El sábado 25 de julio, el presidente de Argentina, Javier Milei, pronunció el discurso principal en la Convención Nacional del Partido Liberal (PL), en São Paulo, donde se lanzó oficialmente la candidatura presidencial del senador Flávio Bolsonaro. Rompiendo todo protocolo diplomático, el jefe de Estado extranjero intervino directamente en la campaña electoral brasileña en apoyo al hijo del expresidente, condenado y encarcelado por un intento de golpe de Estado durante las últimas elecciones presidenciales de 2022.
La agenda del viaje se organizó como una serie de provocaciones. Milei aterrizó el viernes 24 de julio y fue recibido en el Palacio de Bandeirantes por el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas (Republicanos), exministro de Jair Bolsonaro y una de las principales figuras fascistas del país. Tarcísio le otorgó la Orden de Ipiranga, la más alta distinción del estado. La ceremonia se llevó a cabo sobre una alfombra azul —destinada a simbolizar el creciente dominio de América Latina por parte de gobiernos de extrema derecha alineados con Washington, aclamado triunfalmente por sus promotores como la «Marea Azul».
Milei había anunciado desde el 10 de julio que su gira —programada sin ningún tipo de acuerdo con el gobierno brasileño del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores, PT)— incluiría una visita a Brasilia para saludar a Jair Bolsonaro, quien se encuentra bajo arresto domiciliario. El juez de la Corte Suprema Federal (STF) Alexandre de Moraes suspendió entonces todas las visitas sociales al expresidente durante 30 días, incluidas las de jefes de Estado extranjeros.
El viaje no es una iniciativa personal de un jefe de Estado excéntrico. Forma parte de la ofensiva cada vez más intensa de Washington contra Brasil antes de las elecciones de octubre. La semana anterior, la administración de Trump impuso un arancel adicional del 25 por ciento a los productos brasileños, vigente desde el 22 de julio, además de los aranceles del 50 por ciento impuestos un año antes para forzar la anulación del proceso en contra de Bolsonaro. En junio, tras la reunión de Flávio Bolsonaro con Trump en el Despacho Oval, el gobierno de EE. UU. designó a las bandas criminales brasileñas como “organizaciones terroristas extranjeras”. El WSWS ha calificado ambas medidas como intervenciones imperialistas abiertas en las elecciones brasileñas, destinadas a instalar en Brasilia un gobierno alineado con los planes de convertir a América Latina en un protectorado neocolonial de EE. UU.
El gobierno de Milei es en sí mismo un producto directo de este tipo de intervención. En septiembre de 2025, cuando el apoyo popular al presidente argentino se derrumbaba en vísperas de las elecciones legislativas, el Tesoro de EE. UU. anunció un intercambio de divisas por 20 mil millones de dólares, seguido de compras de bonos soberanos argentinos y nuevos paquetes del Banco Mundial, el BID y el FMI. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, presentó públicamente la operación como un «respaldo» a Milei. Con el respaldo de Washington, Milei ha cedido el control del Atlántico Sur al Pentágono, ha impuesto una “reforma” laboral destinada a borrar más de un siglo de logros de los trabajadores argentinos y ha promovido la rehabilitación de la dictadura militar de 1976-1983.
En el lanzamiento de la campaña de Flávio Bolsonaro, Milei pronunció un discurso fascista de 27 minutos en el que proclamó una cruzada anticomunista por toda América Latina y alentó una toma violenta del poder por parte de la extrema derecha en Brasil.
Milei declaró que “toda una nación se encuentra atrapada entre la liberación o la continuación de su sumisión a la izquierda”, denunció “el infame Foro de São Paulo, fundado por Lula da Silva y Fidel Castro”, como “una red transnacional fundamental para la propagación del comunismo en el continente”. Concluyó: “Confiamos en ti, Flávio, para detener a la chusma socialista.”
La “ola azul” celebrada en el Palacio Bandeirantes fue presentada por Milei como una secuencia que se completará en octubre: “hoy el socialismo latinoamericano está siendo derrotado elección tras elección: Argentina, Colombia, Perú, Chile, Ecuador y, esperamos, en octubre, también un Brasil liberal”.
Como escribió el WSWS, los recientes resultados electorales no son la expresión de un giro hacia la derecha por parte de la población latinoamericana. Las victorias de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú, ambas por márgenes mínimos y empañadas por acusaciones de fraude electoral, fueron producto de la intervención directa de Washington y de la quiebra de los gobiernos de la “ola rosa” que llegaron al poder prometiendo reformas y terminaron imponiendo austeridad.
Milei reservó sus golpes más violentos para atacar la idea misma de la igualdad social. “Al igual que en el mito griego de la cama de Procusto, la izquierda busca imponer una conformidad extrema en un sistema antihumano, que exige, por regla general, una igualdad absoluta e ilusoria”, declaró, calificando las aspiraciones igualitarias como un crimen contra “las verdades evidentes de la naturaleza humana”.
Continuó, empleando la retórica de la derecha cristiana:
Una corrupción que ha existido desde que el hombre es hombre, desde que Caín mató a su hermano Abel. Es la envidia y el resentimiento convertidos en filosofía, enmascarados bajo las banderas de la igualdad y la solidaridad.
La conclusión programática que siguió combina la defensa metafísica de la propiedad privada con la motosierra presupuestaria exigida por el FMI:
No se sorprendan de ver a los socialistas siempre del lado de los ladrones, porque los socialistas son ladrones. ... Es hora de afilar las tijeras. Afilar las tijeras para cortar el robo perpetrado por todos los delincuentes socialistas.
Milei presentó luego la segunda credencial de la candidatura que había venido a consagrar, declarando que solo Flávio Bolsonaro tiene “suficiente fuerza para enfrentar a las organizaciones criminales y a los cárteles de la droga”. “Ya hemos probado la paciencia y la misericordia con quienes cometen delitos. Y todas estas estrategias socialistas fracasaron”, proclamó.
Este es el lenguaje del “Escudo de las Américas”, la cumbre convocada por Trump en marzo en su club de golf de Florida, a la que asistió Milei, y que estableció una “coalición militar” hemisférica con el pretexto de combatir el “narcoterrorismo” —el mismo pretexto utilizado para justificar el asesinato en masa de pescadores en el Caribe y el Pacífico Oriental, y el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro. El WSWS caracterizó al Escudo de las Américas como algo que recuerda directamente a la Operación Cóndor de la década de 1970, la promoción del terror fascista y la dictadura en toda América Latina con el respaldo del imperialismo estadounidense.
La elección de Milei como orador principal en el lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro es reveladora del carácter de la propia campaña electoral del PL. Al asociarse con la figura más reaccionaria de América Latina, directamente subordinada a Washington, ha anunciado públicamente el contenido de su estrategia política.
Esa estrategia es la continuación directa de la conspiración llevada a cabo por Jair Bolsonaro y el alto mando militar en las elecciones de 2022, que culminó con el ataque fascista en Brasilia el 8 de enero de 2023. El discurso de Milei no dejó lugar a dudas:
Ya lo vieron hace cuatro años, en las últimas elecciones presidenciales, y lo volverán a ver. Prepárense. Porque a la izquierda no le cuesta nada jugar sucio. Prepárense para una gran batalla.
Esta denuncia anticipada de fraude vino acompañada de una inversión de la propia definición de golpe de Estado. Milei acusó a la oposición parlamentaria argentina de haber intentado, en las elecciones legislativas del año pasado, «provocar un golpe de Estado, generando pánico en los mercados y una corrida por el dólar».
Para animar a la multitud de extrema derecha reunida en Pacaembu, Milei les dijo que “cuando lluevan críticas infundadas sobre ustedes, acusándolos de los peores crímenes y las mayores perversidades, no tengan miedo”. Al otorgar una justificación divina a un nuevo intento violento de golpe de Estado, concluyó su discurso diciendo: “La victoria en una batalla no depende del número de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo”.
El ataque de Milei contra el juez que supervisa el caso contra Bolsonaro forma parte de la misma operación. Antes de la convención, en español, el presidente argentino declaró: “Ese ‘calvo de mierda’ no me permitió visitar a mi amigo injustamente encarcelado, cuando sé que Lula se cansó de recibir a líderes extranjeros mientras estuvo preso”. A esa provocación respondió directamente el presidente de la Corte Suprema de Brasil, Luiz Edson Fachin, quien emitió un comunicado en el que deploró la «referencia irrespetuosa» hacia un magistrado del máximo tribunal del país como «incompatible con la civilidad» que debe caracterizar las relaciones entre Estados.
La brecha entre la gravedad de la amenaza y la moderación de la respuesta del gobierno brasileño pone de manifiesto los límites de la perspectiva política del Partido de los Trabajadores (PT).
El domingo 26 de julio, después de que el ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, consultara al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el Itamaraty llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, un gesto de protesta diplomática que contrasta con la postura general del gobierno. Según la columna de Mônica Bergamo en Folha de S. Paulo, Lula decidió no responder a los ataques mencionando nombres, con el argumento de que el gobierno considera a Milei como un «candidato a representante de Trump en América Latina», alguien con quien no vale la pena enzarzarse en una disputa pública a gritos.
La convención del PT que lanzó la candidatura de Fernando Haddad para el gobierno de São Paulo se llevó a cabo en Campinas ese mismo sábado. El presidente Lula habló allí, advirtiendo que “quien sea de afuera que quiera entrometerse en las elecciones brasileñas” recibirá “una buena paliza”, que “este país es nuestro y nadie mete las narices”. Como de costumbre, suavizó su conclusión: “Brasil quiere paz, Brasil no quiere odio, Brasil quiere amor”.
La intervención de Milei en la política brasileña recibió una respuesta más directa por parte del presidente del PT, Edinho Silva, quien declaró que Milei “no está a la altura del cargo que ocupa” y sugirió que habría hecho mejor uso de su tiempo y de los fondos públicos argentinos “si se hubiera quedado en su propio país para ocuparse de sus problemas internos”.
Ante una conspiración golpista anunciada públicamente, respaldada por el apoyo financiero y militar de Washington, el PT ofrece una protesta diplomática y un llamamiento al nacionalismo. La fórmula de Edinho Silva es la expresión más consumada de esta bancarrota: justo en el momento en que los trabajadores argentinos luchan contra brutales ataques económicos y la represión policial por parte del mismo gobierno que habló en São Paulo, el PT los remite a sus “problemas internos” y reclama como propios los «problemas internos» de Brasil. Esta división de la clase trabajadora según líneas nacionales es la herramienta reaccionaria para subordinar a los trabajadores a su «propia» burguesía nacional y a sus exigencias de austeridad y represión.
El viaje de Milei a Brasil confirma que la preparación de una dictadura en Brasil no es un asunto exclusivamente brasileño, y que la defensa contra ella no puede delegarse al gobierno de Lula, al aparato estatal ni a ninguna facción de la burguesía brasileña. La ofensiva que se extiende por Argentina, Chile, Perú, Colombia, Venezuela y Cuba es la misma que Trump está llevando a cabo dentro de los propios Estados Unidos. Solo puede enfrentarse mediante la movilización política independiente de la clase trabajadora, unificando a los trabajadores brasileños, argentinos y estadounidenses en torno a un programa socialista común. Esta es la tarea que se plantea en la construcción del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en Brasil y en toda América Latina.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de julio de 2026)
