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Las protestas masivas vuelven a sacudir a Italia mientras el gobierno de Meloni intensifica las medidas represivas

El sábado 24 de octubre, decenas de miles de estudiantes universitarios, alumnos de escuela, trabajadores, desempleados y jubilados salieron a las calles en toda Italia. Una vez más, se pudieron ver numerosas pancartas hechas a mano con lemas como «Bienestar, no a la guerra», «¡Despierten!», «¡Revolución!» o «Giorgia Meloni: demissioni [renuncia]». Una vez más, también se exhibieron muchas banderas palestinas.

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Las manifestaciones, en su mayoría pacíficas, se llevaron a cabo a pesar del mal tiempo y de las advertencias del ministro del Interior, Matteo Piantedosi (independiente), quien había instado explícitamente a la gente a mantenerse alejada de los centros de las ciudades durante la tarde.

Ni siquiera el fuerte despliegue de policía y militares disuadió a los manifestantes. Los enfrentamientos con la policía se produjeron principalmente en los lugares donde las autoridades estatales intentaron detener y dispersar a los manifestantes. La policía verificó la identidad de casi 4.300 personas, en su mayoría jóvenes, y detuvo a cientos de ellas.

Las protestas se llevaron a cabo al margen de las estructuras organizativas habituales. «Italia in Piazza», que había convocado la protesta el sábado pasado, quiso tomarse un «descanso» este sábado. Los sindicatos solo habían anunciado acciones para el 30 de octubre y el 20 de noviembre. Un grupo anarquista de Milán canceló expresamente la acción prevista para el sábado. Sin embargo, miles de personas salieron a las calles en Milán, Roma, Turín, Bolonia, Florencia, Nápoles y Génova, y también hubo manifestaciones en Bari, Padua, Lucca y Pescara.

La fuerza impulsora fue el nuevo «Movimento 17 Ottobre» (M17), que apareció por primera vez en Milán el 19 de octubre en Instagram y Telegram, tras las protestas masivas del fin de semana anterior, y convocó manifestaciones todos los sábados hasta que se derrote al gobierno. También salieron a las calles alianzas autónomas contra la guerra y la crisis de vivienda: en Roma, el «Asse Antiimperialista» (Eje Antiimperialista) y en Turín, la alianza «Torino contro il riarmo» (Turín contra el rearme). En Turín, la pancarta al frente decía «Noi la guerra non la paghiamo» («No pagaremos la guerra»).

«Asse Antiimperialista» (Eje Antiimperialista) y en Turín, la alianza «Torino contro il riarmo» (Turín contra el rearme). En Turín, la pancarta al frente decía «Noi la guerra non la paghiamo» («No pagaremos la guerra»).

Los motivos más fuertes que llevaron a la gente a salir a las calles, junto con la guerra, la crisis de vivienda y la crisis educativa, fueron la escasez de suministros y el aumento de los precios de los alimentos. Los camioneros del sur de Italia habían bloqueado las carreteras durante toda la semana en protesta por los altos precios del diésel. Según la Associated Press, el precio del diésel se encuentra actualmente un tercio por encima de su nivel antes del inicio de la guerra con Irán. Desde principios de octubre, los camioneros han boicoteado, por lo tanto, las refinerías, las gasolineras y los supermercados, donde los clientes ahora solo encuentran estantes vacíos en lugar de fruta, leche, mantequilla y verduras.

A pesar de la escasez, existe una gran solidaridad con los camioneros. Los videos que circulan en Facebook muestran a camioneros en huelga repartiendo cajas enteras de alimentos frescos a los automovilistas que pasan, quienes apoyan abrumadoramente la huelga.

El gobierno de Meloni había utilizado los disturbios de la semana anterior como pretexto para un despliegue masivo de las fuerzas de seguridad. Milán iba a ser la primera prueba de resistencia. Además de 5.000 agentes de policía, se desplegaron allí 500 paracaidistas de la Brigada Folgore para patrullar las estaciones de tren y metro; también se utilizaron vehículos blindados Lince y drones.

En Milán y en toda Lombardía, se llevaron a cabo más de 150 registros domiciliarios el sábado por la mañana. Se impusieron medidas severas a los participantes en las protestas del sábado anterior: se detuvo preventivamente a jóvenes y se les prohibió ingresar a los centros de las ciudades por hasta un año. Estas medidas se conocen como Daspo urbani. Incluso la Asociación Nacional de Magistrados (ANM) advirtió en contra de esto, señalando que la desesperación y las dificultades de los jóvenes no podían combatirse únicamente con castigos más severos.

En Roma, donde 10.000 participantes marcharon por una ruta registrada y aprobada desde la Piazza della Repubblica hasta los Foros Imperiales, el Estado vigiló el centro histórico mediante medidas de ciberseguridad, mientras que la policía política, Digos, monitoreó las redes sociales.

El ministro del Interior, Piantedosi, mantuvo unidades móviles en alerta para intervenir dondequiera que pudieran producirse disturbios fuera de las zonas designadas. Por la noche, se produjeron enfrentamientos en la estación de tren de Termini cuando la policía intentó dispersar a la multitud con cañones de agua, gas lacrimógeno y detenciones, y alrededor de mil jóvenes quedaron acorralados cerca del Coliseo, donde la policía registró sus datos.

Un nuevo decreto, que Meloni impulsó mediante un procedimiento acelerado y que el presidente Mattarella ya ha firmado, permite realizar detenciones y aplicar la prisión preventiva basándose en grabaciones de video. La prisión preventiva también se amplía a un máximo de doce horas para los menores de 16 años o más. El decreto introduce el delito de «participación violenta en una manifestación», castigado con hasta cinco años de prisión y una multa de hasta €20.000. Los manifestantes deben pagar por los daños causados, y los padres son responsables de sus hijos. El Parlamento tiene 60 días para convertir el decreto en ley.

Mientras tanto, las fuerzas de derecha se movilizaron, difundiendo historias alarmistas en línea en las que afirmaban que el 17 de octubre los vándalos habían arrasado centros urbanos enteros. Muchas tiendas bloquearon entonces sus ventanas con barricadas. Algunas cerraron o tuvieron sus entradas custodiadas por trabajadores auxiliares mal pagados. En las redes sociales de extrema derecha, se desata una campaña contra supuestos «terroristas extranjeros» que, según se afirma, «colocan bombas en las tiendas de Milán». A los jóvenes que no son de Italia se les gritaba: «Cuanto antes se vayan a casa, mejor».

En Roma, la organización fascista Gioventù Nazionale, la organización juvenil del partido gobernante Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia), marchó bajo el lema «Sblocchiamo tutto» («Desbloqueamos todo»). En Forlì, Forza Nuova llevó a cabo una manifestación autorizada.

El ministro de Defensa, Guido Crosetto (Fratelli d’Italia), había querido que el decreto de seguridad otorgara a los soldados poderes policiales. Esa disposición fue eliminada antes de que el Consejo de Ministros aprobara el decreto el 20 de octubre. Crosetto se declaró «decepcionado y preocupado». Escribió en X que el despliegue solo tenía sentido si los soldados podían «actuar como la policía» durante tres meses. Fuentes del Ministerio de Defensa se quejaron de que los 500 paracaidistas de Folgore enviados a Milán, que no llevan esposas, pistolas paralizantes ni gas de pimienta, eran «inútiles y estaban en peligro».

El periodista Youssef Siher fue detenido como presunto «cerebro» de los disturbios del 17 de octubre, ya que supuestamente fue identificado como el iniciador del Movimento 17 Ottobre. El joven de 30 años, originario de Brescia, permaneció detenido durante doce horas y está siendo investigado bajo sospecha de incitación agravada a cometer un delito.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de octubre de 2026)

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