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La Asamblea Popular Nacional de China se reúne en medio de una crisis creciente

La Asamblea Popular Nacional de China, que nombra formalmente a los altos cargos del gobierno, aprueba políticas y promulga leyes, se inauguró el domingo en Beijing y se prolongará durante más de una semana.

Este acontecimiento escenográfico tiene lugar en medio de una crisis cada vez más grave a la que se enfrenta el gobierno en todos los frentes: una confrontación agresiva y amenazas de guerra por parte de EE.UU. y sus aliados, una fuerte ralentización de la economía y crecientes tensiones sociales, exacerbadas por su decisión criminal de levantar todas las restricciones COVID-19.

El presidente chino, Xi Jinping, asiste a una sesión de la Asamblea Popular Nacional (APN) de China en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el martes 7 de marzo de 2023. [AP Photo/Ng Han Guan]

En estas condiciones, se espera que el presidente Xi Jinping sea designado para un tercer mandato presidencial y consolide su control del poder instalando a sus partidarios cercanos en altos cargos y órganos de dirección. Li Keqiang se retirará tras dos mandatos como primer ministro y se baraja la posibilidad de que sea sustituido por Li Qiang, antiguo jefe de gabinete de Xi, que fue secretario del partido en Shanghái durante su bloqueo por pandemia el año pasado.

El nombramiento de Xi para un tercer mandato como secretario general del Partido Comunista Chino (PCCh) el año pasado rompió la norma de los dos mandatos vigente desde la década de 1980. Ahora se habla habitualmente de él como el 'núcleo' indispensable del partido y su vago 'pensamiento' general está consagrado en la Constitución como guía de la burocracia del PCCh. La reelección de Xi como jefe de Estado al final del congreso es prácticamente segura.

La emergencia de Xi como hombre fuerte del partido no es, sin embargo, un signo de la fortaleza del régimen del PCCh, sino más bien de la necesidad de mantener unido al partido en medio de las agudas divisiones internas producidas por la crisis más amplia del capitalismo chino. El informe de trabajo presentado por Li Keqiang como primer ministro el primer día del congreso y un discurso de Xi ante una reunión a puerta cerrada de representantes de la empresa privada el lunes señalaron los enormes problemas a los que se enfrenta el gobierno.

Según informaron los medios estatales, Xi prescindió de las habituales referencias oblicuas y acusó específicamente a Estados Unidos de socavar deliberadamente la economía china. '[En los últimos cinco años,] los países occidentales, liderados por Estados Unidos, nos han contenido y reprimido de forma omnímoda, lo que ha supuesto graves desafíos sin precedentes para nuestro desarrollo', declaró.

La administración Biden no solo ha mantenido las masivas sanciones comerciales impuestas a China bajo Trump, sino que ha introducido una serie creciente de prohibiciones a la venta a empresas chinas de los chips informáticos más avanzados y de la maquinaria necesaria para su fabricación. El imperialismo estadounidense, que considera a China la principal amenaza para su hegemonía mundial, está decidido a paralizar la capacidad de China para competir en sectores de alta tecnología.

Xi afirmó que para 'fomentar nuevos motores de crecimiento y nuevas fortalezas frente a la feroz competencia internacional, China debe apoyarse en última instancia en la innovación científica y tecnológica'. Apeló a una mayor cooperación entre la empresa privada, el mundo académico y los institutos de investigación para apoyar 'la investigación original y pionera'.

Li también hizo mucho hincapié en el desarrollo tecnológico, sobre todo en la necesidad de que China sea capaz de fabricar semiconductores avanzados. El gasto público en investigación y desarrollo se duplicará en los próximos cinco años. El gobierno ya se ha comprometido a invertir 1.900 millones de dólares más en el mayor fabricante de chips de memoria del país, Yangtze Memory Technologies. Las pequeñas y medianas empresas tecnológicas podrán deducir sus gastos en I+D de sus ingresos imponibles.

Li afirmó que el objetivo de crecimiento de la economía china para 2023 se situará 'en torno al 5%', por debajo de la cifra de 'alrededor del 5,5%' fijada para el año pasado. A diferencia de años anteriores, en los que los 'objetivos' se cumplieron con una exactitud inverosímil, el crecimiento para 2022 fue de sólo el 3 por ciento. La cifra fue la más baja desde 1976, excluyendo el mínimo del 2,2 por ciento en 2020, cuando la pandemia de COVID golpeó por primera vez.

El régimen del PCCh considera desde hace tiempo que un crecimiento del 8% es esencial para mantener el empleo y la estabilidad social. Según Li, el desempleo urbano se mantiene estable en el 5,5 por ciento y el gobierno pretende crear más de 12 millones de puestos de trabajo. El desempleo juvenil, sin embargo, entre los jóvenes de 16 a 24 años alcanzó el 20% en 2022, y descendió sólo ligeramente hasta el 16,7% en diciembre. No se dispone de cifras sobre el desempleo y el subempleo en las zonas rurales.

Claramente preocupado por las crecientes tensiones sociales, Li anunció que el gasto en seguridad pública aumentará un 6,4 por ciento en 2023, frente al 4,7 por ciento del año pasado. Al mismo tiempo, Xi tiene la intención de revisar y ejercer un mayor control central sobre el aparato de seguridad interna.

En el informe de trabajo de Li no se mencionó la política china de 'cero COVID', que el gobierno desmanteló en diciembre bajo la enorme presión de las principales potencias imperialistas y del capital financiero internacional. En su lugar, declaró que China había conseguido la victoria sobre la pandemia, pero no hizo mención alguna del enorme coste humano que había supuesto para el gobierno el fin de la política de cero-COVID.

Al igual que sus homólogos de todo el mundo, el gobierno chino ha restado importancia a la oleada masiva de infecciones que arrasó China en los últimos tres meses tras el abrupto fin de las medidas de salud pública. La cifra oficial de muertos es de unos 87.000, pero diversas estimaciones de epidemiólogos sitúan la cifra real en un millón o más. La política homicida de dejar hacer creó una crisis en el sistema hospitalario y ha provocado un número desconocido de casos de COVID persistente.

El PCCh se ha unido a los gobiernos de todo el mundo en sacrificar vidas a los beneficios empresariales en sus esfuerzos por impulsar la economía, que está muy lastrada por la deuda, acumulada por los gobiernos locales en particular por valor de 9 billones de dólares. También está plagada de los riesgos asociados a un frágil mercado inmobiliario enormemente inflado por la especulación.

En un intento de animar a los inversores extranjeros, Li anunció cambios en la ley de inversiones extranjeras que reducen el número de áreas vedadas a las empresas extranjeras. Sin embargo, el rápido recrudecimiento de la confrontación de Estados Unidos con China socava cualquier incentivo que pueda ofrecer Beijing para fomentar la inversión.

Estados Unidos no sólo está imponiendo enormes sanciones económicas a China, sino que también está aumentando rápidamente su despliegue militar y sus preparativos bélicos en todo el Indo-Pacífico. Bajo el mandato de Biden, Estados Unidos ha reactivado y elevado el Diálogo Cuadriláteral de Seguridad, una alianza cuasimilitar con Japón, Australia e India, y ha establecido el pacto AUKUS con Australia y Gran Bretaña. El Mando Indo-Pacífico de Estados Unidos, que ya es el mayor del Pentágono, ha recibido financiación y armamento adicionales, y está consolidando sus bases en toda la región.

Siguiendo el ejemplo de Trump, Biden ha exacerbado temerariamente el que posiblemente sea el punto más explosivo de Asia, Taiwán, destrozando de hecho la política de 'una sola China' que ha regido las relaciones entre Estados Unidos y China desde 1979. Washington había reconocido de facto a Beijing como el gobierno legítimo de toda China, incluido Taiwán. Ahora Washington mantiene conversaciones de alto nivel con Taipei y ha incrementado la venta de armas y la presencia de personal militar estadounidense en Taiwán.

Beijing ha respondido, por un lado, con intentos de poner fin al enfrentamiento y, por otro, aumentando sus propios preparativos militares. La última provocación de Washington, el derribo de lo que con toda probabilidad era un globo de investigación chino desviado de su ruta, demostró una vez más que su objetivo es la confrontación y el conflicto, no la relajación de las tensiones.

Estados Unidos y los medios de comunicación occidentales han aprovechado las últimas cifras de gasto militar chino para inflar la supuesta amenaza de China. Li anunció un aumento del 7,2% en el presupuesto de defensa, prácticamente el mismo que el año pasado. Sin embargo, varios expertos se apresuraron a señalar que era superior al aumento global del gasto público y a especular sobre el nuevo material militar que China podría estar adquiriendo. En realidad, el presupuesto militar chino se ve empequeñecido por el gasto militar estadounidense, tanto en términos absolutos como en porcentaje del PIB.

Aunque la Asamblea Popular Nacional está cuidadosamente coreografiada para proyectar una imagen de fuerza y estabilidad, la burocracia del PCCh está claramente temerosa de los peligros sin precedentes a los que se enfrenta, tanto externos como internos.

(Publicado originalmente en inglés el 7 de marzo de 2023)

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