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Perspectiva

La guerra que debe librarse es la guerra contra el COVID-19

A pesar de los esfuerzos de los Gobiernos capitalistas y la prensa corporativa de declarar que la pandemia de COVID-19 se acabó, el virus sigue propagándose en todo el mundo y la cifra de muertes sigue aumentando.

La variante ómicron, que es altamente transmisible, ha infectado oficialmente a 140 millones de personas a nivel global desde mediados de diciembre, pero la cifra real se estima en mil millones. Esto ha causado hospitalizaciones récord y muertes casi récord.

Compradores del Viernes Negro esperan en fila en los Outlets Citadel, en Commerce, California, 26 de noviembre de 2021 (AP Photo/Ringo H.W. Chiu, archivo)

Según Worldometer, casi 5,9 millones de personas han muerto por COVID-19 desde el comienzo de la pandemia y un poco más de 10.000 personas mueren a diario. En Estados Unidos, la cifra oficial de muertes alcanzó 952.240 el miércoles y 2.034 personas mueren a diario. En Rusia, 342.383 personas han muerto oficialmente por COVID-19 y 702 fallecen a diario. En Ucrania, 103.565 personas han fallecido por el COVID-19 y 230 mueren a diario. En toda Europa, casi 1,7 millones han muerto desde el inicio de la pandemia.

Se sabe que estas de por sí horrendas cifras son recuentos sumamente incompletos debido a los recursos inadecuados de salud pública para registrar los contagios y las muertes a nivel global. En solo los últimos dos meses, según las estimaciones de The Economist, el exceso de mortalidad es de 21 millones de personas a nivel global, alcanzando un máximo de 44.600 muertes por día a fines de enero.

En total, se estima que 19,5 millones de personas han muerto innecesariamente desde el inicio de la pandemia de COVID-19 hace dos años, aproximadamente equivalente a los decesos durante los cuatro años de la Primera Guerra Mundial. Esto incluye 1,1 millones de estadounidenses, 1,2 millones de rusos y 220.000 ucranianos.

En medio de esta catástrofe global cada vez más atroz, la clase gobernante estadounidense se desliza como por tobogán hacia una guerra con Rusia, que amenaza con salirse de control e iniciar una Tercera Guerra Mundial. En un discurso el martes, el presidente estadounidense Joe Biden amenazó forzosamente a Rusia: “No lo duden. Estados Unidos defenderá cada pulgada del territorio de la OTAN con toda la fuerza del poderío estadounidense. El ataque contra un país de la OTAN es un ataque contra todos nosotros”.

Sin ofrecer ni una pizca de evidencia, Biden acusó a Rusia de preparar una “guerra elegida” contra Ucrania, que contrastó con una “guerra necesaria” como la Segunda Guerra Mundial. En realidad, en vez de combatir la “guerra necesaria” contra la pandemia, el imperialismo está preparando una “guerra elegida” contra Rusia.

En su desquiciada campaña de guerra, ningún gasto militar es demasiado. Después de orquestar un golpe de Estado ultraderechista en Ucrania en 2014, el imperialismo estadounidense y el europeo enviaron armas por valor de miles de millones de dólares al Gobierno ucraniano para preparar una guerra contra Rusia. Esto incluye $20 mil millones en asistencia militar y económica solo entre 2014 y 2019.

Desde la disolución de la Unión Soviética en 1991, EE.UU. ha estado involucrado casi continuamente en intervenciones en el extranjero, incluyendo Yugoslavia, Serbia, Somalia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Ucrania, entre otros lugares. El costo combinado de estas guerras y el gasto militar en general suman las decenas de billones de dólares.

El miércoles, se informó que Biden solicitará más de $770 mil millones para el presupuesto militar de 2023, en el cual será una alta prioridad la modernización de la “triada” nuclear de aviones bombarderos, misiles balísticos submarinos y misiles lanzados desde tierra. Según Reuters, “las fuentes afirman que el esfuerzo de modernización nuclear es considerado como “un pago obligatorio” además de los planes del Pentágono de seguir invirtiendo en la investigación y el desarrollo de armas para combatir guerras potenciales contra China y Rusia en el futuro”.

La expansión del imperialismo estadounidense durante los últimos 30 años ha coincidido con la destrucción total de los servicios sociales y la infraestructura de salud pública en el país. Se ha dejado podrir todo el sistema de salud pública por décadas y ahora colapsa bajo el peso de la pandemia.

Si bien ningún costo es demasiado alto para las élites gobernantes a fin de librar sus guerras imperialistas, cuando se trata de la guerra contra el COVID-19 ya enarbolaron la bandera blanca hace tiempo.

En casi todos los países capitalistas avanzados, ha habido una capitulación a plena escala ante el COVID-19 durante la ola de ómicron. Los políticos abandonaron cualquier pretensión de que intentan poner fin a la pandemia mediante medidas limitadas de mitigación. En cambio, han adoptado la estrategia de “inmunidad colectiva” desarrollada por Donald Trump, Jair Bolsonaro, Boris Johnson y otros en 2020. En todo el mundo, esta estrategia homicida está siendo impuesta de la mano de afirmaciones anticientíficas de que el virus se está volviendo “endémico” y, por ende, no de qué preocuparse.

La realidad de un COVID-19 “endémico” en EE.UU., fue descrita francamente por el Dr. Kristian Andersen, un inmunólogo, en un pódcast el lunes, en el cual declaró: “Probablemente esperaríamos que la mayoría de las personas se infectarían dos veces al año y habría aproximadamente 200-250 mil muertes solo en este país”. Señaló que tal cantidad de reinfecciones y muertes perduraría por 10 años, si no más.

Además de una morbilidad y mortalidad perpetuas y masivas, el COVID-19 “endémico” condenará a decenas o cientos de millones de personas en todo el mundo a sufrir COVID persistente. Un conjunto cada vez más grande de investigaciones demuestran el impacto horrendo y a largo plazo del virus en el cuerpo, dañando el cerebro, el corazón, los pulmones, los riñones, el sistema inmune y más.

La búsqueda de la “inmunidad colectiva” bajo el disfraz de la “endemicidad” constituye una política claramente eugenista que equivale a la eliminación deliberada de los adultos mayores y las personas inmunosuprimidas, quienes mueren desproporcionalmente o sufren con mayor gravedad los impactos del COVID-19. Evoca los crímenes del régimen nazi en Alemania que mató a decenas de miles de personas con enfermedades crónicas tras catalogarlos como “no aptos para vivir”.

La adopción abierta del Gobierno de Biden de políticas eugenistas a nivel nacional y el apoyo de los grupos paramilitares fascistas como el Batallón Azov en Ucrania son dos caras de la misma moneda. Como ocurrió en la década de 1930, la crisis del capitalismo mundial, agravada por la pandemia, está impulsando un giro hacia el fascismo y la guerra.

Como escribió famosamente el teórico militar Carl von Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. La campaña cada vez más intensa de guerra contra Rusia es el producto de la crisis interna irresoluble y coincide con las políticas pandémicas cada vez más fascistizantes que exige la clase capitalista. Las políticas criminales a nivel nacional e internacional del imperialismo estadounidense, que amenazan con infligir más muertes y sufrimiento a escala masiva y la posibilidad de un holocausto nuclear, deben ser opuestas.

En una importante declaración publicada el lunes, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) escribió:

La fuerza social que debe movilizarse para detener la catástrofe en preparación en Ucrania es la clase obrera internacional. La lucha contra la guerra va de la mano con la lucha contra la explotación y contra la política asesina de inmunidad colectiva de los Gobiernos capitalistas. El imperialismo y el capital financiero tolerarán todas las muertes necesarias para garantizar su botín y sus ganancias. Hay que prevenir que se sumen millones de muertos más por la guerra a los millones de muertos por la pandemia. Es de suma urgencia que los trabajadores construyan un movimiento independiente contra la guerra sobre

¡La clase obrera no debe declarar una guerra contra Rusia, sino contra la pandemia! La lucha por construir un movimiento de masas contra la guerra y por acabar con la pandemia requiere la construcción de una dirección revolucionaria socialista que guíe las próximas luchas de la clase obrera internacional hacia una conclusión exitosa.

(Publicado originalmente en inglés el 15 de febrero de 2022)

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