El Congreso Nacional del Pueblo (CNP) siempre es un evento importante en el calendario político chino, no porque implique un debate y discusión genuinos de política, sino porque es donde la dirección del gobierno expone su agenda para el año.
El Congreso de este año, que comienza el 5 de marzo, será particularmente significativo porque el régimen de Xi Jinping se enfrenta a una situación económica cada vez peor sin señales de una recuperación a la vista.
En términos generales, abarca: el inicio de la deflación, una caída en los mercados de valores y el empeoramiento de los problemas en el sector de la vivienda y bienes raíces, que contribuye alrededor del 25 por ciento al crecimiento de la economía.
Encima de esto está la intensificación de la ofensiva económica de la administración de Biden, junto con preparaciones militares cada vez más explicitas y la reciente amenaza de Donald Trump de que impondría un arancel del 60 por ciento a todos los productos chinos si vuelve a ser presidente, una posibilidad muy real.
En este momento del año pasado, el gobierno esperaba que el levantamiento de las medidas de salud pública de cero-COVID proporcionase un “impulso” a la economía incluso sabiendo que morirían millones. Llegaron las muertes —hasta 2 millones— pero, excepto por un breve repunte en los primeros meses del año pasado, no llegó la anhelada recuperación económica.
La expresión más clara de la desaceleración económica es el apretón de las fuerzas deflacionistas. Los datos publicados a principios de este mes mostraron que los precios al consumidor cayeron a su ritmo más rápido en 15 años en enero, un 0,8 por ciento menos respecto al año anterior.
Fue la cuarta caída consecutiva y la mayor caída desde 2009 a raíz de la crisis financiera mundial que llevó a la pérdida de 23 millones de empleos en China.
Varios economistas han advertido que una serie de indicadores económicos están “parpadeando en rojo” y que si la deflación se prolonga, socavará la confianza de los consumidores y las empresas, creando un ciclo retroalimentado en el que el gasto decreciente genera más presión deflacionista.
La deflación de los precios al consumidor comenzó en julio pasado, con precios iguales o más bajos en cada mes, con la excepción de agosto, desde entonces. La caída en los precios de producción, los que se cobran en la fábrica, ha sido aún más notable. Declinaron todos los meses del año pasado y cayeron un 2,5 por ciento adicional en enero.
En el CNP, el primer ministro entrante de China, Li Qiang, presentará su primer informe de trabajo del gobierno, estableciendo el objetivo de crecimiento del gobierno, sus proyecciones de déficit y la dirección general para las políticas económicas, sociales y exteriores para 2024.
Se examinará cuidadosamente la proyección de crecimiento entre las conjeturas de que las cifras del gobierno están sobrestimadas. El crecimiento del año pasado fue del 5,2 por ciento, ligeramente por encima del objetivo del 5 por ciento-el nivel más bajo en tres décadas. Existen muchas dudas de si el crecimiento en 2024 incluso podrá alcanzar ese nivel.
En el período reciente, el gobierno ha implementado algunas medidas para impulsar la economía. Pero se han descrito como fragmentadas y muy por debajo de lo que se necesita.
Uno de los principales problemas que enfrentan los responsables de la política económica es la crisis en los bienes raíces y el desarrollo inmobiliario.
Desde 2021, más de 50 firmas inmobiliarias chinas han incumplido sus deudas, incluidas dos de las más grandes, Evergrande y Country Garden. Evergrande fue puesto en liquidación por decisión de un tribunal de Hong Kong el mes pasado y Country Garden, que se había promocionado como una firma segura en contraste con Evergrande, incumplió en octubre.
Según un informe del New York Times (NYT), publicado a fines del mes pasado, la desaceleración de la propiedad, “ya la más larga registrada, no solo persiste, sino que se acelera.”
Las ventas de viviendas en China disminuyeron un 6,5 por ciento en el año y en diciembre se desplomaron un 17,1 por ciento en comparación con el mismo mes del año anterior.
Una indicación de qué tan precipitada ha sido la caída es que Country Garden informó que las preventas de departamentos en construcción cayeron por noveno mes consecutivo en diciembre y bajaron un 69 por ciento con respecto al año anterior.
En todo el sector, la finalización de viviendas que se han pagado ya sea en total o en parte, es un problema importante ya que las empresas que las construyen se quedan sin dinero.
El artículo de NYT citó cálculos de la firma financiera japonesa Nomura que estimaba que había 20 millones de unidades vendidas sin finalizar que necesitarían 450 mil millones de dólares en financiamiento para completarse.
El gobierno está intentando presionar a las instituciones financieras para que proporcionen préstamos a los promotores inmobiliarios. El mes pasado, Xiao Yuanqi, subdirector de la Administración Reguladora Nacional, dijo que tenían una “responsabilidad ineludible de proporcionar un fuerte apoyo” al sector inmobiliario. No deberían interrumpir los préstamos para proyectos en problemas, sino encontrar formas de apoyarlos.
Pero esta instrucción solo apunta a las contradicciones en la política del gobierno. La desaceleración en la propiedad y bienes raíces, que ha encontrado su expresión más aguda hasta ahora en el destino de Evergrande y los problemas en Country Garden, fue provocada a mediados de 2020 por la decisión del gobierno de ordenar el ajuste del crédito conocido como las “tres líneas rojas”.
Esto fue impulsado por el temor de que el crecimiento de la deuda era insostenible y podría llevar a una crisis financiera si continuaba y una decisión de que era necesario alejarse del camino de crecimiento basado en la construcción de bienes raíces e infraestructura.
Una nota emitida por Larry Hu, economista jefe del grupo financiero Macquarie, citada en el artículo de NYT, apuntó al círculo vicioso que ahora está en marcha. Los problemas de deuda de los promotores inmobiliarios alejaron a los compradores, temiendo que no recibirían su casa, mientras que la disminución de los nuevos negocios solo empeoró los problemas financieros de los promotores.
Haciéndose eco de los llamados de otros para que el gobierno intervenga con un “gran bazooka”, dijo que lo principal a observar era si el gobierno intervendría para detener el contagio rescatando a las empresas. Hu dijo que las autoridades chinas deberían considerar algo como el Programa de Alivio para Activos Problemáticos (TARP) desarrollado en los Estados Unidos en respuesta a la crisis financiera de 2008.
Otra complicación es la caída en el mercado de valores que, a pesar de algunos impulsos temporales como resultado de las intervenciones gubernamentales, está continuando. El mes pasado, el día después de que el primer ministro Li Qiang pidiera medidas “contundentes” para detener la caída en la bolsa, más del 40 por ciento de los asistentes a una conferencia de Goldman Sachs en Hong Kong dijeron en una encuesta que consideraban a China como “inversiones inviables”.
Evidentemente, al gobierno le preocupa la caída, que ha registrado el indicador MSCI por más del 60 por ciento desde su pico a principios de 2021. A principios de este mes, se despidió al presidente de su regulador de valores. No se dio una razón oficial, pero estaba claro que fue despedido debido a la caída en el mercado.
Y a menos que el gobierno tome algunas iniciativas importantes, la caída en la economía y el mercado de valores parece que continuará.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 15 de febrero de 2024)
