Una ola de huelgas salariales se está extendiendo por todo Brasil entre diferentes sectores de la clase trabajadora en respuesta a las explosivas tasas de inflación que se han acumulado durante los dos últimos años de la pandemia del COVID-19.
La tasa de inflación oficial en 2021 alcanzó un máximo del 10 por ciento, el más alto desde 2015. El aumento es aún más dramático en los precios de los alimentos, que en febrero registraron un incremento del 13 por ciento en 12 meses. A principios de marzo, Petrobras anunció un fuerte aumento del 25 por ciento en los precios de los combustibles, tras la subida global de los precios. El gas natural vehicular experimentó un aumento del 38 por ciento en 12 meses, el etanol del 36 por ciento y la gasolina del 32 por ciento.
Desde febrero, los educadores de todo Brasil han declarado huelgas exigiendo que los gobiernos estatales y locales apliquen un ajuste del 33,24 por ciento en el 'salario mínimo nacional de los maestros' aprobado ese mismo mes por el gobierno federal de Jair Bolsonaro. El salario mínimo para los educadores que trabajan 40 horas semanales se sitúa ahora en 3.845 reales (811 dólares) al mes.
- El 9 de febrero, los profesores del estado de Piauí declararon una huelga que interrumpió el inicio del año escolar. Tras rechazar una contrapropuesta de aumento del 16 por ciento realizada por el gobierno de Wellington Dias, del Partido de los Trabajadores (PT), el movimiento de huelga en el estado continúa. El pasado miércoles, cuando la huelga había cumplido 49 días, los profesores celebraron una manifestación en la capital del estado, Teresina, junto con los trabajadores del transporte público, también en huelga para reclamar mejores salarios.
- El 16 de febrero, los profesores del estado de Acre se declaraon en huelga, a la que se unieron una semana después sus colegas de la red municipal de la capital del estado, Rio Branco. El movimiento obligó al gobierno a posponer el regreso de las clases presenciales en la red estatal, y en la red municipal. Según G1, el 75 por ciento de las escuelas siguen cerradas por los huelguistas. Los profesores rechazaron varias propuestas del gobernador Gladson Cameli, del derechista Partido Progresista (PP), que no beneficiaban a todas las categorías de educadores.
- El 7 de marzo, los profesores de la red municipal de Recife, capital del estado de Pernambuco, iniciaron una huelga por el aumento del 33,24 por ciento. Terminó 10 días después, logrando un 23 por ciento para los que ya cobraban por encima del salario mínimo.
- El 9 de marzo, los profesores estatales de Minas Gerais se pusieron en huelga, a la que se unieron una semana después sus colegas de la red municipal de la capital, Belo Horizonte. La huelga alcanzó proporciones masivas, con el 85 por ciento de los trabajadores en huelga, según un informe de la Agência Sindical.
Siendo el tercer estado más rico del país, responsable de casi la mitad del superávit de la balanza comercial brasileña, Minas Gerais paga sueldos de hambre a sus profesores, que comienzan en 2.100 reales (443 dólares) al mes, es decir, un 45 por ciento menos que el salario mínimo nacional. El gobernador Romeu Zema, del 'ultraliberal' Partido Nuevo, sugirió un magro aumento del 10 por ciento para los profesores, correspondiente al índice de inflación oficial del año pasado. Después de que los profesores rechazaran esta propuesta, manteniendo la huelga y organizando manifestaciones, el gobierno recurrió a los tribunales para que declararan la huelga ilegal y recortaran los salarios de los huelguistas.
En las últimas dos semanas, las huelgas se han multiplicado a un ritmo cada vez mayor. - El 20 de marzo, los trabajadores del metro de Belo Horizonte se declararon en huelga contra la privatización del metro promovida por el gobierno del estado de Minas Gerais, amenazando sus puestos de trabajo.
- El 23 de marzo, los profesores de la red municipal de Feira de Santa, en Bahía, y de Dourados, en Mato Grosso do Sul, declararon una huelga. El mismo día, los empleados públicos del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS) iniciaron una huelga nacional, exigiendo un aumento del 19,9 por ciento durante tres años sin ajustes salariales. La huelga ya cerró las agencias del INSS en decenas de estados del país.
- El 25 de marzo, mientras los profesores realizaban grandes manifestaciones en Belo Horizonte, los educadores municipales de Goiânia, capital de Goiás, se pusieron en huelga.
- El 28 de marzo comenzaron las huelgas de profesores en Porto Seguro, Bahía, y en Natal, capital de Rio Grande do Norte.Ese mismo día, los barrenderos y los trabajadores del transporte en autobús de Río de Janeiro se pusieron en huelga para reclamar mejores salarios, lo que afectó masivamente al funcionamiento de la segunda ciudad más grande de Brasil. Los barrenderos exigen un aumento salarial del 25 por ciento y ya han rechazado dos propuestas de la Compañía Municipal de Limpieza Urbana (Comlurb), que inicialmente ofrecía un aumento del 5 por ciento y luego del 8 por ciento en cuotas a lo largo del año. Los conductores de autobuses y cobradores de Río de Janeiro, que transportan diariamente a 3 millones de personas, exigen un aumento que compense los tres años sin ajustes.
El alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, del Partido Socialdemócrata (PSD), atacó con virulencia ambas huelgas. A pesar de la amplia participación de los trabajadores, afirmó que la huelga de barrenderos estaba orquestada por 'viejas figuras de la política carioca (que ni siquiera son de Río)' y acusó a los trabajadores de 'actos de terrorismo, vandalismo y amenazas' contra la ciudad. - Al día siguiente, el 29 de marzo, los conductores y repartidores de aplicaciones como Uber e iFood celebraron huelgas y manifestaciones en 17 ciudades brasileñas, exigiendo mejores salarios y condiciones de trabajo. El aumento del precio del combustible en las últimas semanas, que les afecta sustancialmente por la propia naturaleza de su trabajo, fue un factor sustancial que desencadenó la huelga.
El World Socialist Web Site entrevistó a Rober, un profesor en huelga de la red municipal de Belo Horizonte, quien informó sobre su experiencia y las implicaciones políticas del movimiento en el que participa.
Explicando los problemas subyacentes que llevaron a los educadores a la huelga, Rober dijo: 'Tanto los profesores estatales como los de Belo Horizonte han sufrido pérdidas salariales en los últimos años, pero sobre todo pérdidas en los planes de carrera [aumentos salariales por años de trabajo]. En el estado, tienen el problema de un gran número de profesores que trabajan con contratos temporales. Los programas de contratación son cada vez más escasos e insuficientes para cubrir el número necesario de puestos docentes. Los aumentos salariales sólo se han concedido después de las huelgas, pero incluso entonces estaban muy por debajo de las tasas exigidas y de la inflación real para los consumidores pobres y de clase media baja'.
Preguntado por la participación activa y la militancia de los trabajadores, informó: 'Tengo la impresión de que las manifestaciones están cobrando fuerza, en gran parte dada por el cansancio que siente la mano de obra por los abusos a los que ha sido sometida a lo largo de los años. Muchos, incluso los alejados de las discusiones políticas, se están dando cuenta de las pérdidas, no sólo salariales. La postura de falta de respeto explícita por parte del presidente, los ministros, el gobernador, los alcaldes y los secretarios se ha vuelto difícil de ignorar.
'La visión de la gente durmiendo en las calles y pidiendo comida o monedas, las chabolas multiplicándose bajo los puentes; el aumento de los precios de muchos alimentos esenciales, de los alquileres, de los bienes de consumo y del combustible; las frecuentes denuncias de abusos policiales y de corrupción sin que los gobiernos actúen, incluso pareciendo que colaboran en ello, están despertando a la gente'.
El WSWS preguntó al profesor cómo ve la posibilidad de unificar las luchas de los educadores y otros trabajadores a nivel nacional y si los sindicatos se esfuerzan por ello. Reconociendo la naturaleza común de los problemas a los que se enfrentan los educadores en todo Brasil, dijo: 'Los sindicatos están debilitados y no parecen muy combativos en la defensa de los derechos de los trabajadores. Aun así, siguen siendo lo que tenemos que combatir, pero necesitamos recuperar su fuerza mediante el compromiso de los trabajadores'.
La respuesta de Rober, que en muchos aspectos refleja la percepción de un gran número de trabajadores, plantea cuestiones fundamentales de perspectiva política para la clase obrera brasileña e internacional. En particular, sus conclusiones sobre los sindicatos merecen ser discutidas a la luz de la experiencia de los últimos años.
La respuesta de los sindicatos brasileños a la crisis social y política desatada por la pandemia del COVID-19, que profundizó las contradicciones fundamentales del modo de producción capitalista internacional, es extremadamente reveladora de la verdadera naturaleza de estas organizaciones que se presentan como representantes de los trabajadores.
El 'Balance de las Huelgas en 2020' publicado por el Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (DIEESE) señala que el año del estallido de la pandemia registró el menor número de huelgas de los últimos 10 años en Brasil, y una caída del 42 por ciento en relación con el año anterior. Sacando conclusiones de estas cifras, el DIEESE afirma que 'Hay, en condiciones como estas [planteadas por la pandemia], muy pocas posibilidades en el horizonte para que una campaña sindical tenga éxito'.
Esta es una forma delicada de decir que, ante la mayor crisis del capitalismo mundial desde la primera mitad del siglo XX, los sindicatos se mostraron incapaces de ofrecer ninguna protección a la clase trabajadora mientras ésta sufría brutales ataques contra sus puestos de trabajo, sus ingresos y su propia existencia física. Por el contrario, en nombre de la salvación de la economía capitalista, las federaciones sindicales negociaron programas de reducción salarial, obligaron a los trabajadores a acudir a lugares de trabajo infectados por el mortal coronavirus, prohibieron las huelgas y sabotearon abiertamente las luchas obreras que surgieron contra su oposición.
Las experiencias de los trabajadores del transporte público y de los educadores, que están al frente de la actual ola de huelgas, ilustran vívidamente cómo los sindicatos trabajaron en contra del desarrollo de una respuesta política independiente de la clase trabajadora a la pandemia.
En respuesta a la explosión de huelgas de conductores de autobús y cobradores, considerado por el DIEESE como el 'mayor sector en huelga' en 2020, la Confederación Nacional de Trabajadores del Transporte Terrestre (CNTTT) apeló directamente al Estado brasileño para que tomara medidas para 'mitigar el creciente movimiento de huelga general' en sus filas. Del mismo modo, la Confederación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha respondido a decenas de huelgas de educadores en todo el país contra la reapertura insegura de las escuelas, uniéndose a los gobiernos capitalistas y justificando sus políticas criminales bajo la falsa premisa de que los daños a la educación 'superan los riesgos directos del coronavirus'.
Estas experiencias demuestran que los sindicatos no son la 'única herramienta disponible' para la lucha de los trabajadores, sino que para avanzar en su lucha los trabajadores necesitan liberarse de estas organizaciones corruptas pro-capitalistas y formar otras nuevas que representen directa y democráticamente a las bases.
Un factor fundamental impide que los sindicatos se reformen para asumir un carácter democrático y progresista para el movimiento obrero actual. Formados en las primeras etapas del capitalismo industrial como organizaciones reformistas de base nacional, los sindicatos entraron en una crisis histórica cuando el capitalismo entró en su etapa imperialista y luego han tomado un carácter eminentemente reaccionario con la globalización de la economía en las últimas décadas.
La lucha de los trabajadores brasileños se desarrolla como parte de un movimiento cada vez más integrado de la clase obrera internacional: la ola de huelgas salvajes de los trabajadores turcos que exigen aumentos salariales que compensen las explosivas tasas de inflación; el movimiento huelguístico de los trabajadores ferroviarios de Canadá y Estados Unidos, atacado por el gobierno; la huelga masiva de los camioneros españoles contra la subida de los precios de los combustibles; las protestas por el hambre en Sudán y otros países de África y Oriente Medio, desencadenadas por la inflación provocada por la guerra en Ucrania fomentada por el imperialismo de EEUU y la OTAN.
Esta lucha global requiere organizaciones de lucha que correspondan a su carácter internacionalista. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) ha creado para ello la Alianza Internacional Obrera de los Comités de Base (AIO-CB). Llamamos a los trabajadores en lucha de todo Brasil a estudiar la declaración de la AIOT-CB, a formar comités de base en sus lugares de trabajo y a unirse a esta crítica iniciativa internacional.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de abril de 2022)
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