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Perspectiva

Cuba repele provocación armada mientras EE.UU. intenta someter a la isla por hambre

Patrulla guardacostas cubana [Photo: Ministerio del Interior de Cuba]

Un enfrentamiento armado ocurrido el miércoles frente a la costa norte de Cuba, en el que guardafronteras repelieron una lancha con bandera estadounidense cargada con explosivos y exiliados fuertemente armados, es una seria advertencia de que la campaña de Washington para someter a la isla por hambre está entrando en una fase aún más peligrosa y provocadora.

Según el Ministerio del Interior de Cuba, una lancha patrullera se desplazó para identificar una embarcación registrada en Florida, FL7726SH, que operaba aproximadamente a una milla náutica de la costa de la provincia de Villa Clara —lejos de cualquier posible error de navegación— cuando los ocupantes de la embarcación abrieron fuego, hiriendo al comandante del barco cubano. Los guardias respondieron al fuego, matando a cuatro hombres e hiriendo a otros seis.

Las autoridades informaron que incautaron fusiles de asalto, pistolas, bombas molotov y otros explosivos artesanales, chalecos antibalas, miras telescópicas y uniformes de camuflaje, equipo consistente con un intento de “infiltración con objetivos terroristas”.

La mayoría de los identificados hasta el momento son ciudadanos cubanos residentes en Estados Unidos, algunos de los cuales ya figuran en la lista nacional cubana de personas buscadas por actividades terroristas pasadas. Uno de los fallecidos era ciudadano estadounidense, según CBS News, que citó a una fuente de la Casa Blanca, y uno de los heridos también ha sido identificado como ciudadano estadounidense, según informes de prensa. La embarcación fue reportada como robada. Un séptimo sospechoso detenido ha confesado haber sido enviado desde Estados Unidos para preparar con antelación los atentados del grupo armado en Cuba.

Ninguna explicación desde Washington puede cambiar la esencia de esta operación. Es el resultado de redes de exiliados terroristas cubanos y paramilitares en Estados Unidos, cultivadas y financiadas por la CIA y otras agencias desde la década de 1960. Estas redes se activan ahora en un contexto en el que la administración Trump busca abiertamente estrangular la economía cubana, declarar la isla como una 'emergencia nacional' para Estados Unidos y amenazar con aranceles punitivos a cualquier país que le venda petróleo.

Independientemente de si la Casa Blanca ordenó directamente esta misión, es inconcebible que un grupo fuertemente armada, entrenado en una granja del sur de Florida y reclutado a través de TikTok —como alardearon familiares y amigos de los atacantes al periodista de Univisión, Javier Díaz—, partiera desde Florida y entrara en aguas cubanas sin llamar la atención de la inteligencia y las fuerzas de seguridad estadounidenses. Como mínimo, la provocación recibió luz verde de las autoridades estadounidenses.

La hipocresía de los funcionarios estadounidenses es asombrosa. El secretario de Estado Marco Rubio, quien ha pasado meses defendiendo el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, así como el endurecimiento del bloqueo energético contra Cuba, ahora declara que 'vamos a reunir nuestra propia información' antes de sacar conclusiones.

El fiscal general de Florida, James Uthmeier, gruñe que “no se puede confiar en el gobierno cubano” y promete “ajustaremos cuentas con estos comunistas”, mientras que el senador Rick Scott exige que “el régimen comunista cubano debe rendir cuentas”.

Los agresores están siendo presentados como víctimas, y quienes repelen un ataque armado, como los verdaderos criminales. ¿Cabe alguna duda sobre cuál sería la respuesta del aparato de seguridad nacional estadounidense ante un barco lleno de extranjeros fuertemente armados que entrara en aguas estadounidenses para perpetrar atentados terroristas?

Rubio tuvo la audacia de afirmar que “es sumamente inusual ver tiroteos en alta mar como ese”. Esto viene de un gobierno que se ha jactado abiertamente de bombardear barcos pesqueros en el Caribe y el Pacífico, matando al menos a 151 civiles en lo que constituyen actos de asesinato premeditado.

La misma clase dominante que invocó el hundimiento del USS Maine en La Habana para justificar la guerra para tomar las colonias españolas en 1898, y que organizó la invasión de Bahía de Cochinos en 1961 por exiliados cubanos armados por la CIA, ahora está sentando las bases para nuevas provocaciones en el Caribe para asegurar su eterno objetivo de hegemonía.

El momento del incidente subraya su propósito político. Ocurrió mientras Rubio viajaba a Basseterre, San Cristóbal y Nieves, para una cumbre de la Comunidad del Caribe (Caricom), donde Washington enfrentó críticas por el secuestro de Maduro y el bloqueo de combustible contra Cuba. Los gobiernos caribeños mantienen vínculos comerciales y políticos de larga data con Venezuela y Cuba.

El primer ministro de San Cristóbal y Nieves, Terrance Drew, médico formado en Cuba, advirtió sin rodeos: “Una Cuba desestabilizada nos desestabilizará a todos”. Los líderes caribeños también expresaron su preocupación por las exigencias de Estados Unidos de aceptar a los deportados de terceros países expulsados de Estados Unidos, rechazar las misiones médicas cubanas, enfriar las relaciones con China y aceptar que Trump haya roto los compromisos limitados sobre el cambio climático a medida que el aumento del nivel del mar y las tormentas devastan sus islas.

Ante este descontento, Rubio adoptó un tono defensivo sobre Venezuela: “Independientemente de cómo algunos de ustedes puedan haberse sentido individualmente sobre nuestras operaciones y nuestra política hacia Venezuela… Venezuela está mejor hoy que hace ocho semanas” y planteó la posibilidad de que Caracas se convirtiera en un “socio extraordinario” para la energía regional.

Al mismo tiempo, el Tesoro de Estados Unidos anunció teatralmente que “apoyaría al pueblo cubano” permitiendo la exportación limitada de gas y otros productos derivados del petróleo, incluido el combustible venezolano, a entidades e individuos privados cubanos, excluyendo explícitamente al Estado cubano.

Como señala el diario mexicano La Jornada, estas restricciones “en la práctica, excluye a cualquier organismo cubano con la capacidad para coordinar y recibir los cargamentos”. El experto estadounidense sobre Cuba, William LeoGrande, declaró al Washington Post que, en cualquier caso, los actores privados no importarán suficiente petróleo “para realmente hacer una mella en la crisis humanitaria”.

El verdadero objetivo es evidente: cultivar una capa de capitalistas y empresarios de clase media como base social de Washington para un cambio de régimen, mientras la población en general sufre hambre y es chantajeada. Es una ‑peración de cambio de régimen clásica bajo la Doctrina Monroe, hoy invocada abiertamente en la práctica como la 'Doctrina Trump'.

Si Washington se sale con la suya, significaría colocar en el poder a una élite compradora supervisando enclaves de desigualdad aún más extrema y mano de obra barata, controlados por corporaciones y bancos estadounidenses. Esta operación, que devolvería a Cuba al estatus colonial impuesto bajo la infame Enmienda Platt, forma parte de la estrategia estadounidense para imponer su dominio irrestricto sobre toda América Latina y el Caribe y prepararse para una guerra mundial contra China, Irán, Rusia y otros rivales.

Desde 1959, Cuba ha sido blanco de innumerables operaciones respaldadas por la CIA: atentados con bombas, intentos de asesinato contra Fidel Castro, sabotajes económicos, armamento y financiación de grupos terroristas en el exilio y la invasión de bahía de Cochinos.

Los hombres asesinados y capturados el miércoles encajan perfectamente en esta historia: residentes de larga data en Estados Unidos, con antecedentes conocidos de oposición violenta al gobierno cubano, entrenándose en suelo estadounidense y organizándose abiertamente (en este caso en las redes sociales) en nombre de la “liberación” de la isla a través de acciones paramilitares.

Esta provocación terrorista se desató mientras el pueblo cubano se enfrenta a una catástrofe humanitaria sin precedentes orquestada por Washington. El edicto de Trump del 29 de enero impuso un bloqueo estadounidense, un acto de guerra, para detener todo suministro de energía a la isla.

La escasez de combustible ha provocado apagones de 20 a 30 horas en muchas zonas, ha diezmado el transporte público y la distribución de alimentos, y ha destrozado los sistemas de refrigeración y agua. Escasean los medicamentos, aumenta la desnutrición y los niños se acuestan con hambre. Este es un intento calculado de provocar una hambruna para los 8 millones de cubanos que quedan en la isla para que acepten una acuerdo político impuesto por Estados Unidos.

Hay que decirlo claramente: la principal responsabilidad de este desastre recae en el imperialismo estadounidense. Pero esto no implica que el régimen cubano represente el socialismo ni una alternativa al capitalismo. Desde el inicio de la Revolución cubana de 1959, Fidel Castro fue un nacionalista burgués que buscó un acuerdo con el capitalismo estadounidense. Cuatro meses después de llegar al poder, declaró:

He dicho de manera clara y contundente que no somos comunistas. Las puertas están abiertas a las inversiones privadas que contribuyan al desarrollo de la industria en Cuba. Es absolutamente imposible que avancemos si no llegamos a un entendimiento con Estados Unidos.

Solo cuando Washington rechazó incluso reformas limitadas, Castro recurrió a las nacionalizaciones y solicitó ayuda a la burocracia estalinista de Moscú, a cambio de vincular a Cuba a la política exterior del Kremlin y reprimir la política independiente de la clase obrera en la isla. Tras la disolución de la URSS, los líderes cubanos respondieron con una apertura cada vez mayor al capital extranjero.

La grave crisis creada por el embargo estadounidense es vista por sectores de esta élite no tanto como una amenaza sino como una oportunidad para aplicar una “terapia de choque” a gran escala e integrarse como socios competitivos en un orden dominado por Estados Unidos.

El World Socialist Web Site se opone y condena incondicionalmente todos los actos de agresión estadounidense contra Cuba, desde el embargo asesino hasta la infiltración terrorista y la actual campaña de hambruna. Pero lo hacemos desde la perspectiva de la clase obrera internacional, no desde la defensa del Estado capitalista cubano.

Cualquier intento del régimen de La Habana de explotar esta provocación para intensificar la represión contra los trabajadores y la juventud también debe ser rechazado. La defensa de Cuba contra el imperialismo, la lucha contra la explotación capitalista y la movilización de la clase obrera, independientemente de las autoridades castristas, son tareas inseparables.

El camino a seguir reside en unir las luchas de los trabajadores cubanos con las de Estados Unidos, el Caribe y el resto del mundo. En una entrevista reciente publicada por el WSWS, una trabajadora cubana y madre soltera de Matanzas describió su vida en medio del hambre y el miedo e hizo un llamado a los trabajadores estadounidenses tomar acciones contra el embargo.

Esa perspectiva debe convertirse en un programa consciente: los trabajadores portuarios, los trabajadores del transporte, los trabajadores del petróleo y otros en los EE. UU. y a nivel internacional pueden usar su posición en las palancas de la producción y la distribución para romper el asedio, negándose a aplicar el embargo y organizando envíos de combustible, alimentos y medicinas.

Al mismo tiempo, los trabajadores estadounidenses deben reconocer que el régimen que secuestra presidentes, bombardea pescadores y mata de hambre a millones en el extranjero es el mismo que libra una guerra contra sus empleos, salarios y derechos democráticos en el país. La lucha contra la guerra y el imperialismo es inseparable de la lucha contra la desigualdad social, la guerra, el fascismo y la explotación capitalista en el propio Estados Unidos.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de febrero de 2026)

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