Español

Netanyahu aprovecha el estancamiento electoral para intensificar las amenazas de guerra contra Irán y mantenerse en el poderJean Shaoul

Los resultados publicados el 29 de octubre confirman que las elecciones en Israel no arrojaron un ganador claro, ya que ninguno de los dos bloques sionistas obtuvo los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría en la Knesset, que cuenta con 120 escaños. Este estancamiento agrava la agitación política en Israel, lo que hace cada vez más probable que el primer ministro Benjamin Netanyahu recurra a la guerra como medio para perpetuar su mandato.

El partido Likud de Netanyahu declaró la victoria, tras haber obtenido el mayor número de escaños (27) y haber asegurado, junto con sus aliados fascistas y ultraortodoxos, un total de 53 escaños. Pero, si bien eso le da una ventaja en las negociaciones que se avecinan, no garantiza que forme el próximo gobierno. El principal partido de oposición, liderado por el exjefe del ejército Gadi Eisenkot, obtuvo 21 escaños, mientras que su bloque «Cambio» consiguió 48 escaños.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostiene un dispositivo mientras habla durante la 81.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la organización, el jueves 24 de septiembre de 2026. [Foto AP/Seth Wenig] [AP Photo/Seth Wenig]

Fue una campaña electoral librada entre dos criminales de guerra sobre la mejor manera de llevar a cabo el genocidio contra los palestinos en Gaza y extenderlo a Cisjordania, así como de continuar las guerras en curso contra el Líbano, Siria y, sobre todo, Irán.

Netanyahu ha sido acusado de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad por la Corte Penal Internacional de la ONU, mientras que Eisenkot se unió al gabinete de guerra de Netanyahu durante ocho meses para dirigir la guerra de Israel contra Gaza. Eisenkot es conocido por haber formulado la doctrina Dahiya, que aboga por el uso de una fuerza abrumadora y desproporcionada contra la infraestructura civil en territorio controlado por el enemigo, el modus operandi de Israel en todas sus guerras.

La contienda electoral fue una campaña racista contra los palestinos, tanto en el extranjero como en el país, respaldada tanto por los sionistas ultranacionalistas como por los “liberales”. Esto se derivó inexorablemente de la lógica fundamental del Estado sionista, fundado sobre la expulsión y el despojo de los palestinos.

Todos los partidos sionistas que se presentaron a las elecciones están comprometidos con la continuación y la expansión de las guerras contra los palestinos. Todos respaldan la guerra del presidente de EE. UU., Donald Trump, contra Irán, comprometiendo los servicios de Israel como representante de Washington en su intento por dominar la región rica en recursos y las rutas clave de transporte.

El presidente de EE. UU., Donald Trump (a la derecha), y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ofrecen una conferencia de prensa conjunta para anunciar el plan de paz de EE. UU. para Gaza, el 29 de septiembre de 2025. [Foto: La Casa Blanca] [Photo: The White House]

Casi todos los líderes del bloque opositor, a quienes los medios de comunicación califican de “moderados” o “centristas”, son exlíderes militares y/o políticos que han servido bajo el mando de Netanyahu y están de acuerdo con él en todas las cuestiones fundamentales, hasta tal punto que el gobierno de Netanyahu pudo completar un mandato completo de cuatro años, algo casi sin precedentes.

A pesar de que Netanyahu perdió su mayoría, el apoyo a los dos bloques se mantuvo prácticamente igual que en las elecciones de 2022. Una clara mayoría de votantes respaldó a los partidos ideológicamente de derecha, incluyendo el bloque de Netanyahu y al menos dos partidos de oposición claramente de derecha liderados por Avigdor Lieberman y Naphtali Bennett, que en conjunto cuentan con 72 escaños.

Los Demócratas, liderados por el exgeneral Yair Golan y respaldados por los “liberales” de Israel que apoyan la solución de dos Estados —hace tiempo descartada— en algún momento indeterminado del futuro, obtuvieron 8 escaños, duplicando así su representación parlamentaria.

Fue la participación récord del 80 por ciento de los ciudadanos palestinos de Israel —quienes constituyen el 20 por ciento de la población y tradicionalmente boicotean las elecciones israelíes— lo que cambió el resultado de las elecciones bajo el sistema de representación proporcional de Israel. Los dos partidos árabes —la Lista Conjunta, liderada por Yousef Jabareen, Ahmad Tibi y Ofir Cassir, del partido Hadash, un partido de izquierda antisionista árabe-judío, y la Lista Árabe Unida (Ra’am), el movimiento islámico conservador liderado por Mansour Abbas que se unió al efímero “gobierno de cambio” de 2021-2 “gobierno de cambio” de corta duración—, obtuvieron 11 y 8 escaños respectivamente, la cifra más alta para los partidos árabes en la Knesset, lo que le negó la mayoría al bloque de Netanyahu.

Esta participación récord reflejó el temor y la ira entre los palestinos de Israel ante la incitación a la violencia de los colonos por parte del líder del sionismo religioso y ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, con sus llamamientos racistas a “judaizar” la Galilea y el Naqab (Negev), zonas de Israel donde viven cientos de miles de palestinos. También es motivo de preocupación el abandono institucional que, desde hace décadas, ha dado lugar al crimen organizado y a la violencia de las pandillas —incluido un número sin precedentes de homicidios—, que se ha intensificado drásticamente bajo la supervisión del líder de Poder Judío y ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.

Ninguno de los partidos árabes ofrece una vía progresista hacia el futuro, lo que en la práctica significa que se adhieren a la agenda del Estado sionista y dan testimonio del colapso total de la perspectiva nacionalista palestina. El líder de Ra’am, Abbas, dijo que su partido quería formar parte del próximo gobierno, mientras que el presidente de la Lista Conjunta, Jabareen, afirmó que su partido estaba dispuesto a ayudar a allanar el camino para la destitución de Netanyahu desde fuera.

Dado que la oposición a Netanyahu —el bloque Cambio de Eisenkot y los partidos árabes— cuenta en conjunto con 67 escaños, Eisenkot ha exigido que el presidente lo convoque para formar un gobierno. Sin embargo, un gobierno mayoritario dependería de que Eisenkot y sus aliados formaran una coalición con los partidos árabes. Si bien el líder de los Demócratas, Golan, ha pedido dicha coalición, Eisenkot, Bennett y Lieberman la han rechazado, declarando su intención de apoyarse únicamente en partidos “sionistas” para formar el nuevo gobierno.

El sábado, varios miles de personas se manifestaron en Tel Aviv, Jerusalén, Haifa y el norte de Israel para instar a la oposición israelí a llegar a un acuerdo con los partidos árabes para derrocar al gobierno de Netanyahu. La manifestación de Tel Aviv se enfrentó a una contramanifestación de los jóvenes partidarios de extrema derecha de Netanyahu.

Netanyahu y sus aliados fascistoides han intensificado su campaña para deslegitimar dicha alianza. Ha acusado a los partidos árabes de “robar” las elecciones, supuestamente con financiamiento de Catar, sin presentar pruebas, y ha afirmado que cualquier gobierno que dependa de ellos “pondría en peligro a Israel”. Ben-Gvir ha pedido que se arreste a los líderes de los partidos árabes y Smotrich ha exigido que sean sometidos a interrogatorios por parte del Shin Bet. La Comisión Electoral Central y la policía han rechazado la afirmación de que los partidos árabes “robaron” las elecciones.

Parece probable que su campaña tenga éxito: la posibilidad de que los líderes de la oposición se retracten de su palabra y cooperen con los partidos árabes para destituir a Netanyahu parece estar disminuyendo. Sin la cooperación de los legisladores árabes, Eisenkot no podría formar un gobierno, lo que le dejaría a Netanyahu una vía para llegar al poder sin necesidad de una mayoría.

El presidente Isaac Herzog debe ahora consultar a las facciones parlamentarias y elegir al líder del partido con la oportunidad más realista de formar una coalición. Netanyahu podría ahora intentar convencer a los legisladores de la oposición para que se unan a su coalición y así formar una mayoría, buscar un gobierno de unidad nacional o permanecer como primer ministro interino si las negociaciones fracasan y el país se encamina hacia nuevas elecciones, lo que lo mantendría en el poder por otros seis meses.

La lucha entre los bloques rivales se desarrollará bajo la sombra de una probable reanudación de la guerra contra Irán. Otra guerra beneficiaría los intereses políticos de Netanyahu: retrasaría la posibilidad de formar un gobierno alternativo, volvería a sumir a Israel en un estado de emergencia, presionaría a sus rivales políticos para que se unan a un gobierno de unidad y acabaría con la oposición.

El domingo, Golan, el líder de los Demócratas, advirtió que Netanyahu podría aprovechar un nuevo ataque militar contra Irán para mantenerse en el poder. En un mensaje publicado en la plataforma de redes sociales X, dijo: “Aumenta la probabilidad de otra ronda de enfrentamientos con Irán”.

Sus comentarios se produjeron tras numerosos informes y declaraciones israelíes y estadounidenses que sugieren que Israel y Washington se están preparando para lanzar otro ataque contra Irán después de las elecciones de medio plazo en Estados Unidos. CNN informó poco antes de las elecciones en Israel que Netanyahu planeaba atacar a Irán en unos días, pero funcionarios estadounidenses le pidieron que esperara, indicando que una operación conjunta era inminente. Según una fuente israelí, la advertencia del jefe de Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Eyal Zamir, de que un ataque podría alterar el curso de las elecciones ayudó a persuadir a la administración de Trump de que esperara.

Las medidas que se están preparando incluyen el refuerzo de las fuerzas estadounidenses en la región y advertencias enviadas a los aliados del Golfo para que se preparen para una intensa campaña militar. El Pentágono ha enviado más sistemas de defensa aérea, municiones y suministros, y ha reubicado personal de bases vulnerables. Se está trasladando una batería adicional de misiles Patriot a Israel en medio de preocupaciones por la escasez de misiles interceptores.

Los preparativos de bombarderos y aviones de combate, la reducción del personal diplomático y la retirada del personal expuesto apuntan a preparativos para ataques estadounidenses y represalias iraníes. Irán ha dicho que respondería a cualquier nuevo ataque golpeando objetivos de infraestructura de EE. UU., del Golfo e israelíes en países vecinos.

Según el Wall Street Journal, Trump y Netanyahu hablaron por teléfono el sábado por la mañana mientras EE. UU. exponía sus planes para reanudar los ataques contra Irán. El domingo, Trump dijo a los periodistas en Palm Beach: “Todavía tenemos que ocuparnos, diría yo, de uno o dos sitios, pero podemos hacerlo en 10 minutos… Probablemente podrían fijarse en Pickaxe Mountain, y hay que ocuparse de eso”. Se cree que Pickaxe Mountain es un sitio utilizado para almacenar material nuclear que aún no ha sido atacado por Estados Unidos.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de noviembre de 2026)

Loading