Español
Perspectiva

El bloqueo de Trump en el estrecho de Ormuz: la siguiente fase de la guerra en Irán

El destructor USS Frank E. Petersen Jr. de clase Arleigh Burke navega al mar Arábigo durante la operación Epic Fury, 18 de marzo de 2026 [Photo: US Navy]

El presidente estadounidense Donald Trump declaró el domingo en Truth Social que la Armada 'comenzaría el proceso de bloqueo de todos y cada uno de los barcos que intenten entrar o salir del estrecho de Ormuz'. Dos destructores de misiles guiados entraron en el estrecho el sábado, y el Wall Street Journal informó que 15 buques de guerra estadounidenses se encuentran desplegados para hacer cumplir el bloqueo.

El bloqueo es un acto de guerra y un acto de piratería internacional. El World Socialist Web Site condena esta acción criminal, dirigida contra Irán y contra la clase trabajadora del mundo entero, que pagará las consecuencias con el aumento vertiginoso de los precios de la energía, la escasez de alimentos y el peligro constante de una conflagración militar a gran escala.

El alto el fuego ha demostrado ser una oportunidad, en palabras del propio Trump, para 'recargar' para la siguiente fase de la guerra. Cada alto el fuego que Trump ha anunciado en Oriente Próximo —desde Gaza en enero de 2025, pasando por Irán en junio de 2025, hasta el alto el fuego iraní del 7 de abril, seguido horas después por el ataque israelí en el centro de Beirut que causó la muerte de más de 250 personas— ha sido una pausa para reagruparse para el siguiente ataque.

El control del estrecho de Ormuz —y con él la producción y distribución de petróleo de Irán y de toda la región del golfo Pérsico— ha sido un objetivo estratégico central de la guerra desde el principio.

Desde el inicio de la guerra, el tráfico marítimo a través del estrecho se ha desplomado. Los volúmenes de tránsito han caído más del 90 por ciento con respecto a los niveles previos al conflicto. El tráfico restante está dominado por la flota clandestina iraní y los buques cisterna vinculados a Grecia que transportan crudo a China, el principal cliente de Irán, que absorbe entre el 80 y el 90 por ciento de sus exportaciones de petróleo. Irán ha seguido permitiendo el paso a los buques con destino a sus socios comerciales aliados, sobre todo a China.

Cualquier barco que intente cruzar el estrecho para llegar a un puerto iraní lo hace sin permiso estadounidense, lo que abre la posibilidad de un ataque físico contra cualquier país cuyos barcos comercien con Irán. El ministro de Defensa chino, Dong Jun, declaró el lunes: “Nuestros barcos entran y salen de las aguas del estrecho de Ormuz. Tenemos acuerdos comerciales y energéticos con Irán. Los respetaremos y honraremos, y esperamos que nadie se inmiscuya en nuestros asuntos”.

El bloqueo del estrecho de Ormuz es, en la práctica, un acto de guerra económica contra China, tanto como contra Irán. Casi la mitad del petróleo chino y más de un tercio de su gas natural licuado transitan por el estrecho de Ormuz. El bloqueo supone para Estados Unidos una injerencia en el suministro energético de su principal rival y en el de sus “aliados”: Japón, Corea del Sur y la Unión Europea, que dependen de esos mismos flujos.

Trump dejó entrever la postura de los estrategas militares estadounidenses en una rueda de prensa el lunes: “No necesitamos este comercio. Tenemos nuestro propio petróleo, gas, mucho más de lo que necesitamos… Así que no lo necesitamos, pero el mundo lo necesita, y muchos barcos se dirigen a nuestro país ahora mismo, mientras hablamos, para cargar mercancía”.

El bloqueo forma parte de una campaña estadounidense más amplia para controlar los puntos estratégicos clave del mundo: el estrecho de Ormuz, el canal de Panamá y las rutas de acceso a Groenlandia. El imperialismo estadounidense, inmerso en un declive económico a largo plazo, intenta contrarrestar dicho declive mediante el dominio militar de las rutas comerciales mundiales, asegurándose así el control de las vías fluviales y las materias primas del mundo y negándoselas a sus rivales, sobre todo a China.

En diciembre de 2025, las fuerzas estadounidenses interceptaron frente a las costas de Venezuela un petrolero con destino a China que transportaba 1,8 millones de barriles de crudo venezolano. El bloqueo del estrecho de Ormuz extiende este precedente al Golfo Pérsico y aumenta el riesgo directo de una confrontación militar con China si los buques de guerra estadounidenses intentan interceptar petroleros con destino a China.

Las consecuencias económicas de la guerra criminal del imperialismo estadounidense contra Irán ya son catastróficas. Incluso antes del bloqueo, la interrupción sustancial del tránsito por el estrecho de Ormuz generó lo que la Agencia Internacional de Energía calificó como la peor crisis petrolera de la historia, superando la de 1979. El petróleo supera los 100 dólares el barril, la gasolina se sitúa en 4,13 dólares el galón a nivel nacional y más de 600 barcos permanecen atrapados en el golfo. Goldman Sachs ha elevado la probabilidad de una recesión en Estados Unidos al 30 por ciento.

Un tercio del suministro mundial de fertilizantes suele transitar por el estrecho. La guerra no solo ha interrumpido el comercio inmediato, sino que tendrá un grave impacto en las cosechas de la próxima temporada: menores cosechas en África, el sur de Asia y América Latina, y fuertes subidas de precios de los alimentos que afectarán a países sin intereses directos en el golfo. Cientos de millones de personas se enfrentan a la inseguridad alimentaria, y decenas de millones podrían morir. Una hambruna mundial es una posibilidad real.

Dentro del plan de Washington para la dominación mundial, la conducción real de la guerra se ha caracterizado por una improvisación cada vez más desesperada. El 28 de febrero, Estados Unidos lanzó la guerra y asesinó al líder supremo Ali Jameneí y a decenas de altos funcionarios iraníes. Trump instó a los iraníes a sublevarse contra su gobierno, pero no lo hicieron. La campaña de bombardeos que siguió destruyó las telecomunicaciones de Irán y arrasó barrios enteros de sus ciudades, pero Irán no se rindió. Los nuevos asesinatos de líderes iraníes durante marzo no lograron derrocar al gobierno. El bloqueo es el siguiente paso.

Hay buques de guerra estadounidenses que operan ahora a corta distancia dentro de un canal de 34 kilómetros de ancho en su punto más angosto, flanqueado por baterías de misiles iraníes, defensas costeras y miles de minas navales. Trump declaró el lunes que cualquier barco iraní que se acerque al bloqueo será 'eliminado de inmediato'.

La pérdida de un destructor o un ataque con numerosas víctimas intensificaría las demandas dentro de la élite política estadounidense para una invasión terrestre, incluyendo la toma de la isla de Kharg, donde se procesa el 90 por ciento de las exportaciones de petróleo de Irán. Ya hay infantes de Marina y tropas de la 82.ª División Aerotransportada desplegados, y más de 50.000 militares estadounidenses se encuentran en la zona. Trece militares estadounidenses han muerto desde el 28 de febrero.

El régimen de Trump actúa con una imprudencia asombrosa. Ha declarado abiertamente que Estados Unidos se apoderará del petróleo iraní, una declaración de saqueo que administraciones anteriores habrían disimulado tras el lenguaje de las sanciones y el derecho internacional. Los métodos del crimen organizado se han convertido en política oficial de Estado.

La élite política no se opone a nada de esto en principio. El consejo editorial del New York Times calificó la conducta de Trump de “flagrante incompetencia” y le instó a “involucrar al Congreso y buscar ayuda de los aliados de Estados Unidos”, un llamado a la colaboración bipartidista en la siguiente etapa de la guerra. El Wall Street Journal consideró prematura la declaración de victoria de Trump y advirtió que “el trabajo está lejos de haber terminado”.

El senador demócrata Tim Kaine declaró el domingo a ABC que Irán es “una amenaza regional” y que “debemos asegurarnos de que Irán no obtenga un arma nuclear”. Cuando Trump anunció el “alto el fuego” hace una semana, los demócratas se apresuraron a criticarlo argumentando que dejaba el control del estrecho de Ormuz en manos de Irán. Los demócratas aceptan los objetivos estratégicos de la guerra y se oponen únicamente a la manera de ejecución.

Si todos los sectores de la élite política estadounidense respaldan la guerra, la oposición solo puede provenir de fuera de ella. La clase trabajadora debe oponerse al bloqueo y a la guerra en su conjunto mediante su propia movilización política independiente. La guerra se financia con un ataque histórico a los programas sociales de los que dependen los trabajadores para vivir. En un almuerzo en la Casa Blanca el 1 de abril, Trump afirmó que el gobierno no podía costear Medicare, Medicaid ni otros programas sociales por la guerra.

La misma clase social a la que se le pide que pague la guerra mediante recortes en programas esenciales es la que se ve obligada a combatir en ella. El registro automático para el servicio militar obligatorio para todos los hombres de entre 18 y 26 años entrará en vigor en diciembre de 2026, debido a una ley promulgada por Trump como parte de la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2026. Los hijos de trabajadores siderúrgicos y de los almacenes, de mineros y jornaleros agrícolas migrantes, serán enviados a morir en destructores y en las playas del golfo Pérsico, para garantizar el suministro energético de China al imperialismo estadounidense.

La lucha contra la guerra es inseparable de la lucha contra la destrucción de los programas sociales, la imposición del servicio militar obligatorio y el establecimiento de una dictadura militar-policial. La lucha por defender el empleo, los salarios y el nivel de vida debe unirse a la lucha contra la guerra imperialista y contra la causa raíz de estos males sociales: el sistema capitalista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de abril de 2026)

Loading