Español

9.000 trabajadores de Stellantis en Canadá votan de manera abrumadora a favor de la huelga contra los despidos y la amenaza de venta de las plantas

Reunión de Unifor para votar sobre una huelga masiva, celebrada en el Caesar Casino de Windsor, Canadá, el 17 de octubre de 2026. [Foto: Unifor Local 444] [Photo: Unifor Local 444]

Más de 9.000 trabajadores de todas las operaciones de Stellantis en Canadá han votado, en un 97,3 por ciento, a favor de la huelga para luchar contra los despidos y el plan del fabricante de autos de vender la planta de ensamblaje de Brampton a un productor de vehículos militares.

Las fotos y los reportes de los trabajadores confirmaron una participación masiva en el Caesars Colosseum de Windsor, donde los 6.400 trabajadores de la planta de ensamblaje de Windsor recibieron información actualizada sobre las negociaciones antes de emitir sus votos a favor de la huelga. Los trabajadores de la planta de ensamblaje de Brampton, ya cerrada, y de la planta de fundición de Etobicoke también votaron el fin de semana pasado para otorgar a Unifor un mandato de huelga.

Ante la oportunidad de expresar su determinación de luchar contra los recortes de empleos y el deterioro del nivel de vida, los trabajadores automotrices llenaron casi por completo el auditorio de 5.000 asientos y votaron de manera casi unánime a favor de la huelga. La enorme participación de los trabajadores de base contrasta fuertemente con el boicot a las elecciones del Sindicato de Trabajadores Automotrices Unidos (UAW) al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, donde nueve de cada diez trabajadores se abstuvieron de votar.

El presidente del UAW, Shawn Fain, un defensor acérrimo de los aranceles de “América primero” de Trump, fue “reelegido” con los votos de apenas el 6 por ciento de los afiliados. Esto no se debió a la “apatía”, sino a la amplia hostilidad de los trabajadores de base hacia el aparato del UAW, que se ha confabulado con el ataque a sus empleos y su nivel de vida. En contra de una lucha conjunta de los trabajadores más allá de las fronteras, el UAW no ha informado a los trabajadores de EE. UU. sobre la votación de huelga en Canadá.

Loading Tweet ...
Tweet not loading? See it directly on Twitter

Al igual que sus homólogos del UAW, la burocracia de Unifor está decidida a bloquear cualquier acción sindical a toda costa. Al anunciar los resultados de la votación, los dirigentes de Unifor declararon que una huelga solo sería el “último recurso” y que los asuntos pendientes con Stellantis podrían resolverse en la “mesa de negociaciones”.

A pesar de que el contrato de tres años para los trabajadores de Stellantis venció hace un mes, el 21 de septiembre, Unifor aún no ha presentado una solicitud para un informe de “no junta” —un requisito impuesto por el gobierno antes de que se pueda llevar a cabo cualquier acción de huelga legal—. Se necesitarían 17 días después de que un conciliador emita dicho informe para que los trabajadores de Stellantis tengan derecho legal a hacer huelga, lo que significa que lo más pronto que podrían dejar el trabajo sería la segunda semana de noviembre.

Ninguno de los problemas que motivaron a los trabajadores de Stellantis a votar a favor de una huelga puede resolverse en el marco de una lucha de negociación colectiva. Eso requiere emprender una contraofensiva industrial y política contra la reestructuración global de la industria automotriz que están llevando a cabo los Tres Grandes de Detroit y sus competidores, y contra la agenda de guerra de clases de las élites gobernantes en toda América del Norte. El impulso para aumentar las ganancias corporativas en medio de la transición a los vehículos eléctricos y para convertir amplios sectores de la producción civil en la fabricación de armamento para la guerra enfrenta a los trabajadores automotrices a la perspectiva de pérdidas de empleo, recortes salariales reales y el empeoramiento de las condiciones en las plantas. Oponerse a esto requiere movilizar a los trabajadores automotrices de EE. UU., Canadá y México —así como a otros trabajadores de la industria manufacturera del acero y sectores relacionados— en una lucha común contra las corporaciones globales y los gobiernos capitalistas que las defienden.

La votación de huelga cobra aún mayor importancia ante la campaña sistemática de Stellantis para intimidar a los trabajadores con la amenaza de perder sus empleos o de un despido temporal prolongado. La empresa impuso un despido temporal de dos semanas en sus operaciones de Windsor a finales de septiembre. Después de que los trabajadores regresaran brevemente al trabajo a principios de este mes, la empresa anunció que un nuevo despido temporal de tres semanas comenzaría el 19 de octubre, el mismo día en que Unifor daría a conocer el resultado de la votación de huelga.

La presidenta de Unifor, Lana Payne, fijó inicialmente el 11 de septiembre como fecha límite para llegar a un acuerdo con Stellantis sobre el contrato marco de concesiones que ya se había impuesto en las operaciones de Ford y GM en Canadá, que abarcan a unos 8.000 trabajadores.

Payne ha insistido en que no se firmará ningún acuerdo con Stellantis hasta que esta presente un plan para llevar un nuevo modelo de producción a la planta de ensamblaje de Brampton, actualmente inactiva, en un futuro cercano. Unos 2.200 trabajadores de esa planta han estado en suspensión laboral desde 2023, tras repetidas prórrogas de un cierre que la empresa justificó inicialmente como necesario para la transición a la producción de vehículos eléctricos.

Actualmente, Stellantis planea vender la planta de Brampton a Roshel, fabricante de vehículos blindados “probados en combate”, que espera sacar provecho del enorme programa de rearme del gobierno liberal de Carney, cuyo objetivo es destinar el 5 por ciento del PIB de Canadá a la guerra y a la infraestructura relacionada con ella para 2035.

La gerencia de Stellantis también se ha negado a descartar despidos en el tercer turno de su gigantesca planta de ensamblaje de Windsor, y ha rechazado ofrecer una garantía sobre el número de puestos de trabajo en su pequeña planta de fundición en Etobicoke.

La determinación de Unifor de evitar una huelga se deriva de su nacionalismo canadiense y su corporativismo. La principal preocupación de la burocracia es mantener su “asociación” con los patrones de la industria automotriz y con los gobiernos federal liberal y conservador progresista de Ontario, con los que colabora estrechamente para proteger los intereses de las grandes empresas canadienses. Payne forma parte del Consejo Asesor sobre la guerra comercial entre Canadá y EE. UU. del primer ministro Mark Carney y dirige un sindicato que es uno de los defensores más acérrimos de la alianza corporativista “Team Canada”, que reprime la lucha de clases en beneficio de las empresas canadienses.

Esta propaganda nacionalista tiene como objetivo subordinar a la clase trabajadora a los intereses del capital canadiense, convenciendo a los trabajadores de que están “juntos en esto” en una “lucha común” con sus explotadores capitalistas para oponerse a Trump. En realidad, la élite empresarial de Canadá está ampliamente de acuerdo con las políticas sociales de Trump, incluidos los ataques a los derechos de los trabajadores, los recortes masivos a los servicios públicos y el desvío de los recursos de la sociedad hacia la guerra en todo el mundo. Simplemente se quejan de que la agenda de “América primero” de Trump, resumida en sus repetidas amenazas de anexar a Canadá, priva al capitalismo canadiense de ganancias tanto en el país como en el extranjero.

Durante más de cuatro décadas, Unifor ha trabajado incansablemente para separar a los trabajadores automotrices de Canadá de sus hermanos y hermanas de clase en Estados Unidos. La escisión nacionalista que llevó a la división canadiense del UAW a separarse en 1985 para formar el Sindicato de Trabajadores Automotrices de Canadá (CAW), predecesor de Unifor, fue un elemento fundamental en el pisoteo por parte de la burocracia sindical de todas las tradiciones militantes forjadas por los trabajadores automotrices norteamericanos en las luchas de organización masiva de las décadas de 1930 y 1940. Esto puso en marcha una carrera hacia el abismo que duró décadas y que se vio facilitada por las oscilaciones de los salarios, las prestaciones y los empleos de un lado a otro de la frontera, con la complicidad tanto del UAW como del CAW/Unifor.

En la última ronda de negociaciones contractuales de 2023, Unifor optó deliberadamente por un contrato de tres años con las Tres Grandes de Detroit, en lugar del acuerdo tradicional de cuatro años, para garantizar que los contratos de los trabajadores canadienses no expiraran al mismo tiempo que los de sus colegas estadounidenses en 2027. Hace tres años, mostraron su amarga hostilidad hacia cualquier acción conjunta de los trabajadores automotrices estadounidenses y canadienses, y Payne declaró de manera infame que Unifor estaba decidido a seguir su “propio curso canadiense”.

En declaraciones recientes, Payne ha dicho que la solución preferida por la burocracia de Unifor para el impasse con Stellantis es restablecer la producción del modelo Jeep Compass en la planta de Brampton, lo que pondría fin a los planes de reincorporar a más de 3.200 trabajadores estadounidenses que se encuentran en un despido temporal prolongado en Belvedere, Illinois.

Los trabajadores de la industria automotriz de base se han pronunciado sistemáticamente en contra de este nacionalismo repugnante cada vez que han tenido la oportunidad. La reciente declaración de Will Lehman, trabajador de Mack Trucks y candidato socialista a la presidencia del UAW, en la que llamaba a una lucha conjunta de los trabajadores automotrices de EE. UU. y Canadá para detener los recortes de empleos en la planta de ensamblaje de Brampton, fue recibida con entusiasmo por los trabajadores de Stellantis en Windsor. Cuando un equipo de campaña visitó la planta de ensamblaje de Windsor a principios de este mes para discutir el programa de Lehman de abolir el aparato sindical, devolver el poder a la base y unir a los trabajadores automotrices estadounidenses, canadienses y mexicanos, un trabajador de Stellantis respondió: “Toda la industria en América del Norte siempre ha estado integrada. Ahora, imponer aranceles como si fueran un ‘producto canadiense’, no es justo. Es mejor estar siempre unidos, como una sola cadena de suministro y un solo fabricante de autos”.

Otro agregó: “En un momento, los trabajadores de EE. UU. y Canadá formaban parte del mismo sindicato. No podemos ganar si estamos separados. Necesitamos volver a unirnos porque los gobiernos y las empresas, el gran capital, nos están destruyendo”.

La contundente votación a favor de la huelga por parte de los trabajadores de Stellantis demuestra que están decididos a luchar contra los recortes de empleos. Ese sentimiento debe orientarse ahora hacia un programa de lucha, movilizando a los trabajadores automotrices de toda América del Norte contra los dictados de los patrones del sector automotriz, sus socios en el gobierno y las burocracias de Unifor y el UAW.

No habrá una lucha genuina en defensa de los empleos a menos que los trabajadores de Stellantis formen comités de base en Windsor, Brampton y Etobicoke para tomar el control de la lucha y arrebatárselo al aparato nacionalista y proempresarial de Unifor. Estos comités deben coordinar las acciones de huelga y construir un movimiento conjunto con los trabajadores automotrices de EE. UU., México y a nivel internacional a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB).

La resistencia se está extendiendo por toda América del Norte. Mil doscientos trabajadores de National Steel Car en Hamilton, el principal fabricante de vagones ferroviarios de América del Norte, se encuentran ya en su tercer mes de huelga, luchando para poner fin a un régimen salarial a destajo que es un verdadero asedio. Unos 500 trabajadores siderúrgicos de Stelco en Hamilton y Nanticoke se enfrentan a despidos, mientras que unos 23.000 trabajadores de US Steel y Cleveland-Cliffs —empresa dueña de Stelco y que está despidiendo a los trabajadores canadienses— se ven obligados a seguir trabajando bajo extensiones de contrato —que ya llevan más de seis semanas— acordadas por el sindicato United Steelworkers para impedir una huelga.

La tarea consiste en movilizar a los trabajadores a nivel internacional para defender todos los empleos, y vincular esto a la lucha por el control obrero sobre la producción y el poder político. Solo así se podrán destinar los vastos recursos de la sociedad a conseguir empleos industriales modernos, seguros y bien remunerados para todos, en lugar de llenar los bolsillos de los oligarcas y los grandes accionistas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 20 de octubre de 2026)

Loading