Las bases históricas e internacionales del Partido Socialista por la Igualdad

Parte 2

16 marzo 2010

El Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.) sigue hoy con la publicación de la segunda parte de Las bases históricas e internacionales del Partido Socialista por la Igualdad. El documento se debatió extensamente y fue adoptado unánimemente en el Congreso de Fundación del PSI, celebrado del 3 al 9 de agosto del 2008. Durante dos semanas el WSWS publicará en partes el texto publicado en este sitio en su inglés original del 29 de septiembre al 10 de octubre del 2008. (Oprima aquí para leer las partes 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11)

El WSWS ya ha publicado en castellano la Declaración de Principios del Partido Socialista por la Igualdad, la cual también fue adoptada por el Congreso de Fundación.

La guerra imperialista y el colapso de la Segunda Internacional

20. Las tensiones que crecían en el capitalismo mundial estallaron en la Primera Guerra Mundial, la cual, con todos sus horrores, anunció el inicio de la época de “la agonía de muerte del capitalismo” y de la revolución socialista mundial. Ya en los 1880, Engels había advertido acerca de las consecuencias del militarismo capitalista y el peligro de guerra. Antes de 1914, en una serie de congresos, la Segunda Internacional había emitido varios manifiestos exhortando a la clase trabajadora a resistir el comienzo de la guerra, y si la guerra estallaba, a aprovecharse de la crisis para “despertar al pueblo y acelerar el derrumbe del capitalismo”. Sin embargo, el asesinato del archiduque austriaco Franz Ferdinand el 28 de junio de 1914 —la chispa que encendió antiguos conflictos entre las burguesías europeas— reveló de la noche a la mañana las implicaciones del desarrollo del oportunismo dentro del movimiento socialista. El 4 de agosto de 1914, los representantes del PSD votaron para apoyar la guerra económicamente, y casi todos los partidos de la Segunda Internacional cayeron en línea para apoyar la política bélica de sus gobiernos burgueses.

21. En oposición a la capitulación de la Segunda Internacional, el Partido Bolchevique se pronunció contra la guerra bajo el liderazgo deLenín. A pocas semanas de su comienzo, Lenín escribió una resolución que definía al conflicto como “una guerra burguesa, imperialista y dinástica”. La resolución declaró lo siguiente:

“La conducta de los dirigentes de la socialdemocracia alemana, los más fuertes y de mayor influencia en la Segunda Internacional (1889-1914), partido que ha votado por los créditos de guerra y ha repetido las frases burguesas y chovinistas de los Junkers y la burguesía de Prusia, es una traición total al socialismo. Bajo ninguna circunstancia se puede tolerar la conducta de los líderes del partido socialdemócrata de Alemania, aún si supusiéramos que el partido fuera débil en lo extremo y que tuviera que subordinarse temporalmente a la voluntad de la mayoría burguesa de la nación. Es un hecho que este partido ha adoptado un programa nacionalista liberal”. [12]

22. La resolución condenó las acciones de los partidos socialistas de Bélgica y Francia como “igualmente censurables”. [13] Y procedió a colocar los acontecimientos de agosto de 1914 en el necesario contexto político e histórico.

“La traición al socialismo por la mayoría de los dirigentes de la Segunda Internacional (1889-1914) significó el fracaso ideológico y político total de la Internacional. Este colapso ha sido producido mayormente por el predominio de oportunismo pequeño burgués, los mejores representantes del proletariado revolucionario de todos los países han estado avisando del peligro de adaptarse a la burguesía. Hace tiempo que los oportunistas estaban preparando la destrucción de la Segunda Internacional rechazando la revolución socialista y reemplazándola con reformismo en su lugar, rechazando la lucha de clases con su inevitable transformación, en ciertos momentos, en guerra civil y predicando colaboración de clases y chovinismo bajo el disfraz de patriotismo y defensa de la patria, y haciendo caso omiso y rechazando la verdad fundamental del socialismo establecida hace bastante tiempo en el Manifiesto Comunista que los trabajadores no tienen país, limitándose, en una lucha contra el militarismo, a un punto de vista filisteo y sentimental, en vez de reconocer la necesidad de una guerra de todos los proletarios de todos los países contra la burguesía de todos los países, haciendo un fetiche del parlamentarismo y la legalidad burguesa y olvidando que las formas ilegales de agitación y organización son imprescindibles en tiempos de crisis”. [14]

23. Lenín insistió que la capitulación de la Segunda Internacional significó la muerte política de esa organización como instrumento de luchas revolucionarias. Por lo tanto, era necesario proceder con la construcción de una nueva, Tercera Internacional. Esta nueva internacional tenía que basarse en una lucha sin compromisos contra el oportunismo, el cual había aparecido en agosto de 1914 como una agencia del imperialismo dentro del movimiento obrero internacional. Lenín rechazó toda explicación del colapso de la Segunda Internacional que trivializaba el acontecimiento como si fuese el producto de errores individuales y debilidades. “En todo caso”, Lenín escribió “es absurdo sustituir el papel de los individuos por el papel de la lucha entre tendencias y en un nuevo período del movimiento obrero”. [15] Tal como Lenín anticipara, la división entre el marxismo y el oportunismo precipitó una reordenación fundamental en el movimiento obrero; reordinación que se reflejó en todos los países entre chovinistas nacionalistas y tendencias internacionales. Fue de esta división de la cual más tarde emergieron todos los nuevos partidos comunistas.

24. La Primera Guerra Mundial tenía profundas raíces en el desarrollo del capitalismo, particularmente en la contradicción entre la creciente economía global y el sistema capitalista nación-estado. Trotsky escribió en 1915: “La actual guerra tiene sus raíces en una rebelión de las fuerzas productivas contra la forma política de nación estado. Ello significa el colapso del Estado nacional como unidad económica independiente...La guerra de 1914 es el derribo más colosal de un sistema económico destruido por sus inherentes contradicciones” [16]. Al mismo tiempo, esto significó que los viejos partidos de la socialdemocracia, desarrollados durante un periodo de gran crecimiento de economías nacionales, se estremecieron hasta su núcleo por el repentino colapso de las condiciones familiares que formaron su rutina política durante varias décadas. La defensa teórica y retórica formal de la perspectiva revolucionaria fue cuidadosamente balanceada con una práctica que tenía un carácter predominantemente reformista. Pero al cambiar las condiciones se hizo imposible continuar el doble juego político y teórico. “En su hundimiento histórico, los estados nacionales han arrastrado con ellos a los partidos social-nacionalistas. Así como los estados nacionales se han convertido en un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas, los viejos partidos socialistas se han convertido en el obstáculo principal al movimiento revolucionario de la clase trabajadora”. [17]

25. Investigando más a fondo el origen del oportunismo en la Segunda Internacional, Lenín analizó los cambios económicos y socio políticos en la estructura del capitalismo mundial relacionados con el surgimiento del imperialismo. Criticando las formulaciones de Karl Kautsky, líder teórico de la socialdemocracia alemana que se había rendido a los oportunistas en agosto de 1914, Lenín rechazó su afirmación de que el imperialismo sólo era una política “preferida”. En cambio, Lenín explicó:

“El imperialismo es una fase histórica y especifica del capitalismo. Su carácter específico consta de tres aspectos: Imperialismo es (1) capitalismo monopolista, (2) parasitario o capitalismo decadente, (3) capitalismo moribundo. La sustitución de la libre competencia por monopolio es la característica económica fundamental, la quintaesencia del imperialismo”. [18]

26. Lenín también rechazó la teoría de Kautsky de “ultra imperialismo”, la cual teorizaba la posibilidad de una regulación pacifica, no violenta y no imperialista de la economía mundial y las relaciones entre las grandes potencias capitalistas:

“Lo esencial consiste en que Kautsky separa la política del imperialismo de su economía, hablando de las anexiones como de una política ‘preferida' por el capital financiero y oponiendo a la misma otra política burguesa posible, según él, sobre la misma base del capital financiero. Resulta que los monopolios en la economía son compatibles con el modo de obrar no monopolista, no violento, no anexionista en política. Resulta que el reparto territorial del mundo, terminado precisamente en la época del capital financiero y que constituye la base del carácter particular de las formas actuales de rivalidad entre los más grandes Estados capitalistas, es compatible con una política no imperialista. Resulta que de este modo se disimulan, se atenúan las contradicciones más radicales de la fase actual del capitalismo en vez de ponerlas al descubierto en toda su profundidad; resulta un reformismo burgués en lugar del marxismo”. [19]

La Revolución Rusa y la vindicación de la Revolución Permanente

27. Entre 1914 y 1917 Lenín y Trotsky previeron que la guerra imperialista produciría las condiciones para levantamientos revolucionarios en toda Europa. Esta perspectiva se vio justificada con el comienzo de la Revolución de Febrero, la cual emergió de la guerra y su enorme exacerbación de la crisis de la sociedad rusa. Después de la Revolución de Febrero en 1917 derrocar al Zar, los mencheviques se unieron al gobierno provisional burgués y se opusieron a la revolución de la clase trabajadora. El gobierno provisional defendió las relaciones capitalistas de la propiedad, continuaron buscando la guerra y se opusieron a la distribución de tierras entre los campesinos. Lenín volvió a Rusia en abril y, rechazando en práctica el antiguo programa bolchevique de la dictadura democrática, llamó a los trabajadores a oponerse al gobierno provisional y tomar el poder a través de los soviets [consejos obreros]. Esta postura convalidaba y ratificaba, en sus partes más importantes, la teoría de la revolución permanente formulada por Trotsky, la cual había previsto a un grado extraordinario la actual trayectoria de los desarrollos revolucionarios y echado los cimientos teóricos y políticos para la reorientación decisiva de Lenín y el Partido Bolchevique en abril de 1917. Muchos de los “viejos bolcheviques, inclusive Stalin, rechazaron vigorosamente la adopción, por parte de Lenín, de la perspectiva de Trotsky. Antes del retorno de Lenín en abril de 1917, la postura de Stalin como editor de Pravda, el periódico bolchevique, era darle completo apoyo al gobierno provisional. Él también abogó por apoyar la continuación del esfuerzo bélico.

28. En los meses que siguieron hasta el derrocamiento del gobierno provisional burgués, Lenín llevó a cabo un estudio extenso de las obras de Marx y Engels referente al estado. Este estudio respondió a los oportunistas, quienes se esforzaban en demostrar al estado como una institución por encima de las clases que existía para reconciliar y arbitrar las diferencias entre las clases. Lenín le puso énfasis a la definición de Engels sobre el estado como instrumento coercitivo de la burguesía para defender su dominio y oprimir y explotar a la clase trabajadora. Lenín sostuvo que esta definición no había perdido su importancia en el siglo XX. Al contrario:

“Y en particular el imperialismo, la época del capital bancario, la época de los gigantescos monopolios capitalistas, la época de la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, revela un extraordinario fortalecimiento de la ‘máquina del Estado', un desarrollo inaudito de su aparato burocrático y militar, en relación con el aumento de la represión contra el proletariado, así en los países monárquicos como en los países republicanos más libres”. [20]

29. El octubre de 1917, los bolcheviques, habiendo ganado la mayoría en el soviet de Petrogrado, organizaron una insurrección bajo el liderazgo de Trotsky, derrocaron al gobierno provisional y le dieron el poder a los soviets. Serias investigaciones históricas refutan toda afirmación que la Revolución de Octubre fue un golpe de estado conspiratorio llevado a cabo por los bolcheviques sin el apoyo de las masas. [21] De hecho, existía gran apoyo en la clase trabajadora de Petrogrado, capital de Rusia, al derrocamiento del gobierno burgués. Sin embargo, dentro de la dirigencia bolchevique había bastante oposición. Lev Kamenev y Grigory Zinoviev, dos de los colaboradores más íntimos de Lenín, estaban convencidos de que una insurrección terminaría en el desastre. Pronosticaron obstáculos invencibles para la victoria de la revolución. Llamaron la atención sobre las todavía importantes fuerzas militares bajo el mando de Kerensky, líder del gobierno provisional, y a la artillería desplegada alrededor de la ciudad. Pero sucedió lo contrario; los cálculos de los bolcheviques que se oponían a la insurrección resultaron ser enormemente erróneos. El derrocamiento del gobierno provisional se logró con gran facilidad y con muy poco derramamiento de sangre. Trotsky, refiriéndose luego al significado de las luchas internas del Partido Bolchevique que precedieron a la revolución, hizo notar lo siguiente:

“...hay dos categorías de jefes propensos a hacer retroceder al partido en el momento de convenirle dar el mayor salto adelante. Los unos tienden a ver más que nada las dificultades, los obstáculos, y a apreciar cada situación con la idea preconcebida, inconsciente a veces, de esquivar la acción. En ellos, el marxismo se vuelve un método que sirve para establecer la imposibilidad de la acción revolucionaria. Representaban los ejemplares más característicos de este tipo de jefes los mencheviques rusos. Pero no se limita este tipo al menchevismo, y en el momento más crítico, se revela dentro del partido más revolucionario entre los militantes que ocupan los más altos puestos.

“Los representantes de la otra categoría son agitadores superficiales. No ven los obstáculos mientras no tropiezan con ellos de frente. Cuando llega el momento de la acción decisiva, transforman inevitablemente en impotencia y pesimismo su costumbre de eludir las dificultades reales haciendo juegos malabares de palabras. Para el primer tipo, para el revolucionario mezquino que se contenta con ínfimas ganancias, las dificultades de la conquista del Poder no constituyen sino la acumulación y la multiplicación de todas las que están habituados a hallar en su camino. Para el segundo tipo, para el optimista superficial, siempre surgen de repente las dificultades de la acción revolucionaria. En el período preparatorio observan conducta diferente estos dos hombres: el uno parece un escéptico con quien es imposible contar firmemente desde el punto de vista revolucionario; por el contrario, el otro puede semejar un revolucionario ardoroso. Pero en el momento decisivo ambos van tomados de la mano para erguirse contra la insurrección”. [22]

30. La Revolución Rusa impulsó levantamientos en todo el mundo. El gobierno revolucionario hizo un llamado por el fin a la guerra, reveló tratados secretos que ponían al descubierto los planes de las naciones en conflicto e instó a los trabajadores a que se rebelaran contra sus gobiernos. Los mencheviques se mantuvieron intransigentes en su oposición al derrocamiento del gobierno provisional a pesar que la revolución, dirigida por los bolcheviques, contaba claramente con el apoyo de las masas. Incluso después del derrocamiento, los mencheviques rechazaron los esfuerzos de bolcheviques moderados, tales como Kamenev, para sumarlos a un gobierno de coalición socialista. Los mencheviques insistieron que su precio por cualquier colaboración era no solo la remoción de Lenín y Trotsky de todo puesto de autoridad. ¡También querían que fuesen entregados a la policía!

31. Si el partido bolchevique hubiera fracasado en tomar el poder, lo único que podría haber ocurrido era la contrarrevolución, que hubiese resultado en la restauración del Zar o en el establecimiento de una dictadura militar. Una vez que la burguesía y sus patrones imperialistas se recobraron de la sacudida inicial, instigaron una guerra civil con la intención de destruir el régimen revolucionario. Se formó el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotsky, para defender al régimen soviético de la contrarrevolución. Trotsky mostró ser un genial estratega y organizador militar. Su éxito como líder del Ejército Rojo reflejó su incomparable comprensión de los problemas objetivos a los que se enfrentaba la clase trabajadora y su habilidad para compartir con las masas ese entendimiento. En un discurso que pronunció en abril de 1918, Trotsky explicó:

“La historia no es una madre indulgente y maleable que protegerá a la clase trabajadora. Es una madrastra malvada que le enseñará a los trabajadores, a través de sangrientas experiencias, como lograr sus fines. El pueblo trabajador está dispuesto a olvidar y perdonar; sólo basta con que las luchas sean un poco más fáciles. Sólo basta con haber logrado algo y les parece que el problema principal se ha resuelto y tiende a demostrar su magnanimidad, a hacerse pasivo, a parar de luchar. He ahí el infortunio de la clase trabajadora. Pero las clases poseedoras nunca se cansan de luchar. Han sido educadas para hacerle un frente constante a la presión de las masas trabajadoras, y toda pasividad, indecisión o vacilación de parte nuestra expone nuestro punto débil a los golpes de la clase poseedora, lo que significa que mañana o al otro día inevitablemente lanzará un nuevo ataque violento contra nosotros. La clase trabajadora necesita no el perdón universal que pregonaba Tolstói, sino cierto temperamento fuerte, cierta intransigencia y una profunda convicción de que sin la lucha por cada paso, por cada pulgada del camino hacia una vida mejor, sin una lucha constante, severa e irreconciliable, y sin la organización de esa lucha, no puede haber ni salvación ni liberación. [23]

32. Los bolcheviques estaban convencidos de que el futuro de la revolución rusa dependía de su extensión más allá de las fronteras de la Rusia Soviética. Los mejores representantes del socialismo internacional defendieron esta postura. Defendiendo a los bolcheviques, Rosa Luxemburgo escribió: “Lenín y Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que se adelantaron como ejemplo para el proletariado mundial; todavía son los únicos que hasta ahora pueden gritar con Hutten: ‘¡Nos hemos atrevido!'” La Revolución Rusa transformó al socialismo de cuestión puramente teórica a cuestión práctica. Sin embargo, Luxemburgo insistió que el futuro de la Revolución Rusa dependía de como resultaran las luchas de clase fuera de las fronteras de Rusia. “En Rusia solo se podía plantear el problema”, escribió ella. “Pero no se podía resolver en Rusia. Y en ese sentido, el futuro en todas partes pertenece al ‘bolchevismo'”. [24] La burguesía reconoció en los nacientes movimientos revolucionarios su adversario más peligroso. Las fuerzas combinadas del imperialismo mundial organizaron una intervención en Rusia para apoyar a la contrarrevolución. En Alemania, las fuerzas reaccionarias, en liga con los socialdemócratas que habían sido llevados al poder por la rebelión de la clase trabajadora en noviembre de 1918, organizaron el asesinato de Rosa Luxemburgo y Carl Liebknecht en enero de 1919 . El asesinato de esos dirigentes revolucionarios fue la reacción de la burguesía alemana (y mundial) a la Revolución Rusa. Las clases gobernantes habían concluido de las experiencias de 1917 que el desarrollo de una dirigencia marxista en la clase trabajadora tenía que prevenirse a todo costo. Los sangrientos acontecimientos del siglo XX demostrarían hasta qué punto las clases gobernantes y sus agentes entre los socialdemócratas y estalinistas se habían guiado de esta lección.

La Internacional Comunista

33. La Tercera Internacional o la Internacional Comunista (Komintern) tuvo su primer congreso en Moscú en marzo de 1919. La República Soviética todavía se defendía contra las fuerzas contrarrevolucionarias respaldadas por el imperialismo. Bajo condiciones de estado de sitio, la Internacional Comunista elaboró el programa, la estrategia y las tácticas para la revolución mundial como tarea práctica que la clase trabajadora internacional tenía que llevar a cabo. Partiendo de las trágicas lecciones de 1914, la Internacional Comunista tenía que basarse en una lucha sin cuartel contra el oportunismo y el revisionismo que habían destruido a la Segunda Internacional. El 30 de julio de 1920, Trotsky introdujo las Tesis sobre las condiciones de admisión a la Internacional Comunista, que enumeraba los llamados “21 puntos” que definían los criterios para ingresar a la organización revolucionaria internacional. Los Partidos que querían pertenecer a la Komintern serían obligados a “destituir regular y metódicamente a los reformistas y centristas de todo puesto de responsabilidad en el movimiento obrero” y tenían que aceptar “la necesidad de romper completamente con la política reformista y ‘centrista'” [25]

34. Trotsky explicó que la Komintern se estableció como “escuela de estrategia revolucionaria” para supervisar el desarrollo de nuevos partidos comunistas alrededor del mundo, basándose en un entendimiento de la situación objetiva, la elaboración de tácticas correctas y la lucha contra el oportunismo. Trotsky escribió: “La misión de la clase trabajadora —en Europa y todo el mundo— consiste en contraponer a la bien pensada estrategia contrarrevolucionaria de la burguesía su propia estrategia revolucionaria, también bien pensada de principio a fin. Para lograr esto, primero que nada es necesario comprender que no será posible derrocar a la burguesía automática o mecánicamente sólo porque la historia la ha condenado”. [26]

35. Cuando la Primera Guerra Mundial terminó, la expansión de la revolución era una posibilidad inminente. El estallido de la revolución en Alemania en noviembre de 1918, pronto resultó en la abdicación del Kaiser y la proclamación de una república. El poder político cayó en manos del partido socialdemócrata, el cual hizo todo lo posible para estrangular la revolución. A diferencia de Rusia 18 meses antes, en Alemania no existía un partido maduro templado por años de luchas intransigentes contra el revisionismo y el centrismo. Los izquierdistas que se oponían al PSD tardaron demasiado en establecer una ruptura organizacional decisiva con el partido socialdemócrata. Una facción bastante amplia de esa oposición se colocó en el punto medio entre el PSD y el Bolchevismo. No fue hasta finales de diciembre de 1918 que la sección más revolucionaria de Alemania, los Espartacistas, procedieron a formar el Partido Comunista. Luego, en enero de 1919, con poca preparación y sin ningún plan estratégico, una insurrección ocurrió en Berlín. El régimen del PSD movilizó a los guardias de asalto derechistas para sofocar la rebelión y dio la orden para asesinar a los dirigentes, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

36. Siguieron otras derrotas de la clase trabajadora insurgente en Europa. En marzo de 1921, el gobierno alemán fácilmente suprimió una insurrección prematura y mal preparada. En el Tercer Congreso de la Internacional Comunista en 1921, Lenín y Trotsky intervinieron decisivamente en contra del “ultra izquierdismo”. Insistieron en que los partidos comunistas no podían conquistar el poder sin primero ganar el apoyo de las masas. Un panfleto escrito por Lenín, titulado, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, fue distribuido a los delegados del congreso. Este señalaba que el Partido Bolchevique se había desarrollado no sólo en la lucha contra el menchevismo sino también “contra el revolucionarismo pequeñoburgués, parecido al anarquismo o que ha tomado algo de él y que se aparta en todo lo esencial de las condiciones y exigencias de una consecuente lucha de clase del proletariado”. [27]

37. Lenín explicó que la victoria bolchevique en octubre de 1917 habría sido imposible si el partido revolucionario no hubiera antes participado, y llegado a dominar, muchas formas de lucha política. También rechazó los eslóganes radicales que, bajo cualquier circunstancia, rechazaban los convenios políticos, negaban la legitimidad de participar en actividades electorales y parlamentarias, y declaraban inadmisible trabajar dentro de sindicatos reaccionarios. El Tercer Congreso aconsejó a los partidos comunistas que se prepararan para un período más prolongado en el que tendrían que ganarse el apoyo de la clase trabajadora. Una de las varias iniciativas tácticas que Lenín y Trotsky fomentaron fue la demanda por un “frente unido” de organizaciones de la clase obrera. El objetivo del “frente unido” era organizar la defensa de la clase trabajadora o emprender la lucha por demandas significantes de una manera que le demostrara a las masas tanto la iniciativa revolucionaria de los partidos comunistas como la perfidia de los socialdemócratas. El propósito del “frente unido” no era declarar una amnistía política y abstenerse de criticar a los adversarios políticos. Más bien, la táctica buscó materializar la necesidad objetiva de la clase obrera de una lucha unida y concientizar políticamente mediante el destape de los dirigentes oportunistas.

38. El cambio, la trayectoria política puesta en práctica por el Tercer Congreso produjo beneficios considerables, especialmente en Alemania, donde la autoridad del Partido Comunista se incrementó significativamente. Pero a principios del 1923, la situación política había cambiado de manera dramática. El colapso devastador de la economía alemana a principios de la primavera, seguido por una inflación inaudita, puso en marcha un proceso que pareció llevar inexorablemente al derrocamiento revolucionario del estado burgués. Los militantes del desacreditado PSD se desvanecieron mientras el Partido Comunista (KPD) crecía rápidamente. Para octubre de 1923, las condiciones para una revolución exitosa parecían extraordinariamente favorables. Se estableció una fecha para la insurrección, el 25 de octubre —sexto aniversario de la revolución soviética. Pero al último momento, Heinrich Brandler, líder del KPD, canceló la insurrección programada. Las fuerzas del estado rápidamente suprimieron los focos aislados de actividad insurgente en ciudades donde los dirigentes locales no se habían enterado de la decisión de cancelar la insurrección. En vez de terminar en una revolución socialista, el Octubre Alemán acabó en desastre político.

39. Para Trotsky, el fracaso de la revolución alemana en 1923 demostró de manera negativa la suprema verdad política: dadas las condiciones objetivas necesarias para la revolución, el factor subjetivo de la dirigencia asume un significado decisivo en la lucha por el poder. Además, Trotsky apuntó que la experiencia histórica había demostrado que la transición a la lucha por el poder invariablemente provoca una severa crisis política en el partido revolucionario. Esas crisis tienen un gran significado, y la forma en que resultan muy probablemente determinan el destino de la revolución por años, sino décadas. Trotsky escribió:

“Un partido revolucionario está sujeto a las presiones de otras fuerzas políticas. En cada etapa de su desarrollo, el partido elabora sus propios métodos para contrarrestar y resistir estas presiones. Durante giros tácticos y las reagrupaciones y fricciones internas que resultan, la capacidad del partido para resistir se agota. Esto siempre puede engendrar la posibilidad de que los grupos internos del partido, que nacen de la necesidad de cambiar de táctica, de vayan más allá de las diferencias originales y sirvan de apoyo a varias tendencias clasistas. Para poner el asunto de manera más simple: el partido que no se mantiene al ritmo de las tareas históricas de su propia clase se convierte, o corre el riesgo de convertirse, en el instrumento de otras clases” [28]

El origen del estalinismo y la fundación de la Oposición de Izquierda

40. La derrota de la revolución alemana en 1923 contribuyó al fortalecimiento de tendencias conservadoras en el estado soviético y las burocracias del Partido Comunista. Esas tendencias se desarrollaron más aún después que el régimen soviético ejecutar el Nuevo Plan Económico (NEP) en la primavera de 1921. El NEP sancionó la resurrección del mercado capitalista e hizo importantes concesiones a sectores capitalistas de las ciudades y el campo. El objetivo de estas concesiones era resucitar la vida económica, la cual se había quebrantado tras años de guerra y revolución. Aunque Lenín y Trotsky albergaban esperanzas de que el NEP fuese una política relativamente corta —para comprar tiempo a la Unión Soviética hasta un renovado resurgimiento de la lucha revolucionaria internacional— ésta fortaleció fuerzas sociales conservadoras y cambió la dinámica político-económica de la vida soviética. Estos procesos se reflejaron en el Partido Bolchevique y socavaron la situación de Trotsky en la dirigencia. En las capas gobernantes, la burocracia del estado y las rápidamente crecientes bases del partido, un ánimo conservador y de autocomplacencia comenzó a encontrar creciente expresión política. Según Trotsky recordó en su autobiografía:

“¡No todo va a ser revolución, hay que pensar también un poco en uno mismo! Este estado de espíritu tenía una franca traducción: ‘¡Abajo la revolución permanente!' En esta gente, la resistencia contra los postulados teóricos del marxismo y las exigencias políticas de la revolución iba cobrando, poco a poco, la forma de una campaña contra el ‘trotskismo'. En los pliegues de este pabellón se envolvía el pequeño burgués que empezaba a asomar la cabeza en el bolchevique. He aquí cómo ‘se me fue el Poder de las manos'; y conociendo las causas, fácilmente se comprenderá la forma en que ello ocurrió.”. [29]

41. Los ataques contra León Trotsky y la Teoría de la Revolución Permanente —iniciados con la mentira de que “Trotsky subestimaba a los campesinos”— reflejaban políticamente la hostilidad del estado y de la burocracia del partido hacia el programa internacionalista de la Revolución de Octubre. El creciente poder político de Stalin, y la dictadura burocrática relacionada con su nombre, no fue consecuencia inevitable de la revolución socialista, sino que surgió de contradicciones específicas a un estado obrero establecido en un país atrasado y aislado por las derrotas de la revolución internacional. El legado de retraso económico heredado de la Rusia zarista fue exacerbado por las desastrosas consecuencias de siete años de guerra imperialista (1914-1917) y guerra civil (1918-1921). Estas condiciones impusieron una inmensa carga sobre los esfuerzos del régimen bolchevique para construir la economía soviética. Además, la guerra civil había causado una enorme pérdida humana en la clase trabajadora y en el Partido Bolchevique mismo. Decenas de miles de trabajadores con conciencia clasista que habían formado las bases de apoyo popular para la toma bolchevique del poder habían perecido. Otro factor importante en la degeneración del Partido bolchevique fue la integración de gran parte de sus cuadros al cada vez más vasto estado y A la burocracia del partido. Revolucionarios con años de experiencia se transformaron en administradores, y este cambio tuvo, con el tiempo, un impacto sobre su orientación política. Además, la demanda de administradores capaces por parte del nuevo estado requirió el reclutamiento de mucha gente que había servido antes de 1917 en la burocracia del viejo régimen. Estos cambios cumulativos en la estructura del estado, la función de muchos “viejos” bolcheviques y la posición general de la clase trabajadora eventualmente tuvieron su efecto político.

42. Como lo explicó Trotsky, el estado soviético que surgió de la revolución y la guerra civil fue un fenómeno extremadamente contradictorio. Como producto de una revolución verdaderamente obrera, el nuevo estado se apoyaba en —y defendía— las nuevas relaciones de propiedad basadas en el control estatal de las finanzas y el control de los medios de producción. Hasta este punto el nuevo régimen creado por la Revolución de Octubre de 1917 era un estado obrero. Pero había otra cara. Dado el bajo nivel de las fuerzas productivas y las condiciones de “necesidad generalizada” que persistían en la Rusia soviética, el nuevo estado presidía sobre un modo burgués —es decir, desigual— de distribución. Esta contradicción fundamental entre la forma de propiedad socialista y la forma burguesa de distribución le confirió al régimen soviético su peculiar y cada vez mayor carácter represivo.

43. Trotsky y sus partidarios —incluyendo muchos de los dirigentes más importantes de la Revolución Rusa— establecieron la Oposición de Izquierda en 1923 para reformar la política del Partido Comunista en la Unión Soviética y luchar por una línea correcta en la Internacional Comunista. Los partidarios de la Oposición de Izquierda criticaron la decadencia de la democracia interna del partido y propusieron una política económica que ponía mayor énfasis en el desarrollo de la industria estatal y así reforzar la planificación socialista y reducir el precio de las mercancías industriales. La facción estalinista presionó por una mayor liberalización del mercado, un enfoque en las capas más pudientes del campesinado (los kulaks) y desarrollo limitado del sector estatal y la planificación económica. La muerte de Lenín en enero de 1924 fortaleció a la facción estalinista. En sus últimos escritos, Lenín había advertido acerca de la creciente burocratización del Partido Comunista e hizo un llamado para la destitución de Stalin como secretario general.

Notas:

12. “The Tasks of Revolutionary Social-Democracy in the European War,” in: V.I. Lenin, Collected Works, Volume 21 (Moscow: Progress Publishers, 1974), p. 16.
13. Ibid., p. 16.
14. Ibid., pp. 16-17.
15. “The Collapse of the Second International,” Ibid., p. 250.
16. Leon Trotsky, War and the International (Young Socialist Publications, 1971), pp. vii-viii.
17. Ibid., pp. xii-xiii.
18. “Imperialism and the Split in Socialism,” in: V.I. Lenin, Collected Works, Vol. 23, p. 105.
19. “Imperialism, The Highest Stage of Capitalism,” in: V. I. Lenin, Collected Works, Volume 22, p. 270.
20. “The State and Revolution,” in: V. I. Lenin, Collected Works, Volume 25, p. 410. [Texto en español: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja3.htm]
21. See Professor Alexander Rabinowitch's The Bolsheviks in Power (Bloomfield: Indiana University Press, 2007).
22. “Lessons of October,” by Leon Trotsky, in The Challenge of the Left Opposition 1923-25 (New York: Pathfinder Press, 2002), pp. 286-87.
23. How the Revolution Armed: The Military Writings and Speeches of Leon Trotsky, Volume 1: 1918, Translated by Brian Pearce (London: New Park Publications, 1979), p. 58.
24. The Russian Revolution (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1961), p. 80.
25. Theses, Resolutions and Manifestos of the First Four Congresses of the Third International [London: Inks Links, 1980] pp. 93-94.
26. The First Five Years of the Communist International, Volume Two (London: New Park, 1974), p. 7.
27. “Left-Wing” Communism - An Infantile Disorder, in: V. I. Lenin, Collected Works, Volume 31 (Moscow: Progress Publishers, 1966), p. 32. . [Texto en español: http://www.engels.org/pdf/izquierdismo.pdf]
28. “Lessons of October,” in: Challenge of the Left Opposition, pp. 228-29.
29. Leon Trotsky, My Life (New York: Charles Scribner's Sons, 1931), p. 505. [Texto en español: “Muerte de Lenín y el desplazamiento del poder”, Mi vida, Versión Digital: Izquierda Revolucionaria, España. Esta edición: Marxists Internet Archive, dic. 2002.]