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Israel se hunde en una crisis aún más profunda tras unas elecciones sin resultado concluyente

Las elecciones generales de Israel han terminado en un bloqueo político. Con más del 90 % de los votos escrutados, el bloque del primer ministro Benjamin Netanyahu —integrado por el Likud, los partidos fascistas Otzma Yehudit y Sionismo Religioso, y los partidos ultraortodoxos shas y Judaísmo Unido de la Torá (UTJ)— obtiene entre 53 y 54 escaños en una Knéset de 120 miembros, siete u ocho por debajo de la mayoría absoluta.

El bloque opositor de 'cambio' encabezado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot tiene 47 o 48. Las dos listas de mayoría árabe, la Lista Conjunta y Ra'am, suman un total combinado de 19 escaños.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se dirige a sus partidarios en la sede del partido Likud en Jerusalén, tras la publicación de los primeros sondeos a pie de urna en las elecciones generales de Israel, el miércoles 28 de octubre de 2026 [Foto AP/Ohad Zwigenberg] [AP Photo/Ohad Zwigenberg]

Aún quedan por escrutar hasta 480.000 votos emitidos mediante el sistema de doble sobre, principalmente por militares, policías y diplomáticos. Se espera que el recuento concluya el jueves. Los resultados oficiales se publicarán el 4 de noviembre. El presidente Isaac Herzog consultará entonces a los líderes de los partidos antes de conceder a uno de ellos hasta 42 días para formar una coalición. Pidió a los partidos que acuden a él con 'una mente abierta' y que hagan todo lo posible 'para evitar otra ronda de elecciones'.

Durante semanas, los medios internacionales presentaron las elecciones como un punto de inflexión histórico, un referéndum sobre la era Netanyahu que finalmente derrocaría al gobierno más derechista de la historia de Israel. Esto no tenía nada que ver con la preocupación por los palestinos.

La esperanza depositada en Eisenkot era que un gobierno encabezado por un exgeneral que comparte todos los elementos esenciales del programa de Netanyahu —limpieza étnica, destrucción de Gaza, guerra contra el Líbano e Irán— permitiera a los aliados europeos de Washington, que se enfrentan a una oposición masiva en casa por su complicidad en el genocidio, poner cierta distancia entre ellos y la figura políticamente tóxica de Netanyahu. Entonces les resultaría más fácil armar, financiar y proteger diplomáticamente al régimen sionista.

Los sionistas liberales esperaban que un gobierno menos abiertamente criminal ayudara a rescatar a Israel de su actual posición como paria global.

Esa expectativa se ha desvanecido. Netanyahu lidera el bloque más grande, el Likud sigue siendo el partido más grande y es sobre el que más probablemente recaerá el primer intento de formar gobierno. Durante los próximos meses, Netanyahu seguirá siendo primer ministro y estará libre para seguir con la agenda que ha elaborado con el presidente estadounidense Donald Trump para una guerra renovada y ampliada contra Irán.

Trump, que intervino descaradamente en la campaña con sus apoyos públicos del 18 y el 25 de octubre —advirtiendo a los israelíes de que, si elegían al “líder equivocado, que sería cualquiera que no fuera Bibi”, Estados Unidos tendría que encargarse por sí mismo de actuar contra Irán—, recibió los resultados declarando: “En este caso, un empate se considera más o menos una victoria”.

De manera fundamental, como explicó el WSWS antes de las elecciones, ningún partido sionista ofrecía una alternativa a la guerra y al autoritarismo. Las elecciones fueron una lucha entre facciones del aparato gobernante sobre cómo gestionar mejor las guerras, repartirse el botín y reprimir la crisis social generada por una sociedad organizada en torno al militarismo permanente. El resultado lo confirma.

Los votos perdidos por Netanyahu no fueron el resultado de un desplazamiento del electorado hacia una oposición supuestamente más liberal. En 2022, los partidos sionistas que ahora forman el bloque de Eisenkot—Yesh Atid, Unidad Nacional, Yisrael Beiteinu y Labor—ganaron 46 escaños entre ambos. Actualmente, el partido Yashar de Eisenkot (21 escaños), la coalición Juntos de Naftali Bennett y Yair Lapid (11), el Yisrael Beiteinu de Avigdor Liberman (7 u 8) y los Demócratas de Yair Golan (8) suman entre 47 y 48 escaños.

Tras tres años de genocidio, con una economía desangrada por un gasto militar que casi se ha duplicado como proporción del PIB desde 2022, y después de una campaña electoral planteada como un veredicto sobre Netanyahu, la oposición sionista solo avanzó uno o dos escaños.

Cuatro de los escaños perdidos por Netanyahu provinieron de los partidos ultraortodoxos, en gran parte por la abstención. Shas pasó de 11 escaños a alrededor de siete, mientras que UTJ se mantuvo en siete. La participación cayó bruscamente en los bastiones haredíes, donde estas comunidades expresaron su indignación por la incapacidad del Gobierno para aprobar una ley que eximiera del servicio militar a los estudiantes de los yeshivás (escuelas religiosas judías). Esta fue la cuestión por la que UTJ abandonó la coalición y Shas retiró a sus ministros.

Además, el porcentaje de votos del Likud cayó apenas unos dos puntos, y el número total de votos que obtuvo es aproximadamente el mismo que en 2022. Las elecciones demostraron que existe un núcleo de votantes de derechas que no tiene ninguna intención de cambiar de rumbo. Su expresión más preocupante se encuentra en los más de medio millón de israelíes de entre 18 y 22 años que tenían derecho a votar por primera vez. De ellos, una encuesta de Channel 12 reveló que el 74 % se definía ideológicamente como de derechas o de centroderecha.

El concepto de una forma más progresista de sionismo ha sido refutado de manera decisiva por estos resultados. Según las encuestas, solo el cuatro por ciento de los israelíes judíos pensaba que el asalto a Gaza había ido demasiado lejos y todavía apoyaba la eventual formación de un Estado palestino. Una encuesta del Israel Democracy Institute de 2026 encontró que más de tres cuartas partes de los israelíes judíos apoyaban continuar la guerra contra Irán.

Quienes realmente desean la paz y el fin del conflicto nunca verán esto votando por un grupo distinto de criminales de guerra.

El mensaje que los partidos de la oposición dirigen a los votantes no es que Netanyahu haga la guerra, sino que la hace mal. Eisenkot es el autor de la doctrina Dahiya, que consiste en aplicar una 'fuerza desproporcionada' para infligir 'graves daños y destrucción' en zonas civiles, y que se utilizó por primera vez contra los suburbios del sur de Beirut en 2006. Formó parte del gabinete de guerra de Netanyahu durante ocho meses para llevar adelante el genocidio en Gaza y solo lo abandonó para atacar a Netanyahu por no haber terminado el trabajo.

Eisenkot se ha comprometido a destruir el brazo armado de Hamás y poner fin a su gobierno en un plazo de 18 meses. También ha declarado que 'dos Estados para dos pueblos es un error', insistiendo en que Israel debe mantener el control absoluto en materia de seguridad 'desde el río hasta el mar'. Apoya impedir que Irán adquiera capacidad nuclear militar, recurriendo a la fuerza si es necesario.

Lo que cambió de manera más decisiva en la elección fue la movilización de los ciudadanos palestinos de Israel, que representan alrededor de una quinta parte de la población. La participación árabe, alrededor del 55 por ciento en 2022, superó el 80 por ciento este año. Los dos partidos árabes no solo casi duplicaron los 10 escaños que ganaron en 2022, sino que al aumentar la participación general también redujeron el total de escaños de las grandes listas sionistas bajo el sistema de representación proporcional de Israel.

Se está planteando la posibilidad de que el voto árabe permita formar un gobierno encabezado por Eisenkot. Sin embargo, durante toda la campaña electoral, Eisenkot estableció cuatro condiciones para cualquier socio de gobierno, entre ellas reconocer a Israel como un Estado judío y democrático y a Hamás como una organización terrorista. Además, afirmó rotundamente que no veía ningún partido árabe que cumpliera esos requisitos.

Al preguntarle sobre unir fuerzas con partidos árabes, dijo: 'Va en contra de mis principios.' Si incumpliera esa promesa, afirmó, esperaba que los miembros de su propio partido 'adoptaran una posición firme'. La propuesta de Eisenkot consiste en una reconfiguración de fuerzas dentro del sionismo. 'Haré esfuerzos para incorporar a más partidos sionistas', explicó, 'porque Israel necesita una amplia coalición'. Los partidos de Liberman y Bennett han expresado lo mismo.

El papel de los dos partidos árabes resulta políticamente comprometedor. El líder del partido islamista Ra’am, Mansour Abbas, formó parte del Gobierno de Bennett-Lapid entre 2021 y 2022, que bombardeó Gaza y durante cuyo mandato se produjo un aumento de los asesinatos en Cisjordania. Declaró la noche electoral que la mayoría de los votantes del bloque de Eisenkot querían un gobierno con Ra'am y que figuras de alto rango habían discutido un acuerdo con él antes de la votación.

El líder de la Lista Conjunta, Yousef Jabareen, encabeza una alianza de su Hadash, que surgió del estalinista Partido Comunista Israelí, y está alineado con los partidos nacionalistas seculares Ta'al y Balad. Hadash ha dicho que está 'listo y preparado para allanar el camino para derrocar al gobierno de Netanyahu', proclamando que 'el cambio pasa por una asociación judío-árabe.'

Que ambas partes se declaren dispuestas a instalar un gobierno encabezado por un criminal de guerra que se opone a un Estado palestino, defiende la destrucción de infraestructuras civiles y está comprometido con la guerra con Irán, es una denuncia de su hostilidad a los intereses fundamentales de las masas palestinas.

A largo plazo, el hecho de que los ciudadanos palestinos de Israel puedan determinar la composición del gobierno del Estado sionista será tratado por todas las facciones de la clase dirigente israelí como una amenaza existencial. Esto les impulsará a intensificar la ofensiva contra los palestinos y a llevarla más profundamente hacia dentro de Israel.

Mientras tanto, Netanyahu tiene carta blanca para cumplir su promesa de que el régimen iraní 'debe caer, y yo lo derribaré', diciéndole a Trump: 'Donald, tenemos un trabajo que terminar'. Sus planes operativos, dice, están 'listos, esperando la aprobación de Trump', con Estados Unidos reforzando sus fuerzas en la región para un asalto esperado tras las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre.

El verdadero carácter histórico de estas elecciones no reside en ninguna posibilidad de rescatar a Israel de su crisis creciente. Es su confirmación de la esencia reaccionaria del proyecto sionista, de un Estado fundado en la expulsión y despojo de los palestinos, organizado como estado guarnición para el imperialismo estadounidense, sostenido por una guerra permanente y basado en la represión al estilo apartheid de una quinta parte de sus propios ciudadanos.

La única salida es la unificación en un programa socialista internacionalista de trabajadores judíos y palestinos con sus hermanos y hermanas de clase en todo Oriente Medio y a nivel internacional, en una lucha contra el sionismo y el imperialismo y por los Estados Socialistas Unidos de Oriente Medio.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de octubre de 2026)

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