Las siguientes palabras fueron pronunciadas por Peter Schwarz, secretario del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, en una reunión organizada por la Joven Guardia de los Bolcheviques-Leninistas, una organización juvenil trotskista de la antigua Unión Soviética.
Es para mí un gran honor participar en esta reunión de la Joven Guardia de los Bolcheviques-Leninistas en el centenario de la muerte de Lenin.
El mero hecho de que esta reunión se celebre en la antigua Unión Soviética demuestra que cien años de esfuerzos de los estalinistas por convertir a Lenin en un icono inofensivo, por momificarlo y falsificarlo, así como los de los anticomunistas (incluido Putin) por demonizarlo, han fracasado. Lenin es muy relevante hoy en día.
Incluso sus defensores más vehementes ya no pueden negar que el capitalismo global se encuentra en una profunda crisis.
La división social entre el capital y el proletariado ha adquirido dimensiones que incluso a Marx le habría costado imaginar. El término oligarca, acuñado en la década de 1990 para designar a los expoliadores de la propiedad estatal soviética, se ha convertido desde hace tiempo en un fenómeno global. Las cinco personas más ricas del mundo poseen una fortuna de 869.000 millones de dólares. Han duplicado con creces su riqueza desde 2020, mientras que la mayoría de la población mundial se ha empobrecido.
La democracia burguesa se está desintegrando bajo la presión de las crecientes tensiones de clase. Las formas autoritarias y fascistas de gobierno están aumentando en todas partes. Esto es más evidente en EE.UU., donde las elecciones presidenciales de otoño —si es que tienen lugar— se disputarán entre un belicista de 82 años y un fascista de 78 años.
La tercera guerra mundial ya ha comenzado. Los principales representantes de las potencias imperialistas insisten en intensificar su guerra contra Rusia en Ucrania hasta que Rusia sea derrotada militarmente, incluso si esto significa una guerra nuclear.
El genocidio contra los palestinos en Gaza se está extendiendo rápidamente en una conflagración regional que está siendo sistemáticamente alimentada por los EE.UU. y sus aliados europeos. Al mismo tiempo, siguen adelante con los preparativos para la guerra contra China, cuyo crecimiento económico quieren impedir a cualquier precio.
El libro de Lenin sobre el imperialismo es uno de los escritos de mayor actualidad hoy en día. Lenin demostró que el imperialismo no es simplemente una política burguesa específica, sino que representa una nueva etapa, la más alta del capitalismo; una etapa caracterizada por la decadencia, el parasitismo y la reacción en toda la línea; en la que los monopolios han desplazado a la libre competencia y el capital financiero domina sobre el capital industrial; en la que el mundo está completamente dividido entre las potencias imperialistas y debe ser redividido por la fuerza.
La conclusión que Lenin sacó de este análisis fue tan clarividente como audaz. Rechazó la exigencia de los centristas de una paz sin anexiones y abogó en cambio por la transformación de la guerra en guerra civil. El capitalismo, concluyó Lenin, no podía ser reformado, tenía que ser derrocado. Los llamamientos morales y la presión sobre los imperialistas para que adoptaran una política más pacífica sólo podían generar ilusiones y frenar la energía revolucionaria de las masas.
Lenin comprendió que los mismos procesos objetivos que habían conducido a la guerra mundial también creaban las condiciones para la revolución proletaria. Toda su perspectiva se basaba en la conclusión de que la guerra y las contradicciones del imperialismo llevarían a las masas a la revolución.
Pero mientras que la intensificación de la lucha de clases era un proceso objetivo y espontáneo, su resultado —es decir, la cuestión de la victoria o la derrota de la revolución— dependía de la existencia de una dirección proletaria consciente.
Nadie comprendió esta cuestión con tanta agudeza como Lenin; en ello radica su papel histórico único y su genio como marxista. Dedicó los primeros treinta años de su vida política al armamento teórico y político del proletariado. En una incansable polémica contra las tendencias burguesas y pequeñoburguesas, luchó por la independencia ideológica, política y organizativa de la clase obrera.
Ya en sus primeros escritos contra los narodniki, hizo hincapié en la defensa del materialismo filosófico. Luchó contra el oportunismo en el movimiento socialista con un rigor y una coherencia que ni siquiera Trotsky y Rosa Luxemburgo comprendieron inicialmente, cuando rompió con los mencheviques en 1903. Lenin comprendió que el oportunismo no era simplemente una política equivocada, sino que encarnaba la influencia de fuerzas de clase hostiles sobre el proletariado.
Así, Lenin creó el Partido Bolchevique, que llevó al proletariado ruso al poder en 1917. El bolchevismo no significaba el poder del aparato sobre la militancia, como ocurrió bajo Stalin, sino la lucha incesante por la claridad programática, que dio al partido una fuerza y una unidad de acción sin precedentes.
Lenin era internacionalista hasta la médula. No creía ni por un segundo que el socialismo pudiera construirse en un solo país. A más tardar con las Tesis de abril de 1917, hizo suya la teoría de la revolución permanente de León Trotsky, que llevaba diez años defendiendo el establecimiento del poder obrero en el Imperio zarista y lo vinculaba inextricablemente con la revolución socialista mundial.
Tras la victoria de la Revolución de Octubre, Lenin y Trotsky, a pesar de la guerra civil y las enormes dificultades económicas, concentraron gran parte de su energía en reorganizar el movimiento socialista mundial y construir la Tercera Internacional.
La muerte de Lenin a la edad de sólo 53 años fue un trágico acontecimiento que tuvo repercusiones en la historia mundial. Hay muchos indicios de que habría sido diferente si Lenin hubiera vivido más tiempo. En 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, sólo habría tenido 75 años.
El ascenso de Stalin y de la burocracia que personificó se basó en fuertes factores objetivos: el atraso económico y el aislamiento internacional de la Unión Soviética. Pero dado que estas dificultades y este aislamiento fueron exacerbados y reproducidos por las políticas de Stalin, la enorme autoridad de Lenin podría haber ayudado a cambiar el rumbo.
Tras la liquidación de la Unión Soviética por los herederos de Stalin, se ha hecho imposible negar que sólo la Oposición de Izquierda trotskista y la Cuarta Internacional defendieron y desarrollaron el legado de Lenin. Incluso Vladimir Putin, antiguo agente del KGB y actual presidente de los oligarcas rusos, lo reconoce cuando denuncia a Lenin y Trotsky y alaba a Stalin.
Desde 1953, sólo el Comité Internacional de la Cuarta Internacional ha defendido el legado de Lenin. El pablismo y todas las demás tendencias revisionistas que rompieron con el trotskismo desde 1939 tenían una cosa en común: su rechazo a la lucha por la independencia teórica y política de la clase obrera.
Todos ellos odiaban el texto clásico de Lenin ¿Qué hacer? En esta obra, Lenin explica que la conciencia espontánea de la clase obrera es la conciencia burguesa y que el partido revolucionario debe luchar por la conciencia socialista entre los trabajadores.
Los revisionistas rechazaron esto con vehemencia. Sustituyeron la lucha por la independencia de la clase obrera por maniobras tácticas y la adaptación a las fuerzas estalinistas, reformistas y nacionalistas burguesas que dominaban a las masas en las condiciones del auge de la posguerra. Hoy todos ellos se han desplazado muy a la derecha y se han unido abiertamente al campo de la burguesía. El CICI es la única tendencia política que defiende y desarrolla incondicionalmente el legado de Lenin.
La decadencia del capitalismo y las condiciones objetivas previas para la revolución socialista mundial están mucho más avanzadas hoy que en la época de Lenin. En grandes partes del mundo que entonces aún eran económicamente atrasadas y agrarias, existe ahora un proletariado de cientos de millones de personas. Y el imperialismo estadounidense, que dio al capitalismo mundial un respiro temporal tras la Segunda Guerra Mundial basado en la traición del estalinismo, está ahora en el centro de la crisis global. El hecho de que el CICI tenga una de sus secciones más fuertes en EEUU es en sí mismo una expresión de su fuerza.
La lucha revolucionaria de la clase obrera se está desarrollando en todo el mundo como un movimiento cohesionado y unido. Desde la revolución egipcia de 2011, la lucha de clases ha adoptado formas cada vez más intensas. Esto se manifiesta en un fuerte aumento de las huelgas económicas y las protestas masivas contra los recortes sociales y la guerra. Millones de personas en todo el mundo están tomando las calles contra el genocidio en Gaza.
El CICI se está construyendo como la dirección política consciente de este movimiento objetivo. Contrapone a la política capitalista de guerra imperialista la estrategia clasista de la revolución socialista mundial. Esta es la actualidad y la importancia del legado de Lenin.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de enero de 2024)
