La Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional (LIT-CI) publicó el 1 de agosto un artículo titulado “Revisitar Syriza: un debate estratégico para el marxismo hoy”, que presenta un balance de la experiencia griega entre 2012 y 2015.
Su propósito es distinguir a esa organización de otras corrientes pablistas y morenistas similares, alegando que advirtió desde el principio que la estrategia de Alexis Tsipras, líder de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza), terminaría en capitulación.
El artículo apunta al debate actual en la izquierda argentina, donde sectores del bloque electoral Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FIT-U) y otras organizaciones discuten la construcción de una “centroizquierda amplia” o un “frente amplio” como alternativa al actual gobierno argentino encabezado por el presidente fascista Javier Milei.
La LIT pretende posicionarse como la voz revolucionaria frente a las ilusiones reformistas. Pero lo que el artículo calla es tan importante como lo que dice, y su función es ocultar que la corriente que formula esta crítica comparte tanto el carácter de clase como la orientación estratégica del objeto de su crítica.
Haciendo campaña por el Syriza argentino
La relación de la LIT con el FIT-U es fluida. El PSTU argentino no pertenece a la coalición, que está integrado por tres corrientes morenistas —el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Izquierda Socialista (IS) y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST)— junto con el Partido Obrero (PO). Desde 2011, militantes del PSTU habían sido incorporados a las listas del FIT como candidatos “externos”.
En septiembre de 2025, ese arreglo se derrumbó. El PSTU publicó una declaración anunciando que sus militantes habían sido vetados de las listas del FIT-U, incluido Daniel Ruiz, activista obrero que postulaba como candidato a diputado nacional por Chubut. Según el PSTU, el PO, IS y el MST manifestaron su acuerdo para proceder como siempre, y fue el PTS quien se negó, apuntando a las críticas del PSTU a Myriam Bregman y otros dirigentes del PTS por su muestra de solidaridad con la expresidenta peronista Cristina Fernández de Kirchner, y un incidente ocurrido en un encuentro estudiantil en Brasil.
El episodio es instructivo, pero no en el sentido que pretende el PSTU. Su propia declaración afirmaba que no es miembro del FIT-U, que no comparte la orientación general del frente ni la de sus partidos, y que considera que el desempeño parlamentario de sus dirigentes está lejos de lo que corresponde a partidos que se dicen revolucionarios. Reconocía además que el frente, que era progresista como alternativa electoral de independencia de clase, se agota ante la nueva realidad política. Y habiendo establecido todo esto, anunciaba que aun así votarían y harían campaña por el FIT-U, y lo volverán a hacer.
Esta es precisamente la lógica que la LIT condena hoy cuando otros la aplican a Syriza. Una formación política es caracterizada como insuficiente, agotada, ajena en su orientación de clase, y luego apoyada en las urnas con el argumento de que representa “la posibilidad de enfrentar en las elecciones a los partidos patronales”. El respaldo que la LIT ofrece al FIT-U es el mismo “apoyo crítico” que las organizaciones pablistas y morenistas ofrecieron a Syriza, y descansa sobre la misma evasión: la sustitución del análisis del carácter de clase de una tendencia política por una valoración táctica. Lo que el asunto demuestra en realidad es que toda la disputa se desenvuelve dentro del marco del sistema electoral burgués, por el acceso a listas administradas por el Estado capitalista.
Una diferencia de principios, no de matices
El artículo más reciente presenta el historial de la LIT sobre Grecia como el de una crítica marxista consecuente. No lo es. La diferencia que lo separa de la posición adoptada por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) es de principios políticos fundamentales y de orientación de clase.
El CICI identificó a Syriza, antes de que llegara al gobierno, como un partido burgués: no un partido obrero reformista, ni un “gobierno burgués atípico”, ni un “frente popular” que pudiera ser empujado hacia la izquierda. El 24 de enero de 2015, un día antes de las elecciones griegas, el WSWS escribió: “Pese a su fachada izquierdista, Syriza es un partido burgués que se apoya en capas acomodadas de la clase media. Sus políticas son determinadas por burócratas sindicales, académicos, profesionales y funcionarios parlamentarios, que buscan defender sus privilegios preservando el orden social”.
Sobre esta base, el CICI llamó a no dar ningún apoyo político a Syriza, ni siquiera crítico.
La LIT caracterizó a Syriza como un “gobierno burgués atípico” o un “frente popular”, categorías destinadas a ofuscar su carácter de clase. Para la LIT, Syriza encabezaba un gobierno de origen obrero que había tomado un rumbo equivocado; nunca lo vio como un partido burgués desde su origen. Esta diferencia es clave: si Syriza era un partido burgués, entonces no había nada que “empujar hacia la izquierda”, y la tarea necesaria era construir una alternativa revolucionaria independiente. En cambio, si era un “gobierno burgués atípico”, la tarea era corregir su orientación. Eso es lo que sostuvo la LIT, planteando que Syriza debía romper con el euro, nacionalizar la banca y no pagar la deuda, como si un partido burgués pudiera ser convencido de cambiar su naturaleza mediante la presión de las masas o la crítica programática.
Esta no es una cuestión histórica limitada a Grecia. La sección más grande de la LIT, el PSTU brasileño, aplica el método idéntico al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, caracterizándolo como un “frente popular preventivo”, y presentando a la administración del Partido de los Trabajadores (PT) como mixta en su composición de clase —en parte obrera y en parte burguesa— y por tanto susceptible a la presión desde la izquierda. El PT no es nada de eso. Es un partido burgués que ha administrado el Estado brasileño en beneficio del capital financiero durante dos décadas y que hoy preside el rearme del país.
El contenido práctico de esa caracterización quedó expuesto abiertamente el 24 de julio, cuando Lula asistió a la reactivación oficial de Avibras, la mayor fabricante de armamento de Brasil, en una ceremonia que reunió a los tres comandantes de las Fuerzas Armadas, ministros del gobierno, inversionistas privados y a la dirección del Sindicato de los Metalúrgicos de São José dos Campos y Región (SindMetalSJC), afiliado a la central CSP-Conlutas, dirigida por el PSTU. El presidente del sindicato, el militante del PSTU, Weller Gonçalves, habló junto a Lula y le entregó un documento que declaraba la reactivación de las líneas de montaje de armamento como “una gran victoria para nuestro país”, atribuyendo al sindicato el haber impedido que la principal industria de defensa de Brasil fuera entregada al capital extranjero.
Lo más revelador es el propio relato de Gonçalves sobre cómo se desarrolló la campaña. Los representantes del gobierno, señaló, objetaron inicialmente que Brasil no estaba en guerra, y que invertir en Avibras plantearía la pregunta de por qué ese dinero no iba a la salud, la educación y la infraestructura. La dirección morenista presionó para insistir en que los impuestos de los trabajadores deben financiar la industria armamentista. Con ello contribuyó a crear las condiciones políticas para que el gobierno del PT presentara el rearme como una prioridad nacional, situándolo a la par —si no por encima— del gasto social.
La LIT también buscó subordinar a los trabajadores a Syriza y a sus planes de imponer los dictados de austeridad europeos. Durante el referéndum de julio de 2015 convocado por Syriza sobre si aceptar un acuerdo con el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, la LIT llamó a votar por el NO sin romper con Syriza. “No se trataba de romper el diálogo con los trabajadores, sino de reconocer sus expectativas legítimas, intervenir en las movilizaciones reales y dejar que las masas hicieran la experiencia por sí mismas”, explica la LIT en su artículo del 1 de agosto.
Respondiendo precisamente a la misma formulación planteada en aquel momento, a propósito del triunfo de Syriza, el CICI escribió en febrero de 2015:
El Comité Internacional de la Cuarta Internacional rechaza con desprecio la excusa política ofrecida por la pseudoizquierda pequeñoburguesa para justificar el apoyo a Syriza y su agenda procapitalista: que un gobierno de Tsipras constituye una “experiencia” necesaria para la clase obrera, de la cual esta llegaría de algún modo a comprender la necesidad de políticas genuinamente socialistas.
Tales sofismas se plantean únicamente para oponerse al surgimiento de un movimiento revolucionario de la clase obrera, un desarrollo que solo es posible mediante una implacable denuncia política de Syriza.
Antes del referéndum, el CICI explicó que se trataba de un fraude reaccionario diseñado para otorgar legitimidad democrática al saqueo de Grecia por los bancos. Denunciando el cinismo descarado de Tsipras y sus compinches, advirtió inequívocamente, dos días antes de la consulta, que esta había sido concebida como una trampa política:
Si Tsipras explicara de manera concisa a los trabajadores el contenido de su referéndum, podría decir: si sale cara, gana la UE; si sale cruz, pierden ustedes. Convocado apenas meses después de que Syriza ganara una elección prometiendo poner fin a cinco años de austeridad, el referéndum se ha llamado para dar una cubierta política a una capitulación ante la UE. Si Syriza hubiera tenido la intención de luchar, no habría tenido necesidad alguna de convocar un referéndum sobre una austeridad de la UE que el pueblo griego ya había rechazado.
Los hechos confirmaron esta apreciación: conmocionado por el 61 por ciento de votos por el NO, Tsipras se arrastró de vuelta a Bruselas, donde aceptó un paquete de austeridad dictado por la UE más duro que el que los trabajadores griegos habían rechazado abrumadoramente.
La evasión del análisis de clase
Un artilugio recurrente del revisionismo morenista consiste en analizar una formación política en términos de su programa y su estrategia, sin someterla nunca a un examen serio de su carácter de clase. El artículo de la LIT plantea la pregunta de si era viable el Programa de Tesalónica, en lugar de preguntar, como harían marxistas: ¿a qué intereses de clase servía el programa de Syriza?
El artículo menciona de pasada esta cuestión —“¿A qué intereses de clase SYRIZA ha sucumbido?”—, pero no la desarrolla, porque la respuesta se aplica con igual fuerza a la propia LIT. Tras la traición de Syriza, el CICI formuló una definición de trabajo del fenómeno político al que ambas pertenecen. La pseudoizquierda, explicó, designa a los partidos, organizaciones y tendencias ideológicas que emplean consignas populistas y frases democráticas para promover los intereses socioeconómicos de capas privilegiadas y acomodadas de la clase media.
Y continuaba señalando que la pseudoizquierda “se opone a la lucha de clases y niega el papel central de la clase obrera y la necesidad de la revolución... El programa económico de la pseudoizquierda es, en lo esencial, procapitalista y nacionalista”.
Las características enumeradas en esa definición describen al entorno del FIT-U con la misma exactitud con que describen a Syriza. La pseudoizquierda es antimarxista: rechaza el materialismo histórico en favor del idealismo subjetivo y del irracionalismo filosófico de la Escuela de Frankfurt y el posmodernismo. Es antisocialista, y contrapone un populismo supraclasista a la movilización política independiente de los trabajadores. Su programa económico es, en lo esencial, procapitalista y nacionalista. Promueve la política de identidades como medio para asegurar una distribución más favorable de la riqueza dentro del diez por ciento más rico de la población, buscando un mayor acceso al privilegio social antes que su destrucción.
Esta es la fisonomía social de Syriza: profesores universitarios, profesionales y burócratas sindicales cuyos intereses materiales estaban atados a la preservación del euro, la Unión Europea y el Estado griego. Y es igualmente la fisonomía social de la pseudoizquierda argentina, cuya base entre estudiantes, académicos, profesionales y el aparato sindical produce la misma orientación: hacia la representación parlamentaria, el financiamiento estatal y los cargos institucionales, antes que hacia la toma del poder. La LIT no puede hacer este análisis de clase porque sería un análisis de sí misma. Su crítica se mantiene por ello en el terreno de la “estrategia equivocada” y nunca llega al terreno del carácter de clase.
La omisión de Moreno
El artículo no menciona a Nahuel Moreno, el fundador de la corriente política de la que provienen la LIT-CI y sus secciones nacionales. Esta omisión es la condición para que el artículo pueda sostener su tesis central. El morenismo es una variante revisionista latinoamericana del pablismo, la corriente encabezada por Michel Pablo que se adaptó al estalinismo y a los movimientos nacionalistas burgueses en el periodo de posguerra.
El CICI documentó este historial en su declaración del 18 de marzo de 1987, “¡No al estalinismo ni al frente popular! ¡Construyan la Cuarta Internacional!”, que trazó la adaptación de Moreno al peronismo a lo largo de décadas —incluido un periodo en que su organización publicaba un periódico que declaraba en su cabecera que funcionaba bajo la disciplina del general Perón— y su repudio explícito de la Teoría de la Revolución Permanente. Documentó la participación del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Moreno en las conferencias de colaboración de clases convocadas por Perón en 1974, en las que el PST se comprometió a luchar por la continuidad del gobierno peronista. Como concluyó el CICI, la política del PST desarmó a la clase obrera argentina, desmoralizó a sus elementos más avanzados y allanó el camino al golpe militar-fascista de 1976.
El propio Moreno describió lo que estaba construyendo. Escribió que la formación de un partido centrista de la izquierda legal era su principal objetivo político y organizativo, agregando que tal organización era conscientemente lo opuesto de un partido bolchevique proletario. Casi cuatro décadas después, sus herederos mantienen esta formulación como la alternativa al reformismo.
El contexto argentino
El artículo concluye con tres pilares: movilización independiente, autoorganización y programa de transición. ¿Qué ha hecho la LIT con estos principios en Argentina?
Se orienta hacia un frente electoral que compite por bancas en el Parlamento burgués argentino, y hace campaña por ese frente incluso mientras lo declara agotado. En mayo de 2022, el FIT-U coauspició una “Marcha Federal” en Buenos Aires junto a organizaciones pertenecientes directamente al gobierno peronista de Alberto Fernández, un acto que sus propios dirigentes presentaron como un “frente único” con los peronistas. No construye organismos de poder obrero independiente; construye una maquinaria electoral para el Parlamento y los cargos sindicales. Esta subordinación de los trabajadores al peronismo fue directamente responsable de la elección del presidente fascistizante Javier Milei.
La invocación que hace el artículo del “mandato imperativo, revocabilidad de cargos, comisiones de base, asambleas abiertas y rotación de responsabilidades” no altera esto. Son meras consignas para encubrir un fraude político. La socialdemocracia alemana antes de 1914 tenía estructuras democráticas impresionantes, lo que no le impidió votar los créditos de guerra en agosto de 1914. La cuestión decisiva es la construcción de un partido obrero independiente que luche por el poder e intervenga con ese propósito en los organismos de base de la lucha, no el establecimiento de asambleas democráticas para redirigir a los trabajadores de vuelta hacia las burocracias sindicales y la política burguesa.
El verdadero propósito del artículo emerge del contexto que él mismo presenta, al señalar que la ofensiva de Milei no se limita a ajustar el presupuesto del Estado, sino también, a limitar el horizonte político de la izquierda argentina. La LIT se presenta como opositora a las propuestas de una “izquierda amplia”. Sin embargo, su objeción a la “amplitud sin programa” es una maniobra para posicionarse como la dirección revolucionaria dentro del entorno del FIT-U, y para reclamar su readmisión desde una supuesta posición de principios.
El FIT-U es un obstáculo centrista al desarrollo de una dirección revolucionaria. La LIT quiere proporcionarle una fachada izquierdista, para canalizar mejor la oposición de la clase obrera hacia la política burguesa.
Conclusión
El artículo de la LIT-CI es un documento político cuidadosamente construido que utiliza un balance de Syriza para posicionar al morenismo como corriente marxista consecuente en el debate argentino actual. Oculta lo fundamental: la LIT comparte el mismo carácter de clase y la misma orientación estratégica que aquellos a quienes critica. Moreno se propuso conscientemente construir un partido centrista de la izquierda legal; todos sus herederos políticos siguen construyéndolo, y siguen disputándose sus listas electorales.
La lección de la experiencia griega es que ningún partido pequeñoburgués, por muy “radical” que sea su programa declarado, puede defender los intereses de la clase obrera. La clase obrera necesita su propio partido, independiente de todas las fracciones de la burguesía y de la pequeña burguesía, armado con un programa revolucionario internacionalista y orientado a la toma del poder y la abolición del capitalismo. Ese partido es el que construye el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de agosto de 2026)
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