista contra la nacionalización de la IA” que la IA es ante todo “un arma de guerra de clases desde arriba”, que ningún cambio de propiedad puede redimir, y llamaron a “construir un movimiento socialista contra la IA”. Esta es la conclusión ludita en su forma más pura y llega, significativamente, revestida como la más “radical” de las tres.
A pesar de todos sus desacuerdos, estas tendencias comparten una única premisa: ninguna plantea la expropiación de los monopolios tecnológicos por la clase obrera, la conquista del poder político o la reorganización socialista de la economía mundial. Cada una de estas propuestas termina en el Estado capitalista: como propietario, como regulador, como autoridad que otorga concesiones, como convocante de asambleas. Bajo todas ellas, como afirma nuestra resolución, “las corporaciones siguen siendo privadas y orientadas al lucro, mientras que la clase obrera no posee nada, no controla nada y no decide nada”.
El conflicto social que se avecina y las tareas del partido
Los ideólogos de la industria tecnológica presentan el resultado de la lucha en torno a la IA como si ya estuviera decidido. Ya sea que prometan abundancia o adviertan de una catástrofe, parten de la misma premisa: que la tecnología misma decidirá el destino de la humanidad y que la clase obrera figura únicamente como una víctima. Esto es fatalismo y abstrae la tecnología de la lucha de clases. Entre el orden actual y cualquier reorganización de la sociedad se encuentra la clase obrera, que no aceptará en silencio la destrucción de los medios de vida de cientos de millones de personas. La lucha por el control de la IA entrará en el movimiento huelguístico que ahora recorre todos los continentes. La clase obrera debe avanzar su propio programa independiente: la expropiación de los monopolios y la conquista del poder político.
Ese programa está expresado en las tres demandas que plantea la resolución.
- ¡Expropiar los monopolios tecnológicos! Las grandes corporaciones de IA, computación en la nube, semiconductores y plataformas digitales deben ser expropiadas y transformadas en servicios públicos bajo el control democrático de la clase obrera.
- ¡Ni un solo empleo perdido por la IA! ¡Por una semana laboral más corta y el control obrero sobre la tecnología! Las inmensas ganancias de productividad deben utilizarse para reducir la semana laboral sin pérdida salarial, y la introducción de nuevas tecnologías debe quedar bajo el control de los trabajadores.
- ¡Orientar la IA hacia las necesidades humanas y la planificación de la economía mundial! Bajo la propiedad social y una economía mundial democráticamente planificada, la IA debe orientarse hacia las necesidades de la humanidad: el avance de la ciencia, la medicina y la educación, la abolición de la pobreza y del trabajo penoso, la solución de la crisis ecológica y mucho más.
Nada de esto es automático. Todo depende, en última instancia, de la lucha consciente de la clase obrera y de la resolución de la crisis de dirección revolucionaria, es decir, del trabajo de este partido. La resolución expresa esta perspectiva en sus frases finales:
La clase obrera debe apoderarse de la IA, así como debe apoderarse de todas las fuerzas productivas que su trabajo ha creado, expropiar a la oligarquía que las ha usurpado y reorganizar la economía mundial sobre fundamentos socialistas. Esta es la perspectiva por la que lucha el Partido Socialista por la Igualdad.
El informe de apertura del camarada North ha situado el trabajo de este Congreso dentro de la quinta fase de la historia del movimiento trotskista, que se inició en 2019 y que la escuela de verano de ese año definió por el gigantesco desarrollo ulterior de la globalización combinado con nuevas tecnologías que han internacionalizado la lucha de clases hasta un grado difícilmente imaginable un cuarto de siglo antes. El surgimiento de la IA en el centro de la economía y la política mundiales durante los siete años transcurridos desde entonces constituye la confirmación más contundente de esa evaluación.
Pero nada de esto permite una complacencia objetivista. La crisis no produce por sí misma una conclusión revolucionaria. Como señaló el camarada North, el análisis presentado ante este Congreso no es un comentario sobre los acontecimientos, sino una guía para la intervención del partido en ellos. La expansión de Socialism AI, la construcción de los comités de base, el crecimiento de la IYSSE y, sobre todo, la construcción del Partido Socialista por la Igualdad: estas son las tareas mediante las cuales la crisis objetiva se transforma en un movimiento revolucionario consciente.
Camaradas, el propósito de esta resolución es armar a los cuadros para el período que ahora se abre: entrar en las luchas que se avecinan comprendiendo esta tecnología revolucionaria más profundamente que la clase que la posee, y luchar sobre esa base para colocarla, junto con todas las fuerzas productivas, en manos de la clase cuyo trabajo la creó. Insto al Congreso a adoptar la resolución.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de septiembre de 2026)
