La guerra que, según el presidente de EE. UU., Donald Trump, terminaría en unas semanas, amenaza con reavivarse a medida que el conflicto se extiende por toda la región. La última escalada se produjo después de que las fuerzas hutíes afirmaran haber bombardeado las instalaciones de Saudi Aramco en Riad, la capital de Arabia Saudita, lo que llevó a Trump a amenazar con «borrar a Irán del mapa» a menos que Teherán se someta a los dictados de EE. UU.
El domingo, Trump reiteró su amenaza de volar por los aires todo el país en una entrevista telefónica con Fox News. Dijo que las únicas opciones sobre la mesa eran «barrer a Irán del mapa» o dejar que su economía «se pudriera», a menos que Irán llegara a un acuerdo con Washington.
La pregunta era “si y cuándo” sería necesario “volar por los aires a toda la nación” en caso de que el gobierno de Irán no se sometiera a sus exigencias. “Más les vale portarse bien”, amenazó, y agregó que las opciones incluían “aniquilarlos, dejar que Irán se pudra económicamente o llegar a un acuerdo”.
Mientras amenazaba a Teherán con la destrucción, según el New York Times, Trump les dijo a sus asesores el 16 de septiembre que no estaba a favor de los ataques contra los hutíes, pero ordenó al Pentágono que se preparara para ellos después de que el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, lo llamara al día siguiente para exigirlos. Para el mediodía del domingo, informó el periódico, los funcionarios decían que no habría ataques estadounidenses contra los hutíes por el momento. Sin embargo, dos personas informadas sobre la operación dijeron al Times que los planes de Estados Unidos para bombardear a los hutíes estaban tan avanzados que, cuando Trump revirtió su decisión de lanzar los ataques, los comandantes ya habían aprobado las listas de objetivos, las tropas estaban cargando bombas en aviones de combate y la primera oleada de ataques estaba a punto de comenzar.
Si bien las autoridades sauditas afirmaron haber interceptado y destruido un misil balístico y no reportaron víctimas ni daños, los residentes informaron de al menos una explosión. Han circulado fotografías de una gran columna de humo negro proveniente del área de almacenamiento de combustible del Aeropuerto Internacional Rey Khalid el sábado.
El portavoz de las fuerzas de la coalición liderada por Arabia Saudita, el general de división Turki al-Maliki, dijo el X que los hutíes también habían intentado atacar a civiles e infraestructura en varias partes del reino el sábado, aunque las defensas aéreas los habían interceptado.
Se han producido nuevos enfrentamientos entre los hutíes y las disfuncionales fuerzas de la coalición yemení en tierra en la provincia de Marib, rica en petróleo, así como en Taiz, Lahj, al-Jawf y al-Bayda, como parte de la escalada militar que comenzó a principios de julio. La Fuerza Aérea saudita ha llevado a cabo ataques contra posiciones clave de los hutíes, incluida la capital, Saná, y ha desplegado unidades de élite como la Brigada de los Gigantes para impedir nuevos avances hutíes hacia la capital, en Adén, la provincia de Marib y la ciudad de Taiz. Para el pueblo yemení, la reanudación de las hostilidades ha sido catastrófica. Ya era el país más pobre de Oriente Medio antes de la guerra civil; alrededor de 4,5 millones de yemeníes se han visto desplazados, casi la mitad de los centros de salud del país no están en funcionamiento y más de 18 millones de sus 43 millones de habitantes enfrentan inseguridad alimentaria aguda, incluidos 2,2 millones de niños con desnutrición aguda. Se han reportado más de 3.000 víctimas y al menos 126.000 personas han huido de sus hogares en las últimas dos semanas.
Dado que el ataque hutí ya está generando consecuencias más allá de Yemen y Arabia Saudita en medio de las crecientes tensiones en el Golfo, Trump acortó su fin de semana en Camp David para regresar a la Casa Blanca el sábado. El Departamento de Estado de EE. UU. renovó una alerta general para los estadounidenses que se encuentran en Oriente Medio o que viajan a esa región. Advirtió que las hostilidades entre Arabia Saudita y los hutíes, respaldados por Irán, en Yemen “pueden escalar rápidamente”. Once embajadas de EE. UU. en la región emitieron una advertencia de que podrían producirse cancelaciones de vuelos y cierres del espacio aéreo.
Washington ha intensificado la presión económica sobre Teherán. El lunes, el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, declaró a la CNBC: “El 23 de septiembre, todas las aerolíneas iraníes dejarán de operar en todo el mundo”, al anunciar nuevas sanciones dirigidas a la red de aviación civil de Irán. Los aeropuertos y empresas extranjeras que reabastezcan a aeronaves iraníes, brinden servicios de aterrizaje o vendan boletos corrían el riesgo de perder el acceso al sistema bancario estadounidense.
Irán afirmó que, en caso de un nuevo ataque estadounidense, tomaría represalias contra las bases e intereses estadounidenses en Medio Oriente. Advirtió a los países de la región que no ayudaran a Washington, señalando que los Estados que permitieran que su territorio o sus instalaciones sirvieran de apoyo a los ataques de EE. UU. serían “considerados cómplices”. Su alto mando militar advirtió el domingo que EE. UU. parecía estar preparándose para reanudar los ataques.
Teherán ha condicionado la reanudación de las negociaciones para poner fin al conflicto de siete meses a que la administración de Trump cumpla con siete nuevas exigencias. El asesor de Seguridad Nacional, Mohsen Rezaee, ha esbozado públicamente cinco de los puntos del Memorando de Entendimiento (MOU) de Islamabad de junio: la liberación de los activos congelados, el cese de la guerra en todos los frentes, el fin de la injerencia en los asuntos internos de Irán y de los ataques territoriales, y el levantamiento del bloqueo naval de Estados Unidos. No explicó las otras dos condiciones, salvo para señalar que no están relacionadas con el programa nuclear de Irán.
Estos últimos acontecimientos se producen tras la toma por parte de los hutíes de puertos y posiciones clave a lo largo de la costa occidental de Yemen y de los accesos estratégicamente cruciales a Bab al-Mandeb. El estrecho canal que une el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el Océano Índico transporta el 12 por ciento del comercio marítimo mundial.
Los hutíes, aunque aliados de Irán, libran su propia batalla contra el bloqueo saudí de sus puertos y espacio aéreo, y exigen mayor financiamiento para los trabajadores del gobierno en el territorio controlado por los hutíes, una participación garantizada de los ingresos petroleros del país y reparaciones para los civiles yemeníes que sufrieron durante la guerra de 2015 a 2022.
Sumada a los nuevos ataques con misiles y drones que han cerrado temporalmente el vital oleoducto este-oeste de los saudíes y han interrumpido los envíos de petróleo a Asia por la ruta del Mar Rojo —en medio del cierre del Estrecho de Ormuz—, la ofensiva hutíe ha generado una grave crisis para los saudíes, quienes han declarado que el Mar Rojo está abierto a todo tipo de navegación, excepto a los buques saudíes. A menos que los saudíes puedan reactivar el oleoducto y reanudar las exportaciones de petróleo a través del Mar Rojo en los próximos días, se verán obligados a reducir la producción de petróleo.
La pérdida resultante podría alcanzar hasta el 4 por ciento del suministro mundial, lo que agravaría la escasez global de combustible, la cual ya ha impulsado los precios de los combustibles a niveles récord, ha estimulado la inflación, ha alimentado una crisis del costo de vida para miles de millones de personas en Asia y África, y ha llevado los rendimientos de los bonos estadounidenses a los niveles más altos desde la crisis financiera de 2008.
El conflicto yemení y las represalias resultantes están, por lo tanto, uniendo conflictos que antes estaban separados en una sola guerra interconectada.
Hasta ahora, Washington no ha estado dispuesto a intervenir directamente en la guerra entre Arabia Saudita y Yemen, pero sigue brindando un importante apoyo militar y de inteligencia, incluso a través del Comando Central de EE. UU. (CENTCOM), para ayudar a las fuerzas sauditas a atacar las posiciones hutíes. El jueves, funcionarios estadounidenses autorizaron la venta de hasta 48 aviones de combate F-35 Joint Strike Fighter a Arabia Saudita, a pesar de las preocupaciones de las fuerzas armadas y del Congreso de que China pudiera obtener acceso a los aviones en Arabia Saudita, aunque no se entregarán hasta dentro de varios años. Con las reservas de municiones de EE. UU. agotadas, Riad, que a su vez cuenta con pocos interceptores de misiles, ha recurrido a Francia, Gran Bretaña, Pakistán y Egipto en busca de ayuda para la defensa aérea.
El “Plan B” de los saudíes, que consiste en establecer alianzas vinculantes con poderosos Estados musulmanes sunitas —incluidos Turquía y Pakistán— a través del Acuerdo de La Meca de agosto, tampoco ha logrado hasta ahora formar una coalición en el campo de batalla contra los hutíes. Pakistán se negó inicialmente a comprometerse, argumentando que los combates en Yemen eran un conflicto “preexistente” anterior al Acuerdo de La Meca. Sin embargo, tras la afirmación de Riad de que los hutíes lanzaron la semana pasada un ataque con drones contra La Meca —algo que los hutíes negaron—, Islamabad dijo que reconsideraría su postura.
El 25 de julio, un dron ucraniano impactó contra un buque comercial iraní en el mar Caspio, causando la muerte de un marinero. El 28 de julio, Irán lanzó misiles balísticos contra las fuerzas estadounidenses en Jordania, actuando por primera vez de manera proactiva en lugar de en respuesta a un ataque. Entre el 28 y el 29 de julio, aeronaves estadounidenses y sauditas atacaron a grupos alineados con Irán en Irak, lo que constituyó la primera participación reconocida públicamente por Riad en este tipo de ataques. El 29 de julio, un dron impactó contra dos buques de gas natural licuado en el puerto egipcio de Damieta, cerca del Canal de Suez, aunque ninguna parte se ha atribuido la responsabilidad.
Lo que comenzó como conflictos aislados en Irán, Yemen, Irak y otros lugares se está convirtiendo así en un enfrentamiento regional interconectado, en el que cada nuevo ataque corre el riesgo de abrir otro frente y cada acto de represalia crea las condiciones para el siguiente.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de septiembre de 2025)
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