Español
Perspectiva

Trump prepara una nueva ofensiva contra Irán desafiando la oposición masiva a la guerra

El portaaviones USS Dwight D. Eisenhower y el buque de apoyo de combate USNS Supply pasan por el estrecho de Ormuz, 14 de diciembre de 2023 [Photo: Navy Petty Officer 2nd Class Keith Nowak]

Las administraciones de Trump y Netanyahu se encuentran en las etapas finales de la preparación de un nuevo ataque masivo contra Irán, antes de unas elecciones en las que se espera que ambos dirigentes sufran importantes reveses electorales.

El sábado, cuando se le preguntó si planeaba otro ataque contra Irán, el presidente estadounidense Donald Trump dijo a los periodistas en Florida que estaba “pensando en hacerlo, y quizá mañana”. Añadió: “Puede que tenga que acabar con esto, o quizá lleguen a un acuerdo”. El domingo le dijo a Fox News: “Hoy no habrá un ataque”, pero planteó la opción de la misma manera: “¿Llego a un acuerdo con ellos o acabo con ellos?”.

Estas declaraciones se producen poco más de una semana antes de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre y tres días antes de las elecciones nacionales israelíes del 27 de octubre. Se espera que las elecciones estadounidenses reflejen una oposición popular abrumadora a la guerra contra Irán, con una importante derrota pronosticada para el partido de Trump. Una encuesta del Pew Research Center publicada el 8 de octubre encontró que el 65 por ciento de los estadounidenses desaprobaba la gestión de Trump de la guerra.

Los preparativos militares para una nueva ofensiva contra Irán están muy avanzados. El grupo de ataque del portaaviones USS Theodore Roosevelt salió de San Diego a finales de septiembre, seguido un día después por un grupo anfibio que transportaba a más de 2.000 infantes de marina. Para finales de noviembre, tres portaaviones y dos grupos de desembarco anfibio estarán posicionados cerca de Irán.

Los nuevos despliegues suman entre 9.000 y 10.000 soldados, además de los 40.000 a 50.000 que ya estaban estacionados en Oriente Próximo antes de la guerra. El Departamento de Estado ordenó el 21 de octubre que el personal no esencial y sus familias abandonaran Arabia Saudita, y CNN informó el viernes que se había reducido el personal en las Embajadas de Líbano, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Jordania.

La administración está preparando una narrativa propagandística transparente para justificar su escalada. Un memorando enviado el viernes por el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, al secretario de Estado, Marco Rubio, y del que Axios informó primero, afirmaba que “los esfuerzos letales de los iraníes para planear ataques contra ciudadanos estadounidenses han alcanzado etapas avanzadas”.

El New York Times, en un artículo publicado el sábado con seis firmas, informó que funcionarios estadounidenses se centran en información de inteligencia que sugiere que “los iraníes podrían intentar matar a embajadores estadounidenses en Oriente Próximo y a funcionarios estadounidenses en suelo estadounidense”. El periódico admitió que la información “sigue siendo altamente clasificada, por lo que es difícil evaluarla”. Añadió que algunos funcionarios estaban desconcertados de que el memorando se hubiera divulgado, “dado que sabían que no podían respaldarlo hablando de pruebas de complots específicos”. En otras palabras, se trata de una pieza de propaganda bélica totalmente infundada.

Sin una pizca de ironía, el Times añadió que “Irak ofrece otra advertencia sobre cómo la inteligencia selectiva puede utilizarse como pretexto real para una acción militar”. De hecho, la mezcolanza de insinuaciones contra Irán hace que la campaña de propaganda gubernamental y mediática que precedió a la invasión de Irak de 2003 —en la que el Times también desempeñó un papel destacado— parezca casi coherente.

Los gobiernos que formulan estas acusaciones infundadas son los que tienen un historial de asesinatos. Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra el 28 de febrero asesinando al líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jameneí, en las primeras horas.

¿Qué está preparando la administración Trump? CNN informó el 15 de octubre que el ejército estadounidense había elaborado nuevos planes de ataque que incluían lanzar la GBU-43, la bomba conocida como la “madre de todas las bombas”, sobre Irán.

¿Planea Trump lanzar la “madre de todas las bombas” sobre Teherán? ¿Utilizará armas nucleares? ¿Desplegará tropas terrestres? Después de un bombardeo aéreo a gran escala que agotó en gran medida las reservas estadounidenses de misiles de largo alcance e interceptores, ¿cómo espera Trump “acabar con” Irán?

Nadie puede decir si Trump llevará a cabo sus amenazas, pero las propias amenazas son una señal de desesperación. Ocho meses de guerra y bloqueo no han logrado los objetivos de Trump de derrocar al Gobierno iraní, derrotar al ejército iraní ni reabrir el estrecho de Ormuz. Sin embargo, la profundización de la crisis de la guerra está empujando al imperialismo estadounidense hacia apuestas aún mayores.

Los demócratas desempeñan un papel fundamental a la hora de facilitar los objetivos criminales de guerra de Trump.

En la medida en que los demócratas se refieren a la guerra, hablan principalmente de su impacto en los precios de la gasolina, y no de lo que está ocurriendo ni de su carácter criminal. La verdadera preocupación de los demócratas es que Trump no ha conseguido asegurar los intereses del imperialismo estadounidense, tanto en la guerra contra Rusia como en la guerra contra Irán.

El representante demócrata Jason Crow, de Colorado, quien se describió el domingo en “Face the Nation” de CBS como “el presidente de los demócratas de la Cámara de Representantes para los distritos disputados”, declaró que “Irán sigue siendo un peligro”. Crow dijo que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, es “incompetente y no está haciendo lo necesario para proteger a nuestros militares”.

Después de que Trump anunciara el 11 de octubre un “alto el fuego energético” en gran medida insignificante entre Rusia y Ucrania, el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, escribió en X el 17 de octubre que “Trump está ayudando e instigando a un dictador que ha ayudado a Irán a atacar a las tropas estadounidenses en Oriente Próximo”.

Adam Smith, Gregory Meeks y Jim Himes, los principales demócratas de los comités de Servicios Armados, Asuntos Exteriores e Inteligencia de la Cámara de Representantes, se comprometieron el 20 de octubre a impulsar legislación que “obligue” a Trump a proporcionar a Ucrania “apoyo en materia de seguridad, económico y de inteligencia”.

Desde cierto punto de vista, los demócratas preferirían que Trump lanzara el ataque antes de que se constituya el próximo Congreso. Aunque apoyan la guerra, su base se opone abrumadoramente a ella, y un ataque ordenado por Trump antes o poco después de las elecciones les permite eludir la responsabilidad política por una guerra cuyos objetivos —la dominación de Oriente Próximo y la escalada de la guerra contra Rusia en Ucrania— comparten.

El carácter belicista de la campaña demócrata quedó subrayado por la aparición del expresidente Barack Obama, presentado el domingo por CNN como el “rematador” de los demócratas, en un mitin celebrado el sábado en Detroit a favor del candidato demócrata al Senado Abdul El-Sayed.

“Siete meses después, ¿cómo va esa guerra?”, preguntó Obama en Detroit. “Hemos agotado nuestras reservas de misiles, peligrosamente bajas. Y esto es lo importante: Irán ahora tiene poder de veto sobre el estrecho de Ormuz... Así que se encuentra en una posición estratégica más fuerte que antes de que comenzara la guerra”.

Obama fue el único presidente en la historia estadounidense que cumplió dos mandatos completos con el país en guerra, y su administración llevó a cabo operaciones militares en al menos siete países. Obama aprobó personalmente cada nombre añadido a la “lista de objetivos” para asesinatos ilegales bajo la “guerra contra el terrorismo”, y la Oficina de Periodismo de Investigación contabilizó 563 ataques estadounidenses, la mayoría con drones, en Pakistán, Somalia y Yemen durante los dos mandatos de Obama: diez veces el número registrado bajo George W. Bush.

El candidato “progresista” al Senado El-Sayed, al presentar a Obama, se identificó plenamente con el expresidente y declaró que “nos apoyamos en los hombros de gigantes”.

En noviembre de 2012, El-Sayed condenó a Obama por haber “perpetuado la guerra, violado nuestras libertades civiles y deportado a más personas de nuestro país que cualquier otro presidente anterior”. Cuando NBC le preguntó el 11 de octubre en “Meet the Press” sobre esa crítica, El-Sayed respondió: “La persona que escribió esos artículos de opinión cuando yo era más joven… yo era más joven”.

Para los demócratas, la oposición popular masiva a la guerra es un problema que hay que superar. Tanto Trump como los demócratas, que representan a distintas facciones del establishment político estadounidense, están decididos a perseguir los intereses depredadores del imperialismo estadounidense desde Oriente Próximo hasta Europa del Este y Asia.

La crisis social y económica creada por la erupción global de la guerra imperialista está impulsando una oposición popular masiva entre los trabajadores y los jóvenes. El sábado, 410.000 personas marcharon por toda Francia.

La declaración del consejo editorial del World Socialist Web Site del 23 de octubre, “La rebelión global de los jóvenes y los trabajadores y el frenesí bélico de la clase dominante”, identificó las protestas masivas y la escalada de la guerra como productos de “la misma crisis del capitalismo mundial”. La inflación, el ataque a los programas sociales y el desvío de cientos de miles de millones de dólares hacia la guerra son la norma tanto en Estados Unidos como en París.

La oposición registrada en las encuestas aún no tiene una forma organizada. La lucha contra la guerra debe unirse al creciente movimiento de la clase trabajadora, independientemente de ambos partidos, vinculando la lucha por los salarios y los empleos con la lucha contra la guerra y el sistema capitalista que la produce.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 26/10/2026)

Loading