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Berlín recibe al presidente interino sirio e intensifica la campaña de guerra y deportación

El canciller alemán Friedrich Merz, a la derecha, y el presidente sirio Ahmad al-Sharaa asisten a una conferencia de prensa en Berlín, Alemania, el lunes 30 de marzo de 2026. [AP Photo/Markus Schreiber]

Si se necesitaba alguna prueba más de que el apoyo de Alemania a la guerra de agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán no tiene nada que ver con la lucha contra el terrorismo o la opresión, esta quedó demostrada con la recepción que se le dispensó en Berlín al presidente de transición de Siria, Ahmed al-Sharaa.

Los dirigentes del Estado alemán, literalmente, le extendieron la alfombra roja al líder islamista y dictador de facto. Por la mañana, al-Sharaa fue recibido por el presidente federal Frank-Walter Steinmeier (SPD) en el Palacio de Bellevue. Luego participó en un foro económico germano-sirio en el Ministerio de Relaciones Exteriores, antes de que el canciller Friedrich Merz lo recibiera en la Cancillería con honores militares y en un ambiente ostensiblemente cordial.

Si la etiqueta de «terrorista islamista» se aplica a algún jefe de Estado de Oriente Medio, ese es al-Sharaa. Bajo su antiguo nombre, Mohammad al-Jolani, fue emir del Frente Al-Nusra, que inicialmente estuvo estrechamente vinculado al «Estado Islámico» y más tarde directamente a Al-Qaeda. Las Naciones Unidas designaron a la organización como terrorista ya en 2013.

Ese mismo año, al-Sharaa juró lealtad en un mensaje de video al entonces líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri. Posteriormente, Al Qaeda apoyó a sus milicias en la guerra civil siria con combatientes y armas. El Frente Al-Nusra llevó a cabo numerosos ataques sangrientos en los que murieron innumerables civiles.

Desde que al-Sharaa y su milicia —rebautizada como Hayat Tahrir al-Sham (HTS)— llegaron al poder en Damasco a finales de 2024 con el respaldo de las potencias occidentales, la violencia contra las minorías religiosas y los opositores políticos ha continuado sin cesar. El World Socialist Web Site ha informado ampliamente sobre esto. Miles de alauitas, drusos y cristianos han sido víctimas del terror islamista bajo el mandato de al-Sharaa. Su visita inaugural a Berlín, prevista inicialmente para enero, se pospuso porque en ese momento supervisaba una ofensiva militar contra las fuerzas kurdas. Sin embargo, la violencia del régimen es sistemáticamente minimizada o ignorada en los medios de comunicación occidentales.

Las razones son evidentes. Las potencias de la OTAN consideran a los nuevos gobernantes de Siria como aliados estratégicos, no solo para controlar el propio país, sino como parte de su ofensiva más amplia en Oriente Medio. Al igual que en el genocidio contra los palestinos y la guerra contra Irán, el objetivo es someter a toda la región al control imperialista, fortalecer a Israel como puesto avanzado central y preparar guerras aún más amplias contra Rusia y China.

El imperialismo alemán también ve la escalada como una oportunidad para expandir su propia influencia en la región. En la conferencia de prensa conjunta con al-Sharaa, Merz propuso el establecimiento de un grupo de contacto internacional para coordinar medidas para la «apertura» del estrecho de Ormuz. Alemania, declaró, estaba dispuesta a «ayudar» y «a hacer su contribución a la libertad de navegación».

Esta formulación es deliberadamente engañosa. En realidad, no se trata de «ayudar», sino del control militar de una de las rutas comerciales más importantes del mundo. En otras palabras, con el pretexto de garantizar la seguridad de la navegación, el gobierno alemán está preparando el posible despliegue de sus propias tropas.

El ministro de Relaciones Exteriores, Johann Wadephul, dejó claro hasta qué punto ha llegado el apoyo político a la guerra tras la reunión del G7 a finales de la semana pasada. En una entrevista con la ARD, declaró abiertamente que Alemania comparte el objetivo bélico de EE. UU. de «contener y restringir» a Irán. De este modo, se legitima explícitamente la guerra de agresión ilegal, que ya se ha cobrado miles de vidas civiles, incluidas más de 150 colegialas en la ciudad iraní de Minab.

Otra razón del silencio sobre los crímenes del régimen sirio radica en la agenda interna de la clase dominante. El gobierno alemán está preparando la deportación masiva de refugiados sirios. Merz pidió una «opción de retorno confiable» y anunció que, en los próximos tres años, alrededor del 80 por ciento de los sirios que viven en Alemania serán enviados de vuelta a su país de origen. Con este fin, se establecerá un «grupo de trabajo» conjunto, y ya se ha planeado un viaje de una delegación a Damasco en los próximos días.

Esta política se hace eco directamente de la agitación racista de la AfD y demuestra que la política oficial del gobierno alemán está adoptando formas cada vez más reaccionarias y autoritarias.

Representantes del partido La Izquierda y de Los Verdes han expresado críticas esporádicas en respuesta a la colaboración abierta con un régimen islamista. Pero estas críticas son superficiales e hipócritas. Ambos partidos son responsables de la violación imperialista de Siria y de todo el Oriente Medio.

Apoyaron política y propagandísticamente a las milicias islamistas y celebraron el derrocamiento del régimen de Assad como una «revolución». La entonces ministra de Relaciones Exteriores, Annalena Baerbock (Verdes), viajó personalmente a Damasco para establecer vínculos con los nuevos gobernantes y cortejar a al-Sharaa.

También apoyan fundamentalmente la agresión imperialista en la actual guerra contra Irán. El presidente del Partido de Izquierda, Jan van Aken, celebró abiertamente el asesinato de los líderes iraníes, declarando que era «bueno» que se hubieran «ido» y que deberían «pudrirse en el infierno». Tales declaraciones difieren poco, en su cinismo y brutalidad, de la propaganda de guerra de los gobiernos de Washington, Berlín o Tel Aviv.

La recepción de al-Sharaa en Berlín deja claro lo que realmente está en juego: no la democracia, los derechos humanos o la lucha contra el terrorismo, sino el poder, la influencia y la imposición bárbara de los intereses imperialistas —en el extranjero mediante la guerra y en casa mediante la represión y la deportación.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 30 de marzo de 2026)

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