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“Revolución permanente” intenta reforzar las burocracias sindicales en medio de las protestas masivas en Francia

Las protestas del 17 de octubre han desencadenado una crisis del dominio burgués en Francia que ahora es evidente. Más de 800.000 personas se manifestaron, la policía se vio desbordada en una ciudad tras otra, y el gobierno de Macron respondió con toques de queda, prohibiciones de manifestaciones y la amenaza de declarar el estado de emergencia. Sin embargo, el 24 de octubre se produjo una movilización igualmente masiva, en medio de una oleada de protestas y huelgas en toda Europa.

En esta situación, todas las fuerzas que afirman hablar en nombre del movimiento se ven obligadas a tomar una postura. La burocracia sindical, que está negociando con el gobierno, ha pospuesto la huelga hasta el 5 de noviembre, y el partido de Mélenchon, La France insoumise, busca canalizar la movilización hacia las elecciones presidenciales de 2027. Entre los partidos que se presentan como más “radicales”, Revolución permanente (RP) admite ahora que la situación es “prerrevolucionaria”.

Juan Chingo [Photo: Revolution Permanente ]

En un artículo de Juan Chingo titulado “Del ocaso del macronismo a la crisis de la autoridad estatal”, RP declara que “el 17 de octubre marcó el inicio de un período prerrevolucionario en Francia”. Chingo reconoce que “la entrada de las masas en el escenario de la historia” ha “transformado cualitativamente la ya avanzada crisis del macronismo”.

Esta admisión por parte de RP no cambia su orientación nacionalista y pequeñoburguesa hacia las burocracias sindicales. Cuando el Partido Socialista por la Igualdad afirma que la situación es “prerrevolucionaria”, esto significa que es necesario agitar y luchar por una política revolucionaria en la clase trabajadora, que es la única salida progresista a dicha situación. Pero esa no es la conclusión a la que llega RP.

RP concluye, por el contrario, que los trabajadores deben tratar de convencer a la burocracia estalinista del sindicato CGT de que adopte una política más militante. Esto es un señuelo y una trampa para los trabajadores que pronto se movilizarán en lucha. Toda la historia del movimiento obrero demuestra que los trabajadores deben organizarse independientemente de ella para librar luchas revolucionarias.

Sobre el papel, esto supone un giro de 180 grados para RP. En 2023, durante las huelgas masivas y las protestas contra la reforma de las pensiones de Macron, Chingo declaró que “la situación no es revolucionaria”. No llamó al derrocamiento del dominio burgués, sino a la construcción de “un auténtico contrapoder al poder de la burguesía”. Con tales argumentos, alineándose con las direcciones sindicales y negándose a plantear la cuestión del poder obrero, RP se adaptó a la traición sindical de la lucha para defender las pensiones contra Macron en 2023.

El cambio de tono de RP no debería engañar a nadie. Lo que ha cambiado no es su orientación, sino la coyuntura: RP ya no puede negar la crisis revolucionaria, por lo que intenta canalizarla. Pero el canal es el mismo de antes: los aparatos sindicales y Mélenchon. Chingo ahora alaba las frases vacías con las que la secretaria general de la CGT, Sophie Binet, intenta dirigir el movimiento detrás de los líderes sindicales que están negociando con el gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu. Chingo escribe:

El 21 de octubre, al salir de Matignon, Sophie Binet llamó a dar un nuevo paso adelante mediante la huelga y a organizar asambleas en los lugares de trabajo para generalizarla el 5 de noviembre y más allá. La CGT hizo oficial este llamado en su comunicado al día siguiente. Este cambio a una marcha más alta muestra la presión que la movilización está ejerciendo sobre las organizaciones tradicionales del movimiento obrero. Pero plantea una pregunta decisiva: ¿cómo se pueden transformar estas declaraciones en una preparación efectiva para la huelga, sin dejar a la juventud aislada hasta el 5 de noviembre?

Para preparar genuinamente una huelga general y sumarse a la juventud en la lucha, la clase trabajadora debe organizarse y movilizarse independientemente de las direcciones sindicales. Los trabajadores y la juventud deben formar comités de acción para coordinar sus luchas con las que se extienden por toda Europa y más allá, y para resistir los intentos de desmovilización que provienen de las direcciones sindicales. Solo así los trabajadores podrán llevar a cabo las tareas que tienen ante sí, preparar una huelga general y plantear la cuestión del poder que de ella se deriva.

La burocracia sindical no es un instrumento neutral que pueda ser “empujado” hacia la izquierda. Es una capa social con sus propios intereses materiales, integrada en el Estado capitalista y en la administración de las empresas, cuya función es contener la lucha de clases. Su “radicalización” verbal es una maniobra táctica para mantener el control del movimiento, no un giro real hacia la izquierda.

El 21 de octubre, las direcciones sindicales acudieron a Matignon para negociar con Lecornu y pospusieron toda acción nacional hasta el 5 de noviembre. Esta reunión fue una debacle para todos aquellos que afirman que la dirección de las huelgas puede dejarse en manos de estos aparatos. El llamado de Binet a la huelga del 5 de noviembre no es una concesión a la juventud. Es el mecanismo mediante el cual la burocracia retrasa la movilización de los trabajadores, fijando la próxima huelga para dentro de varias semanas y dejando a la juventud aislada en el ínterin. RP, al aclamar esta política como un “cambio a una marcha más alta”, está participando en la maniobra de las burocracias sindicales. Está tratando de presentar un programa que pretende ser “revolucionario” mientras se adapta a las negociaciones de la burocracia sindical con el Estado capitalista. Sobre todo, evita deliberadamente las cuestiones decisivas que los manifestantes plantean contra el Estado burgués: la guerra, la militarización de los países europeos y el peligro de una dictadura de extrema derecha.

La guerra no es una cuestión ajena a la crisis francesa: es el tema decisivo. Los mismos gobiernos que dicen que no hay dinero para escuelas, hospitales y pensiones están gastando cientos de mil millones en rearme.

El presupuesto de austeridad de 54 mil millones de euros de Lecornu es inseparable del plan “ReArm Europe” de 800 mil millones de euros. Y el aparato militar-policial reforzado en nombre de la guerra contra Rusia sirve para reprimir a la oposición en el país.

Chingo deja de lado todos los elementos de la crisis mundial y todas las demandas de los trabajadores que le dan a la situación su carácter prerrevolucionario.

Las palabras «guerra», «Rusia», «Ucrania», «OTAN», «Irán», «Gaza» y «genocidio» no aparecen en su texto. El texto tiene una orientación totalmente nacional y no menciona nada de lo que está sucediendo más allá de las fronteras de Francia. Incluso en lo que respecta a Francia, Chingo no dice nada sobre dictadura ni sobre guerra. Las palabras «dictadura», «neofascismo», «RN», «militarización» y «economía de guerra» no aparecen.

RP guarda silencio sobre el hecho de que la guerra en Ucrania es una guerra por poder de la OTAN, en la que las potencias imperialistas de la OTAN son los principales agresores. Guarda igualmente silencio sobre el hecho de que la tarea consiste en unir a los trabajadores estadounidenses, europeos, ucranianos y rusos contra esta guerra.

Hay que decirlo sin rodeos: el análisis de RP no prepara a la clase trabajadora para luchar contra la guerra y la reacción social, para preparar la huelga general ni para luchar por el poder. Desarma políticamente a los trabajadores y a la juventud movilizados en la lucha contra Macron y la oligarquía capitalista. De hecho, RP llama a la formación de asambleas interprofesionales, pero que servirían como fuerzas auxiliares para las maniobras de las burocracias sindicales:

Las asambleas interprofesionales pueden, a partir de ahora, hacer posible decidir acciones, organizar la solidaridad y forjar vínculos directos con la juventud movilizada. La generalización de la huelga debe construirse de aquí al 5 de noviembre. Uno de los desafíos es volver a poner en marcha a los sectores que han estado a la vanguardia de las luchas contra Macron, ya sean los trabajadores de refinerías, ferroviarios, de la RATP, del sector energético o de saneamiento. Debemos aprovechar su experiencia y debatir cómo superar la sensación de impotencia y escepticismo que dejó la derrota de 2023.

El hecho de que ya se plantee la cuestión de las asambleas de trabajadores subraya que la clase trabajadora ya está buscando formas de flanquear a las direcciones sindicales. El llamado de RP a las asambleas interprofesionales imita un llamado trotskista a construir comités de acción. Pero una diferencia esencial los separa. RP concibe asambleas que servirían de enlace para las burocracias en una lucha librada dentro de un marco sindical de negociaciones con el Estado. Los comités de acción, por el contrario, tienen como objetivo llevar a cabo una política revolucionaria independiente.

Para superar las decepciones causadas por la traición sindical en las luchas de 2023 y armar a los trabajadores para una lucha revolucionaria, es necesario, ante todo, organizarse y luchar por una política independiente de las direcciones sindicales. Hay que oponerse a la guerra imperialista, al estado policial, a la extrema derecha y a la austeridad, preparando a nivel internacional la huelga general y la lucha de los trabajadores por el poder.

Pero esto es precisamente lo que RP se niega a hacer: situarse políticamente a la cabeza de las demandas de los manifestantes.

En un intento por darle a su análisis un barniz revolucionario, Chingo termina su artículo citando a Trotsky. En ¿Hacia dónde va Francia?, escrito poco antes de la huelga general de 1936 y de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky escribió: “Sean cuales sean las consignas y los motivos por los que se inicie la huelga general, si esta incluye a las masas auténticas, y si estas masas están firmemente decididas a luchar, la huelga general plantea inevitablemente ante todas las clases de la nación la pregunta: ¿Quién será el dueño de la casa?”

RP no quiere citar más de una frase de Trotsky y corta la cita ahí. Pero para orientar a la clase trabajadora en la situación política real, y para responder a la orientación pequeñoburguesa y nacionalista de RP, hay que citar lo que RP omitió. Sigue siendo válido para una nueva era de lucha contra la extrema derecha y la guerra imperialista global, y plantea las preguntas sobre las que RP guarda silencio:

Los líderes del proletariado deben comprender esta lógica interna de la huelga general, a menos que no sean líderes, sino diletantes y aventureros. Políticamente, esto implica que, de ahora en adelante, los líderes seguirán planteando ante el proletariado la tarea de la conquista revolucionaria del poder. De lo contrario, no deben atreverse a hablar de la huelga general. Pero al renunciar a la huelga general, renuncian con ello a toda lucha revolucionaria; es decir, traicionan al proletariado entregándolo al fascismo.

O la capitulación total o la lucha revolucionaria por el poder: tal es la alternativa que se deriva de todas las condiciones de la crisis actual. Quien no haya entendido esta alternativa, no tiene qué hacer en el campo del proletariado.

Toda la política de RP apunta a hacer desaparecer la alternativa planteada por Trotsky. En lugar de plantear a los trabajadores la alternativa entre una política revolucionaria o la contrarrevolución, RP especula con una política democrática, orientada a la protesta, pero no revolucionaria, por parte de los aparatos sindicales. Pero la cuestión para los trabajadores es organizarse de manera independiente en comités de base y armarse con una perspectiva. Esa perspectiva es la preparación de una huelga general europea y una lucha por el poder, en Francia, en toda Europa y a nivel internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de noviembre de 2026)

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