Masas de personas se manifestaron ayer en toda Francia contra la represión del movimiento de estudiantes de secundaria y el aumento de los precios de la energía y del costo de vida. A medida que crece la indignación por las detenciones masivas de estudiantes de secundaria y las lesiones que les ha infligido la policía, estallaron enfrentamientos entre los manifestantes y la policía. En muchas ciudades, la policía se vio desbordada por la afluencia de manifestantes.

A última hora de anoche, el Ministerio del Interior revisó al alza sus propias estimaciones de la movilización, así como las de la alianza intersindical, de 400.000 personas en toda Francia a 550.000. Informó de 110.000 manifestantes en París, 35.000 en Montpellier, 32.000 en Toulouse y 20.000 en cada una de las ciudades de Nantes y Lyon. Los organizadores locales informaron de 80.000 personas movilizadas en Lille, 30.000 en cada una de las ciudades de Rennes y Caen, 20.000 en Estrasburgo, 10.000 en cada una de las ciudades de Brest y Besançon, y un total de 800.000 en toda Francia.

Estas cifras siguen estando por debajo de la realidad. En Burdeos, la prefectura presentó una cifra de 7.000 manifestantes, mientras que la CGT contabilizó 100.000. Un número similar se manifestó en Marsella, y cientos de miles en París. En conjunto, mientras manifestaciones de millones de personas por la vivienda sacuden España y se producen huelgas masivas contra la austeridad en Bélgica, Portugal e Irlanda, el número de manifestantes en Francia ayer fue, sin duda, de millones.
Si todavía no se ha producido una huelga general para derrocar a Macron y detener la austeridad social y la escalada de las guerras en Europa, no es por falta de voluntad de lucha. Se debe a la oposición y el sabotaje de las burocracias sindicales y sus aliados políticos, como La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. La alianza intersindical ha programado únicamente una jornada de acción para el 5 de noviembre, en un intento de espaciar y frenar el ascenso de la lucha de clases e impedir un enfrentamiento revolucionario entre los trabajadores y un gobierno francés odiado.
La tarea central sigue siendo preparar y organizar a la clase obrera independientemente de los aparatos sindicales, en comités de acción, para preparar la huelga general que las burocracias están tratando de impedir. Sin embargo, la situación ya se está convirtiendo en un enfrentamiento con el aparato estatal. Los manifestantes incendiaron el ayuntamiento de Limoges, irrumpieron en los ayuntamientos de Marsella y Lille y saquearon la residencia del prefecto de policía en Burdeos. La policía hizo retroceder las marchas que se dirigían hacia los ayuntamientos de Toulouse y Metz, así como hacia el Palacio del Elíseo en París.
Los dirigentes del gobierno y de los partidos parlamentarios han expresado todos, cada uno a su manera, su temor y oposición al movimiento. Macron prometió que “todos nos mantendremos unidos contra quienes siembran el caos”. Bruno Retailleau, de Los Republicanos (LR), denunció la “intensidad sin precedentes” de las manifestaciones y exigió la “fuerza implacable del Estado” y “prisión” para los manifestantes.
Mélenchon no está llamando a la movilización de sus millones de votantes y de los trabajadores para una huelga general y una lucha revolucionaria. En X, declaró con indiferencia que había “Mucha gente por todas partes, tranquilidad y alegría por todas partes cuando no está la policía”. Sobre todo, se quejó de que la represión policial había “abierto la puerta al caos”, denunció “los saqueos, los destrozos” e insistió: “Debemos negarnos a participar en acciones que no tienen ningún significado político y que son contrarias a nuestros métodos”.

Por parte de la Reagrupamiento Nacional (RN) neofascista, Marine Le Pen denunció las manifestaciones “tomadas como rehenes por la extrema izquierda” que “buscan sumir al país en el caos”. En realidad, la movilización masiva de ayer no fue una conspiración de los dirigentes de los aparatos que los principales medios de comunicación presentan como “la extrema izquierda” en Francia y en otros lugares de Europa. Fue, más bien, un intento de los trabajadores y los jóvenes de liberarse de ellos mediante la lucha.
En París, los manifestantes hablaron al WSWS de su oposición a las detenciones masivas y las mutilaciones de manifestantes de secundaria, de su indignación por el aumento de los precios, especialmente de la energía, y, más ampliamente, de su oposición a la guerra, al Estado policial y a la oligarquía capitalista. Muchos manifestantes portaban la bandera argelina para conmemorar la masacre de manifestantes argelinos a manos de la policía de París el 17 de octubre de 1961, durante la guerra de independencia de Argelia.
Augustin, un “chaleco amarillo” y reparador de bicicletas, dijo que se manifestaba en apoyo a los estudiantes de secundaria y contra la desigualdad económica: “Durante los 10 años de Macron, el francés promedio ha perdido entre un 4 y un 5 por ciento del poder adquisitivo de su salario. Y Bernard Arnault ha multiplicado su fortuna por cuatro. Hemos visto una política liberal muy derechista. Las contribuciones patronales están en su nivel más bajo en 10 años. Se abolió el impuesto sobre la riqueza. Los multimillonarios, proporcionalmente, pagan menos impuestos que nosotros”.
Augustin subrayó su oposición a la guerra, particularmente porque las guerras contra Rusia e Irán están cortando el acceso al petróleo y al gas y disparando los precios: “Tenemos que reducir la escalada de la guerra, y deberíamos reducir el tamaño del ejército, deberíamos reducir nuestras fuerzas armadas, porque… si nuestro objetivo es crear la paz mundial, eso no se consigue aumentando los recursos militares”.
Dijo que esperaba que la elección de Mélenchon en las elecciones presidenciales de 2027 pudiera cambiar las cosas, pero que se movilizaría si una presidencia de Mélenchon lo decepcionaba: “Si Mélenchon nos traiciona, saldremos a las calles con diez veces más fuerza. Porque, de hecho, es nuestra última esperanza… Para mí, Mélenchon es una etapa, no un objetivo. Realmente no es el final”.
Ethan, un estudiante, declaró: “El sistema educativo nacional se está desmoronando por completo. Los trabajadores en Francia son maltratados. El capital: estamos haciendo enormes regalos al capital mientras no valoramos el trabajo. La clase media y las clases trabajadoras están siendo golpeadas duramente. Es una vergüenza, así que estamos aquí porque queremos decir que no queremos esto”. Añadió: “No estoy en contacto con los sindicatos, no tengo la información, pero creo que es vergonzoso. La gente consigue organizarse más rápido que los sindicatos, que tienen poder y recursos organizativos”.
Arthur llevaba una bandera con la Cruz de Lorena, no por chovinismo francés, sino por antifascismo y para dar un contenido de izquierda a la memoria de la Resistencia: “La Cruz de Lorena era el símbolo de la Francia Libre, de la Resistencia que luchó contra los nazis, contra los fascistas en la década de 1940. Y hoy vemos que este símbolo está siendo mancillado por personas que se dedican a negar el Holocausto. Es importante recuperar este símbolo; sigue siendo un símbolo fuerte del antifascismo… Estoy tratando de devolverle un contenido de izquierda”.
Coline declaró al WSWS: “Soy estudiante de secundaria y estoy aquí en apoyo de todos los centros de secundaria desfavorecidos. También hay una convergencia de luchas con todo lo relacionado con la inflación, el precio del diésel, el precio de todo en Francia, realmente, y también con la represión policial de nuestras movilizaciones anteriores. … El gobierno que está en el poder debería irse, porque no es un buen gobierno, no escucha en absoluto al pueblo”.
Cuando el WSWS observó que su pancarta llamaba al gobierno “perros de Pétain”, en referencia al dictador colaboracionista durante la Segunda Guerra Mundial, Coline respondió: “Claramente”. El WSWS recordó que la Resistencia había sido un movimiento insurreccional europeo basado sobre todo en la clase obrera, y que se está desarrollando un movimiento internacional en toda Europa y el mundo, abriendo nuevamente el camino hacia una huelga general y una lucha revolucionaria. Coline dijo que estaba de acuerdo con la perspectiva de la movilización revolucionaria internacional de los trabajadores.
El movimiento actual, dijo, “es también un movimiento a nivel de clase social, porque cuando uno observa, ahora están los ultrarricos, y nunca han sido tan ricos en Francia en comparación con el resto de la población. Así que también tiene que ser una lucha de clases sociales, no solamente movimientos sociales de estudiantes de secundaria, etc. También necesitamos rebelarnos contra los ultrarricos y los multimillonarios. Así que sí, tiene una fuerte resonancia con la Resistencia que existió antes, porque tiene que ser un movimiento de la clase obrera”.
Añadió: “Así que me gustaría que hubiera una revolución, una revolución real y —es un poco duro— que todo fuera derribado, que tuviéramos un nuevo sistema”.
Las movilizaciones masivas del movimiento de estudiantes de secundaria en Francia y de trabajadores y jóvenes en toda Europa están abriendo el camino hacia ese resultado. Los gobiernos capitalistas, por su parte, no detendrán la guerra, la represión ni el ascenso de la dictadura. En Francia, la burguesía está prometiendo, en cambio, una escalada de la represión, mientras que la policía ya ha detenido a más de 2.000 personas en las manifestaciones de ayer y a casi 8.000 desde el comienzo del movimiento. Un manifestante perdió una mano por una granada policial en Saint-Étienne, y el balance de la represión de ayer sigue siendo desconocido.
La perspectiva de una huelga general, como en mayo de 1968, es compartida casi unánimemente entre los manifestantes. Tal movimiento debe prepararse ahora, y la clase obrera debe estar preparada para las tareas revolucionarias que se derivarían de él. Esto requiere reunir a los jóvenes y trabajadores ya movilizados, en Francia y en el resto de Europa, en comités de acción, para acudir a los centros de trabajo y llamar a los trabajadores a movilizarse más ampliamente. La tarea consiste en movilizarse en una huelga general contra la guerra imperialista, la austeridad y la dictadura, lo que planteará la necesidad de arrebatar el poder a las oligarquías capitalistas y transferirlo a los trabajadores.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de octubre de 2026)
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