Mercaderes de la muerte: rescates multimillonarios para la industria de armas en medio del COVID-19

24 abril 2020

“Le he instruido a la Armada de EE. UU. que le dispare y destruya cualquier y todo buque armado iraní si acosa nuestros barcos en el mar”, tuiteó el presidente Donald Trump de EE. UU. el miércoles en una escalofriante amenaza que podría desatar una catastrófica guerra en todo Oriente Próximo y más allá.

La amenaza de librar una guerra a 11.000 km de las costas estadounidenses en medio de la pandemia del coronavirus, cuyas muertes en EE. UU. se acercan rápido a las 50.000, sigue a un tuit de Trump el lunes donde anuncia la suspensión de toda la inmigración en EE. UU., un intento evidente de convertir a los inmigrantes en chivos expiatorios de los estragos de la pandemia y las decenas de millones de despidos.

Ambas acciones reflejan desesperación y tambaleos errantes en cara a una crisis nacional y global para la cual la clase gobernante estadounidense no tiene ninguna solución viable. Es un intento crudo de cambiar el tema y distraer al público de las consecuencias catastróficas de la indiferencia criminal del Gobierno y la oligarquía que representa hacia las vidas y el bienestar de la gran mayoría de la población.

Un periódico local, Eco di Bergamo, publica varias páginas con de obituarios en su edición del 17 de marzo de 2020, Mediglia, Italia (AP Photo/Luca Bruno)

Los funcionarios del Pentágono informaron el miércoles que no habían recibido ninguna notificación antes del tuit de Trump, y mucho menos ninguna orden de cambio en las reglas de combate en el golfo Pérsico.

Sin embargo, la retórica brutal y fascistizante de Trump pone en evidencia una marcha del imperialismo estadounidense hacia la guerra que no ha sido disminuida por la pandemia global. Por el contrario, se ha intensificado.

Aun cuando Trump publicaba su tuit, los buques de guerra estadounidenses se dirigían hacia un enfrentamiento con China en el mar de China Meridional. Al mismo tiempo, el Pentágono estaba anunciando un cambio en su despliegue de aviones de guerra B-52, los cuales son capaces de disparar ojivas nucleares a largo rango, a fin de que su presencia sea menos predecible para Beijing y Moscú, aumentando de esta forma las tensiones.

En días recientes, EE. UU. ha intensificado marcadamente sus ataques aéreos contra la nación africana empobrecida de Somalia, incluso mientras la pandemia de coronavirus amenaza con devastar a su población. Las amenazas de guerra son cada vez mayores contra Venezuela y el Pentágono sigue asistiendo la guerra genocida que encabeza Arabia Saudita contra el pueblo yemení.

Este impulso bélico se pone de manifiesto más claramente en el masivo rescate gubernamental siendo organizado para la industria armamentista de EE. UU. Mientras hay decenas de millones de trabajadores desempleados y muchos enfrentan hambre, en medio de una campaña del Gobierno de Trump y gobernadores estatales para obligar a un retorno prematuro al trabajo, se le están entregando miles de millones de dólares a los contratistas militares para garantizar sus ganancias y las obscenas fortunas generadas para sus mayores accionistas.

La principal encargada de adquirir armas en el Pentágono, la subsecretaria de Defensa Ellen Lord, señaló en una rueda de prensa el lunes que ya puso a disposición $3 mil millones a los productores de armas en forma de pagos por contratos existentes, además de los miles de millones más aprobados por el Congreso en la primera Ley CARES, la cual inyectó varios billones de dólares en los mercados financieros. Lord indicó que la suma aumentará una vez que el Congreso apruebe otro paquete de estímulos.

Cuando un reportero le preguntó cuánto dinero sería necesario para prevenir que los mercaderes de la muerte de Washington sufran pérdidas por la pandemia de coronavirus, respondió: “Estamos hablando de miles y miles de millones en eso”. Lord añadió que la primera responsabilidad de este programa de asistencia era “le proceso de modernización de nuestra tríada nuclear”.

Estas industrias no corresponden para nada a los pobres merecedores de tal asistencia. El hecho de que se estén rellenando sus bolsillos con recursos financieros masivos que se necesitan desesperadamente para salvar vidas y rescatar a millones de trabajadores de la pobreza es un crimen.

En una videoconferencia esta semana para informarles a los accionistas de Lockheed Martin sus ganancias del primer trimestre, la directora ejecutiva de la empresa Marilyn Hewson presumió que “el portafolio es amplio y está creciendo” y que su “generación de efectivo” es fuerte. Dijo que la empresa ansiaba “cumplir las necesidades de nuestros combatientes de guerras”.

Sin duda, Lockheed Martin obtuvo $2,3 mil millones en ganancias durante el primer trimestre y espera superar los $7,6 mil millones—a pesar de los efectos del coronavirus—durante todo el año. Tiene una cartera de pedidos de $144 mil millones, un récord.

Cuando le preguntaron si tenía reparos sobre las consecuencias políticas de completar la recompra de $1 mil millones en acciones en medio de la crisis, respondió, “Somos muy diferentes, creo, que aquellos que han experimentado un impacto tan significativo a sus demandas”. Hewson anunció que la empresa había asignado un gran total de $10 millones para alivio y asistencia relacionado al COVID-19.

El carácter “muy diferente” de estas empresas también fue señalado en una columna financiera publicada en el New York Times para el provecho de sus acaudalados lectores, intitulado, “Oportunidades en el complejo militar-industrial”.

Apuntando al presupuesto proyectado del Pentágono de $741 mil millones en el próximo año, el Times aconseja: “Esa combinación de dólares federales y peso corporativo pueden representar una oportunidad para los inversionistas a quienes no les importa lucrar de la guerra. Una apuesta modesta en un fondo mutual o fondo comerciado en la bolsa que compre de contratistas militares y empresas aeroespaciales puede ayudar como respaldo ante la profunda recesión traída por el coronavirus”.

En pocas palabras, se puede obtener una gran fortuna a partir y en medio de masivas muertes.

Una de las principales inquietudes de la subsecretaria de Defensa Lord cuando describía sus planes de un rescate multimillonario de la industria armamentista fue la interrupción de las cadenas de suministro, particularmente aquellas que se originan de las maquiladoras en México junto a la frontera con EE. UU. También mencionó tales problemas en India.

Miles de trabajadores mexicanos han hecho paros y protestado las condiciones mortales en sus plantas, condiciones que esperan a los trabajadores en todo el mundo a medida que se impone el retorno al trabajo a la fuerza. En una sola planta en Ciudad Juárez de la Corporación Lear, con sede en Michigan, 16 trabajadores han muerto del COVID-19, mientras los hospitales del área están sobrecargados de víctimas del virus.

El Pentágono y el embajador estadounidense en México, Christopher Landau, han intervenido para exigirle al Gobierno mexicano que obligue a los trabajadores de las maquilas a regresar a las plantas por ser “esenciales” para la maquinaria de guerra del imperialismo estadounidense, así como sucede con sus contrapartes en EE. UU. Lockheed depende de trabajadores con bajos salarios en Chihuahua, México, para producir el cableado de los helicópteros Black Hawk y S-92 y los jets de combate F-16 del ejército estadounidense, mientras que Boeing recibe partes de una planta administrada por PCC Aerostructures en Monterrey. General Electric, Honeywell y otros contratistas militares también lucran del trabajo de los trabajadores mexicanos al otro lado de la frontera.

Transmitiendo los dictados del Pentágono en el idioma de desprecio hacia la vida humana que caracteriza todas las políticas del Gobierno de Trump y la clase gobernante, el embajador Landau lanzó una campaña en Twitter para exigirles a los trabajadores mexicanos a que regresen a las maquiladoras por el bien mayor del imperialismo estadounidense. Landau disfruta la colaboración plena del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien es promovido por la pseudoizquierda como “progresista” e incluso “socialista” y que ha preparado el despliegue de la Guardia Nacional del país contra los huelguistas.

Amenazando que los empleos de los trabajadores están vinculados a cadenas de suministro que los conectan con las empresas armamentistas estadounidenses en EE. UU., el embajador Landau dijo “si no coordinamos nuestra respuesta, estas cadenas se evaporarán”.

Añadió, “Hay riesgos en todas partes, pero todo el mundo no se queda en casa por temor de tener un accidente automovilístico. La destrucción de la economía también es una amenaza de salud”.

Estos son los mismos argumentos reaccionarios, anticientíficos y misantrópicos que se hacen en EE. UU. e internacionalmente para obligar a que los trabajadores vuelvan a las fábricas y centros laborales con la certeza de que muchos se enfermarán y morirán.

Los trabajadores en la industria armamentista en EE. UU., junto a sus contrapartes en México, también han hecho huelga y protestado ser obligados a trabajar como parte de la “infraestructura crítica” del imperialismo estadounidense. Los trabajadores de Bath Iron Works en Maine y el atracadero BAE Systems en Norfolk, Virginia, ambos controlados por General Dynamics, han hecho huelga por la falta de protección a infectarse y morir. Asimismo, los trabajadores de GE Aviation en Lynn, Massachusetts, que produce los motores de los helicópteros de la Marina de EE. UU., se manifestaron fuera de la planta por la falta de medidas de protección ni garantías para los trabajadores que se contagien de COVID-19.

Esta resistencia de la clase obrera por encima de las fronteras nacionales se opone directamente al nacionalismo y la reacción rabiosas que caracterizan la respuesta de las clases gobernantes, tanto en EE. UU. como en Europa e internacionalmente, a la intensificación de la crisis capitalista desatada por la pandemia de coronavirus. Para defender los intereses de lucro, condenarán a millones a la enfermedad y la muerte, incluso cuando se preparan para otra guerra mundial y dictaduras fascistas. La única alternativa es que la clase obrera internacional ponga fin al sistema de lucro y reconstruya la sociedad sobre bases socialistas.

El autor también recomienda:

La pandemia del COVID-19 y el surgimiento del nacionalismo económico
[22 abril 2020]

La pandemia, las ganancias y la justificación capitalista del sufrimiento y la muerte
[20 abril 2020]

Ante mayor enojo hacia la respuesta criminal a la crisis del COVID-19, Washington amenaza con guerras
[3 abril 2020]

(Publicado originalmente en inglés el 23 de abril de 2020)

Bill Van Auken