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Bukele envía miles de soldados salvadoreños a Haití con apoyo de Estados Unidos, Colombia y República Dominicana

Tropas salvadoreñas llegan a Haití [Photo: Presidencia de El Salvador]

El presidente salvadoreño Nayib Bukele ha comenzado a enviar a Haití más de 2.000 soldados, junto con helicópteros y vehículos blindados. Según un reportaje de Axios publicado el jueves, lo hizo después de una llamada telefónica el martes en la que el presidente Donald Trump le dijo: “Haz lo que tengas que hacer”. Fuentes dijeron a Axios que la cifra podría “duplicarse o triplicarse”.

El pretexto es el rescate de cuatro aerotécnicos salvadoreños de la Fuerza de Supresión de Bandas (GSF, por sus siglas en inglés), autorizada por la ONU. Desaparecieron el 18 de octubre después de que hombres armados atacaran su vehículo blindado en Santo, en Croix-des-Bouquets, a 12 kilómetros de Puerto Príncipe. Bukele ha amenazado con que el ataque “no es nada comparado con lo que viene”.

El jueves, escribiendo en criollo haitiano, declaró: “No vinimos a Haití a ganar dinero, porque nadie nos paga por hacerlo. Vinimos a Haití a luchar contra los malvados”.

Axios informa que la fuerza salvadoreña “parece estar operando en paralelo a la GSF” y a Vectus Global, el ejército privado del fundador de Blackwater, Erik Prince. Describe a Haití como “un caso de prueba para que Bukele y… Prince actúen como intermediarios público-privados de la potencia estadounidense en el hemisferio”.

Washington ha procurado mantenerse al margen. El secretario de Estado, Marco Rubio, “quiere mantener a Haití fuera del radar”, dijo una fuente a Axios, y la solicitud de Bukele de drones y aviones de transporte estadounidenses fue “negada oficialmente”. Colombia, añadió la fuente, “podría actuar como intermediario no oficial” para que “no haya huellas estadounidenses en la misión”.

Las huellas están ahí de todos modos. Los primeros refuerzos salvadoreños llegaron a Puerto Príncipe el 23 de octubre a bordo de un C-130 militar estadounidense que, según el Miami Herald, fue “proporcionado por el Pentágono a solicitud del Departamento de Estado de Estados Unidos”.

El 27 de octubre, el día de la llamada de Trump, un C-130H Hércules de la Fuerza Aérea de Colombia, con matrícula FAC1005, trasladó soldados y equipo salvadoreños de San Salvador a Puerto Príncipe, según datos de rastreo de vuelos y reportes de prensa.

La República Dominicana se ha convertido en la retaguardia de la operación. El 24 de octubre, dos días antes de la conferencia de la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C), el presidente Luis Abinader dijo que había hablado con Bukele para coordinar apoyo logístico y de inteligencia. Un avión de carga Boeing 747 de la aerolínea estadounidense National Airlines entregó helicópteros salvadoreños en Santo Domingo el 28 de octubre. Al día siguiente, siete helicópteros de combate salvadoreños despegaron hacia Haití desde la fortaleza El Rodeo del Ejército dominicano, en Jimaní, en la frontera.

Brian Mast, presidente republicano de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, expresó el objetivo sin rodeos: “Espero que la misión sea venganza, represalia y destrucción de las bandas”.

Esto marca una nueva etapa en la construcción de lo que equivale a un Plan Cóndor 2.0. Washington ha dado su aprobación para que un régimen latinoamericano envíe miles de soldados a otro país, fuera incluso del manto formal de la ONU. La fuerza está siendo abastecida, según todos los indicios, por Washington a través de los gobiernos de extrema derecha de Abelardo de la Espriella en Colombia y Luis Abinader en la República Dominicana.

Bajo la bandera de combatir a las “bandas criminales” y los “narcoterroristas”, se está formando una fuerza hemisférica, una Gestapo para las Américas, dirigida contra la clase trabajadora y orientada a convertir el hemisferio en una base segura para los preparativos bélicos del imperialismo estadounidense contra China.

El despliegue coincidió con la conferencia de la A3C en Santo Domingo los días 26 y 27 de octubre. La coalición fue lanzada en marzo en una reunión convocada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y ahora reúne a 19 gobiernos. Abinader inauguró el evento junto con el comandante del Comando Sur estadounidense, el general Francis L. Donovan. Eric Geressy, asesor principal de Hegseth, resumió la perspectiva de la coalición: “Esta coalición no gestiona amenazas. Las eliminamos”.

Esta semana, 300 soldados estadounidenses también llegaron a la base de Tolemaida, en Colombia, para los ejercicios “Southern Vanguard 2027”. Como señaló el World Socialist Web Site, la A3C recuerda la reunión de Santiago de noviembre de 1975 que fundó la Operación Cóndor, con una diferencia: “La reunión de Pinochet se realizó en secreto. La de Trump se realiza a la vista de todos”.

Los métodos de secuestro, tortura y desaparición transfronterizos de Cóndor nunca fueron repudiados por las Fuerzas Armadas de la región y siguen siendo la médula de todos los cuerpos de oficiales entrenados por Washington.

El principal organizador de Cóndor fue la policía secreta chilena DINA, en sí misma un monstruo de Frankenstein creado por la CIA. Documentos desclasificados publicados por el National Security Archive en 2024 muestran que en febrero de 1974 Pinochet pidió personalmente al subdirector de la CIA, Vernon Walters, que ayudara a la DINA en su “período de formación”, y que a mediados de 1975 la CIA puso a su director, Manuel Contreras, en su nómina. En junio de 1974, un cable de la Agencia de Inteligencia de la Defensa estadounidense informó que los oficiales chilenos veían el decreto fundacional de la DINA como “la base sobre la cual se construirá una fuerza policial de tipo Gestapo”. Bukele ofrece a su ejército para el mismo papel: una fuerza de choque regional en la que Washington pueda confiar para actuar a través de las fronteras.

Un siglo de “estabilización” en Haití

Haití fue ocupado repetidamente por los Marines estadounidenses en el siglo pasado, comenzando en 1915 para garantizar los pagos a los bancos estadounidenses. Washington respaldó luego la dictadura de los Duvalier y ayudó a organizar el derrocamiento en 2004 del presidente electo Jean-Bertrand Aristide. En 2011 instaló a Michel Martelly, a quien el Tesoro estadounidense sancionó en 2024 por tráfico de drogas. Las bandas que hoy controlan la mayor parte de Puerto Príncipe no son un mal externo. Crecieron como los instrumentos armados de facciones rivales de la burguesía haitiana, muchas de ellas clientela de Washington. Desde el asesinato de Jovenel Moïse en 2021, el país ha sido gobernado por organismos no electos designados por Estados Unidos y sus aliados. El miércoles, las autoridades electorales pospusieron nuevamente las elecciones, hasta julio de 2027.

Una misión encabezada por Kenia alcanzó solo alrededor del 40 por ciento de su meta de 2.500 efectivos antes de retirarse a comienzos de este año. La GSF que la reemplazó, autorizada en septiembre de 2025 con 5.550 efectivos, contaba con poco más de 2.000 a mediados de octubre. Mientras tanto, más de 5.700 personas han sido asesinadas este año, 1,5 millones están desplazadas y casi 6 millones enfrentan hambre aguda.

La empresa mercenaria de Erik Prince, Vectus Global, llenó el vacío. En 2025 firmó un acuerdo de diez años con las autoridades haitianas para combatir a las bandas y luego cobrar impuestos sobre los bienes que cruzan la frontera dominicana, con planes de desplegar combatientes reclutados en Estados Unidos, Europa y El Salvador. Human Rights Watch contabilizó 1.243 personas asesinadas por ataques con drones entre marzo de 2025 y enero de 2026, incluidos 17 niños.

En julio, un asesor del Pentágono dijo al Congreso que las fuerzas estadounidenses ya coordinan con Vectus “informalmente, en todos los niveles de mando” y que “esa asociación se estrechará”.

La República Dominicana, anfitriona de la A3C, completa la tenaza. El gobierno del multimillonario Abinader deportó a más de 250.000 personas a Haití en los primeros siete meses de este año, alrededor de 1.000 por día, en cumplimiento de su orden de octubre de 2024 de expulsar a todos los haitianos indocumentados, detrás del muro fronterizo que comenzó a construir en 2022. Es heredero de una clase dominante que despojó de su ciudadanía a unos 200.000 dominicanos de ascendencia haitiana en 2013 y cuyo dictador, Rafael Trujillo, masacró a miles de haitianos en 1937.

Bukele subcontrata al Estado salvadoreño

Bukele afirma que El Salvador paga el 90 por ciento de la ofensiva, mientras los trabajadores pagan un programa del FMI. En virtud de un acuerdo de préstamo de 1.400 millones de dólares, su gobierno ha despedido a unos 15.000 empleados públicos desde 2024. A mediados de octubre anunció que 10.629 presos, ahora llamados “colaboradores casuales” de las bandas, podrían ser liberados anticipadamente.

Su presupuesto de 2027 recorta más de 25 millones de dólares a la Policía Nacional Civil y congela el gasto en las cárceles superpobladas.

Esta es la crisis del “modelo Bukele”. Bajo un régimen de excepción vigente desde marzo de 2022, más de 90.000 personas han sido encarceladas, y grupos de derechos humanos han documentado entre 458 y 570 muertes bajo custodia. Bukele luego alquiló la megacárcel del CECOT a la administración Trump como vertedero de inmigrantes deportados, donde fueron torturados. Con la maquinaria de encarcelamiento masivo ahora inasequible, convierte al propio ejército en una exportación.

La propia historia de El Salvador muestra para qué se entrenan fuerzas de este tipo. El Batallón Atlacatl, entrenado por Estados Unidos, asesinó a casi 1.000 campesinos en El Mozote en 1981. La semana pasada, Bukele instó a Francia a adoptar sus métodos contra las protestas estudiantiles y obreras, presumiendo de que “podría hacerlo en una semana”. El objetivo de este aparato está claro. No son las bandas, sino la creciente oposición de masas a la desigualdad social, la guerra y la dictadura.

Esto no es una peculiaridad de la extrema derecha. La mexicana Claudia Sheinbaum envió 10.000 efectivos de la Guardia Nacional a la frontera con Estados Unidos para evitar los aranceles de Trump. Gobiernos de todas las etiquetas ofrecen sus fuerzas de seguridad a Washington para asegurar una relación favorable con el imperialismo estadounidense.

La respuesta al Plan Cóndor 2.0 no puede provenir de un nacionalismo burgués de “izquierda” remozado. Requiere la unificación de los trabajadores de Haití, El Salvador, la República Dominicana, Colombia y Estados Unidos en una lucha común contra el imperialismo y el sistema capitalista que produce desigualdad social, dictadura y guerra.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 30/10/2026)

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