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Trabajadora describe “un infierno” en Cuba y llama a trabajadores estadounidenses a forzar el fin del embargo

Matanzas, Cuba [Photo by Greg0611 / CC BY 4.0]

La situación humanitaria en Cuba ha sufrido un deterioro catastrófico en las tres semanas posteriores a la orden ejecutiva de Donald Trump del 29 de enero, que declaró a la isla una 'amenaza a la seguridad nacional' y amenazó con imponer aranceles a cualquier nación que le suministrara petróleo. Washington ha convertido su prolongado embargo en un intento de someter a la población por medio del hambre.

Mientras funcionarios estadounidenses debaten permitir solo 'pequeñas cantidades' de combustible para evitar el colapso total de la infraestructura, la Casa Blanca exigió la semana pasada 'cambios drásticos' en Cuba. Además, la Corte Suprema de Estados Unidos está considerando exigir que La Habana pague miles de millones de dólares en compensaciones a corporaciones estadounidenses como ExxonMobil por puertos, plantaciones y otras infraestructuras clave expropiadas hace seis décadas.

En este grave contexto, el World Socialist Web Site habló con María, una trabajadora de 32 años y madre soltera de Matanzas (“María” es un seudónimo utilizado para proteger su identidad). Su desgarrador testimonio expone la realidad de la “máxima presión” y destaca la necesidad de una movilización independiente de la clase trabajadora internacional para romper el asedio.

“Este lugar es un infierno”

María describe una realidad que supera el horror que reportan los medios corporativos. Artículos de primera necesidad como el gas para cocinar han desaparecido por completo; muchos ahora dependen del carbón, cada vez más caro, o incluso de muebles rotos para obtener leña, explica. Si bien considera las políticas de Trump como 'asfixiantes', también responsabiliza al gobierno cubano de la debacle del país.

“Tengo 32 años”, continúa, “pertenezco a una generación que fue a la universidad con ganas y ambiciones profesionales. El pueblo cubano está cansado de verse censurado, sin libertad de expresión, con miedo a hablar libremente de que vivimos en un estado fallido”. El dolor se agudiza al ver que “nuestros amigos y colegas sean presos políticos por disentir pacíficamente, el país lleva años camino al desastre, esto no empezó con Trump, a pesar de haber empeorado con él…  nadie quiere quedarse aquí”, dice, señalando que el sector de la sociedad que aún confía en el gobierno es minúsculo y poco representativo.

La vida cotidiana de María es una lucha por la supervivencia:

  • Los cortes de electricidad duran entre 20 y 30 horas, y la energía está disponible sólo durante dos horas o menos.
  • El peso cubano está totalmente devaluado, 1 dólar equivale a 500 pesos.
  • Sus dos trabajos como editora y bibliotecaria apenas cubren el coste de un cartón de huevos.
  • Con frecuencia, el agua corriente no está disponible durante varios días.
  • El mercado negro de medicamentos importados cobra precios inasequibles.

“No hay casi carros en la calle, el país está detenido, la inflación por las nubes”, explica. “Este lugar es un infierno”.

Para su hija pequeña, incluso ver dibujos animados se ha convertido en un “lujo por el que llora a diario” y artículos básicos como juguetes o ropa son “imposibles de comprar para el ciudadano promedio”.

María añade que nadie tiene una idea clara de la proximidad de un colapso total. “Aquí nadie tiene idea de cuánto falta para un colapso”, dijo. “A menudo sentimos que está cerca pero nunca pasa nada. Aunque nadie recuerda haber estado peor que ahora”.

Los niños se van a dormir con hambre

La crisis se ha manifestado en hambre generalizada, incluso entre los niños. María confirma que la mayoría de las familias no pueden permitirse tres comidas al día y sobreviven con alimentos de baja calidad y casi sin proteínas. A menudo, el único desayuno de un niño es un refresco instantáneo, ya que incluso el pan escasea.

Esta desnutrición se ve agravada por brotes de enfermedades respiratorias y transmitidas por mosquitos, que afectan a una población con sistemas inmunitarios debilitados. En las escuelas, las comidas suelen reducirse a una sola verdura hervida o un caldo aguado. María comenta que una sola bolsa de leche para su hija cuesta la mitad de su salario mensual.

Estos relatos son confirmados en informes de varios medios, incluso maestros que describen dormir en las escuelas para evitar los costos de transporte inasequibles y que alimentan a sus hijos con refrescos cuando no hay leche disponible.

Monopolio de la información y clima de miedo

María indica que el gobierno cubano mantiene un monopolio total sobre los medios de comunicación nacionales, mientras que el contenido de internet suele ser manipulado por diversos intereses políticos. Los cubanos son plenamente conscientes de que el presidente Díaz-Canel y otros funcionarios mienten o proporcionan información incoherente con frecuencia. Durante las recientes epidemias, el gobierno negó la crisis incluso cuando la gente moría en los hospitales, optando por minimizarla hasta el último momento.

A pesar de la miseria, un clima de miedo palpable impide a muchos alzar la voz. Otros trabajadores contactados por el WSWS denunciaron que conocidos han sido interrogados durante horas, extorsionados o amenazados con prisión por denunciar las condiciones sociales.

El papel de la clase obrera estadounidense e internacional

Al preguntarle sobre un llamado a la clase trabajadora estadounidense en lugar de esperar algo de la administración Trump, María señala que la situación ideológica es compleja. Décadas en que han sido “adoctrinados para hacer silencio… desorganización ideológica, la falta de líderes de opinión política coherente y la supervivencia tan primitiva con la que estamos existiendo” han dejado a muchos cubanos sin considerar que el pueblo estadounidense pueda ofrecer un apoyo real.

Pero la idea de que la clase trabajadora estadounidense pueda movilizarse para poner fin al embargo es “conmovedora”, añadió, señalando que la mayoría de los cubanos sienten que no le importan a nadie.

María expresa interés en que millones de personas en Estados Unidos hayan protestado contra el genocidio en Gaza y que los trabajadores tengan el poder objetivo de detener la guerra movilizándose independientemente para impedir que las armas lleguen a Israel. Ese mismo poder podría utilizarse para abastecer a Cuba de combustible, medicamentos, alimentos y otros bienes y servicios vitales y, en última instancia, para poner fin al bloqueo por completo.

Su conclusión: “Me parece muy loable que la opción esté sobre la mesa. Espero ser de ayuda en lo que sea y mantenernos en contacto”.

El primer paso debe ser la comunicación, añade María, pues la información que llega a Cuba está muy sesgada o controlada por el gobierno.

En Estados Unidos, los trabajadores reconocen instintivamente la necesidad de solidaridad. Una maestra neoyorquina entrevistada enfatizó al WSWS que es necesario informar a más personas sobre la situación en Cuba, ya que muchas otras noticias capturan su atención como las crisis en Gaza, Venezuela y Sudán. Explica: “Siento que quienes quieren ayudar se ven tironeados en diferentes direcciones”.

La maestra apoya esta perspectiva al preguntársele sobre un llamado a movilizar a los trabajadores estadounidenses para poner fin al embargo, respondió: “Con gusto protestaré y lo intentaré”. Esa determinación debe ser generalizada y organizada.

El camino a seguir

Un “Convoy a Cuba”, en el que participan organizaciones humanitarias y figuras como Greta Thunberg, quien apoyó las flotillas de ayuda a Gaza, está previsto que entregue ayuda humanitaria el 21 de marzo. Estos esfuerzos constituyen valientes desafíos a la agresión imperialista, y el World Socialist Web Site insiste en que los trabajadores a nivel internacional deben defender activamente cualquier convoy de este tipo contra los intentos de bloquearlo.

Sin embargo, deben reconocerse las limitaciones de tales iniciativas para superar un embargo de décadas impuesto por la mayor potencia mundial. El suministro continuo de alimentos, combustible y medicamentos requiere la intervención organizada de la clase trabajadora internacional.

  • Los trabajadores del petróleo, la logística y el transporte, incluidos los estibadores y los marineros, deben utilizar su control sobre la producción y la distribución para facilitar el envío de suministros a Cuba.
  • Los trabajadores portuarios también deben negarse a cargar o descargar barcos militares y de otro tipo encargados de imponer el embargo.
  • Los trabajadores de todo el continente americano y Europa deben coordinar estas acciones a través de comités de base.

La Alianza Internacional Obrera de Comités de Base proporciona el marco para esta lucha global. Solo sobre esta base puede la clase obrera cubana comenzar a trazar un camino para salir de la pesadilla creada por los crímenes del imperialismo estadounidense y ajustar cuentas con el régimen burgués de la isla.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 25 de febrero de 2026)

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