El martes, el presidente Donald Trump se reunió en dos sesiones consecutivas en la Casa Blanca con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu para analizar el estado de la guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia, así como la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Zelensky viajó a Washington para obtener un aumento de la capacidad de defensa aérea y el respaldo político de Trump, en un momento en que Kiev se enfrenta a ataques cada vez más intensos con misiles y drones rusos, y a un estancamiento en las negociaciones diplomáticas.
En una publicación en redes sociales tras la reunión, Zelensky escribió: “El presidente y yo discutimos las licencias para la producción de interceptores Patriot y varias otras ideas que podrían ayudar. También hablamos sobre diplomacia: es importante que se revitalice el proceso diplomático”.
La visita de Netanyahu se anunció como una cumbre de “alto riesgo” en la Casa Blanca centrada en la siguiente fase de la guerra contra Irán, las operaciones militares en el Líbano y los esfuerzos para reforzar los Acuerdos de Abraham, los pactos negociados por Estados Unidos y lanzados en 2020 para definir las relaciones formales entre Israel y varios estados árabes —los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Marruecos y Sudán— que aíslan a los palestinos y se han convertido en un importante baluarte del genocidio israelí en Gaza.
Según informes que citan fuentes israelíes, Netanyahu acudió armado con afirmaciones de inteligencia de que Irán está ampliando sus actividades en la instalación nuclear de Pickaxe Mountain y negociando de mala fe, con el propósito de intensificar la ofensiva militar de EE. UU. e impedir cualquier retroceso en esta guerra catastrófica.
La cumbre se llevó a cabo en medio de la creciente crisis de la administración de Trump por la debacle militar y política que se está desarrollando en Irán. En una entrevista previa a la reunión, Trump arremetió contra Netanyahu, y, según se informa, le dijo en una llamada telefónica reciente que estaba “completamente loco” en relación con las operaciones de Israel en el Líbano.
Algunos medios de comunicación estadounidenses describieron el encuentro en el Despacho Oval entre Trump y Netanyahu como una «cumbre de emergencia en Washington sobre Irán», presentándolo como un momento en el que «el futuro de Irán [está] sobre la mesa en Washington», lo que puso de manifiesto la naturaleza imperialista y neocolonial de las discusiones.
Las reuniones también tuvieron una dimensión política interna de EE. UU., ya que Zelensky y Netanyahu se dirigieron al Capitolio para rendir homenaje al difunto senador Lindsey Graham, un acérrimo republicano partidario de la agenda política fascista de Trump y un ferviente defensor de las guerras contra Rusia e Irán.
Las reuniones consecutivas en la Casa Blanca sirvieron para ilustrar el entrelazamiento de las dos guerras, que se intensificó dramáticamente varios días antes de las cumbres, cuando las fuerzas ucranianas atacaron un buque de carga iraní en el mar Caspio.
Ucrania afirmó que sus drones de largo alcance atacaron naves «implicadas en el transporte de carga militar desde Irán», incluyendo un buque de guerra y embarcaciones que transportaban drones y misiles con destino a Rusia, presentando el ataque como parte de la confrontación de la OTAN con Moscú.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán denunció el ataque como una agresión contra un buque comercial, informando que la explosión mató a un marinero e hirió al menos a otro más, y acusando a Kiev de intentar expandir la guerra entre Rusia y Ucrania para convertirla en una conflagración regional más amplia.
Este episodio, ocurrido en la mayor masa de agua continental del mundo —que no limita con Ucrania—, muestra de manera concreta cómo la guerra de la OTAN contra Rusia y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán están convergiendo en una única lucha imperialista que se extiende desde el Mar Negro y el Cáucaso hasta el Golfo Pérsico.
En el período previo al inicio de su segundo mandato, Trump se jactó repetidamente de que podría «cerrar» la guerra con Rusia rápidamente, prometiendo que lograría un acuerdo con una sola llamada telefónica a Vladímir Putin. En la misma línea, Trump insistió en que la guerra contra Irán no sería un “atolladero”, como las guerras anteriores de Estados Unidos en Vietnam e Irak, sino una campaña corta y ganable. El presidente se refirió a operaciones que “terminarían en poco tiempo”, en cuestión de semanas en lugar de meses o años.
Sin embargo, la realidad es que Rusia ha afianzado sus posiciones. Un análisis de junio de 2026 del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) estima que las bajas militares combinadas de Rusia y Ucrania (muertos, heridos y desaparecidos) podrían ascender a 1,8 millones y alcanzar alrededor de 2 millones para la primavera de 2026.
En Irán, los ataques de Estados Unidos e Israel —que acabaron con los líderes del gobierno iraní el primer día de la guerra— no provocaron un cambio de régimen en Teherán. De hecho, no se ha logrado ni uno solo de los objetivos cada vez más ambiguos que Trump y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, establecieron para la guerra criminal contra Irán.
Lejos de ofrecer una alternativa contra la guerra, la oposición del Partido Demócrata se centra en desacuerdos tácticos sobre el financiamiento, la duración y la cobertura legal de la campaña contra Irán, al tiempo que acepta plenamente la orientación estratégica subyacente del imperialismo estadounidense. En muchos casos, los demócratas exigen que Trump termine el trabajo y «gane la guerra».
Otros demócratas han hecho hincapié en que la guerra —a la que se opone una sólida mayoría de la población estadounidense— está desacreditando aún más al gobierno de EE. UU. y a todo el establishment político bipartidista estadounidense. Advierten que «actuar por cuenta propia no funciona» y abogan por una forma de agresión imperialista más multilateral y mejor presentada.
Visto en su contexto, las cumbres de la Casa Blanca con Zelensky y Netanyahu, el ataque en el mar Caspio y el apoyo bipartidista a la guerra en Washington revelan una ofensiva imperialista en la que Ucrania e Israel sirven como instrumentos de la política estadounidense en Eurasia y el Medio Oriente. Las reuniones del martes han acelerado el entrelazamiento de las guerras de Washington y la creciente crisis histórica del imperialismo estadounidense.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de julio de 2026)
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