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Perspectiva

¡Movilicemos a la clase trabajadora para defender las protestas estudiantiles francesas y detener la guerra!

Un estudiante sostiene un cartel que dice “Recicla tus residuos, no los conviertas en ministros” durante una protesta contra la falta de recursos en las escuelas en Lyon, Francia, el viernes 2 de octubre de 2026. [AP Photo/Laurent Cipriani]

Durante la última semana, las protestas en los centros de educación secundaria de toda Francia contra la austeridad y la represión policial han desembocado en una confrontación directa con el Estado. Las ocupaciones comenzaron el 21 de septiembre en un instituto de Créteil, a las afueras de París, se extendieron por todo el país durante la huelga del sector público del 29 de septiembre y se intensificaron después de esa huelga de un día.

Una cuarta parte de los aproximadamente 3.000 centros de educación secundaria de Francia han sido bloqueados por estudiantes o cerrados preventivamente por el Gobierno para impedir que los jóvenes se reúnan.

Crece la ira ante la brutal represión policial lanzada por el presidente saliente Emmanuel Macron. Más de 5.000 personas, la mayoría menores de edad, han sido detenidas desde el lunes y muchas fueron llevadas rápidamente ante tribunales de excepción. Millones de personas han visto videos de policías agrediendo a jóvenes. Muestran a policías disparando a quemarropa un lanzagranadas de gas lacrimógeno contra el rostro de un muchacho de 14 años en Saint-Ouen-l’Aumône, agarrando por la garganta a una muchacha de 14 años en Alençon y dejando a un joven cerca del Instituto Balzac en Tours en riesgo de perder un ojo.

El jueves, el movimiento se extendió a las universidades. Esa mañana hubo bloqueos en 29 universidades, entre ellas campus de París, Lyon, Marsella, Lille, Toulouse, Montpellier, Rennes, Rouen, Reims, Poitiers, Dijon y Brest. El viernes, una alianza de todas las centrales sindicales —CGT, CFDT, FO, FSU, UNSA y SUD— emitió un llamado conjunto a una huelga nacional de la educación el martes 6 de octubre.

La clase dominante teme claramente un desenlace como el de mayo de 1968, cuando las protestas contra las detenciones masivas de estudiantes en la Universidad de la Sorbona condujeron al estallido de la mayor huelga general de la historia de Francia.

Las autoridades francesas están llevando a cabo cierres de emergencia del transporte público en las principales ciudades. En Marsella y Grenoble, las autoridades del transporte y los sindicatos cerraron conjuntamente todo el sistema, supuestamente para proteger a los trabajadores del transporte de las agresiones de los manifestantes, dejando varados a grandes cantidades de viajeros. En Toulouse, se cortó el servicio de transporte hacia el distrito universitario, y se detuvieron los tranvías en Estrasburgo y Mulhouse.

El Gobierno de Macron y la neofascista Agrupación Nacional (RN) denunciaron las protestas como un complot comunista de La Francia Insumisa (LFI), el partido populista de Jean-Luc Mélenchon. En una reunión extraordinaria del gabinete, un asesor del primer ministro Sébastien Lecornu informó que los servicios de inteligencia franceses habían declarado que las protestas eran “una maniobra” de LFI “y sus representantes de la ultraizquierda”. La dirigente de RN, Marine Le Pen, las calificó de “disturbios organizados por profesionales y supervisados por diputados de La Francia Insumisa”.

Pero la alianza de todas las centrales sindicales, al igual que Mélenchon y sus satélites políticos, está intentando canalizar, no dirigir, las protestas. Entre sectores importantes de trabajadores y jóvenes, la alianza de todas las centrales sindicales está desacreditada por haber traicionado las huelgas masivas de 2023 contra los impopulares recortes de pensiones de Macron. Desgastó y finalmente puso fin al mayor movimiento huelguístico en Francia desde 1968, después de que los principales dirigentes sindicales aparecieran en televisión en el punto culminante de la huelga para declarar que estaban aterrorizados por la ira social contra Macron.

En un video publicado el jueves, Mélenchon llamó a los votantes a respaldarlo en las elecciones presidenciales del próximo año y prometió volver a las políticas de los Gobiernos del Partido Socialista (PS) de las décadas de 1980 y 1990. Al señalar que el ministro del PS Lionel Jospin se había reunido con manifestantes de secundaria en 1986 y 1990, “y dos o tres días después se entregaron 4.500 millones”, Mélenchon añadió: “Vamos, saquen los miles de millones. Sé cómo se hace”.

Pero lo que está surgiendo no es un movimiento nacional de protesta que vaya a resolverse mediante reformas concedidas bajo presión por los Gobiernos capitalistas. Es un conflicto de clases irreconciliable entre la oligarquía capitalista y el Estado policial, por un lado, y los trabajadores y jóvenes que se oponen a la austeridad, el neofascismo y la guerra, por el otro. Además, es un conflicto que se desarrolla a escala internacional.

En España, crecen las protestas masivas contra los alquileres elevados y los desahucios exigidos por los inversores inmobiliarios, tras el desalojo de la octogenaria Maricarmen hace una semana. Los campamentos de protesta se extendieron de Madrid a Barcelona, Sevilla, Pamplona y Bilbao después de que el Parlamento rechazara una propuesta de prohibición parcial de los desahucios. Ayer, el sindicato de inquilinos de Madrid llamó a una huelga general por la vivienda antes de las protestas de hoy en estas ciudades y en Valencia, Granada, Murcia y Cádiz.

Están estallando huelgas y protestas sociales en toda Europa. En Portugal, los trabajadores de la administración pública realizaron una huelga nacional de un día por un aumento salarial del 15 por ciento, el inicio de una ola de acciones en los lugares de trabajo prevista para octubre y noviembre. El jueves, estudiantes de secundaria de Lieja llevaron el movimiento francés a Bélgica. En Alemania, los jóvenes continúan protestando contra el rearme y el servicio militar obligatorio.

Los problemas que impulsan las protestas, desde las aulas superpobladas y los alquileres inasequibles hasta los bajos salarios y el servicio militar obligatorio, están directamente relacionados con una crisis económica en escalada, la expansión de la guerra y la subordinación de toda la sociedad a los intereses de la oligarquía capitalista.

Francia, al igual que la mayor parte de Europa, se tambalea bajo el impacto combinado de los aranceles estadounidenses, un bloqueo estadounidense de la energía del golfo Pérsico en medio de la guerra contra Irán, la pérdida de los mercados chinos, el aumento del gasto militar para la guerra con Rusia y una deuda soberana insostenible. Desde 1996, la riqueza de los multimillonarios franceses se ha multiplicado por catorce, hasta superar los 1,1 billones de euros, mientras que la deuda soberana se ha quintuplicado, hasta superar los 3,5 billones de euros. El presupuesto de austeridad de 54.000 millones de euros de Lecornu y el llamado de la neofascista RN a realizar recortes por 125.000 millones de euros expresan la negativa de la oligarquía a tolerar cualquier reforma significativa.

La crisis del capitalismo europeo encuentra su expresión más aguda en la escalada temeraria de la guerra con Rusia. Las potencias europeas se están preparando para bloquear Kaliningrado, aunque Moscú ha advertido que respondería con armas nucleares. Las decenas de miles de millones de euros desviados al ejército en Francia y en toda Europa están destinados a preparar guerras de saqueo en el extranjero y también a reforzar las fuerzas de represión en el país. Las protestas que ahora estallan en todo el continente muestran el conflicto de clases que esas fuerzas están siendo preparadas para reprimir.

La cuestión decisiva planteada por estas luchas es cómo pueden unificarse y desarrollarse en un movimiento político consciente de la clase trabajadora contra la austeridad, el neofascismo y la guerra. Las protestas estudiantiles no pueden derrotar por sí solas al aparato del Estado. Su lucha plantea la necesidad de dirigirse a la clase trabajadora, mientras que los trabajadores deben acudir en defensa de los jóvenes contra la represión policial y vincular esta lucha con las crecientes luchas por los salarios, los empleos, la vivienda, los servicios sociales y contra la guerra.

El Partido Socialista por la Igualdad (PES) impulsa la formación de comités de acción independientes en escuelas, universidades y lugares de trabajo, elegidos por quienes participan en la lucha e independientes de las burocracias sindicales y de los partidos del establishment capitalista. Tales comités proporcionarían un medio para que estudiantes y trabajadores coordinaran sus acciones, se opusieran a la represión policial y las detenciones, rompieran el aislamiento impuesto por los aparatos sindicales y prepararan un movimiento más amplio de la clase trabajadora.

Este enfoque tiene profundas raíces en la historia del movimiento marxista. En medio de las explosivas luchas de clases en Francia de 1935-36, León Trotsky llamó a la formación de comités de acción surgidos directamente de la lucha. Insistió en que vincularan a los trabajadores de taller en taller, de fábrica en fábrica, de barrio en barrio y de ciudad en ciudad, creando una organización independiente mediante la cual las propias masas pudieran coordinar y ampliar su lucha.

La misma cuestión fundamental se plantea hoy a escala internacional. Las luchas que se desarrollan en Francia no pueden separarse de las protestas contra la vivienda inasequible en España, las huelgas contra la austeridad en Portugal, la oposición al servicio militar obligatorio y al militarismo en Alemania, ni de las luchas que se desarrollan entre trabajadores y jóvenes en toda Europa. El PES sostiene que estos movimientos deben unirse conscientemente a través de las fronteras nacionales en una lucha común contra la austeridad, la represión y la escalada de la guerra.

Para el PES, esto requiere no solo un movimiento de protesta más amplio, sino una perspectiva política socialista dirigida contra el sistema capitalista que produce desigualdad social y guerra. Vincula la construcción de organizaciones independientes de lucha con el desarrollo de una dirección política internacional de la clase trabajadora, a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base y de la construcción del PES y de las secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en toda Europa.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 03/10/2026)

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