La siguiente declaración fue emitida por Will Lehman, un trabajador de base de Mack Trucks en Macungie, Pensilvania, quien se postuló para presidente del Sindicato de Trabajadores Automotrices Unidos (UAW) en las elecciones que acaban de concluir. Fue publicada en su sitio web, WillforUAWPresident.org.
Compañeros y compañeras:
El dato más significativo de las elecciones del UAW que acaban de concluir es que, según las cifras publicadas la semana pasada, la gran mayoría de los trabajadores no participó. De aproximadamente 1,1 millones de miembros con derecho a voto, solo 98.029 emitieron su voto. Más del 90 por ciento de los afiliados no participó.
Fain recibió 66.166 votos, es decir, el 68 por ciento de los votos emitidos, pero esto representa solo el 6 por ciento de los afiliados. Si restamos las decenas de miles de funcionarios, personal y personas designadas cuyos empleos y salarios dependen del aparato, la cifra se acerca más al 3 por ciento de las bases. Él contó con el respaldo total de la burocracia, y los trabajadores respondieron boicoteando la votación.
No obstante, los medios corporativos y el aparato sindical nos dicen que Fain obtuvo un mandato. Esto es una mentira, y todos lo saben. La elección, de hecho, fue una debacle total para el aparato.
¿A qué se debe la baja participación? Cuatro años después de la última elección, muchos trabajadores, una vez más, nunca recibieron una boleta electoral o no sabían que se estaba llevando a cabo una elección. Y la única campaña que desafió al propio aparato, la mía, fue sometida a restricciones diseñadas para evitar que los trabajadores se enteraran de ella.
Según las reglas adoptadas en la convención de 2022 y aplicadas por primera vez en esta elección, se prohibió a los no miembros aportar “cualquier cosa de valor” a un candidato. Esa regla se utilizó para aislar a mi campaña del World Socialist Web Site y su Autoworker Newsletter, que decenas de miles de trabajadores automotrices seguían durante la elección de 2022.
El resultado fue que cientos de miles de trabajadores nunca supieron que existía una alternativa militante y socialista en estas elecciones. Estoy convencido de que, de haberlo sabido, muchos de los que no votaron habrían emitido su voto a mi favor.
Además, no se puede creer absolutamente nada de lo que digan ni el UAW ni el Monitor.
Muchos trabajadores se muestran completamente escépticos respecto a los resultados publicados, y tienen todas las razones para estarlo.
Pero el factor dominante es el odio de los trabajadores de base hacia el aparato. Fain asumió el cargo prometiendo transformar el sindicato. Ahora afirma que su reelección es una expresión de la confianza de los trabajadores en su liderazgo. Si eso fuera así, ¿por qué votaron menos miembros este año que en 2022?
Donde los trabajadores han tenido una opción real, han votado en gran número. Este verano, miles de trabajadores de Nexteer, Dana, Bridgewater y otros proveedores de autopartes rechazaron los acuerdos a favor de la empresa impulsados por Fain por márgenes superiores al 90 por ciento. En Nexteer, los trabajadores rechazaron tres acuerdos de traición y votaron por un 86 por ciento a favor de la huelga. El UAW ocultó el resultado de la votación de huelga e impuso un cuarto acuerdo en las instalaciones de la empresa. Pero los trabajadores se mantuvieron al margen de una elección para la dirección que impuso esos contratos.
En mi planta de Mack Trucks en Macungie, Pensilvania, rechazamos el contrato de traición de Fain en 2023 y nos declaramos en huelga. Fain saboteó nuestra huelga y firmó un contrato que nos impuso dos horas y media adicionales de trabajo a la semana.
Los trabajadores están buscando una forma de luchar. A pesar del esfuerzo conjunto de la burocracia y del Supervisor Federal para impedir que los trabajadores se enteraran de mi campaña, obtuvimos casi 2.000 votos en las fábricas y entre los trabajadores del ámbito académico. A todos los trabajadores que votaron por mí, gracias. El suyo fue un voto con conciencia de clase a favor de la abolición de la burocracia, del poder de las bases y de la unidad internacional de la clase trabajadora. Es parte de una radicalización creciente y de un giro hacia el socialismo.
La elección no cambia nada de la situación que enfrentamos ni de lo que debemos hacer. Mi campaña nunca se trató de ninguna persona en particular ni de ganar un puesto en el aparato.
Me postulé para presentar un programa ante los trabajadores y para construir un movimiento. La idea de que los trabajadores pueden votar a alguien para que llegue a la cima y las cosas cambien ya no tiene sentido. Eso es tan cierto en el UAW como lo es en las elecciones para el Congreso y la Casa Blanca.
La convención de junio demostró cómo funciona el aparato. De las aproximadamente 100 resoluciones presentadas por los sindicatos locales, el comité de resoluciones solo aprobó unas pocas, mientras que las 35 resoluciones de la Junta Ejecutiva Internacional se sometieron a votación en el pleno. La convención bloqueó las reducciones de cuotas prometidas y autorizó aumentos salariales para los altos dirigentes. Todo se controla de arriba hacia abajo.
Nada cambiará a menos que los trabajadores tomen la iniciativa. Eso significa formar comités de base en cada fábrica y lugar de trabajo, controlados por nosotros mismos, los trabajadores, para organizar la lucha por los salarios, los empleos y las condiciones laborales sin esperar el permiso de Solidarity House. El objetivo de estos comités es abolir el aparato de la UAW y transferir el poder y la toma de decisiones a los trabajadores en el lugar de trabajo.
Esa lucha debe ser internacional. La burocracia de la UAW apoya los aranceles de Trump y promueve el nacionalismo económico. Mientras se contaban los votos, mis simpatizantes estaban en Windsor, Ontario, luchando por la unidad de los trabajadores de Estados Unidos, Canadá y México contra los recortes de empleos de Stellantis. La guerra comercial nos enfrenta a los trabajadores entre nosotros, mientras que las corporaciones trabajan juntas para destruir nuestros empleos a ambos lados de la frontera.
Las luchas que se avecinan llegan rápidamente. Estamos atados a contratos de varios años que no se ajustan al costo de vida. El gobierno dice que la inflación es del 3,7 por ciento, pero todo trabajador sabe que el costo real de las necesidades básicas —renta, alimentos, atención médica, gasolina, cuidado infantil— ha aumentado mucho más rápido. Los despidos en la industria automotriz ya han comenzado, y las corporaciones están invirtiendo miles de millones en inteligencia artificial y automatización para eliminar millones de empleos.
La oligarquía multimillonaria está librando una guerra contra los derechos democráticos en nuestro país y intensificando la guerra en todo el mundo, y nos está haciendo pagar a los trabajadores por ambas cosas. Estos no son temas separados de la lucha en las fábricas. Las mismas empresas que recortan nuestros empleos y salarios controlan a ambos partidos, tanto a los demócratas como a los republicanos. El aparato del UAW está vinculado al Partido Demócrata, y los medios de comunicación ya están promocionando a Fain como posible candidato presidencial en 2028. Los trabajadores no podemos defender nuestros empleos, nuestros salarios ni nuestros derechos confiando en ninguno de los dos partidos del gran capital.
El aparato sindical no tiene base alguna más allá de sus títeres y lacayos a sueldo. El verdadero poder está en manos de los cientos de miles de trabajadores que boicotearon las elecciones. Quieren luchar. Esa oposición debe organizarse ahora. Hay que construir comités de base en cada planta y lugar de trabajo, vinculados entre industrias y más allá de las fronteras nacionales a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base.
Pero la organización en el lugar de trabajo no es suficiente. La lucha contra los despidos, la inflación, la dictadura y la guerra es una lucha política contra el propio sistema capitalista. Requiere construir un movimiento socialista de masas de la clase trabajadora, independiente de los demócratas y los republicanos, para quitarle a la oligarquía la inmensa riqueza producida por nuestro trabajo y ponerla bajo el control democrático de los trabajadores que la producen. Esa es la lucha que continuaré, e insto a cada trabajador que votó por mí, y a todos los trabajadores de la UAW, a unirse a ella.
En solidaridad,
Will Lehman
(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de octubre de 2026)
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