El anuncio del presidente Donald Trump de que el ejército estadounidense “guiará” el tráfico marítimo comercial a través del estrecho de Ormuz supone una grave escalada de esta guerra criminal de agresión. El World Socialist Web Site hace un llamamiento a la movilización inmediata de los trabajadores en Estados Unidos y a nivel internacional para exigir: la retirada de las tropas estadounidenses de Oriente Próximo y el fin incondicional de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que amenaza al mundo entero con una catástrofe.
Según el Comando Central de Estados Unidos, el 'Proyecto Libertad' implicará la movilización de destructores de misiles guiados, más de 100 aeronaves y unos 15.000 militares. A las pocas horas de la declaración de Trump, la frágil tregua que puso fin el 7 de abril a más de seis semanas de brutales bombardeos liderados por Estados Unidos contra ciudades iraníes comenzó a desmoronarse.
Trump afirmó que las fuerzas estadounidenses habían destruido siete pequeñas embarcaciones iraníes, mientras que los Emiratos Árabes Unidos informaron del lanzamiento de 15 drones y cuatro misiles hacia su territorio desde Irán el lunes. La Guardia Revolucionaria iraní declaró haber realizado disparos de advertencia contra destructores estadounidenses que se aproximaban al estrecho.
El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo, no puede simplemente 'asegurarse' escoltando los petroleros con buques militares. Trump está poniendo en peligro imprudentemente la vida de miles de marineros y aviadores estadounidenses, exponiéndolos al fuego en un punto estratégico donde Irán conserva la capacidad de interrumpir el tráfico con drones, misiles y pequeñas embarcaciones navales. El objetivo no es 'proteger el comercio', sino crear las condiciones para una provocación. Cualquier enfrentamiento puede ser aprovechado como pretexto para una nueva etapa de barbarie imperialista.
La escalada bélica de Trump es consecuencia directa del fracaso de la guerra en alcanzar sus objetivos. Washington inició esta guerra partiendo de la premisa de que Irán podría ser sometido rápidamente, que sus estructuras estatales se desmoronarían ante ataques selectivos y bombardeos masivos, y que el control estadounidense sobre el golfo Pérsico podría imponerse sin provocar grandes disturbios. Sin embargo, Irán no ha capitulado y el estrecho sigue siendo un territorio en disputa.
El viernes, Trump, con un lenguaje propio de un gánster, declaró que si Irán no llegaba a un acuerdo, Estados Unidos los aniquilaría por completo. Estas declaraciones definen la lógica de la escalada actual: una guerra de aniquilación. Una vez que se decide librar una guerra ilegal por el control de puntos estratégicos clave, la presión para intensificar el conflicto adquiere una fuerza propia.
No se puede descartar nada, incluido el uso de armas nucleares. Su despliegue significaría una matanza masiva a una escala sin precedentes. Conllevaría el riesgo de una catástrofe radiológica y ambiental en todo el golfo Pérsico, envenenando el aire y el agua, amenazando a las poblaciones de la región que dependen de la desalinización y contaminando infraestructuras energéticas críticas. Desencadenaría consecuencias globales: alimentaría una guerra más amplia, destrozaría el comercio mundial y las cadenas de suministro, y empujaría a la humanidad al borde de una conflagración general.
Esto no es simplemente consecuencia de decisiones políticas erróneas ni producto de la imprudencia de una administración. Tiene su origen en las contradicciones insolubles del propio imperialismo estadounidense. Durante 35 años, el proyecto central de la política exterior estadounidense ha sido contrarrestar la erosión a largo plazo de la hegemonía económica de Estados Unidos mediante el uso de la fuerza militar. En estas condiciones, el militarismo adquiere un carácter cada vez más existencial para la clase dominante: la retirada amenaza la credibilidad de su poder global, mientras que la escalada conlleva una catástrofe.
Las consecuencias de esta escalada recaen primero y con mayor dureza sobre la clase trabajadora, en Irán y Oriente Próximo, en Estados Unidos y en todo el mundo. La guerra ya ha consumido casi 50.000 millones de dólares, según estimaciones, mientras que el gobierno alega falta de recursos cuando se trata de necesidades sociales. El mismo gobierno que exige fondos ilimitados para misiles y destructores no pudo encontrar ni una fracción de esa cantidad para evitar la quiebra de Spirit Airlines, que ha dejado sin empleo a 17.000 trabajadores debido al aumento vertiginoso del precio del combustible provocado por la guerra.
La interrupción del transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz ha disparado los precios del petróleo por encima de los 110 dólares por barril y ha asestado un nuevo golpe a una economía mundial ya de por sí frágil. Las aerolíneas de Europa y Norteamérica están reduciendo su capacidad y cancelando decenas de miles de vuelos, lo que se traduce directamente en despidos, reducción de horas de trabajo e intensificación de la explotación de pilotos, tripulación de cabina, personal de tierra y trabajadores de mantenimiento, mientras que decenas de miles de marineros se encuentran prácticamente atrapados en el golfo Pérsico ante el peligro de un ataque.
El aumento de los costos energéticos repercute en toda la cadena de suministro, elevando los costos de transporte e importación, acelerando la inflación y disparando los precios de los alimentos y los productos de primera necesidad. Esta crisis es global en el sentido más literal: las interrupciones en el tránsito de insumos alimentarios clave y compuestos fertilizantes a través de la región ya se están traduciendo en un empobrecimiento masivo, agravando el hambre y amenazando con la hambruna a millones de personas en los países más pobres, quienes tendrán que pagar por una guerra librada en interés de las potencias imperialistas y la oligarquía financiera.
Si bien existen amargos conflictos dentro de la clase dirigente, estos se relacionan exclusivamente con cuestiones tácticas. Hay unanimidad en cuanto al objetivo del cambio de régimen en Irán y la dominación imperialista estadounidense sobre Oriente Próximo. El consejo editorial del New York Times, en representación del Partido Demócrata, declaró el mes pasado que es un error que cualquier estadounidense, incluidos los críticos de Trump, desee el fracaso de este país.
El Partido Demócrata actúa como cómplice en la aplicación de la política imperialista. Esto incluye a figuras prominentes asociadas con la llamada izquierda del Partido Demócrata, como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, y a las burocracias sindicales. El aparato sindical organizó eventos de un 'Primero de Mayo Fuerte' que evitaron mencionar la guerra contra Irán para contener la creciente oposición dentro de la clase trabajadora.
El factor decisivo es la intervención de la clase trabajadora. Solo la movilización independiente de los trabajadores, actuando como clase y uniéndose más allá de las fronteras, puede frenar la ofensiva bélica, impedir la escalada hacia una conflagración mayor y oponerse a la contrarrevolución social que acompaña al militarismo en el extranjero con represión y austeridad en el país.
La clase trabajadora internacional ya se ve empujada a la lucha por la guerra y sus consecuencias. En el discurso inicial del Acto Internacional en Línea del Primero de Mayo el viernes, David North, presidente del consejo editorial internacional del WSWS, señaló que en el primer trimestre de 2026 se registraron unas 458 huelgas solo en ocho países europeos, un aumento significativo en comparación con 2025. En Estados Unidos, más de 8 millones de personas se unieron a las manifestaciones de marzo contra la imposición de una dictadura fascista por parte de Trump.
“Las mismas contradicciones que provocaron la Primera Guerra Mundial en 1914 desembocaron en la revolución socialista rusa en 1917”, explicó North. “La misma dinámica histórica se repite hoy. La crisis global del capitalismo que subyace al estallido de la violencia imperialista también está preparando el terreno para la explosión de la lucha revolucionaria de la clase obrera internacional”.
El World Socialist Web Site insta a los trabajadores de Estados Unidos y de todo el mundo a exigir: ¡Alto a la guerra contra Irán! Retirada de todas las fuerzas estadounidenses de Oriente Próximo. Expropiación de las ganancias de la guerra para garantizar empleos, salarios, prestaciones y programas sociales. Defensa de los derechos democráticos. Creación de un movimiento independiente de la clase trabajadora contra la guerra y la dictadura, de alcance internacional y con un programa socialista.
Instamos a los trabajadores a convocar reuniones en sus lugares de trabajo y comunidades. Analicen la situación y las medidas necesarias. Rompan con el Partido Demócrata y con todo intento de subordinar la oposición a las instituciones del Estado capitalista. Formen comités de base y conéctense con trabajadores de todo el mundo.
Estas demandas solo pueden realizarse dentro de una perspectiva más amplia, una que reconozca que la guerra no es una aberración, sino un producto del capitalismo mismo. La lucha contra la guerra es inseparable de la lucha por el socialismo: la reorganización de la vida económica sobre la base de las necesidades humanas en lugar del lucro, y el establecimiento del control democrático de la clase trabajadora sobre los vastos recursos de la sociedad.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de mayo de 2026)
