El primer ministro británico, Andy Burnham, recibió el miércoles al presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, “para subrayar el apoyo inquebrantable del Reino Unido a Ucrania durante todo el tiempo que sea necesario”, según un comunicado del gobierno.
El sábado anterior, el presidente de EE. UU., Donald Trump, había anunciado un acuerdo para comprar diésel al gobierno ruso, lo que socava las sanciones de EE. UU. y Europa. Afirmó que a partir de ahora estaría en vigor un “alto el fuego energético” en la guerra de Ucrania, dejando claro que, para él, el objetivo principal era proteger a las refinerías rusas que suministran el combustible.
Ni Kiev ni Moscú confirmaron ningún acuerdo. El gobierno ucraniano afirmó que apoyaría dicho alto el fuego y, al momento de redactar este artículo, según informes rusos, no había atacado infraestructura energética en Rusia desde el anuncio de Trump.
Rusia confirmó el miércoles que, durante la noche, había atacado seis centrales térmicas y una subestación que abastecen a Kiev y sus alrededores, así como en la región de Járkov. Se ha informado ampliamente de un ataque ruso esa misma noche contra un depósito de petróleo en Lutsk, tras los ataques a una instalación de producción de gas y una central eléctrica en Járkov a principios de la semana.
Mientras Trump hacía su anuncio, se llevaban a cabo en Miami conversaciones entre los ucranianos y el enviado de Trump para el Medio Oriente, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner. Según un reportaje de Reuters, basado en tres fuentes, Witkoff y Kushner “les dijeron a los ucranianos… que el presidente ruso, Vladimir Putin, no estaba dispuesto a negociar”.
Los representantes de Trump abogaron por detener los ataques ucranianos contra las refinerías y señalaron que el acuerdo sobre el diésel podría “suavizar” la postura del Kremlin. Una fuente explicó: “La idea era que Estados Unidos pudiera volver a Rusia y decir: ‘Miren, los ucranianos dejaron de atacar y les ofrecimos este acuerdo. Ahora les toca a ustedes hacer algo’”.
Las críticas públicas de Zelensky al acuerdo sobre el diésel le valieron una amenaza de Trump, quien le dijo que “más le valdría dejar de hacerlo de una vez por todas”, y una sugerencia de que “ya es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente… que pueda llegar a un acuerdo”. Zelensky, dijo a los periodistas, “quiere causar problemas al mundo”.
Las potencias europeas, que son las principales responsables de financiar el esfuerzo bélico de Ucrania tras la retirada de los fondos estadounidenses, se unieron en apoyo al presidente ucraniano. La italiana Georgia Meloni dijo sobre el acuerdo de diésel de Trump: “Le da legitimidad a Moscú mientras sus bombas siguen cayendo sobre las ciudades ucranianas, genera nuevos ingresos para financiar la guerra y debilita implícitamente la eficacia de las sanciones”.
La invitación de Burnham a Zelensky alineó al Reino Unido con estos esfuerzos. Se produjo apenas unos días después de que el primer ministro laborista visitara al canciller alemán Friedrich Merz para promover vínculos militares y económicos más estrechos. A esto le siguió un anuncio de que Rusia había intentado influir en el resultado de la votación sobre el Brexit, instando a los diputados a ayudarlo a buscar un “mejor acuerdo con la UE”.
Los detalles de las promesas de Burnham al presidente ucraniano ponen de relieve por qué este acercamiento a las potencias europeas es necesario para la clase dominante británica. Aunque Burnham se ofreció a «ir más lejos y más rápido en nuestro apoyo para respaldar su valiente lucha», en realidad había poco nuevo que pudiera ofrecer.
Se hicieron declaraciones vagas sobre ordenar a los ministros “elaborar nuevas sanciones, ayuda militar y paquetes fiscales” e instar a “los socios a implementar plenamente una prohibición equivalente sobre el GNL ruso”. Sin embargo, la única propuesta concreta del Reino Unido fue “acelerar 10 millones de libras” de un paquete de 45 millones de libras de misiles ligeros polivalentes tierra-aire, que han demostrado ser eficaces para hacer frente a los drones propulsados por motor a reacción rusos, cada vez más frecuentes.
Ucrania se encuentra en clara desventaja frente a los ataques con drones y misiles rusos, que se han intensificado rápidamente desde que el avance en el frente se estancó casi por completo. Las fuerzas rusas se han centrado especialmente en inutilizar la infraestructura energética de Ucrania, con 2,4 veces más ataques contra estos objetivos en lo que va de 2026 en comparación con el mismo período del año pasado, con la intención de desmoralizar a la sociedad ucraniana durante el duro invierno.
La oferta del Reino Unido, por supuesto, hace muy poco para cambiar el equilibrio de fuerzas. Equilibrar la guerra aérea, tal como Ucrania parece haberlo logrado en tierra, requeriría recursos que actualmente superan con creces la capacidad de cualquier potencia europea por sí sola, cuyo rearme apenas ha comenzado. El acercamiento de Gran Bretaña a Europa forma parte de los esfuerzos por movilizar su fuerza económica y militar combinada para llevar adelante una guerra que el enfoque transaccional de Trump hacia Putin amenaza con socavar —lo que se suma a las dificultades creadas por sus medidas de guerra comercial contra las potencias europeas, incluido el Reino Unido.
Burnham y los europeos siguen intentando mantener al menos cierto grado de participación de Estados Unidos en Ucrania. La declaración del gobierno del Reino Unido se refirió a ejercer presión sobre Putin “para que respete los llamamientos de Estados Unidos a un alto el fuego energético”. Sea cual sea el compromiso continuo que logren obtener de Trump, la principal esperanza de los europeos es que pueda intensificarse rápidamente de nuevo gracias a una nueva administración que represente la opinión mayoritaria del aparato militar y de seguridad.
Esta facción tendió la mano a través de un editorial publicado el martes en el Wall Street Journal. El periódico destacó un discurso reciente del comandante supremo aliado de la OTAN en Europa, el general Alexus Grynkewich, por ayudar a “contrarrestar las señales procedentes de Washington de que Estados Unidos está dispuesto a dejar que Europa se ocupe de sus propios problemas”. Añadió la advertencia de que Grynkewich había dado una “nota discordante” al estipular que la alianza no buscaría “imponer una derrota estratégica a nuestro adversario”.
El debate sobre el apoyo a la guerra en Ucrania ocupará todo el segundo día de la Cumbre del Consejo Europeo que se celebra de jueves a viernes. Según Euronews, se ha modificado un borrador de las conclusiones de la Cumbre para señalar: “El Consejo Europeo lamenta la decisión de Estados Unidos de levantar temporalmente las sanciones al diésel ruso”.
La división entre la Casa Blanca y las capitales europeas gira en torno a dos estrategias para el control de Ucrania. La política de la mayoría de la clase dominante europea y estadounidense consiste en forzar la retirada rusa y asegurar su control político y financiero total sobre Ucrania, idealmente incluyendo Crimea y con la esperanza de derrumbar al gobierno de Putin en el proceso. Trump oscila entre apoyar esta estrategia y tomar medidas para asegurar los recursos de Ucrania y el acceso a los de Rusia, también en colaboración con el gobierno de Putin, excluyendo a los europeos.
Para la clase trabajadora ucraniana, estas son versiones diferentes de la misma explotación y opresión. No tienen aliados en la Casa Blanca, en Bruselas ni en ninguna de las esferas de poder de Europa y Estados Unidos. Poner fin a la matanza y la destrucción significa unir fuerzas con una clase trabajadora rusa que, en última instancia, enfrenta el mismo destino, en una lucha socialista conjunta contra la guerra y sus responsables.
Sus aliados son los trabajadores de Europa y Estados Unidos, quienes tienen todo el interés en poner fin a un conflicto que amenaza cada vez más con una guerra entre potencias con armas nucleares.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de octubre de 2026)
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