Las bases históricas e internacionales del Partido Socialista por la Igualdad

Parte 3

17 marzo 2010

El Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.) sigue hoy con la publicación de la tercera parte de Las bases históricas e internacionales del Partido Socialista por la Igualdad. El documento se debatió extensamente y fue adoptado unánimemente en el Congreso de Fundación del PSI, celebrado del 3 al 9 de agosto del 2008. Durante dos semanas el WSWS publicará en partes el texto publicado en este sitio en su inglés original del 29 de septiembre al 10 de octubre del 2008. (Oprima aquí para leer las partes 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11)

El WSWS ya ha publicado en castellano la Declaración de Principios del Partido Socialista por la Igualdad, la cual también fue adoptada por el Congreso de Fundación.

Las consecuencias del “socialismo en un solo país”

44. Mientras Trotsky y la Oposición de Izquierda luchaban por poner en práctica una política económica correcta en la Unión Soviética, insistían en que el destino del régimen revolucionario dependía de la extensión de la revolución más allá de las fronteras de la URSS. Sin la victoria de la clase trabajadora en los países capitalistas desarrollados de Europa y Norteamérica, el estado soviético no podía sobrevivir. Esta fue la cuestión central del conflicto entre la Oposición de Izquierda y la burocracia estalinista. En 1924, Stalin, con el apoyo de Bukharin, propuso que el socialismo se podía establecer y desarrollar en un marco nacionalista dentro de la URSS. La promulgación de la teoría del socialismo en un solo país representaba un repudio fundamental a uno de los principios esenciales de la teoría marxista y a la perspectiva revolucionaria mundial sobre la cual se había basado la Revolución de Octubre. Ello marcó un punto decisivo en la historia de la URSS: la burocracia separó la política de la Unión Soviética del destino de la revolución socialista mundial. Los intereses materiales de la burocracia que habían encontrado su expresión en el programa del “socialismo nacional” eran los mismos de la burocracia misma. Hasta el punto en que la propiedad estatal era la fuente de los ingresos y privilegios de la burocracia, una política nacionalista de carácter esencialmente defensivo servía los intereses del régimen estalinista. En la esfera de la política exterior, cálculos oportunistas de “interés nacional” reemplazaron las consideraciones internacionalistas y revolucionarias basadas en principios. El régimen estalinista convirtió a la Internacional Comunista en un instrumento de política exterior soviética nacionalista, y usó a los partidos comunistas locales para ejercer presión en gobiernos burgueses. He ahí los orígenes políticos de la política colaboracionista que con el tiempo transformó los partidos estalinistas en instrumentos de contrarrevolución política.

45. Las consecuencias internacionales del cambio de la política soviética se demostró en la derrota de la huelga general de Gran Bretaña en mayo de 1926. Stalin, buscando congraciarse con la dirigencia nacional de los sindicatos británicos, instruyó al Partido Comunista de Inglaterra a brindarle apoyo ciego al Consejo General del Congreso de Sindicatos (TUC), controlado por la burocracia durante el periodo de desarrollo, y la ejecución, de la huelga general. Esto dejó a la clase trabajadora desprevenida cuando el TUC traicionó la huelga.

46. Desastres todavía mayores siguieron. La burocracia soviética atacó la Teoría de la Revolución Permanente y resucitó la teoría menchevique de la revolución en dos etapas en países con un desarrollo capitalista tardío. En China entre 1925-1927 Stalin, basándose en la teoría del “Bloque de cuatro clases”, le ordenó al Partido Comunista que apoyara el movimiento nacionalista burgués del Kuomintang Contra el imperialismo. Trotsky se opuso vehemente a esa política colaboracionista entre clases y advirtió acerca de las consecuencias devastadoras para la revolución socialista en China. El hecho de que el imperialismo oprimía a China no disminuía el conflicto entre la burguesía china y la clase trabajadora. De hecho, el caso era todo lo contrario. Como Trotsky escribió:

“El capital extranjero jugó un papel muy impactante en la vida cotidiana de China. Ello causó que fuertes sectores de la burguesía china, la burocracia y los militares unieran su al imperialismo. Sin este vínculo, el enorme papel de los llamados militaristas en la vida de la China moderna sería inconcebible.

“Sería mucho más ingenuo creer que existe un abismo entre la llamada burguesía compradora, o sea, la agencia político económica del capital extranjero en China, y la llamada burguesía nacional. No; los vínculos entre estos dos sectores son incomparablemente más estrechos que los vínculos entre la burguesía y las masas trabajadoras y campesinas...

“Es un burdo error pensar que el imperialismo mecánicamente une a todas las clases de China desde el exterior... La lucha revolucionaria contra el imperialismo no debilita sino que fortalece la diferenciación política de las clases”. [30]

47. Las advertencias de Trotsky fueron confirmadas. En abril de 1927 las fuerzas militares del Kuomintang, bajo la dirección de Chiang Kai-shek, llevaron a cabo una sangrienta masacre de la clase trabajadora en Shanghái. Un amplio sector de la dirigencia del Partido Comunista Chino fue asesinado por las fuerzas nacionalistas burguesas. Después de abril de 1927, al partido se le ordenó ingresar al Kuomintang “izquierdista” dirigido por Wan Ching-wei. El “izquierdista” Wang Ching-wei aplastó al movimiento obrero y campesino tan brutalmente como Chiang Kai-shek. Luego, en agosto de 1927, después de la desmoralización casi total del Partido Comunista, la dirección de la Comintern exigió una transición inmediata a la insurrección armada. El intento de poner en práctica esa política en Cantón fue ahogado en un baño de sangre en solamente tres días. Estas derrotas catastróficas, que tendrían un impacto a largo plazo en la historia del siglo XX, efectivamente acabaron con el Partido Comunista Chino como partido de las masas trabajadoras del país. Tras fugarse al campo para escapar las consecuencias del desastre causado por la política de Stalin, los sobrevivientes del PCC, incluyendo a Mao Zedong, restablecieron el Partido Comunista como organización campesina. Es imposible comprender la historia de China de allí en adelante —incluyendo su actual afloramiento como baluarte de las formas más rapaces de la explotación capitalista— sin tomar en cuenta el contexto de la crítica que le hizo Trotsky al “Bloque de cuatro clases” de Stalin y a la tragedia de 1927.

La expulsión de Trotsky

48. Las derrotas en Gran Bretaña y China disminuyeron la confianza de la clase trabajadora soviética. Esto a la vez fortaleció a la burocracia y la enajenó aún más de la clase trabajadora. El poder en la Unión Soviética se consolidó en manos de una camarilla burocrática encabezada por Stalin. En 1926, la Oposición de Izquierda se unió brevemente a Kamenev y Zinoviev para formar la Oposición Unida. Entre julio y octubre, Trotsky y Kamenev fueron expulsados del politburó, y en noviembre Trotsky y Zinoviev fueron expulsados del Partido Comunista Ruso. En diciembre, todos los miembros de la Oposición de Izquierda fueron expulsados. Cuando Kamenev y Zinoviev capitularon ante Stalin y reingresaron al partido, Trotsky fue exilado a Alma Ata en enero de 1928. En febrero de 1929 sería expulsado de la Unión Soviética.

49. Desde el comienzo de su último destierro, Trotsky insistió en que todas las diferencias entre la facción estalinista y la Oposición de Izquierda partían de dos conceptos del socialismo irreconciliablemente opuestos. Los estalinistas se basaban en la posibilidad de establecer una sociedad nacional socialista aislada basada en los recursos de Rusia. La Oposición de Izquierda insistía en que el destino del estado obrero y su progreso hacia el socialismo se vinculaban inextricablemente al desarrollo de la revolución socialista mundial. En 1930, en el prefacio de la edición alemana de un panfleto que había escrito dos años antes titulado La Revolución Permanente, Trotsky resumió el problema principal:

“El marxismo parte del concepto de la economía mundial, no como una amalgama de partículas nacionales, sino como una potente realidad con vida propia, creada por la división internacional del trabajo y el mercado mundial, que impera en los tiempos que corremos sobre los mercados nacionales.

Las fuerzas productivas de la sociedad capitalista rebasan desde hace mucho tiempo las fronteras nacionales. La guerra imperialista fue una de las manifestaciones de este hecho. La sociedad socialista ha de representar ya de por sí, desde el punto de vista de la técnica de la producción, una etapa de progreso respecto al capitalismo. Proponerse por fin la edificación de una sociedad socialista nacional y cerrada, equivaldría, a pesar de todos los éxitos temporales, a retro-traer las fuerzas productivas deteniendo incluso la marcha del capitalismo. Intentar, a despecho de las condiciones geográficas, culturales e históricas del desarrollo del país, que forma parte de la colectividad mundial, realizar la proporcionalidad intrínseca de todas las ramas de la economía en los mercados nacionales, equivaldría a perseguir una utopía reaccionaria. Si los profetas y secua-ces de esta teoría participan, sin embargo, de la lucha revolucionaria internacional -no queremos prejuzgar con qué éxito-, es porque, dejándose llevar de su inveterado eclecticismo, combinan mecánicamente el internacionalismo abstracto con el nacionalsocialismo reaccionario y utópico”. [31]

50. Las implicaciones políticas de la crítica que Trotsky le hizo a la perspectiva nacionalista socialista de Stalin iban más allá de los problemas de la política soviética.

Lo que estaba en juego eran las cuestiones fundamentales de perspectiva mundial y las tareas estratégicas de la clase trabajadora internacional en la época imperialista. Trotsky escribió:

“El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país. Una de las causas fundamentales de la crisis de la sociedad burguesa consiste en que las fuerzas productivas creadas por ella no pueden conciliarse ya con los límites del Estado, nacional. De aquí se originan las guerras imperialistas, de una parte, y la utopía burguesa de los Estados Unidos de Europa, de otra. La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta”.[32]

Las primeras luchas de la Oposición de Izquierda Internacional

51. El programa de la Oposición de Izquierda encontró apoyo fuera del Partido Comunista Ruso. Un gran aeelanto ocurrió cuando la Crítica del Anteproyecto del Programa de la Comintern, preparada por Trotsky para el Sexto Congreso celebrado 1928, cayó por casualidad en manos de James P. Cannon, revolucionario veterano y militante fundador del Partido Comunista de Estados Unidos. Después de estudiar el documento, él y el revolucionario canadiense, Maurice Spector, decidieron luchar por el programa trotskista. Al poco tiempo de regresar a los EE.UU., Cannon —con el apoyo de Max Shachtman y Martin Abern— inició la lucha por el programa de la Oposición de Izquierda en el Partido Comunista. Una declaración escrita por los tres se presentó en una reunión del comité político del Partido Comunista el 27 de octubre de 1928. Ésta decía:

“La oposición liderada por Trotsky ha resistido correctamente los intentos de revisar la doctrina marxista-leninista básica con la falsa teoría del socialismo en un solo país. Varios errores revisionistas y oportunistas en varios campos de las actividades de la Comintern y su vida ideológica provienen de esa falsa teoría. A ésta, al menos en parte, se le puede vincular la falsa línea de la Revolución China, la debacle del Comité Anglo Ruso, el alarmante e inaudito crecimiento del burocratismo en la Comintern, una actitud y política incorrectas en la Unión Soviética, etc., etc. Esta nueva ‘teoría' está atada con énfasis excesivo al poderío y a la duración de la estabilización temporal del capitalismo. En ella se encuentra el verdadero origen del pesimismo referente al desarrollo de la revolución proletaria mundial. Uno de los principales deberes de todo comunista en cada partido de la Comintern es luchar, junto a la Oposición, por las enseñanzas de Marx, Engels y Lenín sobre esta cuestión elemental”. [33]

52. Cannon fue expulsado durante esa misma sesión del Comité Político. Procedió a fundar la Liga Comunista de Estados Unidos. Así, el movimiento trotskista en los Estados Unidos, el cual eventualmente desempeñaría un papel significante en el desarrollo del movimiento trotskista internacional, comenzó sobre bases principistas. Su punto de partida no fue una disputa sobre asuntos organizacionales o tácticas nacionales, sino más bien acerca de cuestiones decisivas de estrategia revolucionaria internacional. El documento que inspiró a Cannon, la Crítica del Anteproyecto del Programa de la Comintern, escrita por Trotsky, fue una censura exhaustiva de la orientación nacionalista de la dirigencia estalinista y su fracaso en analizar las experiencias estratégicas de la clase trabajadora internacional desde la Revolución de Octubre de 1917. En su análisis de la situación político económica mundial, Trotsky criticó como dicho programa había fracasado en analizar el ascenso del imperialismo estadounidense, y llamó la atención a las implicaciones de la lucha del imperialismo estadounidense para establecer y mantener su hegemonía. Aunque Trotsky pronosticó una importante crisis económica en Estados Unidos, él no creía que esta disminuiría la posición dominante de Estados Unidos en la política mundial:

“El caso es justamente lo contrario. En un período de crisis, la hegemonía de Estados Unidos funcionará de manera más completa, más abierta, y más despiadadamente que durante un período de prosperidad. Estados Unidos intentará superar y librarse de sus dificultades y sus males a expensas de Europa, ello no importa que ocurra en Asia, Canadá, Sudamérica, Australia o en la misma Europa o que ocurra por medio de la vía pacífica o la guerra”. [34]

53. La quiebra de Wall Street en octubre de 1929 marcó el comienzo de una depresión mundial que hundió al capitalismo en la peor crisis de su historia. Comenzando poco más de una década después de la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión de los años 1930, y las sangrientas sublevaciones políticas y sociales engendradas por ella, ofrecieron otra aplastante refutación a todos los remedios autocomplacientes de los reformistas y revisionistas. Las contradicciones del capitalismo mismo lo llevaron al borde del colapso en Europa, Asia y hasta en Norteamérica misma. Qué el capitalismo sobreviviera esos cataclismos, a un precio increíble en vidas humanas, se puede atribuir a las traiciones políticas de las organizaciones de las masas trabajadoras dirigidas principalmente, por estalinistas y socialdemócratas. La historia y las lecciones de estas luchas forman, al sol del hoy, las bases históricas, teóricas y políticas esenciales para la educación de marxistas.

54. Después de llegar en Turquía en 1929, Trotsky continuó luchando por una política correcta en la Unión Soviética y abogó por un programa planificado y racional de industrialización. El propósito de la Oposición Internacional de Izquierda todavía era la reforma política del régimen en la Unión Soviética y el retorno de la Internacional Comunista a una línea revolucionaria correcta basada en principios marxistas. A finales de los años 1920, en cara a una enorme hambruna en las ciudades debido a la retención de cultivos por parte de los campesinos, la burocracia estalinista, con un brutal y abrupto programa de industrialización, colectivización agrícola, y la “liquidación de los kulaks como clase social”, puso en reversa su antigua orientación hacia los campesinos y el fomento de una política basada en el mercado. Su programa de industrialización rápida, basado en una perspectiva de nacionalismo económico y autarquía, no se parecía en nada al programa de desarrollo industrial estatal planificado propuesto por Trotsky que utilizaba los recursos de la economía mundial y su división internacional de la mano de obra. Al ultra izquierdismo en la política interna fue lo acompañó un cambio repentino en la Comintern hacia el aventurismo político y sectario basado en la teoría del “Tercer Período”. La perspectiva política de esta “teoría” —o. para ser más precisos, anti teoría— presumía una continua “radicalización de las masas”, desprovista de contradicciones y aparentemente desvinculada de los procesos sociales, económicos y políticos objetivos. Los estalinistas redujeron todos los problemas de estrategia y táctica política al grito de lemas radicales simplistas. Trotsky advirtió que la hipótesis estalinista se burlaba del análisis político marxista. Él escribió:

“Se da por supuesto que, desde el punto de vista de nuestra época en general, el desarrollo del proletariado avanza en dirección a la revolución. Pero este progreso no es más sostenido que el del proceso objetivo de profundización de las contradicciones capitalistas. Los reformistas sólo ven lo positivo del camino capitalista. Los ‘revolucionarios' formales sólo ven lo negativo. Pero un marxista ve el camino en su totalidad, en todas sus subidas y bajadas coyunturales sin perder de vista, ni siquiera por un momento, la dirección principal: la catástrofe de guerras y la explosión de revoluciones”. [35]

La victoria del fascismo en Alemania

55. Bajo la influencia de la política del “Tercer Período”, se ordenó a los partidos comunistas reemplazar su adaptación a los sindicatos obreros, a los partidos social demócratas y a los nacionalistas burgueses con un programa ultra izquierdista que incluía la formación de sindicatos “rojos” independientes y el rechazo a la táctica del frente unido. La táctica del frente unido fue reemplazada mediante la designación de los partidos socialdemócratas como “social fascistas”.

56. La nueva política de la Comintern tendría consecuencias desastrosas en Alemania, donde el surgimiento del fascismo planteó un desafío mortal para el movimiento socialista. El fascismo era un movimiento de la pequeña burguesía desmoralizada. La crisis económica la había devastado y ahora se encontraba apiñada entre las dos clases principales: la burguesía y la clase obrera. Las derrotas del movimiento socialista habían convencido a amplias capas de la pequeña burguesía que la clase trabajadora no era la solución sino la causa de sus problemas. La burguesía alemana utilizó a los fascistas para destruir las organizaciones trabajadoras y fragmentar a la clase trabajadora. La victoria del partido Nazi de Hitler en enero de 1933 fue el resultado de las traiciones de la socialdemocracia y el estalinismo. Los socialdemócratas pusieron su confianza en la República burguesa de Weimar y ataron a la clase trabajadora al estado capitalista. La política estalinista del “social fascismo” —que afirmaba que el PSD y el partido de Hitler eran “gemelos”— se opuso a toda colaboración entre el Partido Comunista y la socialdemocracia, incluso para fines defensivos. Ello privó al Partido Comunista de toda manera de ganarse la confianza de los trabajadores todavía leales al PSD. Cuando la dirigencia del Partido Comunista desarrolló la criminalmente displicente consigna de, “Después de Hitler nosotros”, Trotsky advirtió en diciembre de 1931:

“Trabajadores comunistas, vosotros sois cientos de miles, millones. No podéis ir a otra parte; no hay suficientes pasaportes para vosotros. Si el fascismo toma el poder, cabalgará sobre vuestras calaveras y columnas vertebrales como un tanque de guerra horroroso. Vuestra salvación está en una lucha despiadada. Y sólo luchando por una con los trabajadores socialdemócratas puede daros la victoria. ¡Daros prisa, trabajadores comunistas, os queda muy poco tiempo!” [36]

Esta advertencia se convirtió en trágica realidad luego que Hitler asumiera el poder en 1933 y procediera a arrestar o ejecutar a los dirigentes de la clase trabajadora y destruir sus organizaciones independientes.

57. La victoria del fascismo en Alemania marcó un punto decisivo en la degeneración de los partidos comunistas. A pesar de la magnitud sin precedentes de la derrota en Alemania, no hubo ninguna oposición en los partidos de la Internacional Comunista. En respuesta, Trotsky llamó para la fundación de nuevos partidos y una nueva Internacional.

“La dirigencia de Moscú no sólo ha proclamado la infalibilidad de la política que garantizó la victoria de Hitler, sino que también ha prohibido todo debate acerca de lo sucedido,” escribió Trotsky en julio de 1933. “Nadie se atrevió a disputar esta interdicción, ni a desecharla. No hubo ningún congreso nacional ni internacional. No hubo debate en las reuniones del partido. ¡Nada de debate en la prensa! Una organización que no despierta al estruendo del fascismo y que se doblega dócilmente a los barbáricos actos de la burocracia demuestra que está muerta y que nunca nada podrá resucitarla”. [37]

Aunque Trotsky continuó definiendo a la Unión Soviética como estado obrero, aunque uno que había sufrido una profunda degeneración, él advirtió que su supervivencia a largo plazo, por no mencionar su desarrollo bajo líneas verdaderamente socialistas, dependía del derrocamiento de la burocracia estalinista por medio de una revolución política.

La Cuarta Internacional y la lucha contra el centrismo

58. El llamado a la Cuarta Internacional no fue una maniobra táctica. Se basó en una valoración de la transformación socio política del régimen soviético, de la Internacional Comunista y de la relación de ambas con la clase trabajadora. Fue sobre este punto que Trotsky, a mediados de los años 1930, entró en conflicto con aquellas tendencias políticas que definió como “centristas”. Aunque esas tendencias proclamaban su devoción a la revolución socialista, se oponían al establecimiento de la Cuarta Internacional. Buscaban un campo intermedio entre el estalinismo y el trotskismo, entre una política reformista y revolucionaria.

59. En 1934, Trotsky escribió que el centrista “detesta el principio revolucionario de decir las cosas como son. Tiende a sustituir la política principista con maniobras personales y una diplomacia organizacional mezquina”. Trotsky explicó que “El centrista se ubica entre el oportunista y el marxista, que es algo más o menos análogo al puesto que ocupa un pequeño burgués entre el capitalista y el proletario: se postra ante el primero y desprecia al segundo”. Otra característica del centrista es que no “comprende que en la época actual un partido revolucionario nacional sólo puede establecerse en base de un partido internacional. En cuanto sus aliados internacionales, el centrista es aún menos exigente que en su propio país”. [38]

60. A medida que la clase trabajadora se movía hacia la izquierda en reacción a la amenaza del fascismo, los grupos centristas bloquearon la formación de un partido verdaderamente revolucionario. Las tendencias centristas —inclusive el Partido Laborista Independiente de Inglaterra, el SAP alemán basado en el extranjero (en el cual Willy Brandt, futuro dirigente del SPD y canciller alemán, jugó un traicionero y destacado papel), el POUM de España y otros— intentaron encontrar un punto intermedio entre la política reformista y la revolucionaria. Las verdaderas razones por las cuales decían que era “prematuro” proclamar la fundación de la Cuarta Internacional eran que: 1) no estaban de acuerdo con que Trotsky caracterizara de “contrarrevolucionarios” al régimen estalinista y a sus partidos afiliados, y 2) rehusaban romper con las relaciones políticas oportunistas que predominaban en sus entornos nacionales.

Las traiciones del Frente Popular

61. Las evasiones y vacilaciones de las tendencias centristas socavaron la lucha contra el estalinismo bajo condiciones en que la política del régimen soviético había asumido un carácter abiertamente contrarrevolucionario. Luego de haberse opuesto a la llamada de Trotsky por un “frente unido” de los partidos obreros en contra de Hitler en Alemania, los estalinistas se fueron por el camino contrario después de la victoria de los Nazis. En el Séptimo Congreso de la Comintern en 1935, descubrieron un nuevo programa: el “Frente Popular”. Éste abogó, en nombre de la lucha contra el fascismo y la defensa de la democracia, por la formación de alianzas políticas con partidos burgueses “democráticos”. En la práctica, el resultado de esas alianzas fue la subordinación política de la clase trabajadora a la burguesía, a la propiedad privada y al estado capitalista. Si bien fue una catástrofe política para la clase trabajadora, el Frente Popular sirvió los intereses de la burocracia soviética. Al ofrecer los partidos comunistas nacionales como instrumentos para reprimir las luchas revolucionarias de la clase trabajadora, Stalin esperaba congraciarse con los regímenes burgueses y mejorar la situación diplomática de la URSS. Pero el hecho fue que, cualquiera hayan sido los beneficios diplomáticos limitados y breves de esa estrategia, las derrotas de la clase trabajadora bajo el “Frente Popular” debilitaron a la Unión Soviética enormemente.

62. La política estalinista se dirigió conscientemente a prevenir la toma revolucionaria del poder por parte de la clase trabajadora. Stalin temía que la victoria de la clase trabajadora en otro país, sobre todo Europa Occidental, resucitaría el movimiento revolucionario de la clase trabajadora en Rusia. Entre 1936 y 1938, los estalinistas ayudaron a estrangular una situación revolucionaria en Francia impulsada por la huelga general de junio de 1936. El régimen del Frente Popular, respaldado por el Partido Comunista de Francia, desmoralizó a la clase trabajadora y le abrió paso a la burguesía francesa para que ésta capitulara ante Hitler en junio de 1940. En la Revolución Española, los estalinistas apoyaron el gobierno burgués de Azaña. El Partido Comunista Español defendió más que nadie la propiedad capitalista y la ley y el orden burgués. Reclutó una gran cantidad de militantes de los sectores más acomodados de la clase media urbana adinerada, la cual le tenía un pavor desesperado a la revolución socialista. Stalin inundó a España con espías de la GPU, quienes desataron un reino de terror contra las tendencias socialistas revolucionarias. Sus agentes organizaron la represión de una insurrección de la clase trabajadora en Barcelona y secuestraron, torturaron y asesinaron a Andrés Nin, dirigente del POUM [Partido Obrero de Unificación Marxista]. La liquidación del POUM por los estalinistas fue facilitada trágicamente,por la política centrista del mismo Nin, quien había entrado en el gobierno del Frente Popular en Barcelona. En los Estados Unidos, el Partido Comunista apoyó al Partido Demócrata y al gobierno de Franklin Delano Roosevelt.

63. El objetivo del Frente Popular —que Trotsky definió como la alianza del liberalismo burgués con el GPU [Directorio Político del Estado]— era defender la propiedad privada contra la amenaza de la revolución socialista. Los homenajes retóricos a la democracia se usaron para facilitar el desarme político de la clase trabajadora como fuerza independiente y al mismo tiempo ocultar los intereses clasistas que el estado “democrático” servía. Al punto que a la clase trabajadora se le impidió luchar por el poder político, la lucha contra las verdaderas amenazas a la democracia disminuyó fatalmente. Como se demostró en España y Francia, el intento de defender la democracia sin luchar por el socialismo comprobó ser un fracaso y terminó en desastre. Uno de los argumentos que los estalinistas repitieron en España y Francia fue que la política revolucionaria “asustaba” a la pequeña burguesía y la viraba en dirección a los fascistas. Por lo tanto, la clase trabajadora sólo podía mantener la simpatía de la clase media evitando expresar demandas socialistas que amenazaban la propiedad privada y apoyando a los burgueses moderados dentro del marco del frente popular. Trotsky rechazó enfáticamente este enfoque cobarde y derrotista que expresaba una valoración totalmente errónea de la psicología social de las clases medias:

“Es falso, tres veces falso, afirmar que la actual pequeña burguesía no va hacia la clase trabajadora porque teme ‘medidas extremas'. Al contrario, las grandes masas de la baja pequeña burguesía sólo ven maquinarias parlamentarias en los partidos de la clase trabajadora. No creen en su fortaleza o capacidad de lucha, o que estén listas esta vez para guiar la lucha hasta el final.

“Y si es así, ¿vale la pena reemplazar el radicalismo [la tendencia política burguesa ‘izquierdista'] con sus colegas parlamentarios de izquierda? Así es como razona o se siente el propietario semi-expropiado, malcontento y arruinado. Sin comprender la psicología de los campesinos, los artesanos, los empleados y los pequeños funcionarios, etc. —psicología que surge de la crisis social— es imposible elaborar una política correcta. La pequeña burguesía depende de la economía y es fraccionada políticamente. Por eso no puede dirigir una política independiente. Necesita un ‘líder' que le inspire confianza. Este individuo o dirigencia colectiva, es decir, esta persona o partido, se le puede dar por una de las dos clases fundamentales: la burguesía o el proletariado. El fascismo unifica y arma a las masas dispersas. Del polvo humano organiza destacamentos de combate. De esa manera le da a la pequeña burguesía la ilusión de ser una fuerza independiente. Y esta comienza a creer que puede dirigir el estado. ¡No es sorprendente que estas ilusiones y esperanzas le hagan dar vueltas a la cabeza de la pequeña burguesía!

“Pero la pequeña burguesía también puede encontrar un líder en el proletariado”. [39]

64. La transformación de la Comintern en instrumento político de la burocracia soviética tomó lugar junto con una serie de purgas y expulsiones en la cual todos los dirigentes que representaban las tradiciones del internacionalismo revolucionario fueron reemplazados por representantes leales a la maquinaria. Esta transformación había comenzado en 1923 y continuó durante los años 1930, a menudo como parte de la lucha contra el trotskismo. Para el período del “Frente Popular”, la Comintern ya había rechazado completamente el programa de revolución mundial, al cual Stalin llamaba un “malentendido tragicómico”. La Comintern por fin se disolvió en 1943 como gesto de la burocracia estalinista para congraciarse con sus aliados imperialistas.

La revolución traicionada

65. En 1936 Trotsky escribió La revolución traicionada, libro que estableció la necesidad socioeconómica de luchar por una Cuarta Internacional. En esta obra monumental, Trotsky reveló las leyes que regían el nacimiento, el desarrollo y la destrucción inevitable de la burocracia soviética, a la cual rehusó atribuirle todo papel progresista histórico. Al analizar las contradicciones que determinaron la existencia de la burocracia como casta privilegiada en un estado obrero, Trotsky estableció que las conquistas de la Revolución de Octubre de 1917 sólo se podían conservar y extender por medio de una revolución política, en la cual los trabajadores soviéticos derrocarían a la burocracia a través de una insurrección violenta, al tiempo que mantenían y desarrollaban las relaciones de propiedad nacionalizada establecidas por la revolución bolchevique. Trotsky catalogó al régimen soviético como transicional, cuyo destino dependía de la revolución mundial. Trotsky escribió:

“La URSS es una contradictoria sociedad intermedia entre el capitalismo y el socialismo, en la que: a) Las fuerzas productivas todavía son insuficientes para dar a la propiedad del Estado un carácter socialista; b) La tendencia a la acumulación primitiva nacida de la carencia se manifiesta a través de innumerables poros de la economía planificada; c) Las normas de la distribución conservan un carácter burgués y son la base de la diferenciación social; d) El desarrollo económico, al mismo tiempo que mejora lentamente la condición de los trabajadores, contribuye rápidamente a formar una capa de privilegiados; e) Al explotar los antagonismos sociales, la burocracia se ha convertido en una casta incontrolada, extraña al socialismo; f) La revolución social, traicionada por el partido gobernante, aún existe en las relaciones de propiedad y en la conciencia de los trabajadores; g) Desarrollos futuros de las contradicciones acumuladas puede conducir al socialismo o de vuelta al capitalismo; h) En el camino hacia el capitalismo, la contrarrevolución tendrá que romper la resistencia de los obreros; i) En el camino hacia el socialismo, los obreros tendrán que derrocar a la burocracia. A fin de cuentas, el problema será resuelto definitivamente por la lucha de dos fuerzas vivas en la esfera nacional e internacional”. [40]

66. Una objeción al análisis de Trotsky de la sociedad soviética, la cual se identifica con la teoría generalmente conocida como el “capitalismo estatal”, es que la burocracia representa una nueva clase gobernante. Trotsky rechazó esa teoría, la cual, con todas sus variantes, fracasó en ofrecer una prueba marxista de que la burocracia podía clasificarse como clase. Para el marxismo, una clase se distingue por sus raíces independientes en la estructura económica de la sociedad. La existencia de una clase se relaciona con formas históricas específicas de propiedad y con las relaciones de producción, las cuales, a la vez, se integran a ese estrato social. La burocracia soviética no representaba tal fuerza histórica. Había usurpado el poder político, administraba el estado; y devoraba una porción significante de la riqueza de la Unión Soviética. Pero las formas de propiedad habían surgido de la revolución obrera. Trotsky admitió que el poder aplastante que la burocracia ejercía sobre el estado había creado “una nueva —y hasta ahora desconocida— relación entre la burocracia y las riquezas de la nación”. [41] Trotsky advirtió que esto podía conducir, a menos que una revolución social se le adelantara, a una liquidación total de las conquistas sociales de la revolución proletaria. [42] Eso fue lo que eventualmente sucedió a fin de cuentas 55 años después de la publicación de La revolución traicionada. Sin embargo, las consecuencias de la disolución de la URSS confirmó decisivamente la definición de Trotsky de la burocracia como casta y no como clase. La destrucción de la URSS rápidamente condujo a la liquidación de la propiedad estatal y a su transformación en propiedad privada. Burócratas bien situados convirtieron en activos personales a las industrias y a los recursos naturales y financieros que le habían pertenecido al estado y que anteriormente habían administrado. Se establecieron leyes de separación de bienes que le permitían a esta nueva burguesía ceder sus propiedades —adquirida en su mayor parte a través del robo— de los bienes estatales, a sus cónyuges y vástagos. Establecieron una bolsa de valores. El trabajo se convirtió en una mercancía regulada por la ley del valor. Lo poco que quedaba de la planificación estatal se desboronó. En la URSS no sobrevivió ni una de las categorías sociales o especiales con las cuales se pudo haber definido legítimamente a la burocracia como clase. Si lo que existía antes de la disolución de URSS era “capitalismo de estado”, ¡éste desapareció rápidamente junto con el estado obrero! La “teoría” del capitalismo de estado no contribuyó nada a la comprensión sociológica de la sociedad soviética o a una estrategia política de luchas revolucionarias contra el estalinismo.

67. La burocracia estalinista asesinó a casi toda la dirigencia de la Revolución de Octubre. Entre 1936 y 1938 organizó juicios propagandistas contra líderes bolcheviques tales como Zinoviev, Kamenev, Bukharin y Rakovsky. Estos horribles procedimientos judiciales, en que los acusados fueron obligados a acusarse a sí mismos de crímenes falsos (después de asegurarles que sus confesiones los salvarían a ellos y a sus familias) terminaban invariablemente con anuncios de sentencia de muerte que se cumplían en pocas horas. En aquellos pocos casos en que el castigo de cárcel se impuso —como con Rakovsky y Radek— los acusados luego fueron asesinados en secreto. Los juicios representaron la imagen pública de una campaña sin precedentes de asesinatos en masa cometidos a escondidas del público. Cientos de miles de socialistas, los mejores representantes de varias generaciones de intelectuales y trabajadores marxistas, fueron exterminados. El dictador fascista Mussolini una vez comentó con admiración, ¡qué el régimen de Stalin había matado a mucho más comunistas que el suyo mismo! Casi un millón de personas fueron eliminadas en una ola de violencia contrarrevolucionaria de 1936 a 1939. Esta liquidación —que confirmó, en el sentido más directo posible, la definición de Trotsky en cuanto a Stalin como “el sepulturero de la revolución”— fue un golpe tan duro a la conciencia de la clase trabajadora soviética que ésta nunca más se pudo recuperar. La historia y el récord de esos crímenes sin paralelo incontestablemente refutan las afirmaciones de incontables propagandistas burgueses de que el estalinismo se basaba en el patrimonio político y teórico del marxismo, para no decir que el estalinismo y el trotskismo apenas eran variantes del marxismo. Trotsky describió mejor que nadie la relación entre el estalinismo y el trotskismo. Los separa, escribió, “un río de sangre”.

La fundación de la Cuarta Internacional

68. La Cuarta Internacional tuvo su Primer Congreso de fundación en septiembre de 1938. Fue, un momento histórico clave para el movimiento socialista y la clase trabajadora internacional. Su documento de fundación, La agonía del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional (La movilización de las masas por medio de demandas transicionales y así preparar la conquista del poder), fue escrito por Trotsky. Destaca las tareas más importantes del movimiento socialista.

“Sin una revolución socialista, a lo más tardar durante el próximo período histórico, una catástrofe amenaza toda la cultura humana. Ahora le toca el turno al proletariado, principalmente a su vanguardia revolucionaria. La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirigencia revolucionaria”. [43]

69. La única manera de superar la crisis de dirigencia fue por medio del establecimiento de secciones de la Cuarta Internacional en todos los países. En contra de los escépticos y centristas que sostuvieron que era prematuro fundar una nueva Internacional porque ésta tendría que surgir de grandes acontecimientos, Trotsky respondió:

“La Cuarta Internacional ha surgido de grandes acontecimientos: las mayores derrotas del proletariado en la historia. La causa de esas derrotas ha de encontrarse en la degeneración y perfidia de la antigua dirigencia. La lucha de clases no permite interrupción. Para todo propósito de revolución, la Tercera Internacional, igual que la Segunda, ha muerto. ¡Qué viva la Cuarta Internacional!

Pero, ¿ha llegado la hora de proclamar su creación?... Los escépticos no se callan. La Cuarta Internacional no necesita ‘proclamarse', contestamos nosotros. Existe y lucha. ¿Es débil? Sí, sus cuadros no son numerosos porque todavía es joven. Ellos son todavía cuadros pioneros. Pero estos cuadros son una promesa para el futuro. Fuera de estos cuadros no existe en el mundo ninguna organización revolucionaria que merezca realmente el nombre”. [44]

70. La historia que siguió luego en el siglo XX confirmaría con certeza que la Cuarta Internacional es la única verdadera dirigencia revolucionaria. La tarea estratégica principal del período era cerrar la brecha entre la madurez de las condiciones objetivas revolucionarias y la inmadurez del proletariado y su vanguardia. Para superar este obstáculo, la Cuarta Internacional formuló una serie de demandas económicas y políticas —tales como una escala móvil de salarios y horas; la nacionalización de la industria, los bancos y la agricultura; la entrega de armas al proletariado; y el establecimiento de un gobierno de obreros y campesinos— con la intención de desarrollar la conciencia revolucionaria de la clase trabajadora y desenmascarar las viejas dirigencias. Las demandas, escribió Trotsky, constituirían un puente “que sale de las condiciones y de la conciencia que hoy día tienen amplios sectores de la clase trabajadora e inalterablemente conducen a una conclusión final: la conquista del poder por el proletariado”. [45] Años después, las tendencias revisionistas tratarían de transformar al Programa Transicional en un libro de recetas para la adaptación oportunista; aislaban las demandas fuera del contexto revolucionario y las usaban para sustituir a lucha por atraer la clase trabajadora a una perspectiva y a un programa socialistas. De esta manera, trataron de usar fragmentos del Programa Transicional no para combatir, sino para adaptarse a la conciencia clasista subdesarrollada de la clase trabajadora y a las antiguas dirigencias reformistas y estalinistas.

71. En los debates que tuvo con los dirigentes del movimiento trotskista en mayo de 1938, Trotsky insistió en que el punto de partida del programa del partido revolucionario debe ser el análisis del desarrollo objetivo de la crisis del capitalismo mundial y no el estado de ánimo subjetivo o el nivel de conciencia de la clase trabajadora. “El programa”, insistió Trotsky, “debe expresar las tareas objetivas de la clase trabajadora y no el atraso de los trabajadores. Debe reflejar la sociedad tal como es y no conciencia atrasada de la clase trabajadora. Éste es un instrumento para derrotar el atraso. Por eso debemos expresar en nuestro programa la completa agudeza de la crisis social de la sociedad capitalista, incluyendo en primera línea a Estados Unidos. No podemos aplazar o modificar las condiciones objetivas, las cuales no dependen de nosotros. No podemos garantizar que las masas resolverán la crisis, pero debemos expresar la situación tal como es y ésa es la tarea del programa”. [46]

Notas:

30. "The Chinese Revolution and the Theses of Comrade Stalin," in: Leon Trotsky on China (New York: Pathfinder, 1976), pp. 176-77.
31. Leon Trotsky, The Permanent Revolution (London: New Park Publications, 1971), p. 22. [Texto en español: http://www.marxists.org/espanol/trotsky/revperm/rp0.htm]
32. Ibid., p. 155.
33. James P. Cannon, The Left Opposition in the United States 1928-31 (New York: Monad Press, 1981), p. 32.
34. Leon Trotsky, The Third International After Lenin (New York: Pathfinder, 2002), pp. 28-29.
35. "The ‘Third Period' of the Comintern's Errors," in: Writings of Leon Trotsky 1930 (New York: Pathfinder Press, 1975), p. 28.
36. "For a Workers' United Front Against Fascism" in The Struggle Against Fascism in Germany (New York: Pathfinder Press, 1971) p. 141.
37. "It is Necessary to Build Communist Parties and an International Anew" in The Struggle Against Fascism in Germany, p. 420.
38. "Centrism and the Fourth International," in: Writings of Leon Trotsky 1933-34 (New York: Pathfinder, 1998), p. 233.
39. Leon Trotsky, Whither France (London: New Park Publications, 1974), p. 13.
40. Leon Trotsky, The Revolution Betrayed: What Is the Soviet Union and Where Is It Going? (Detroit: Labor Publications, 1991), p. 216.
41. Ibid., p. 211.
42. Ibid.
43. The Death Agony of Capitalism and the Tasks of the Fourth International (New York: Labor Publications, 1981), p. 2.
44. Ibid., p.42.
45. Ibid., p. 4.
46. The Transitional Program for Socialist Revolution (New York: Pathfinder, 2001), pp. 189-90.